Capitulo 39 | La Bachata y el Merengue pa’ gozar: la República Dominicana conquista las pistas de baile

Mientras la industria de la Salsa vivía su gran expansión durante los años setenta, en la República Dominicana se estaban produciendo transformaciones musicales que terminarían modificando el panorama de la música popular caribeña. El Merengue, convertido desde hacía décadas en uno de los grandes símbolos nacionales, adquirió una nueva fuerza con Johnny Ventura, Wilfrido Vargas y una generación de orquestas que revolucionaron los arreglos y la presentación escénica. Al mismo tiempo, la Bachata, nacida en ambientes humildes e influida por el Bolero, el Son y la canción mexicana, comenzaba a abrirse camino pese al rechazo social que acompañó sus primeros años. La emigración dominicana llevó ambos géneros a Nueva York, donde el Merengue terminó disputando a la Salsa una parte importante de su mercado. Aquella expansión preparó también el terreno para una figura que cambiaría la proyección internacional de la música dominicana: Juan Luis Guerra.

Dos músicas dominicanas, dos historias diferentes

Cuando hablamos de la música popular de la República Dominicana debemos distinguir dos procesos históricos.

El Merengue poseía una larga trayectoria y había alcanzado un reconocimiento extraordinario como expresión nacional. Durante el siglo XIX se desarrollaron formas musicales y bailables que terminarían dando lugar a diferentes modalidades del género. Posteriormente, las grandes orquestas incorporaron nuevos instrumentos y contribuyeron a ampliar su presencia dentro de la sociedad dominicana.

La Bachata, en cambio, recorrió un camino muy diferente.

Su configuración como género discográfico reconocible tuvo lugar durante el siglo XX, especialmente en los años sesenta. Sus intérpretes procedían frecuentemente de ambientes populares y utilizaron una instrumentación mucho más reducida.

El contraste resulta especialmente interesante.

Mientras el Merengue ocupaba salones, grandes fiestas y celebraciones oficiales, la Bachata encontraba buena parte de sus públicos en pequeños establecimientos, reuniones vecinales y espacios frecuentados por trabajadores de escasos recursos.

Pero ambas músicas compartían algo fundamental: una extraordinaria relación con la vida cotidiana.

Los cantantes podían narrar experiencias amorosas, conflictos familiares, acontecimientos locales o situaciones humorísticas.

Y los bailadores encontraban una manera de expresar colectivamente aquellas historias.

Las dos tradiciones terminarían alcanzando mercados internacionales. Sin embargo, lo hicieron mediante caminos diferentes y en momentos históricos distintos.

La Bachata: cuando la palabra significaba fiesta

La palabra Bachata no comenzó identificando exclusivamente un género musical.

Durante mucho tiempo se utilizó en la República Dominicana para referirse a determinadas reuniones populares donde se cantaba, se tocaban instrumentos y se bailaba.

Aquellas fiestas podían incluir repertorios diferentes.

El Bolero poseía una presencia importante.

También el Son cubano.

Y las canciones mexicanas, especialmente las Rancheras y determinados Boleros difundidos mediante discos y películas, habían alcanzado gran popularidad.

A partir de aquellos antecedentes, los intérpretes dominicanos comenzaron a construir una manera particular de cantar y acompañarse.

La Guitarra adquirió un protagonismo fundamental.

El acompañamiento podía incorporar otra Guitarra encargada de mantener la base armónica, además de Maracas, Bongó y, posteriormente, Güira.

Las voces desarrollaban letras de carácter directo, frecuentemente relacionadas con el amor, la separación, los celos y el desengaño.

Aquella música estaba profundamente vinculada con las experiencias de sus públicos.

Pero precisamente su relación con los sectores más humildes provocó que determinadas clases sociales la consideraran una expresión de escaso prestigio.

La Bachata comenzó a desarrollar una larga historia de resistencia cultural antes de alcanzar el reconocimiento que hoy conocemos.

José Manuel Calderón y las primeras grabaciones

Entre los grandes pioneros encontramos a José Manuel Calderón, una figura fundamental para comprender el nacimiento discográfico de la Bachata.

El 30 de mayo de 1962 grabó dos composiciones que suelen considerarse referencias fundacionales del género: Borracho de amor y Condena.

La importancia de aquellas grabaciones no significa que antes no existieran músicos que interpretaran canciones semejantes.

Los antecedentes eran mucho más antiguos.

Lo fundamental es que comenzaron a proporcionar una identidad discográfica reconocible a una música que estaba adquiriendo características propias.

Calderón desarrollaba un repertorio profundamente relacionado con el Bolero.

Pero sus acompañamientos y su manera de interpretar contribuían a construir una nueva personalidad musical.

Durante aquellos años también adquirieron importancia Rafael Encarnación y Luis Segura, conocido como El Añoñaíto.

Sus canciones ampliaron los repertorios sentimentales.

Y comenzaron a formar un público que se reconocía en aquellas letras.

En De orilla a orilla destaqué igualmente a Víctor Estévez entre los intérpretes relacionados con la primera difusión popular de esta música.

No todos poseían una formación académica.

Muchos aprendieron mediante la práctica y la escucha.

Y sus canciones encontraron aceptación precisamente por aquella cercanía con la vida cotidiana.

Radio Guarachita: una emisora contra el desprecio social

La aparición de Radio Guarachita constituye uno de los acontecimientos fundamentales de la historia de la Bachata.

El proyecto estuvo relacionado con Radhamés Aracena y con una actividad que combinaba la comercialización de discos, las grabaciones y la difusión radiofónica.

Sus antecedentes se sitúan en 1964 y su actividad en las ondas comenzó en 1965.

La emisora proporcionó un espacio decisivo a los bachateros.

Durante aquellos años, buena parte de las grandes emisoras dominicanas dedicaba una atención limitada a estas canciones.

La Bachata arrastraba prejuicios sociales.

Su origen popular era utilizado como motivo de desprecio.

Y determinadas composiciones eran consideradas poco apropiadas para los programas convencionales.

Pero Radio Guarachita encontró un público extraordinariamente fiel.

Sus emisiones permitieron ampliar la circulación de las grabaciones.

Los cantantes comenzaron a adquirir reconocimiento.

Y las canciones encontraron oyentes más allá de los establecimientos donde se interpretaba habitualmente aquella música.

La importancia de Radio Guarachita demuestra que la historia musical no puede explicarse solamente mediante los compositores y los instrumentistas.

También los medios de comunicación desempeñan una función decisiva.

Una emisora puede contribuir a mantener vivo un género que otros circuitos comerciales desprecian.

Y aquella circunstancia resultaría fundamental para el futuro de la Bachata.

Luis Segura y la continuidad de la vieja Bachata

Luis Segura representa una de las grandes figuras de aquella primera tradición bachatera.

Su voz adquirió una personalidad extraordinaria.

Las letras desarrollaban historias sentimentales.

Y los acompañamientos mantenían una instrumentación directamente relacionada con los antiguos conjuntos de Guitarra.

Segura contribuyó a construir una continuidad discográfica durante décadas.

Su música alcanzó una gran popularidad entre los públicos que habían acompañado al género desde sus comienzos.

Pero también permitió mantener vivos determinados procedimientos cuando comenzaron a aparecer nuevas tendencias.

La Bachata no desarrolló una evolución uniforme.

Algunos intérpretes continuaron trabajando con una instrumentación tradicional.

Otros comenzaron a incorporar recursos diferentes.

Y determinadas producciones encontraron oportunidades para modernizar su sonoridad.

Aquella diversidad sería especialmente importante durante los años ochenta.

Pero, antes de llegar a esa etapa, debemos regresar al otro gran género dominicano.

Porque mientras la Bachata continuaba luchando contra los prejuicios, el Merengue estaba preparando una verdadera conquista internacional.

El Merengue: de la Tambora y el Acordeón a las grandes orquestas

El Merengue poseía una trayectoria histórica mucho más extensa.

Su desarrollo había estado relacionado con diferentes regiones dominicanas y con la evolución de las músicas populares durante el siglo XIX.

Entre sus instrumentos más característicos encontramos la Tambora, la Güira y el Acordeón.

Aquella formación permitió construir una música de enorme eficacia bailable.

Pero el Merengue comenzó a experimentar transformaciones importantes cuando aparecieron agrupaciones de mayor tamaño.

Los instrumentos de viento adquirieron protagonismo.

También los arreglos escritos.

Y las grandes orquestas desarrollaron una sonoridad apropiada para los salones de baile.

Durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, el Merengue adquirió una importante presencia institucional y fue utilizado también como elemento de propaganda política.

Conviene recordar esta circunstancia, porque la historia de un género no puede separarse completamente del contexto social en el que se desarrolla.

Sin embargo, la música continuó evolucionando más allá de aquellas utilizaciones oficiales.

Los intérpretes populares mantuvieron repertorios tradicionales.

Las grandes orquestas incorporaron procedimientos nuevos.

Y aparecieron cantantes capaces de desarrollar carreras extraordinarias.

Entre ellos encontramos a Joseíto Mateo.

Joseíto Mateo: el Merengue de toda una generación

Joseíto Mateo (1920-2018) fue uno de los grandes representantes de la música dominicana.

Su extraordinaria capacidad vocal y su personalidad escénica lo convirtieron en una referencia fundamental.

Participó en diferentes agrupaciones.

También desarrolló una carrera propia.

Y contribuyó a difundir el Merengue fuera de la República Dominicana.

Su importancia reside especialmente en haber mantenido una relación profunda con las estructuras tradicionales.

Mientras las nuevas orquestas desarrollaban arreglos más complejos, Mateo continuó representando una manera reconocible de interpretar el género.

Otro de los grandes exponentes tradicionales fue el Cieguito de Nagua, relacionado con el Merengue típico y la extraordinaria tradición del Acordeón dominicano.

La convivencia entre aquellas figuras y las grandes orquestas modernas demuestra que el Merengue no constituyó una expresión uniforme.

Existían maneras diferentes de interpretarlo.

Y cada una encontraba públicos propios.

La modernización del género no supuso necesariamente la desaparición de las formas anteriores.

En realidad, ambas corrientes contribuyeron a ampliar su popularidad.

Johnny Ventura: la revolución del Combo Show

Johnny Ventura (1940-2021) desempeñó una función extraordinaria dentro de la modernización del Merengue.

Durante los años sesenta desarrolló una concepción musical y escénica que terminaría convirtiéndose en una referencia para las generaciones posteriores.

Su Combo Show incorporó una organización instrumental diferente de la de las grandes orquestas tradicionales.

Los arreglos adquirían una gran intensidad.

Las voces encontraban oportunidades para desarrollar intervenciones directas.

Y la presentación escénica se convirtió en una parte fundamental del espectáculo.

Los músicos comenzaron a incorporar movimientos coordinados.

Las coreografías adquirieron importancia.

Y la relación con el público se hizo mucho más inmediata.

Aquella transformación permite establecer una relación con otras grandes agrupaciones caribeñas.

El Gran Combo de Puerto Rico desarrolló una personalidad escénica reconocible.

La Dimensión Latina venezolana también incorporó movimientos que acompañaban las frases instrumentales.

Pero Johnny Ventura había construido su propia escuela.

La música y el espectáculo aparecían profundamente relacionados.

Y aquella concepción terminaría influyendo decisivamente sobre las orquestas merengueras de los años setenta y ochenta.

Los dominicanos llevan el Merengue a Nueva York

La emigración dominicana desempeñó una función fundamental dentro de la expansión internacional del Merengue.

Durante los años sesenta y setenta, Nueva York recibió a numerosos dominicanos que buscaban oportunidades profesionales.

Sus comunidades desarrollaron una vida cultural extraordinaria.

Y la música constituyó uno de los principales elementos de relación.

El Merengue comenzó a formar parte de fiestas y celebraciones.

También de actuaciones profesionales.

Y determinadas agrupaciones encontraron oportunidades para desarrollar una actividad discográfica.

En mi investigación original señalé que, al terminar 1978, la presencia dominicana en Nueva York había adquirido una dimensión demográfica considerable.

Aquella circunstancia contribuyó a construir un mercado importante.

Pero el Merengue que comenzó a difundirse en la ciudad no siempre respondía exactamente a los procedimientos desarrollados dentro de la República Dominicana.

Los arreglos podían incorporar influencias neoyorquinas.

También las compañías encontraban oportunidades para adaptar las grabaciones a públicos más amplios.

Y determinados músicos de Salsa comenzaron a incluir Merengues en sus repertorios.

Entre ellos encontramos a Johnny Pacheco, Ismael Miranda y otros intérpretes.

Pero debemos destacar especialmente a Primitivo Santos, uno de los grandes protagonistas de la difusión del Merengue dominicano en Nueva York.

Su trayectoria contribuyó a construir una relación profesional entre las agrupaciones dominicanas y el mercado estadounidense.

Milly y Los Vecinos: las mujeres también transforman el Merengue

En 1975 apareció en Nueva York una agrupación que terminaría desempeñando una función fundamental.

Milly y Los Vecinos.

El proyecto estuvo relacionado con Milly Quezada (1955) y sus hermanos Rafael y Martín.

La agrupación encontró oportunidades para desarrollar una música dominicana moderna mediante nuevos arreglos.

Su primera producción discográfica apareció en 1976.

El repertorio incluía Merengues.

Pero también canciones relacionadas con otros géneros.

La combinación permitía ampliar las posibilidades musicales.

En 1978 se incorporó Jocelyn Quezada, hermana de Milly, inicialmente para sustituirla durante una etapa de su embarazo.

Posteriormente terminó formando parte estable del proyecto.

La agrupación pasó a identificarse como Milly, Jocelyn y Los Vecinos.

Aquella circunstancia resultó especialmente importante.

Las mujeres habían participado históricamente en la música dominicana, pero su protagonismo dentro de las grandes orquestas modernas no era tan habitual.

Milly y Jocelyn contribuyeron a modificar aquella situación.

Sus voces adquirieron una enorme popularidad.

Y durante los años siguientes terminaron convirtiéndose en referencias fundamentales del Merengue internacional.

Wilfrido Vargas: un Merengue con humor, crítica y arreglos modernos

Wilfrido Vargas (1949) representa una de las figuras fundamentales de la evolución del Merengue.

Su formación como Trompetista le permitió desarrollar una extraordinaria capacidad instrumental.

Pero también poseía conocimientos de composición y arreglos.

Sus grabaciones incorporaron una sonoridad de gran potencia.

Las secciones de viento adquirían protagonismo.

La Percusión mantenía la intensidad característica del género.

Y los cantantes encontraban oportunidades para desarrollar historias.

Pero la importancia de Wilfrido Vargas no reside solamente en los arreglos.

También en la personalidad de sus letras.

El humor desempeñaba una función fundamental.

La sátira aparecía en numerosas composiciones.

Y determinadas canciones desarrollaban referencias políticas y sociales.

En mi libro original defendí precisamente aquella característica.

Resultaba injusto presentar el Merengue como una música sin contenido.

Wilfrido demostraba que podía desarrollar textos inteligentes dentro de una estructura profundamente bailable.

Durante los últimos años setenta, sus producciones adquirieron una extraordinaria popularidad.

Entre ellas encontramos el álbum Punto y aparte, publicado en 1978.

La grabación contribuyó decisivamente a ampliar su reconocimiento.

«El barbarazo» y el Merengue que contaba historias

Entre las canciones relacionadas con Wilfrido Vargas encontramos El barbarazo.

Su popularidad refleja una característica fundamental del Merengue.

La capacidad para construir relatos.

Las letras podían incorporar personajes.

También situaciones humorísticas.

Y determinadas observaciones sobre la vida cotidiana.

Aquella orientación resultaba especialmente apropiada para las actuaciones.

El cantante podía establecer una relación directa con el público.

Los coros contribuían a construir una respuesta colectiva.

Y los arreglos mantenían una intensidad extraordinaria.

En De orilla a orilla destaqué también composiciones de contenido social, como Wilfrido, dame un consejo, para demostrar que el Merengue podía desarrollar mensajes críticos.

Aquella circunstancia merece ser recordada.

La música dominicana poseía una tradición narrativa importante.

Y sus intérpretes encontraron maneras diferentes de desarrollarla.

Pero conviene evitar una conclusión demasiado tajante: la narración no fue exclusiva del Merengue.

El Son, la Plena y otros géneros caribeños habían desarrollado historias cantadas durante generaciones.

Lo interesante es reconocer cómo cada tradición utilizó aquellos procedimientos.

Los Kenton y Los Hijos del Rey: el escenario se transforma

La modernización del Merengue también modificó profundamente su presentación escénica.

Durante los últimos años setenta aparecieron agrupaciones que llevaron la coreografía a una dimensión extraordinaria.

Entre ellas encontramos a Los Kenton.

También a Los Hijos del Rey.

Los músicos y cantantes desarrollaban movimientos coordinados.

Pero determinadas actuaciones incorporaban recursos de gran exigencia física.

Las coreografías podían recordar las acrobacias.

Y el espectáculo adquiría un protagonismo que iba mucho más allá de la interpretación instrumental.

Aquella concepción resultaba especialmente atractiva para los públicos jóvenes.

La música mantenía una intensidad constante.

Pero la presentación visual proporcionaba una experiencia nueva.

El Merengue estaba construyendo una imagen internacional reconocible.

Y las orquestas comenzaron a competir también mediante la espectacularidad de sus actuaciones.

Aquella transformación terminaría influyendo profundamente sobre las agrupaciones de los años ochenta.

25 de febrero de 1979: el Merengue conquista el Radio City Music Hall

Uno de los acontecimientos más importantes de aquella expansión tuvo lugar el 25 de febrero de 1979.

El Radio City Music Hall de Nueva York acogió un gran concierto relacionado con el 135.º aniversario de la independencia de la República Dominicana.

El acontecimiento reunió a algunos de los grandes protagonistas del Merengue.

Entre ellos encontramos a Primitivo Santos.

También a Joseíto Mateo.

Cuco Valoy participó con su agrupación Los Virtuosos.

Johnny Pacheco formó parte de la programación.

Y Wilfrido Vargas presentó una formación joven que estaba desarrollando una extraordinaria popularidad.

Los Kenton proporcionaron uno de los grandes espectáculos de la jornada mediante sus coreografías.

El concierto adquirió una importancia particular.

Nueva York había sido uno de los grandes escenarios del auge internacional de la Salsa.

Pero ahora el Merengue dominicano estaba demostrando que podía organizar sus propios acontecimientos multitudinarios.

La comunidad dominicana había alcanzado una presencia cultural extraordinaria.

Y sus músicos comenzaban a adquirir reconocimiento fuera de los circuitos tradicionales.

El acontecimiento representaba una nueva etapa.

La República Dominicana estaba preparada para disputar una parte importante del mercado bailable internacional.

¿El Merengue contra la Salsa?

Durante los últimos años setenta y los primeros ochenta comenzó a extenderse una idea que adquirió notable popularidad entre los aficionados.

El Merengue estaba desplazando a la Salsa.

La afirmación tenía una parte de realidad.

Las producciones dominicanas comenzaron a obtener una difusión creciente.

Las emisoras programaban nuevos éxitos.

Y numerosos bailadores encontraban en el Merengue una música especialmente apropiada para sus fiestas.

Pero conviene distinguir entre las preferencias comerciales y la calidad musical.

Algunos aficionados salseros comenzaron a despreciar el Merengue.

Lo consideraban demasiado sencillo.

Y afirmaban que sus canciones carecían de interés.

Aquella interpretación resultaba profundamente parcial.

El género poseía una larga historia.

También una instrumentación extraordinariamente rica.

Y numerosos compositores habían desarrollado letras de gran personalidad.

Wilfrido Vargas constituye uno de los mejores ejemplos.

Pero también Johnny Ventura y otros grandes intérpretes.

Por tanto, la expansión del Merengue no debe interpretarse exclusivamente como la decadencia de la Salsa.

Fue también la consolidación internacional de una música que había desarrollado su propia historia.

Los mercados cambiaban.

Pero el Caribe continuaba creando.

Los años ochenta: una nueva generación de merengueros

Durante los años ochenta, el Merengue experimentó una expansión extraordinaria.

Las agrupaciones dominicanas comenzaron a alcanzar numerosos mercados.

Entre sus grandes protagonistas encontramos a Sergio Vargas (1960).

También a Fernandito Villalona (1955).

Los Hermanos Rosario adquirieron una enorme popularidad.

Y aparecieron otras agrupaciones, como Jossie Esteban y la Patrulla 15, New York Band y Las Chicas del Can.

El protagonismo femenino continuó ampliándose.

Milly Quezada desarrolló una trayectoria extraordinaria.

Y la nueva generación encontró oportunidades para incorporar diferentes recursos escénicos.

Pero también se mantuvieron los intérpretes tradicionales.

El Merengue típico continuó desarrollándose mediante el Acordeón, la Tambora y la Güira.

Figuras como Fefita la Grande contribuyeron a mantener aquella continuidad.

La historia demuestra nuevamente que la expansión comercial no provocó la desaparición completa de los repertorios anteriores.

Las diferentes modalidades del Merengue continuaron conviviendo.

Y sus intérpretes encontraron públicos muy diversos.

Juan Luis Guerra: la transformación que nadie esperaba

Entre los grandes protagonistas de aquella década apareció un músico que terminaría transformando profundamente la proyección internacional de la música dominicana.

Juan Luis Guerra (1957).

Su formación musical estuvo relacionada con diferentes experiencias.

Conocía el Jazz.

También los repertorios tradicionales dominicanos.

Y desarrolló una extraordinaria capacidad como compositor y arreglista.

En 1984 publicó Soplando, relacionado con el nacimiento del proyecto que terminaría conociéndose como Juan Luis Guerra y 4.40.

Pero su evolución posterior adquirió una dimensión extraordinaria.

Las letras comenzaron a desempeñar una función fundamental.

Los arreglos incorporaron recursos de gran riqueza.

Y el Merengue encontró posibilidades musicales diferentes.

Juan Luis Guerra desarrolló canciones relacionadas con el amor.

También con situaciones sociales.

Y determinadas composiciones incorporaron un humor de enorme inteligencia.

La combinación resultó extraordinaria.

Su música adquirió una enorme popularidad.

Pero también comenzó a modificar la percepción que numerosos oyentes tenían de los géneros dominicanos.

Y aquella transformación afectaría especialmente a la Bachata.

«Ojalá que llueva café»: el Merengue también podía hablar del campo

En 1989 apareció Ojalá que llueva café, una de las grandes producciones de Juan Luis Guerra.

La canción que dio título al álbum terminó convirtiéndose en una referencia fundamental.

Su letra desarrolla imágenes relacionadas con la vida rural.

Pero también con las dificultades económicas y las esperanzas de sus protagonistas.

La composición utiliza una expresión poética extraordinaria.

El deseo de que llueva café adquiere un significado profundamente relacionado con las necesidades de las comunidades campesinas.

Pero la música mantiene una personalidad bailable.

Aquella combinación demuestra que el Merengue podía desarrollar mensajes de gran riqueza.

La canción alcanzó una extraordinaria popularidad.

Y contribuyó decisivamente a ampliar el reconocimiento internacional de Juan Luis Guerra.

Pero todavía faltaba otra transformación.

Una música que durante décadas había sufrido desprestigio social comenzaría a adquirir una aceptación completamente diferente.

La Bachata.

«Bachata rosa»: el género que salió de los márgenes

En 1990, Juan Luis Guerra publicó Bachata rosa.

La producción alcanzó una enorme repercusión internacional.

Su importancia fue decisiva para ampliar el reconocimiento de la Bachata.

Durante décadas, el género había estado relacionado con los sectores populares dominicanos.

Las grandes emisoras le habían dedicado una atención limitada.

Y determinadas clases sociales continuaban considerándolo una música de escaso prestigio.

Pero el éxito de Juan Luis Guerra contribuyó a modificar aquella percepción.

Los arreglos adquirían una sonoridad refinada.

Las letras mantenían una extraordinaria sensibilidad.

Y las grabaciones comenzaron a circular por numerosos mercados.

Sin embargo, debemos evitar una interpretación injusta.

Juan Luis Guerra no inventó la Bachata.

Tampoco fue el primer compositor que intentó ampliar sus posibilidades.

Su éxito fue posible porque durante décadas existieron músicos que habían mantenido vivo el género.

José Manuel Calderón.

Luis Segura.

Rafael Encarnación.

Y otros muchos intérpretes.

La nueva etapa permitió ampliar el mercado.

Pero la historia había comenzado mucho antes.

Sonia Silvestre y Víctor Víctor: otras maneras de renovar la Bachata

La transformación de la Bachata también estuvo relacionada con otros artistas dominicanos.

Entre ellos encontramos a Víctor Víctor (1948-2020).

Su trayectoria como compositor y cantante permitió desarrollar una manera personal de interpretar el género.

Sus canciones incorporaban una sensibilidad extraordinaria.

Y buscaban ampliar las posibilidades de los repertorios tradicionales.

También Sonia Silvestre (1952-2014) contribuyó decisivamente a aquella evolución.

Su voz poseía una personalidad muy reconocible.

Y sus interpretaciones permitieron construir una relación entre la canción dominicana contemporánea y la Bachata.

La colaboración entre ambos músicos adquirió una importancia especial.

Entre las canciones destacadas encontramos Mesita de noche.

En De orilla a orilla dediqué una atención particular a aquellos intérpretes porque sus discos no siempre encontraban una distribución adecuada en España.

La música dominicana poseía una extraordinaria riqueza.

Pero buena parte de sus grabaciones permanecía limitada a los circuitos de importación.

Aquella circunstancia contribuye a explicar por qué el éxito de Juan Luis Guerra resultó tan importante.

Su música consiguió entrar en mercados que anteriormente apenas habían prestado atención a determinados repertorios dominicanos.

La Bachata ya estaba preparada para otra generación

Durante los años noventa, la Bachata continuó desarrollando nuevas posibilidades.

Aparecieron intérpretes como Luis Vargas (1961), Antony Santos (1967) y otros músicos que contribuirían a transformar su sonoridad.

Las Guitarras adquirieron nuevas características.

También los arreglos.

Y las letras encontraron oportunidades para desarrollar repertorios diferentes.

Aquella evolución terminaría preparando el terreno para una transformación internacional mucho mayor.

Pero no debemos adelantarnos todavía.

Por ahora nos encontramos ante un momento decisivo.

La Bachata había comenzado su trayectoria moderna mediante pequeños conjuntos y grabaciones de escasa difusión.

Después encontró una oportunidad fundamental gracias a Radio Guarachita.

Y posteriormente desarrolló una transformación que permitió ampliar extraordinariamente sus públicos.

La historia todavía estaba lejos de terminar.

Pero el género había dejado de ocupar exclusivamente los márgenes comerciales de la música dominicana.

REFLEXIONES DEL AUTOR: el Merengue no era el enemigo de la Salsa

Cuando escribí De orilla a orilla dediqué una atención especial a la expansión del Merengue durante los años setenta y ochenta.

Aquella transformación había provocado reacciones muy diferentes.

Algunos aficionados a la Salsa consideraban el género dominicano una música demasiado sencilla.

También lo acusaban de carecer de contenidos importantes.

Y determinados sectores comenzaron a utilizar sus diferencias instrumentales como argumento para despreciarlo.

Pero aquella interpretación me parecía equivocada.

La historia del Merengue demuestra una riqueza extraordinaria.

Sus compositores desarrollaron letras humorísticas.

También narraciones extensas.

Y determinadas canciones incorporaron referencias sociales y políticas.

Wilfrido Vargas constituye uno de los grandes ejemplos.

Sus arreglos poseían una personalidad reconocible.

Y sus repertorios permitían desarrollar historias que no podían reducirse a simples canciones de fiesta.

Johnny Ventura también había transformado profundamente su presentación escénica.

Y Juan Luis Guerra terminaría demostrando que el Merengue podía adquirir una extraordinaria sofisticación musical.

Por tanto, la expansión del género no debía interpretarse exclusivamente como una amenaza contra la Salsa.

Era también la consecuencia de su propia evolución.

La Bachata representa otra historia igualmente interesante.

Durante décadas sufrió un rechazo relacionado con el origen social de sus intérpretes.

Pero aquellos músicos continuaron grabando.

También componiendo.

Y construyendo públicos.

Radio Guarachita permitió ampliar su difusión cuando numerosas emisoras apenas le prestaban atención.

Posteriormente, artistas como Víctor Víctor, Sonia Silvestre y Juan Luis Guerra contribuyeron a transformar su presencia comercial.

La evolución demuestra que las músicas populares necesitan algo más que grandes campañas publicitarias para sobrevivir.

Necesitan intérpretes.

También públicos.

Y espacios donde continuar desarrollándose.

En mi trayectoria como comunicador he procurado precisamente prestar atención a aquellos géneros que no siempre encontraban espacio dentro de las programaciones convencionales.

Porque la música caribeña no puede explicarse mediante una sola denominación.

El Son tiene su propia historia.

La Salsa posee una evolución particular.

El Merengue representa otra tradición.

Y la Bachata desarrolló un camino que terminaría llevándola desde pequeños establecimientos dominicanos hasta los escenarios internacionales.

Cada expresión merece ser comprendida dentro de su contexto.

El Merengue no derrotó musicalmente a la Salsa. Conquistó públicos que estaban descubriendo otra manera de bailar y disfrutar de la música caribeña. Y la Bachata demostró que una expresión despreciada por su origen humilde podía terminar alcanzando reconocimiento mundial.

El Caribe prepara nuevas transformaciones

Al comenzar los años noventa, la música dominicana estaba viviendo una etapa extraordinaria.

El Merengue había alcanzado una presencia internacional enorme.

Juan Luis Guerra contribuía a ampliar sus posibilidades.

Y la Bachata comenzaba a encontrar nuevos públicos.

Mientras tanto, la Salsa continuaba desarrollando transformaciones importantes.

Las grandes orquestas mantenían sus repertorios.

Pero algunas compañías discográficas buscaban fórmulas relacionadas con la canción romántica.

La denominada Salsa erótica estaba adquiriendo una enorme popularidad.

Y determinados compositores continuaban demostrando que la música bailable podía desarrollar historias de gran riqueza.

Entre ellos destacaba un panameño que había comenzado su carrera durante los años setenta.

Rubén Blades.

Su colaboración con Willie Colón contribuiría a transformar la importancia narrativa de la Salsa.

Y abriría una etapa fundamental dentro de la evolución de la música caribeña.

Después de Santo Domingo, nuestra historia regresará a Nueva York para encontrarse con Rubén Blades y la Salsa consciente.