Antonio Mora Ayora
De orilla a orilla, una vida entre música y comunicación
Antonio Mora Ayora nació en 1957 en Llerena, Badajoz. Pero su historia no pertenece a un solo lugar. Es una vida vivida entre orillas, entre climas, entre músicas, entre acentos.
Se define con ironía como “aprendiz de muchas cosas y maestro de nada”, aunque quienes han seguido su trayectoria saben que ha sido maestro de algo muy concreto: tender puentes.
Puentes entre el sur y el norte de España.
Entre España y América.
Entre la tradición y la modernidad.
Entre la radio analógica y la comunicación digital.
El joven que quería cantar
Antes que comunicador fue músico.
Antes que editor, trovador.
En los años setenta, siendo estudiante universitario, recorría Extremadura como cantautor junto a José María y Clemente Santa. Cantaba, tocaba la guitarra y participaba en grupos de música tradicional. Aquella vocación nunca desapareció. Solo cambió de escenario.
Mientras cursaba estudios de Farmacia en Sevilla y más tarde Ingeniería Técnica Agrícola, ya sabía que su destino no estaba en un laboratorio ni en un despacho técnico. Estaba en la palabra, en la voz, en la música.
En 1976 fundó la asociación “Extremadura Quiere Existir”, organizando actos culturales en Coria. No era solo un proyecto cultural; era una declaración de identidad en plena transición democrática.
El emigrante climatológico
En 1982 conoció el norte de España durante el servicio militar. El verde le atrapó. Las temperaturas suaves le sedujeron. Se convirtió en lo que él mismo llama un “emigrante climatológico”: alguien que elige el lugar donde vivir por cómo se respira el aire.
Se casó en Bilbao. Ejerció de andalusí en el norte.
Pero su vida dio otro giro en 1984, cuando viajó a Santiago de Cuba en su luna de miel. Allí encontró algo más que música: encontró hogar emocional que en el 2020 amplió a San Juan de Puerto Rico.
La Casa de la Trova de Santiago se convirtió en su refugio.
La trova tradicional santiaguera, el Son, la Salsa y ahora el Reguetón son sus inspiraciones vitales.
Santiago y San Juan, sus pueblos adoptivos.
La radio como destino
Desde 1987 su voz comenzó a sonar profesionalmente en radio. En Radio Nervión creó “Son de la Loma”, un programa que fue mucho más que un espacio musical: fue una ventana al Caribe desde el norte de España.
La salsa, el son, la rumba flamenca, la música popular en español… todo encontraba espacio en su programación. Más tarde llegarían “Pasaporte Caribeño”, “Mestizo” y otros formatos televisivos.
Viajó a Nueva York para documentarse. Investigó discográficas. Compró libros. Grabó cintas. Se dejó seducir por el trombón de la salsa como quien se deja enredar por una amante gracias a Rafa Martinez.
No hacía radio para entretener.
Hacía radio para conectar mundos.
De orilla a orilla
En 1992 publicó “De orilla a orilla”, fruto de siete años de investigación. El libro no era solo un estudio musical; era la explicación de una intuición vital: que la música popular en español no pertenece a un solo territorio, sino a un espacio compartido entre ambas orillas del Atlántico.
Ese título terminó definiendo también su propia vida.
Nació en el sur.
Vivió en el norte.
Ama el Caribe.
Promotor de cultura, constructor de encuentros
Festivales, concursos, eventos, hermanamientos culturales. Desde el Festival Bilbao Tropical hasta Enclave de Son en Santander, su trayectoria ha estado marcada por la organización y la gestión cultural.
Ha compartido camerinos con Camarón, Celia Cruz, Oscar de León, Compay Segundo, Carlos Cano y tantos otros. Pero más allá de las figuras, siempre le interesó el origen, la raíz, el pueblo.
Empresario de comunicación
En 1997 fundó Radio Rabel en Santander. Luego llegarían Radio Altamira, Onda Cantabria y, tras la crisis económica, la transformación definitiva: la comunicación digital.
Desde 1999 apostó por internet cuando muchos aún dudaban. Creó plataformas, medios digitales y finalmente el Grupo 24 Horas de Comunicación, una red que hoy abarca España y América.
De la radio local al ecosistema digital continental.
Sin perder la esencia.
El hombre que no se jubila del todo
Oficialmente jubilado desde 2020, sigue escribiendo, editando, grabando vídeos, viajando cada año al Caribe, Santiago de Cuba y San Juan de Puerto Rico, participando en festivales, pintando y cantando acompañado de su guitarra, su ukelele y su cuatro.
Sigue siendo feliz haciendo lo que le gusta.
Sigue creyendo que la cultura une más de lo que divide.
Sigue defendiendo la música en español como patrimonio común.
Y sigue siendo, como él mismo dice, “colchonero desde la cuna”.
Epílogo
Antonio Mora no es solo comunicador.
No es solo promotor cultural.
No es solo editor.
Es un hombre que ha vivido la historia reciente de la comunicación en España desde dentro, desde la radio analógica hasta el universo digital.
Y que ha demostrado que, cuando se ama la cultura y se entiende la identidad como puente y no como frontera, siempre hay una nueva orilla hacia la que navegar.
