El invento de la palabra Latinoamérica y por extensión Latino tuvo el objetivo de minimizar la verdadera cultura hispana de los hispanoaméricanos.
La crean los franceses y la divulgan escritores y políticos ingleses y norteamericanos, adaptándola los hacendados capitalistas criollos burgueses españoles de América para romper sus lazos con la península y erigirse en los gobernantes de aquellas tierras tomando así el poder politico.
Para ello solicitaron la financiación de Inglaterra. Los banqueros y empresarios británicos, instalados ya en Jamaica, brindaron sus prestamos económicos para financiar las independencias de las tierras hispanoamericanas. El objetivo de estos prestamos estaba claro, debilitar a España y asegurarse importantes beneficios económicos con intereses.
La devolución de aquellos prestamos, originaron los principales bancos ingleses actuales. Los nuevos gobiernos americanos estuvieron pagando su deuda con intereses, por las de un siglo, arruinando así la economía de los nuevos países independiente pero pobres, ecepto, claro está, la nueva élite criolla poderosa formada por terratenientes explotadores de las clases populares.
El maquiavelismo de Napoleón III
La esencia de este artículo es de Rubén Torres Martínez, «Sobre el concepto de América Latina ¿Invención francesa? », Cahiers d’études romanes [En ligne], 32 | 2016, mis en ligne le 07 avril 2017, consulté le 13 juillet 2024. URL : http://journals.openedition.org/etudesromanes/5141 ; DOI : https://doi.org/10.4000/etudesromanes.5141
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Hemos reproducido el magnífico artículo de Rubén Torres realizando algunas precisiones que creo necesarias para dejar mejor definida, mas específicamente, la intención de anular la realidad de la hispanidad en los territorios de HISPANOAMÉRICA y ganar presencia cultural e influencia, primero por Francia, luego por los masones burgueses criollos españoles, los empresarios ingleses y luego por los EEUU angloamericanos del norte.
El vocablo de América Latina surge como una invención para satisfacer los intereses económicos-políticos-culturales del Imperio francés de Napoleón III y su deseo de implantarse en el continente americano en el siglo XIX como un contrapeso a la enorme influencia que ya entonces comenzaban a adquirir los Estados Unidos angloamericanos del norte; sin embargo el concepto tras nacer francés fue asumido por intelectuales hispanoamericanos abducidos por Francia.
Francia juega además un papel de estimulador y promotor del concepto.
Encontramos que con posterioridad la palabra fue ya adoptada como idea, por varios personajes como Simón Bolívar, Domingo Faustino Sarmiento, José Martí y José Vasconcelos junto a otros ideólogos criollos de la burguesía aristocrática americana.
Se trata de la idea de una América, un territorio del continente, que es diferente y distinta a la América anglosajona, a lo que hoy comúnmente se suele llamar simplemente America (en inglés). Estas reflexiones ya giran en torno a un área que es más bien sureña, hispánica, ibérica o latina.
¿Es en verdad el concepto de América Latina una idea formada, forjada y desarrollada por los ideólogos imperialistas de Napoleón III con Michel Chevalier a la cabeza?
Mucho se ha hablado sobre los ideólogos de Napoleón III y más específicamente de Michel Chevalier (1806 – 1879) político y economista pseudo socialista aristocrático (sansimoniano) como el formador y forjador del concepto de América Latina.
En 1837 publica Des intérêts matériels en France (“Los intereses materiales de Francia”), que marca el comienzo de su notoriedad política cuando impulsa la idea de crear un Imperio Frances en torno a Mexico. Ese año es nombrado Caballero de la Legión de Honor. En 1838 es consejero de Estado.
Se hace referencia a Chevalier por el hecho de que en su libro Des intérêts matériels en France, se enfatiza la importancia de crear una «América Latina» que creara un contrapeso al hasta entonces muy aceptado y difundido término de «Hispanoamérica», usado… hasta prácticamente mediados del siglo XIX y que unía cultural y sociológicamente la cultura y los territorios de habla española a España.
Paralelamente esta idea de «América Latina» buscaba combatir y restringir el concepto de «Panamérica» que la llamada doctrina Monroe pregonaba e impulsaba con el objetivo de que los Estados Unidos angloamericanos del norte o «América», impusieran su peso, influencia y control sobre el conjunto del continente desplazando de una vez a la cultura española, mayoritaria en el continente.
Aún cuando el proceso es lento la idea «latina» , de nueva creación, ya está puesta en marcha a partir de un neologismo de base: la Europa Latina, es decir Portugal, España, Francia, Rumanía e Italia.
Si bien Portugal y España y por tanto el portugues y el español, ssurgen en la llamada Hispania romana, que englobaba a toda la península iberica, denominada así por los griegos.
Fue en 1836 cuando Michel Chevalier empleó por primera vez el término América Latina en la Introducción de Lettres sur l’Amérique du Nord.
En dicho texto el autor ya comienza a abordar y dibujar su idea de «América Latina», pero es hasta Des Intérêts matériels en France, que se puede observar algo mucho más elaborado cuando afirma que la «Civilisation» moderna tiene una doble raíz que es complementaria y contradictoria a la vez: la tradición romana y la tradición germánica. En definitiva retorciendo argumentos con el objetivo claro de menoscabar el concepto real e histórico de hispanidad. Y a la vez dejando fuera a los inglese, tradicionales enemigos de Francia.
Los franceses definían que en el continente americano existen dos «civilisations» o culturas complementarias pero confrontadas.
Una sajona y protestante, laboriosa, de raza blanca, apegada y respetuosa de las instituciones que ella misma iba creando, pero discriminadora y rechazadora de todo lo que es diferente a ella, menospreciante de las otras culturas y con un destino manifiesto claro; la otra América era «latina», católica, de raza mestiza y así, utilizando el término «latina», se englobaban e incluían los franceses, en lo que en realidad era «hispana»
Junto a los autores franceses aparecen otros autores hispanoamericanos «afrancesados» que tratarán igualmente la idea de América Latina. Nos referimos al dominicano Francisco Muñoz del Monte y al colombiano José María Torres Caicedo, este último además considerado como el primer criollo hispanoamericano con conciencia histórica del pensamiento latino. Pero no el creador del término pues nació en 1830 y había sido en el 36 cuando Michel Chevalier empleó por primera vez el término América Latina.
Precisamente es una característica muy hispana el querer apropiarse de todo y así, hoy en buena parte de Hispanoamérica hablan de Caicedo como el creador del término.
Caicedo emplea el término «América Latina» en 1856. Curiosamente hasta 1855 Torres Caicedo había empleado los términos de «América Española» o simplemente «América» pero su afrancesamiento le hizo ponerse al lado de los intereses culturales franceses.
En esa misma trayectoria se inscribe el «afrancesado» chileno Francisco Bilbao que siguiendo a Torres Caicedo publica en el mismo año de 1856 un poema intitulado Las dos Américas, donde realiza la diferenciación de manera clara y sin titubeos.
Para Bilbao se trata de dos Américas cohabitando bajo un mismo continente, una sajona y otra Latina.
Es importante reconocer en este autor la influencia de otro pensador francés Felicités de Lamennais, quien también había ya reflexionado sobre la idea del panlatinismo pero desde Europa y bajo otras circunstancias y otra lógica.
Desde 1860 se asume ya que la denominación «América Latina» es una invención francesa, creada y fomentada por los ideólogos de Napoleón III, con el fin de justificar su interés por montar un imperio en tierras mexicanas.
Napoleón III Bonaparte y el invento del panlatinismo católico
Es gracias a Napoleón III Bonaparte (1808 – 1873) que a partir de 1870 la denominación «América Latina» es aceptada quasi universalmente por los enemigos culturales de España.
Recordemos que hacia 1850 Napoleón III se presentaba al mundo como el mayor defensor de los intereses católicos y protector de los lugares sagrados.
Junto con esta excusa de defensa de la tradición occidental católica surgió la idea del panlatinismo, idea conservadora y monárquica, ante la ascensión al poder de Leopoldo O’Donnel en España entre 1854 y 1856; la intención de Napoleón III iba en el sentido de terminar de tajo con las reformas liberales que se llevaban a cabo en la península.
Paralelamente Napoleón III motivó una política de desconfianza internacional hacia el expansionismo norteamericano, lo que consolidaba y justificaba su proyecto de panlatinismo conservador católico.
Ante este escenario, Michel Chevalier se transforma en el principal promotor y no solo ideólogo del panlatinismo. Su justificación de la intervención francesa se apoya en una idea de «civilisation occidentale», de origen cristiano-católica, en todo el mundo latino y así es utilizada la religión católica, que España había llevado y difundido mayoritariamente por todo el nuevo continente, desde la llegada de Colón, para colocar a Francia como defensora y adalid del catolicismo conservador y monárquico.
Las lecturas de Michel Chevalier fueron determinantes para inspirar a personajes como José María Gutiérrez Estrada, José Nepomuceno Almonte y Miguel Miramón para realizar el llamado de intervención europea en México entre 1860 y 1863.
Un autor como Tulio Halpering Donghi asegura que fue a partir de la mitad del siglo XIX que los Estados Unidos se consolidan como la potencia continental; paralelamente el conjunto de las nacientes naciones del sur y centro de América continuaban desagarrándose internamente entre guerras, conflictos limítrofes y experimentos de formas de gobierno que se desechaban sin dejarlos madurar.
Los Estados Unidos anglosajones de norteamérica se habían expandido territorial y económicamente, pero también habían enfrentado una disyuntiva política-social-económica que derivó en su guerra civil entre 1861 y 1865.
El despegue de los EEUU anglofilos de norteamérica propicia el término América Latina
El triunfo definitivo del norte industrial y progresista sobre el sur agrícola y conservador dio un impulso fuertísimo que le permitió consolidar una flota marina militar y comercial contra la que ningún otro país del orbe podía competir.
Las élites dirigentes del resto de los países del continente americano tendieron a volverse más extremistas en dos sentidos, formando dos corrientes de pensamiento irreconciliables.
Por un lado una corriente orientada a imitar y seguir el ejemplo norteamericano de expansionismo territorial y desarrollo industrial económico; por otro lado surge una corriente más orientada a recuperar un pasado «humanista» espiritual y civilizatorio que permita el anhelado desarrollo, ese pasado se encontraba en el espíritu de lo europeo.
Un autor como Francisco Bilbao reproduce nítidamente estas tensiones y tendencias al interior de la América no sajona.
En una conferencia dictada en 1856 en París intitulada Iniciativa de la América. Idea de un Congreso Federal de las Repúblicas, Bilbao adelanta la idea que domina entonces a las élites hispanoamericanas: la existencia de dos razas, de dos culturas y dos civilizaciones que quieren dominar al mundo cada una a su manera y por su propio método. Se trata de la cultura sajona/materialista versus la cultura latina/espiritual refiriendose al humanismo llevado como bandera en la hispanidad pues la presencia francesa era anecdótica.
Para Bilbao la solución podía encontrarse en el justo medio entre ambas tradiciones, ya que según él se trataba de proyectos políticos societales compatibles. Sin embargo, en el pensamiento de Bilbao ya se nota la influencia del pensamiento francés de Michel Chevalier. A pesar de ello el autor de la Iniciativa de la América… emplea por última vez el término «América Latina» debido a que presuponía en él residuos de una Europa aún colonialista, monárquica y muy antirrepublicana.
Paralelamente a Bilbao, un autor hispanoamericano como José María Torres Caicedo, realiza otro tipo de lectura y con ello una defensa y promoción férrea del término «América Latina».
Y es que se puede observar que aún cuando el colombiano Torres Caicedo, tiene y mantiene una postura crítica hacia una Europa y Francia conservadoras, es mayor su temor hacia el expansionismo norteamericano. Vicente Romero dice al respecto:
«A partir de 1860 Torres Caicedo comienza a utilizar y difundir la expresión (América Latina) con el apoyo firme, sostenido y sistemático de la Francia bonapartista.
Con el tiempo el colombiano Torres Caicedo se transforma en el principal propagandista de la política panlatinista de la Francia imperial en el continente americano.»
El termino Latino no acababa de convencer mayoritariamente
El mismo Romero nos aclara que debido a la rapidez y premura con la que se desarrolló el decenio de 1860 en todo el continente americano, dos términos tenderán a fortalecerse de manera acelerada; por un lado la expresión America (en inglés) para referirse a la parte del continente de tradición y origen sajón colonizado por ingleses, irlanedes y otos sajones; por otro lado «América Latina», para referirse a la parte del continente que no es la América sajona. Lo latino se desarrolla y fortalece pero de manera mal orientada según este autor.
En los hechos y la realidad tangible el concepto de latino y más específicamente el término «América Latina» no convencía, y sigue sin convencer, a grandes partes del continente, más allá del territorio sajón, por ejemplo las comunidades indígenas que tienen el segúndo idioma el español y de latino no tenían nada, o a todas las poblaciones de afrodescendientes que desde entonces ya vivían en el continente hablando español y menos a los hispanoamericanos descendientes y portadores de la cultura española en sus venas.
Sin embargo no debemos perder de vista que nos encontramos en los albores del positivismo en América, una ideología que trata de recuperar, y adaptar, de manera muy poco ortodoxa muchos de los principios de aquel liberalismo republicano que se había frustrado durante la primera mitad del siglo XIX; pero que al mismo tiempo buscaba un orden y un progreso que continuaban a ser promesa incumplida de la «civilisation»; un positivismo que al adaptarse a las circunstancias de la América no sajona encontró en la formulación de lo latino una especie de cohesión identitaria y de escudo filosófico espiritual común, contra el gigante vecino del norte, que aceptaba sin problemas el nuevo concepto y a la vez alejaba la influencia de la cultura española en Hispanoamérica. Así comenzaba la guerra cultural contra la cultura española y el posicionamiento para conquistar a sus seguidores con los productos culturales anglo.
El mercadeo (marketing) de la industria cultural anglosajona se impuso utilizando descomunales cifras invertidas en los medios de difusión como el cine, la radio y la televisión
Sería luego el marketing anglo quien se encargaría de difundir en el siglo XX, el termino latino gracias al gran desarrollo de la industria cultural anglosajona, especialmente, con la música en inglés, el rock y su versión culta el jazz, que colonizó a fuerza de inversiones millonarias en medios de comunicación, todo el mundo y de forma paralela difundió la Leyenda Negra.
El relato de la Leyenda Negra fué asumida por la inmensa mayoría de los españoles europeos y americanos, hasta tal punto que se llegó a renegar de la propia cultura hispanoamericana. Quien quería posicionarse de «moderno y progresista» estaba obligado a renegar de nuestra música regional tradicional, la copla, zarzuela, el cuplé e incluso del flamenco y abrazar todo lo anglo. Especialmente el mundo de la radio musical que aceptaba regalos y viajes a Londres o Nueva York y nos hablaba de los grandes músicos con apellidos anglos como los nuevos dioses de la música.
El resultado es que los músicos españoles tuvieron que adaptarse a los nuevos acordes y ritmos para comer, olvidando la música española.
La presión mediática ejercida por las descomunales cifras invertidas en los medios de comunicación ha provocado la devacle de las culturas regionales hispanoaméricanas y la aceptación de las nuevas tendencias globalizadoras impuestas por el mundo anglosajón.
El rock, el jazz, Halowen y Santa Claus han sido algunas de las armas comerciales esgrimidas en esta lucha cultural que un día inició Francia y ha culminado el mundo anglosajón.
Y en el 2026 el español se puso de moda en todo el mundo. Lo latino y lo hispano se mezcla y fusiona sin problemas pues lo importante es que todos hablamos la misma lengua
Afortunadamente en el siglo XXI ha surgido un nuevo movimiento de historiadores, mexicanos, norteamericanos, peruanos, argentinos y españoles que están destruyendo las mentiras que en los últimos 2 siglos el mundo hispano ha asumido pero sobre todo, ha surgido el fenómeno Bad Bunny y la música urbana que con sus Trap, Reguetón y recuperación de ritmos como la Plena y la Salsa está poniendo a 20.000 millones de personas en todo el mundo a bailar y chapurrear en español aquello de DEBI TIRAR MAS FOTOS… provocando que ahora el español sea el idioma de y la cultura de moda que todos quieren aprender, con epicentro, no en España sino en Puerto Rico.
Antonio Mora Ayora
(Adaptación del texto de Rubén Torres Martínez reseñado al inicio en 2026)
