En plena expansión comercial de la Salsa, cuando las grandes compañías discográficas buscaban fórmulas capaces de conquistar nuevos mercados, un joven panameño comenzó a demostrar que aquella música podía ofrecer algo más que canciones para bailar. Rubén Blades incorporó a sus composiciones personajes, conflictos sociales, relatos de la vida cotidiana y reflexiones sobre la identidad latinoamericana. Su colaboración con Willie Colón produjo dos discos fundamentales, Metiendo mano! (1977) y Siembra (1978), que transformaron las posibilidades narrativas de la Salsa. Pero su importancia no reside únicamente en haber introducido mensajes de contenido social: el Son, la Plena y otros géneros caribeños ya poseían una larga tradición de crítica y narración popular. La aportación de Blades consistió en desarrollar aquellas posibilidades dentro de la Salsa urbana y llevarlas a una dimensión internacional extraordinaria.
De Panamá a Nueva York
Rubén Blades Bellido de Luna nació en Ciudad de Panamá el 16 de julio de 1948.
Su formación musical estuvo relacionada con una familia donde la música ocupaba un lugar importante, pero también con el ambiente cultural y político de su país.
Desde joven mostró interés por la composición.
Sus canciones comenzaron a desarrollar características que posteriormente se convertirían en fundamentales dentro de su obra: personajes reconocibles, historias relacionadas con la vida cotidiana y una preocupación constante por las circunstancias sociales.
Pero Rubén no orientó inicialmente toda su formación hacia los escenarios.
Estudió Derecho en la Universidad de Panamá y desarrolló una inquietud intelectual que terminaría acompañándolo durante su trayectoria artística.
Aquella circunstancia resulta interesante porque contribuye a comprender la personalidad de sus letras.
Sus composiciones no se limitaban a describir situaciones sentimentales.
También buscaban construir historias.
Y, en ocasiones, formular preguntas sobre la sociedad en la que vivían sus personajes.
Durante los últimos años sesenta comenzó a aproximarse al ambiente musical de Nueva York.
La ciudad estaba experimentando una transformación extraordinaria.
Las agrupaciones cubanas y puertorriqueñas habían contribuido a desarrollar una escena musical de gran intensidad.
El Bugalú adquiría popularidad.
Los Trombones comenzaban a modificar la sonoridad de los Conjuntos.
Y una nueva generación de músicos estaba construyendo la música que posteriormente adquiriría reconocimiento internacional bajo la denominación Salsa.
Rubén encontró allí una oportunidad.
Pero todavía tendría que recorrer un camino considerable antes de convertirse en uno de sus principales protagonistas.
Pete Rodríguez presenta a un joven panameño
En 1970 apareció el álbum De Panamá a Nueva York, grabado por Rubén Blades con la orquesta de Pete Rodríguez.
Conviene aclarar que nos referimos al pianista relacionado con el Bugalú, conocido por éxitos como Micaela, y no a Pete «El Conde» Rodríguez, cantante de Johnny Pacheco.
El disco fue publicado por Alegre Records y constituye una referencia fundamental para comprender los primeros pasos de Rubén.
Su repertorio incluía composiciones como Juan González y Descarga caliente.
Pero el álbum no consiguió un éxito comercial importante.
El cantante regresó posteriormente a Panamá para continuar sus estudios.
En mi libro original señalé que aquella primera producción había encontrado dificultades de difusión relacionadas con el contenido de algunas de sus canciones.
Sin embargo, la documentación discográfica disponible permite afirmar con seguridad su escasa repercusión comercial, no una prohibición general del álbum, por lo que conviene distinguir ambas circunstancias.
Lo verdaderamente importante fue que aquella experiencia permitió presentar una personalidad compositiva diferente.
Rubén comenzaba a demostrar interés por los relatos.
Sus canciones incorporaban personajes.
Y los argumentos adquirían una importancia que no siempre aparecía en las producciones bailables dominantes.
Aquella característica terminaría proporcionando algunos de los grandes éxitos de su trayectoria.
Un compositor entre los discos y los sellos de correo
En 1974, Rubén Blades regresó a Estados Unidos y terminó instalándose en Nueva York.
La industria salsera estaba atravesando uno de sus momentos de mayor expansión.
Fania Records había conseguido reunir a numerosas figuras.
Las Estrellas de Fania desarrollaban grandes espectáculos internacionales.
Y las compañías estaban buscando nuevos cantantes y compositores.
Rubén encontró trabajo en las oficinas de Fania.
Pero no comenzó inmediatamente como una de sus grandes estrellas.
Su actividad inicial estuvo relacionada con la correspondencia de la compañía.
Aquella historia posee algo especialmente revelador.
Mientras preparaba envíos y desempeñaba tareas administrativas, el joven panameño seguía componiendo.
Y se encontraba en contacto con algunos de los músicos que estaban protagonizando la transformación de la Salsa.
Las oficinas de Fania proporcionaban una oportunidad para conocer intérpretes.
También presentar composiciones.
Y encontrar músicos interesados en grabarlas.
Rubén empezó a conseguir reconocimiento precisamente mediante sus canciones.
Pero su manera de construir historias no siempre respondía a las fórmulas comerciales de mayor difusión.
Necesitaba encontrar intérpretes capaces de desarrollar aquellas narraciones.
Y uno de los primeros grandes éxitos llegaría mediante Ismael Miranda.
«Cipriano Armenteros»: la historia entra en la Salsa
En 1975, Ismael Miranda grabó Cipriano Armenteros, una composición de Rubén Blades.
La canción desarrolla una historia de bandolerismo panameño.
Su protagonista aparece relacionado con un relato de enfrentamiento, persecución y resistencia.
Pero su importancia musical no reside exclusivamente en el argumento.
La composición utiliza procedimientos propios del Son.
La Percusión mantiene una estructura bailable.
Los instrumentos construyen un acompañamiento de gran intensidad.
Y la voz encuentra oportunidades para desarrollar la narración.
Aquella combinación demuestra una de las características fundamentales de Rubén.
Sus canciones podían contar historias sin abandonar completamente los procedimientos musicales que permitían bailar.
El relato no sustituía al ritmo.
Ambos formaban parte de una misma composición.
Juan González, incluida en su primer álbum de 1970, había anticipado aquella orientación.
Pero Cipriano Armenteros consiguió una difusión mucho mayor mediante Ismael Miranda.
La canción permitió que Rubén comenzara a adquirir reconocimiento como compositor.
Y abrió nuevas oportunidades profesionales.
Otros intérpretes, entre ellos Richie Ray y Bobby Cruz, también se interesaron por su repertorio.
La Salsa estaba encontrando un autor que poseía algo extraordinariamente importante.
Una manera propia de contar historias.
Ray Barretto y el reconocimiento como cantante
En 1975, Rubén Blades comenzó a participar en grabaciones relacionadas con Ray Barretto.
El gran percusionista había desarrollado una trayectoria extraordinaria.
Sus agrupaciones habían incorporado recursos instrumentales que contribuyeron profundamente a la evolución de la Salsa.
Pero también estaba interesado en trabajar con nuevas voces.
Rubén encontró allí una oportunidad fundamental.
Su participación en el álbum Barretto permitió ampliar su reconocimiento como cantante.
La experiencia fue especialmente importante porque demostró que podía interpretar sus propias composiciones dentro de una gran agrupación.
Su voz poseía una personalidad diferente de la de otros Soneros.
No dependía exclusivamente de la improvisación.
También de su capacidad para comunicar historias.
Rubén podía desarrollar una interpretación donde las palabras adquirían una importancia fundamental.
Aquella característica lo convertiría en uno de los grandes narradores de la Salsa.
Posteriormente colaboró también con Larry Harlow y participó en proyectos relacionados con las Estrellas de Fania.
Pero el acontecimiento decisivo sería su encuentro artístico con un músico que había transformado profundamente la sonoridad neoyorquina durante los años sesenta.
Willie Colón.
Willie Colón y Rubén Blades: una colaboración decisiva
Willie Colón (1950-2026) había comenzado su carrera siendo muy joven.
Su colaboración con Héctor Lavoe contribuyó decisivamente a construir una nueva sonoridad.
Los Trombones adquirían un protagonismo extraordinario.
Los arreglos desarrollaban una fuerza muy particular.
Y las grabaciones encontraban una relación directa con los ambientes populares de Nueva York.
Pero durante los años setenta Willie comenzó a desarrollar nuevas inquietudes.
Su trabajo como productor y arreglista adquirió mayor importancia.
Y buscó posibilidades musicales diferentes.
Rubén Blades encontró en él un colaborador extraordinario.
Willie poseía una experiencia instrumental y discográfica fundamental.
También una capacidad especial para organizar producciones.
Rubén aportaba composiciones donde los personajes y las historias adquirían una importancia decisiva.
La combinación resultó extraordinaria.
Los arreglos podían mantener la intensidad de la Salsa neoyorquina.
Pero también proporcionar espacio a letras de mayor desarrollo.
Aquella colaboración no apareció completamente de improviso.
Rubén ya había participado en una grabación del álbum The Good, the Bad, the Ugly, de Willie Colón, publicado en 1975.
Pero la relación artística adquiriría una dimensión mucho mayor dos años después.
1977: «Metiendo mano!»
En 1977 apareció Metiendo mano!, la primera gran producción conjunta de Willie Colón y Rubén Blades.
El álbum constituye una de las referencias fundamentales de la Salsa de los años setenta.
Su importancia reside en la combinación entre los arreglos de Willie y la personalidad compositiva de Rubén.
Las canciones desarrollan temas diferentes.
Algunas mantienen una relación profunda con las estructuras tradicionales.
Otras incorporan historias de contenido social.
Pero el conjunto posee una identidad reconocible.
Entre las grabaciones encontramos Pablo Pueblo.
También Plantación adentro, composición del puertorriqueño Tite Curet Alonso.
Aquella circunstancia merece atención.
Rubén no fue el único compositor que utilizó la música caribeña para desarrollar mensajes sociales.
Curet Alonso había construido un repertorio extraordinario.
Y sus canciones demostraban que las tradiciones populares podían incorporar reflexiones históricas y sociales.
La aportación de Rubén debe comprenderse dentro de aquella evolución.
Su obra no nació completamente aislada.
Pero encontró una forma narrativa muy particular.
Y Metiendo mano! permitió presentarla ante un público internacional.
«Pablo Pueblo»: el trabajador también podía protagonizar una Salsa
Pablo Pueblo constituye una de las composiciones más importantes de aquel álbum.
Su protagonista es un trabajador.
La canción desarrolla una historia relacionada con las dificultades económicas y la vida cotidiana.
No estamos ante un personaje extraordinario por sus hazañas.
Tampoco ante un protagonista de aventuras.
Pablo representa a muchos hombres que regresan a sus hogares después de una jornada de trabajo.
Sus preocupaciones están relacionadas con las necesidades familiares.
También con las expectativas que no siempre pueden cumplirse.
Rubén utiliza aquella historia para desarrollar una reflexión social.
Pero la música mantiene una organización profundamente vinculada con la Salsa.
La sección rítmica proporciona continuidad.
Los instrumentos de viento construyen una sonoridad característica.
Y los coros permiten desarrollar una relación directa con la narración.
La importancia de Pablo Pueblo fue extraordinaria.
Demostró que una canción bailable podía desarrollar una historia relacionada con las dificultades de los sectores populares.
Y que aquellas situaciones podían encontrar una expresión musical capaz de alcanzar grandes públicos.
La Salsa estaba ampliando sus posibilidades.
No necesitaba abandonar el baile.
Pero tampoco estaba obligada a limitar sus letras a la fiesta y al amor.
1978: «Siembra», una obra fundamental
En 1978, Willie Colón y Rubén Blades publicaron Siembra.
El disco terminó convirtiéndose en una de las producciones más importantes de la historia de la Salsa.
Su repercusión comercial fue extraordinaria.
Pero su importancia artística resulta todavía mayor.
Las canciones desarrollaban una visión amplia de la sociedad latinoamericana.
Incorporaban personajes.
También referencias culturales.
Y determinadas reflexiones sobre las identidades colectivas.
Entre sus composiciones encontramos Plástico, Buscando guayaba, Pedro Navaja, María Lionza, Ojos, Dime y Siembra.
Los arreglos musicales poseen una enorme riqueza.
Las secciones instrumentales construyen una sonoridad de gran intensidad.
Y las voces mantienen una relación profunda con el contenido de las letras.
La importancia del disco reside también en haber demostrado que una producción de gran éxito comercial podía desarrollar propuestas musicales y narrativas de notable complejidad.
Durante aquellos años, determinadas compañías estaban buscando fórmulas cada vez más comerciales.
Rubén y Willie consiguieron algo diferente.
Un álbum de enorme popularidad que no renunciaba a contar historias.
El éxito de Siembra terminaría convirtiéndose en una referencia para generaciones posteriores.
«Pedro Navaja»: una película convertida en canción
Entre las composiciones de Siembra encontramos una de las canciones más conocidas de toda la música caribeña.
Pedro Navaja.
Su importancia resulta extraordinaria.
Rubén construye una historia mediante personajes que adquieren una personalidad reconocible.
La acción se desarrolla en un ambiente urbano.
Las calles.
La noche.
Y las situaciones relacionadas con la vida cotidiana de una gran ciudad.
Pero la composición posee una estructura narrativa muy particular.
Los acontecimientos se desarrollan progresivamente.
La música acompaña el relato.
Y el público encuentra información que permite anticipar determinadas situaciones.
El resultado recuerda determinados procedimientos cinematográficos.
La canción posee también una relación con la tradición del personaje de Mack the Knife, conocido mediante las obras de Bertolt Brecht y Kurt Weill.
Pero Rubén encontró una manera propia de trasladar aquel tipo de personaje al ambiente latino neoyorquino.
La importancia de Pedro Navaja no depende exclusivamente de su historia.
También de la manera en que la música participa en la narración.
La composición termina convirtiéndose en una experiencia bailable.
Pero sus personajes y acontecimientos quedan grabados en la memoria del oyente.
Aquella combinación representa una de las grandes aportaciones de Rubén Blades.
«Plástico»: una crítica social para bailar
Otra de las grandes composiciones de Siembra es Plástico.
La canción desarrolla una crítica de determinadas actitudes sociales.
Sus personajes representan comportamientos relacionados con las apariencias.
Y la letra plantea una reflexión sobre los valores y las relaciones humanas.
Pero la composición no abandona la música bailable.
Los arreglos incorporan recursos de gran intensidad.
Y la sección rítmica mantiene una relación fundamental con el Son.
Aquella combinación resulta especialmente importante.
La canción puede escucharse en una fiesta.
Pero también permite comprender un mensaje.
Los públicos pueden disfrutar del ritmo.
Y, al mismo tiempo, reconocer determinadas situaciones sociales.
Rubén había conseguido construir una manera de escribir canciones que ampliaba extraordinariamente las posibilidades expresivas de la Salsa.
Pero el álbum también incorporaba otra composición especialmente interesante.
María Lionza.
«María Lionza»: Venezuela aparece en el repertorio de Rubén
La canción María Lionza establece una relación con una figura fundamental de determinadas tradiciones religiosas venezolanas.
Su incorporación a Siembra permite reconocer otra de las inquietudes de Rubén.
La música podía desarrollar historias relacionadas con la vida contemporánea.
Pero también incorporar referencias culturales procedentes de diferentes territorios latinoamericanos.
La composición utiliza aquella figura como elemento central.
Y construye una interpretación de enorme intensidad.
Pero no debemos confundir una canción artística con un estudio antropológico.
Rubén utiliza una referencia cultural para desarrollar su propia creación musical.
Aquella característica posee una importancia fundamental.
La música caribeña había incorporado durante siglos elementos relacionados con las creencias populares.
También personajes legendarios.
Y referencias históricas.
La obra de Blades continuó aquella tradición mediante procedimientos contemporáneos.
La Salsa estaba mostrando que podía incorporar temas muy diferentes.
Sin perder necesariamente su relación con el baile.
«Siembra» y la conciencia latinoamericana
La composición que da título al álbum posee una importancia especial.
Siembra desarrolla una invitación a reflexionar sobre el futuro.
La letra utiliza imágenes relacionadas con la vida colectiva.
Y propone una visión que supera las experiencias exclusivamente individuales.
Aquella orientación terminaría convirtiéndose en una de las características fundamentales de Rubén.
Sus composiciones no siempre describían acontecimientos concretos.
También podían desarrollar ideas.
Y construir mensajes relacionados con la identidad latinoamericana.
La música proporcionaba una oportunidad para comunicar aquellas reflexiones.
Pero su importancia no dependía solamente de los textos.
Los arreglos mantenían una extraordinaria personalidad.
Y las interpretaciones permitían construir una relación directa con los públicos.
El éxito internacional del álbum confirmó que existía un espacio importante para aquellas propuestas.
La Salsa podía desarrollar canciones de contenido social.
Y mantener al mismo tiempo una enorme popularidad comercial.
La película de «Pedro Navaja» y la respuesta de Rubén
La popularidad de Pedro Navaja terminó provocando nuevas adaptaciones de su historia.
En 1984 apareció una película mexicana inspirada en el personaje de la canción.
Rubén Blades no había autorizado aquella utilización de su obra.
Y la circunstancia provocó un conflicto relacionado con los derechos del autor.
Pero la historia tendría una continuación especialmente curiosa.
Rubén decidió desarrollar musicalmente nuevas situaciones relacionadas con Pedro Navaja.
El resultado fue Sorpresas.
La canción apareció en el álbum Escenas, publicado en 1985.
Su argumento retoma los acontecimientos de la composición anterior.
Pero incorpora una serie de giros que modifican la interpretación del desenlace.
El público descubre que determinadas circunstancias no habían ocurrido exactamente como parecían.
Y el personaje vuelve a adquirir protagonismo.
Aquella continuación posee un gran interés.
Demuestra que una canción popular podía construir un universo narrativo capaz de desarrollarse mediante nuevas composiciones.
Los personajes adquirían una existencia reconocible.
Y los públicos encontraban interés en conocer sus historias.
Rubén estaba utilizando procedimientos literarios y cinematográficos dentro de la música bailable.
Una experiencia verdaderamente singular.
«Maestra vida»: la Salsa se convierte en una historia completa
Pero la capacidad narrativa de Rubén no quedó limitada a canciones individuales.
En 1980 apareció Maestra vida, desarrollado mediante dos volúmenes discográficos.
La obra constituye una de las experiencias más ambiciosas de su trayectoria.
Su estructura permite desarrollar una historia mediante diferentes personajes.
Las composiciones mantienen relaciones entre sí.
Y el conjunto adquiere una organización que recuerda una narración extensa.
La vida familiar.
Las relaciones personales.
Los acontecimientos cotidianos.
Y el paso del tiempo aparecen dentro del relato.
La música desempeña una función fundamental.
Los diferentes repertorios permiten construir ambientes.
Y las voces contribuyen a dar personalidad a los personajes.
Maestra vida demuestra que la Salsa podía alcanzar una dimensión narrativa mucho mayor que la de una canción convencional.
La experiencia posee relaciones con las grandes obras musicales teatrales.
Pero también mantiene una identidad profundamente caribeña.
Rubén estaba ampliando las posibilidades expresivas de su música.
Y demostrando que la narración podía convertirse en uno de sus elementos fundamentales.
«Buscando América» y «Escenas»: nuevas posibilidades
Durante los años ochenta, Rubén Blades continuó desarrollando su trayectoria.
Su relación con Willie Colón había proporcionado algunas de las grandes producciones de la década anterior.
Pero el músico panameño comenzó también a construir proyectos diferentes.
Entre ellos encontramos Seis del Solar.
La nueva agrupación permitió ampliar las posibilidades instrumentales.
Los arreglos incorporaban recursos contemporáneos.
Y las canciones desarrollaban temas de gran diversidad.
En 1984 apareció Buscando América.
Posteriormente, en 1985, Escenas.
Las producciones confirmaron que Rubén no deseaba limitarse exclusivamente a repetir las fórmulas de sus grandes éxitos anteriores.
Su música continuó evolucionando.
Algunas composiciones mantuvieron procedimientos relacionados con la Salsa tradicional.
Otras incorporaron formas diferentes.
Y determinadas canciones concedieron mayor importancia a la narración que a los Montunos convencionales.
Aquella evolución provocó opiniones diversas.
Los aficionados más interesados en la Salsa tradicional podían encontrar diferencias importantes.
Pero la trayectoria de Rubén demostraba que su principal inquietud artística era continuar buscando nuevas posibilidades expresivas.
Después de 1992: una trayectoria que siguió creciendo
Cuando publiqué De orilla a orilla en 1992, Rubén Blades ya formaba parte fundamental de la historia de la Salsa.
Su colaboración con Willie Colón había producido discos extraordinarios.
También había desarrollado una trayectoria propia.
Y sus canciones formaban parte del repertorio internacional.
Pero su carrera continuó durante las décadas posteriores.
En 1992 publicó Amor y control.
Después llegaron producciones como La rosa de los vientos, Tiempos y Mundo.
El músico comenzó a desarrollar experiencias relacionadas con diferentes géneros.
También amplió su actividad cinematográfica y pública.
En 1994 participó en las elecciones presidenciales de Panamá.
Posteriormente desempeñó responsabilidades institucionales relacionadas con el turismo.
Pero su actividad musical continuó.
Durante el siglo XXI regresó a los escenarios y desarrolló nuevas grabaciones.
Su colaboración con Roberto Delgado y su orquesta proporcionó una etapa especialmente importante.
En 2021 publicó proyectos como Salswing!.
Y durante los años siguientes continuó presentando nuevas producciones y realizando conciertos internacionales.
En 2025 apareció Fotografías.
Aquella continuidad demuestra que la historia de Rubén Blades no puede quedar detenida en los grandes discos de los años setenta.
Su trayectoria ha seguido desarrollándose.
Y su capacidad para construir canciones narrativas continúa constituyendo una de las grandes referencias de la música latinoamericana.
REFLEXIONES DEL AUTOR: la Salsa necesitaba seguir diciendo cosas
En De orilla a orilla dediqué una atención especial a Rubén Blades porque consideraba que su música estaba proporcionando una salida fundamental a determinadas limitaciones comerciales de la Salsa.
Durante los años setenta, la industria había conseguido una expansión extraordinaria.
Fania había reunido a grandes músicos.
Sus grabaciones alcanzaban mercados internacionales.
Y los conciertos demostraban que aquella música podía llenar grandes escenarios.
Pero el crecimiento comercial también estaba provocando una tendencia a repetir determinadas fórmulas.
Numerosos productores buscaban canciones que respondieran a los modelos de mayor éxito.
Y determinadas grabaciones comenzaban a perder parte de la originalidad que había caracterizado las primeras experiencias neoyorquinas.
Rubén Blades proporcionó otra posibilidad.
Sus composiciones recuperaban una característica fundamental de las tradiciones populares.
La capacidad para contar historias.
El Son cubano ya había desarrollado canciones narrativas.
También la Plena puertorriqueña.
Y determinados repertorios caribeños incorporaban referencias sociales desde mucho antes de que la industria utilizara la denominación Salsa.
Pero Rubén consiguió construir una manera particular de desarrollar aquellos procedimientos.
Sus personajes poseían una personalidad reconocible.
Las historias adquirían una estructura de gran riqueza.
Y las letras podían incorporar reflexiones sobre las circunstancias sociales.
Pero lo verdaderamente importante era que aquella música continuaba siendo bailable.
La Percusión mantenía una función fundamental.
Los arreglos proporcionaban una gran intensidad.
Y los cantantes encontraban oportunidades para interpretar mediante procedimientos relacionados con el Son.
Siembra representa uno de los mejores ejemplos.
Pero la trayectoria de Rubén no debe reducirse a un solo disco.
Su obra ha continuado evolucionando durante décadas.
Algunas producciones han desarrollado recursos relacionados con géneros diferentes.
Y determinadas composiciones han abandonado parcialmente las estructuras tradicionales de la Salsa.
Pero aquella evolución forma parte de una búsqueda artística.
En mi libro original escribí que recomendaba toda su obra discográfica.
Mantengo el sentido de aquella valoración.
No porque todas sus grabaciones posean necesariamente la misma importancia histórica.
Sino porque su trayectoria permite conocer una manera extraordinaria de relacionar la música popular con la narración.
Rubén ha demostrado que una canción puede entretener.
También hacer bailar.
Y, al mismo tiempo, contar una historia que obligue al oyente a prestar atención.
Aquella aportación fue fundamental para la evolución de la Salsa.
Rubén Blades no inventó el compromiso social dentro de la música caribeña. Pero consiguió darle una proyección internacional extraordinaria y demostrar que la Salsa podía convertirse también en una gran crónica de la vida latinoamericana.
La música caribeña entra en los años ochenta
Al terminar los años setenta, la Salsa había adquirido una dimensión internacional extraordinaria.
Pero su industria comenzaba a experimentar transformaciones importantes.
La expansión del Merengue estaba modificando las preferencias de numerosos públicos.
Puerto Rico mantenía una extraordinaria actividad.
Colombia desarrollaba nuevas agrupaciones.
Y Venezuela continuaba consolidando una personalidad propia.
Mientras tanto, Cuba estaba construyendo experiencias musicales de gran importancia.
Los Van Van mantenían su evolución mediante el Songo.
Irakere desarrollaba una extraordinaria relación entre el Jazz y las tradiciones afrocubanas.
Y determinadas agrupaciones estaban preparando nuevas transformaciones.
Pero las compañías discográficas salseras también buscaban otras fórmulas comerciales.
La canción romántica comenzó a adquirir un protagonismo creciente.
Y durante los años siguientes aparecerían producciones que terminarían identificándose con la denominada Salsa erótica.
La música caribeña estaba entrando en otra etapa.
Sus grandes tradiciones continuaban presentes.
Pero los mercados comenzaban a cambiar.
Y nuevas generaciones estaban preparando formas diferentes de expresión.
La Salsa ya había demostrado que podía contar la vida de los barrios. Ahora tendría que encontrar su lugar dentro de un mercado musical que estaba transformándose profundamente.
