La década de los ochenta abrió una etapa de profundas transformaciones en la música popular caribeña. El gran impulso comercial de Fania había comenzado a perder fuerza y el Merengue dominicano conquistaba una parte creciente de las pistas de baile, mientras Puerto Rico, Venezuela y Colombia consolidaban sus propias escuelas salseras. La industria encontró una nueva fórmula mediante la adaptación de baladas sentimentales, dando paso a la Salsa romántica y, posteriormente, a la denominada Salsa erótica. Pero, al mismo tiempo, Cuba estaba desarrollando algunas de las experiencias musicales más innovadoras de su historia: Irakere, Los Van Van, Adalberto Álvarez y NG La Banda demostraban que la evolución del Son seguía abierta. En España, todavía poco familiarizada con aquellas transformaciones, el éxito de «Ven, devórame otra vez» anunciaría una nueva presencia de la música caribeña en los circuitos comerciales. Y cuando parecía que las compañías habían encontrado sus fórmulas definitivas, comenzaban a escucharse nuevas influencias procedentes del Rap, el Reggae y el Dancehall jamaicanos.
La crisis de una industria, no de una música
Durante los años setenta, Fania había conseguido convertir la Salsa en un fenómeno internacional.
Las grabaciones de sus grandes intérpretes circulaban por diferentes países, los conciertos reunían a miles de aficionados y determinadas producciones alcanzaban mercados que anteriormente apenas habían prestado atención a la música popular caribeña.
Pero aquella expansión tenía sus contradicciones.
El éxito animó a las compañías discográficas a repetir las fórmulas que habían conseguido mayores ventas. Algunas agrupaciones comenzaron a perder la originalidad que había caracterizado sus primeras producciones, mientras determinados artistas encontraron dificultades para mantener la independencia creativa.
En mi libro original destaqué precisamente aquella situación.
La Salsa de Nueva York estaba atravesando una crisis comercial, pero eso no significaba que el Son, la Guaracha, la Rumba y las demás expresiones caribeñas hubieran dejado de evolucionar.
En Puerto Rico continuaban trabajando grandes orquestas.
Venezuela había consolidado un mercado extraordinario.
Colombia estaba desarrollando agrupaciones de enorme personalidad.
Y Cuba seguía construyendo nuevas propuestas, aunque sus producciones discográficas encontraban dificultades para circular internacionalmente.
El problema, por tanto, no era exclusivamente musical.
También estaba relacionado con la industria.
Y aquella diferencia resulta fundamental para comprender lo que ocurrió durante los años ochenta.
Fania y la búsqueda de nuevos mercados
Durante los últimos años setenta y los primeros ochenta, Fania buscó nuevas oportunidades comerciales.
La compañía había demostrado que podía organizar grandes conciertos y reunir a músicos extraordinarios.
Pero necesitaba mantener la rentabilidad de sus producciones.
Los intentos de acercamiento al Rock, al Soul y a otras músicas populares estadounidenses no siempre consiguieron la aceptación esperada.
Algunos proyectos provocaron críticas entre los aficionados que habían acompañado las primeras etapas del movimiento salsero.
Mientras tanto, las grandes figuras continuaban desarrollando carreras propias.
Héctor Lavoe mantenía su reconocimiento como uno de los grandes Soneros.
Celia Cruz seguía alcanzando nuevos públicos.
Willie Colón y Rubén Blades habían demostrado las posibilidades de la Salsa narrativa.
Y músicos como Eddie Palmieri continuaban buscando caminos diferentes.
El fenómeno comercial de Fania había sido extraordinario.
Pero la compañía no podía controlar indefinidamente toda la evolución de la música caribeña.
La industria estaba cambiando.
Y sus principales centros de producción comenzaban a diversificarse.
Louie Ramírez: el genio discreto de la Salsa
Entre los grandes protagonistas de esta transformación encontramos a Louie Ramírez (1938-1993).
Su nombre ya había aparecido en nuestra historia, pero ahora debemos detenernos especialmente en su trayectoria.
Nacido en Nueva York, de familia puertorriqueña, desarrolló una formación musical extraordinaria.
Estudió Piano y conoció las posibilidades del Vibráfono, los Timbales y otros instrumentos.
Su interés por la música caribeña estuvo profundamente relacionado con los grandes intérpretes anteriores.
Entre ellos, Noro Morales.
Posteriormente comenzó a trabajar con diferentes agrupaciones y terminó convirtiéndose en uno de los arreglistas más importantes del ambiente latino neoyorquino.
Su participación en numerosas grabaciones resultó decisiva.
Pero el gran público no siempre conocía el alcance de sus aportaciones.
Los cantantes aparecían en las portadas.
Los directores recibían buena parte del reconocimiento.
Y determinados productores y arreglistas permanecían en un segundo plano.
Louie Ramírez representaba precisamente a aquellos grandes músicos cuyo trabajo permitía construir la identidad de numerosas grabaciones.
Su conocimiento de los repertorios tradicionales era extraordinario.
Pero también poseía una capacidad especial para incorporar procedimientos musicales diferentes.
Aquella combinación terminaría desempeñando una función fundamental durante los años ochenta.
«Louie Ramírez y sus amigos»: una reunión extraordinaria
En 1978 apareció Louie Ramírez y sus amigos, una producción que constituye una referencia importante dentro de su trayectoria.
El disco reunió a diferentes intérpretes de enorme prestigio.
Entre ellos encontramos al panameño Rubén Blades, al cantante Camilo Azuquita y al Sonero puertorriqueño Adalberto Santiago.
La experiencia permitió desarrollar repertorios de notable diversidad.
Los arreglos incorporaban procedimientos relacionados con el Son, el Jazz Latino y otras expresiones musicales.
Pero lo verdaderamente interesante fue la libertad creativa que proporcionó el proyecto.
Louie podía trabajar con grandes voces.
También desarrollar composiciones diferentes.
Y construir una sonoridad que no respondía exclusivamente a las fórmulas comerciales dominantes.
Entre sus canciones encontramos Paula C., composición e interpretación de Rubén Blades.
La producción demuestra que, antes de participar decisivamente en el nacimiento comercial de la Salsa romántica, Louie Ramírez había desarrollado una trayectoria profundamente relacionada con la innovación.
Su música no estaba limitada a un solo estilo.
Y aquella versatilidad resultaría fundamental durante los años siguientes.
1982: «Noche caliente» y el nacimiento de la Salsa romántica comercial
A comienzos de los años ochenta apareció una producción que terminaría adquiriendo un significado histórico particular.
Noche caliente.
El proyecto estuvo relacionado con Louie Ramírez y con la adaptación de canciones románticas al lenguaje instrumental de la Salsa.
La grabación apareció en 1982.
Entre sus intérpretes destacaron Ray de la Paz y José Alberto, posteriormente conocido internacionalmente como El Canario.
El repertorio incluía versiones de baladas que anteriormente habían alcanzado gran popularidad mediante otros cantantes.
Entre ellas encontramos Estar enamorado y Todo se derrumbó.
Los arreglos incorporaban procedimientos salseros.
La Percusión mantenía una organización bailable.
El Piano desarrollaba Montunos.
Y las secciones instrumentales proporcionaban una sonoridad relacionada con las grandes agrupaciones caribeñas.
Pero la orientación de las canciones era diferente.
El contenido sentimental adquiría mayor protagonismo.
Y las compañías encontraron una nueva fórmula comercial.
Conviene recordar que las canciones románticas siempre habían formado parte de los repertorios caribeños.
El Bolero constituía una de sus grandes tradiciones.
Y numerosas agrupaciones de Son y Salsa habían interpretado composiciones sentimentales.
La novedad de Noche caliente no fue, por tanto, introducir el amor en la música bailable.
Su importancia estuvo relacionada con consolidar una manera de adaptar baladas comerciales mediante arreglos salseros y demostrar que aquella fórmula podía alcanzar nuevos públicos.
Ray de la Paz: la voz de una nueva etapa
La colaboración entre Louie Ramírez y Ray de la Paz adquirió una importancia extraordinaria.
El cantante poseía una voz apropiada para desarrollar repertorios románticos.
Pero también conocía profundamente las estructuras de la Salsa.
Aquella combinación permitió construir interpretaciones que mantenían una relación con los procedimientos tradicionales.
Los arreglos conservaban la intensidad de la Percusión.
Las secciones de viento desarrollaban intervenciones reconocibles.
Y los Montunos proporcionaban oportunidades para mantener el carácter bailable.
Pero las canciones tenían otra orientación comercial.
La voz adquiría mayor protagonismo.
Y las letras sentimentales comenzaban a ocupar una parte cada vez más importante del repertorio.
Durante los años siguientes, Louie Ramírez y Ray de la Paz continuaron desarrollando colaboraciones.
Entre sus experiencias encontramos la adaptación de Yo soy aquel, canción popularizada por Raphael.
Aquella versión demuestra perfectamente la transformación que se estaba produciendo.
Una composición conocida dentro de la canción melódica española adquiría una nueva vida mediante los arreglos salseros.
La música caribeña estaba entrando en una etapa comercial diferente.
La Salsa romántica: éxito y controversia
El éxito de aquellas primeras experiencias permitió que numerosas compañías comenzaran a desarrollar producciones de características semejantes.
La Salsa romántica adquirió una enorme popularidad durante los años ochenta.
Pero debemos distinguir entre sus diferentes intérpretes.
Algunos músicos mantenían arreglos de gran calidad.
Otros desarrollaban propuestas más sencillas.
Y determinadas producciones concedían tanta importancia a la voz que las intervenciones instrumentales quedaban reducidas.
Aquella transformación provocó debates.
Los aficionados que habían conocido las grandes Descargas de los años sesenta y setenta consideraban que la Salsa estaba perdiendo una parte de su intensidad.
Los músicos más interesados en la improvisación encontraban menos oportunidades dentro de algunas grabaciones comerciales.
Y determinados productores comenzaron a repetir arreglos de estructura muy semejante.
Pero la nueva orientación también permitió ampliar el mercado.
Aparecieron cantantes jóvenes.
Las emisoras comenzaron a programar sus canciones.
Y numerosos bailadores encontraron una música apropiada para sus preferencias.
La Salsa romántica fue, por tanto, una transformación importante.
Pero no debe confundirse con la desaparición de las demás formas de Salsa.
Las grandes orquestas continuaron trabajando.
Y numerosos Soneros siguieron desarrollando sus repertorios.
Frankie Ruiz y Eddie Santiago: las nuevas estrellas
Entre los grandes protagonistas de aquella etapa encontramos a Frankie Ruiz (1958-1998).
Su voz adquirió una enorme popularidad.
Después de participar en diferentes agrupaciones, desarrolló una carrera individual que terminaría convirtiéndolo en una de las grandes figuras de la Salsa romántica.
Su álbum Solista pero no solo, publicado en 1985, representa una referencia importante.
También Eddie Santiago (1955) contribuyó decisivamente a consolidar la nueva orientación comercial.
Su disco Atrevido y diferente, aparecido en 1986, alcanzó una gran difusión.
Las canciones románticas comenzaron a ocupar espacios importantes dentro de las emisoras.
Y las compañías encontraron oportunidades para presentar una nueva generación de cantantes.
Pero la transformación fue mucho más amplia.
Gilberto Santa Rosa desarrolló una trayectoria extraordinaria, combinando la elegancia de su interpretación con una gran capacidad para improvisar.
También Tony Vega, Tito Nieves, Paquito Guzmán y otros cantantes encontraron oportunidades dentro de aquella nueva etapa.
Y las grandes orquestas puertorriqueñas continuaron proporcionando una escuela fundamental para numerosos intérpretes.
La Salsa estaba cambiando su imagen comercial.
Pero seguía contando con grandes músicos.
De la Salsa romántica a la Salsa erótica
Durante la segunda mitad de los años ochenta comenzó a adquirir mayor presencia otra denominación comercial.
Salsa erótica.
La expresión se utilizó para identificar determinadas canciones que desarrollaban letras de contenido sensual más explícito.
En realidad, no estábamos ante un ritmo completamente nuevo.
La instrumentación mantenía una relación con la Salsa romántica.
El Piano continuaba desarrollando Montunos.
La Percusión mantenía su función bailable.
Y las secciones de viento proporcionaban arreglos de características diversas.
Pero las letras adquirían una orientación diferente.
Las relaciones sentimentales aparecían descritas mediante un lenguaje más directo.
Y las compañías discográficas encontraron una fórmula que despertaba gran interés comercial.
En mi libro original fui especialmente crítico con determinadas producciones de aquella época.
Consideraba que muchas canciones abandonaban la experimentación musical y se limitaban a incorporar arreglos salseros a baladas anteriores.
De ahí mi expresión «baladas salseadas».
La valoración sigue siendo útil para describir una parte de aquellas producciones.
Pero conviene recordar que no todas poseían la misma calidad.
Existieron arreglos excelentes.
Y cantantes que mantuvieron una extraordinaria capacidad interpretativa.
La crítica debe dirigirse a las fórmulas repetitivas, no automáticamente a todos los músicos que participaron en aquella corriente.
«Ven, devórame otra vez»: la canción que abrió un mercado
En 1988 apareció una de las canciones fundamentales de aquella etapa.
Ven, devórame otra vez.
Su intérprete fue el puertorriqueño Lalo Rodríguez (1958-2022).
La composición pertenecía al dominicano Palmer Hernández.
La canción formó parte del álbum Un nuevo despertar.
Su repercusión internacional fue extraordinaria.
Pero dentro de nuestra historia posee una importancia especial.
Durante 1989 alcanzó una enorme difusión en España.
Las emisoras comenzaron a programarla.
Y su presencia dentro de los circuitos comerciales permitió que numerosos oyentes españoles descubrieran una música que anteriormente habían conocido solamente mediante grabaciones aisladas.
En De orilla a orilla destaqué que la canción consiguió situarse entre los grandes éxitos de ventas españoles.
Aquella circunstancia terminó proporcionando nuevas oportunidades a las discográficas.
Pero también produjo una paradoja.
Una parte importante del público español descubrió la Salsa mediante una canción erótica.
Y no mediante las grandes grabaciones de Son, Guaracha y Descarga que habían construido su historia.
El éxito fue extraordinario.
Pero el conocimiento de sus antecedentes continuaba siendo limitado.
Aquella situación terminaría influyendo profundamente sobre el trabajo que desarrollamos desde las emisoras y los programas especializados.
España descubre una Salsa que llevaba décadas existiendo
La presencia de la música caribeña en España era anterior a los años ochenta.
Antonio Machín había desarrollado una trayectoria extraordinaria.
También existieron grabaciones de diferentes orquestas cubanas.
Y los músicos españoles habían incorporado repertorios procedentes de América desde mucho antes.
Pero la Salsa moderna no había conseguido alcanzar una presencia comercial comparable con la del Pop y el Rock.
Durante los años setenta aparecieron algunas producciones discográficas.
También determinadas compañías distribuyeron repertorios de Fania y otras agrupaciones.
Pero su difusión seguía siendo limitada.
La música caribeña era identificada frecuentemente con expresiones de carácter festivo.
Y el término pachanguero adquiría en determinados ambientes un sentido despectivo.
Aquella percepción ignoraba la extraordinaria riqueza musical de sus repertorios.
El Son cubano había desarrollado una historia de enorme importancia.
También el Danzón, la Guaracha y el Bolero.
Y las grandes agrupaciones salseras habían construido arreglos de notable complejidad.
Pero una parte importante de los públicos españoles desconocía aquella evolución.
La popularidad de Ven, devórame otra vez contribuyó a modificar la situación.
Aunque, inicialmente, lo hiciera mediante una de las fórmulas comerciales más discutidas.
Las nuevas discográficas y los circuitos comerciales españoles
Durante los últimos años ochenta comenzaron a aparecer nuevas oportunidades para la música caribeña en España.
Entre ellas debemos destacar la actividad de BAT Discos, en Madrid.
La compañía contribuyó a ampliar la distribución de repertorios que anteriormente resultaban difíciles de encontrar.
Las producciones comenzaron a llegar a establecimientos donde predominaban otros géneros.
Y las emisoras encontraron mayores oportunidades para programar canciones salseras.
Pero también existían antecedentes importantes.
En Barcelona, Discophon había publicado determinadas grabaciones durante los años setenta.
Y otras compañías contribuyeron a distribuir repertorios colombianos y caribeños.
La evolución resultó progresiva.
No podemos afirmar que la Salsa apareciera por primera vez en España durante los años ochenta.
Lo que cambió fue su presencia dentro de los circuitos comerciales.
Las compañías comenzaron a reconocer un mercado.
Los conciertos adquirieron mayor importancia.
Y los programas especializados encontraron un público que deseaba conocer aquellos repertorios.
Aquella transformación constituye una parte fundamental de nuestra historia.
Pero merece un desarrollo propio, porque también está relacionada con experiencias que viví personalmente mediante la Radio, la Televisión y la organización de actividades culturales.
Mientras tanto, Cuba seguía creando
La transformación comercial de la Salsa neoyorquina coincidió con una evolución musical extraordinaria dentro de Cuba.
Durante décadas, las relaciones políticas y económicas habían dificultado la circulación internacional de numerosas grabaciones cubanas.
Pero aquello no significaba que los músicos hubieran dejado de crear.
La Orquesta Aragón continuaba, y continua, interpretando repertorios fundamentales.
Los Van Van desarrollaban una sonoridad extraordinaria mediante el Songo.
Irakere adquiría reconocimiento internacional.
Y aparecieron nuevas agrupaciones relacionadas con la evolución del Son.
Entre ellas encontramos a Son 14.
También a Adalberto Álvarez y su Son, proyecto organizado a comienzos de los años ochenta en Santiago de Cuba.
La música cubana mantenía una extraordinaria capacidad creadora.
Pero sus grabaciones no siempre encontraban una distribución apropiada fuera de la isla.
Aquella circunstancia contribuyó a construir una percepción equivocada.
Determinados aficionados consideraban que la evolución del Son se había trasladado completamente a Nueva York.
Sin embargo, las agrupaciones cubanas estaban desarrollando procedimientos de enorme interés.
Y durante los años posteriores comenzarían a adquirir una nueva presencia internacional.
Irakere: cuando el Jazz y las tradiciones afrocubanas se encontraron
Irakere representa una de las grandes transformaciones de la música cubana durante los años setenta y ochenta.
La agrupación estuvo dirigida por Chucho Valdés (1941).
Su formación reunió a instrumentistas extraordinarios.
Entre ellos encontramos a Paquito D’Rivera (1948), Arturo Sandoval (1949) y otros músicos que posteriormente desarrollarían carreras internacionales.
Los arreglos incorporaban procedimientos relacionados con el Jazz.
Pero también las tradiciones afrocubanas.
La Percusión adquiría una importancia fundamental.
Y los instrumentos de viento encontraban oportunidades para desarrollar intervenciones de enorme complejidad.
La agrupación adquirió reconocimiento internacional durante los últimos años setenta.
Sus actuaciones en los festivales de Newport y Montreux, en 1978, contribuyeron a ampliar extraordinariamente su difusión.
Posteriormente recibió un premio Grammy por aquellas grabaciones.
La importancia de Irakere no reside exclusivamente en su virtuosismo.
También en haber demostrado que los músicos cubanos podían desarrollar una música contemporánea de enorme riqueza mediante sus propias tradiciones.
Pero su trayectoria terminaría proporcionando algo más.
Una escuela de instrumentistas que contribuiría decisivamente a las transformaciones posteriores de la música bailable cubana.
1979: La Habana vuelve a reunir músicos de las dos orillas
Entre los acontecimientos culturales de aquella etapa encontramos los conciertos conocidos como Havana Jam.
Se celebraron en La Habana, en marzo de 1979.
La iniciativa permitió reunir a músicos cubanos y estadounidenses.
El Teatro Karl Marx acogió actuaciones de intérpretes de enorme prestigio.
También participaron músicos relacionados con Fania.
Y se desarrollaron encuentros de gran importancia dentro del ambiente del Jazz.
Aquella experiencia demuestra que, pese a las dificultades políticas, los intercambios musicales continuaban siendo posibles.
Los músicos encontraban oportunidades para compartir conocimientos.
Y determinadas agrupaciones adquirían reconocimiento internacional.
Irakere fue una de las grandes protagonistas.
Su presencia permitió mostrar el nivel técnico y creativo que había alcanzado una generación formada dentro de las instituciones musicales cubanas.
Pero los conciertos también tuvieron una dimensión simbólica.
La Habana había sido durante décadas uno de los grandes centros de la música popular caribeña.
Y ahora volvía a recibir a músicos procedentes de diferentes territorios.
El diálogo musical continuaba abierto.
Las Estrellas Areíto: Cuba responde con sus grandes músicos
Durante aquellos años apareció una experiencia extraordinaria.
Las Estrellas Areíto.
El proyecto estuvo relacionado con la discográfica estatal cubana EGREM.
Su intención era reunir a músicos de gran prestigio dentro de una misma formación.
La idea recordaba las reuniones de estrellas desarrolladas por Fania.
Pero la agrupación cubana poseía una personalidad propia.
Entre sus integrantes encontramos a grandes representantes de las tradiciones musicales de la isla.
El Trompetista Félix Chapotín.
El Pianista Rubén González.
El Percusionista Tata Güines.
Y músicos como Juan Pablo Torres y Enrique Jorrín.
También participaron grandes cantantes.
Miguelito Cuní.
Pío Leyva.
Y otros intérpretes relacionados con la historia del Son.
Las grabaciones permitieron construir un documento extraordinario.
Los grandes músicos cubanos encontraron oportunidades para desarrollar nuevas interpretaciones.
Y las diferentes generaciones contribuyeron a construir una experiencia colectiva.
Aquella producción demuestra nuevamente que la historia de la música caribeña no puede limitarse exclusivamente a las grandes campañas comerciales de Nueva York.
Cuba continuaba ofreciendo grandes experiencias.
Aunque su difusión internacional encontrara dificultades.
Los Van Van: el Songo continúa evolucionando
Durante los años ochenta, Los Van Van mantuvieron una extraordinaria popularidad.
La agrupación fundada por Juan Formell (1942-2014) en 1969 había desarrollado una sonoridad propia.
El Songo constituía una de sus principales características.
Pero la música de Los Van Van continuó evolucionando.
Los arreglos incorporaban nuevos recursos.
El Bajo eléctrico desempeñaba una función fundamental.
La Percusión desarrollaba procedimientos extraordinariamente ricos.
Y los repertorios mantenían una relación directa con las historias de la vida cotidiana cubana.
José Luis Quintana «Changuito» (1948-2021) fue uno de los grandes protagonistas de aquella transformación rítmica.
Su trabajo contribuyó a desarrollar una manera particular de relacionar la Batería, los Timbales y los demás instrumentos de Percusión.
La importancia de Los Van Van fue extraordinaria.
Pero también su continuidad.
La agrupación consiguió mantener una identidad reconocible mientras incorporaba diferentes transformaciones.
Sus canciones adquirían una enorme popularidad dentro de Cuba.
Y posteriormente comenzaron a alcanzar nuevos públicos internacionales.
Pero su historia también estaría relacionada con otra gran transformación.
La aparición de la Timba.
Adalberto Álvarez: el Son no había terminado su historia
Adalberto Álvarez (1948-2021) constituye otra de las grandes figuras de la música cubana.
Su trayectoria estuvo profundamente relacionada con el Son.
Durante los años setenta organizó Son 14.
Posteriormente creó Adalberto Álvarez y su Son.
Sus agrupaciones desarrollaron una personalidad extraordinaria.
La instrumentación mantenía una relación con las tradiciones soneras.
Pero los arreglos incorporaban recursos contemporáneos.
Las voces encontraban oportunidades para desarrollar Montunos de gran intensidad.
Y la Percusión proporcionaba una base fundamental para los bailadores.
La importancia de Adalberto reside en haber demostrado que el Son podía continuar evolucionando mediante propuestas modernas.
No necesitaba quedar limitado a las grabaciones de décadas anteriores.
Sus composiciones alcanzaron una extraordinaria popularidad.
Y contribuyeron a consolidar una nueva etapa dentro de la música bailable cubana.
Aquella continuidad resulta especialmente importante para nuestra historia.
Porque demuestra que las denominaciones comerciales pueden cambiar.
Pero las tradiciones musicales mantienen una extraordinaria capacidad para transformarse.
El artículo de Rafael Bassi: una mirada desde Barranquilla
Al actualizar De orilla a orilla durante los años posteriores a su primera publicación incorporé un trabajo del investigador y divulgador colombiano Rafael Bassi.
El texto, titulado Música cubana contemporánea, procedía de una intervención presentada en Barranquilla en agosto de 1999 y llegó a mi documentación posteriormente.
Su interés era extraordinario.
Bassi analizaba las transformaciones musicales cubanas desde una perspectiva diferente.
No se limitaba a los discos que habían alcanzado reconocimiento internacional.
También prestaba atención a las experiencias desarrolladas dentro de la isla.
Su trabajo recordaba la importancia del Movimiento de la Nueva Trova.
La actividad del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC.
Y las transformaciones desarrolladas por Irakere, Los Van Van y las nuevas agrupaciones bailables.
Pero también aportaba una perspectiva relacionada con la experiencia personal.
Había visitado Cuba en diferentes ocasiones.
Y conocía el ambiente musical de Barranquilla, ciudad donde las grabaciones cubanas poseían una enorme presencia.
La incorporación de aquel documento a mi libro respondía precisamente a su valor informativo.
Permitía ampliar la mirada.
Y recordar que los intercambios culturales entre Cuba y Colombia habían continuado desarrollándose pese a las dificultades de difusión internacional.
La Nueva Trova y el Grupo de Experimentación Sonora
Durante los años posteriores a 1959, Cuba experimentó transformaciones sociales y políticas extraordinarias.
La actividad musical también se vio afectada.
Numerosos intérpretes abandonaron la isla.
Otros continuaron desarrollando sus carreras dentro del país.
Y comenzaron a aparecer nuevas propuestas relacionadas con la canción de contenido social.
Entre ellas encontramos el Movimiento de la Nueva Trova.
Silvio Rodríguez (1946) y Pablo Milanés (1943-2022) adquirieron una importancia extraordinaria.
También Noel Nicola (1946-2005) y Sara González (1949-2012).
El Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, dirigido musicalmente por Leo Brouwer (1939), desempeñó una función decisiva.
Sus integrantes desarrollaron composiciones para el cine.
Pero también experiencias relacionadas con la canción contemporánea.
Aquella orientación no debe confundirse con el desarrollo de las grandes agrupaciones bailables.
La Nueva Trova poseía inquietudes diferentes.
Pero ambas corrientes formaban parte de la evolución musical cubana.
Mientras determinados intérpretes desarrollaban canciones de contenido social, las orquestas continuaban transformando las estructuras bailables.
Y aquella convivencia terminó proporcionando una extraordinaria diversidad.
1986: los antecedentes de una nueva revolución
A mediados de los años ochenta comenzó a desarrollarse otra experiencia fundamental.
José Luis Cortés (1951-2022), conocido como El Tosco, había participado en Los Van Van y en Irakere.
Su formación musical era extraordinaria.
Dominaba la Flauta.
También conocía profundamente los procedimientos de los arreglos contemporáneos.
Y estaba interesado en desarrollar una agrupación que proporcionara nuevas posibilidades a la música bailable.
En 1986 comenzó a trabajar con otros músicos en experiencias relacionadas con el proyecto Todos Estrellas.
Aquellas grabaciones permitieron reunir a instrumentistas de enorme prestigio.
Pero también contribuyeron a preparar una sonoridad diferente.
Los arreglos incorporaban una sección de viento extraordinariamente poderosa.
La Percusión desarrollaba una gran complejidad.
Y determinadas influencias procedentes del Jazz, el Funk y otras expresiones contemporáneas comenzaban a adquirir protagonismo.
La experiencia terminaría desembocando en una nueva agrupación.
NG La Banda.
1988: nace NG La Banda
En 1988, José Luis Cortés organizó NG La Banda.
Las iniciales hacían referencia a Nueva Generación.
La denominación reflejaba perfectamente las intenciones del proyecto.
Sus integrantes buscaban desarrollar una música bailable diferente.
Pero no pretendían abandonar las tradiciones anteriores.
El Son continuaba proporcionando una referencia fundamental.
También el Songo de Los Van Van.
Y las experiencias de Irakere habían demostrado las posibilidades de incorporar recursos armónicos y rítmicos de gran complejidad.
NG La Banda comenzó a desarrollar una sonoridad extraordinariamente contundente.
Su sección de metales adquirió fama por su fuerza y precisión.
La Percusión incorporó nuevas posibilidades.
Y las voces encontraron oportunidades para construir una relación directa con el lenguaje popular.
Entre los músicos relacionados con aquella etapa encontramos a Germán Velazco, Issac Delgado y otros grandes instrumentistas.
La agrupación contribuyó decisivamente a desarrollar la música que terminaría adquiriendo reconocimiento internacional bajo la denominación Timba cubana.
Pero aquella transformación tampoco apareció completamente de improviso.
Poseía antecedentes fundamentales.
Los Van Van.
Irakere.
Y las numerosas experiencias que los músicos cubanos habían desarrollado durante décadas.
La Timba cubana: otra manera de entender el baile
La Timba comenzó a consolidarse durante los últimos años ochenta y los primeros noventa.
Su música poseía una extraordinaria complejidad.
Las secciones instrumentales desarrollaban una gran potencia.
La Percusión adquiría protagonismo mediante nuevos procedimientos.
Y los cantantes construían interpretaciones relacionadas con el lenguaje popular cubano.
Pero su importancia no puede reducirse exclusivamente a la instrumentación.
La Timba terminó desarrollando una relación extraordinaria con los bailadores.
Los arreglos podían incorporar cambios inesperados.
Las secciones rítmicas encontraban oportunidades para modificar su intensidad.
Y los músicos desarrollaban recursos que provocaban respuestas inmediatas del público.
Aquella concepción proporcionó una nueva dimensión a la música bailable.
Pero la Timba no fue simplemente una versión cubana de la Salsa romántica.
Su orientación era diferente.
Mientras determinadas producciones comerciales buscaban canciones sentimentales de arreglos relativamente sencillos, las agrupaciones cubanas estaban desarrollando una música de enorme intensidad instrumental.
La evolución demuestra nuevamente que las denominaciones comerciales no permiten explicar por sí solas toda la riqueza musical del Caribe.
Los músicos continuaban creando.
Y sus búsquedas no siempre coincidían con las preferencias de las grandes compañías.
La música cubana vuelve a adquirir presencia internacional
Durante los últimos años ochenta y los noventa comenzaron a producirse nuevas transformaciones económicas y comerciales.
La circulación internacional de la música cubana encontró oportunidades diferentes.
Las compañías extranjeras comenzaron a interesarse por sus grabaciones.
Y determinados músicos consiguieron alcanzar públicos que anteriormente apenas habían podido conocer sus repertorios.
La caída del Muro de Berlín en 1989 y la desaparición de la Unión Soviética en 1991 provocaron cambios extraordinarios en la economía cubana.
La industria musical también tuvo que adaptarse.
Aparecieron nuevas relaciones comerciales.
Y los artistas comenzaron a desarrollar proyectos con compañías extranjeras.
Aquella transformación terminaría proporcionando una mayor difusión internacional a numerosos repertorios.
Pero también provocó una recuperación del interés por determinados músicos tradicionales.
El fenómeno que posteriormente se conocería mediante Buena Vista Social Club adquiriría una importancia extraordinaria.
Sin embargo, debemos recordar que aquella música no había desaparecido.
Había continuado desarrollándose.
Y muchos intérpretes mantenían una actividad profesional antes de alcanzar el reconocimiento internacional.
La novedad fue su llegada a mercados que anteriormente apenas habían prestado atención a aquellas grabaciones.
Europa comienza a escuchar otra Salsa
Durante los años ochenta, la música caribeña comenzó a adquirir una presencia más importante dentro de Europa.
Los grandes conciertos internacionales contribuyeron a ampliar su difusión.
Las agrupaciones desarrollaron giras.
Y determinados festivales comenzaron a incorporar músicos relacionados con la Salsa y el Jazz Latino.
En mi libro original recogí algunos acontecimientos representativos.
La presencia de las Estrellas de Fania en Europa durante los primeros años ochenta.
Los grandes conciertos organizados en Alemania.
Y las actuaciones de agrupaciones cubanas en diferentes países.
Aquella circulación permitió ampliar extraordinariamente el reconocimiento de sus intérpretes.
Pero la aceptación comercial no fue uniforme.
Algunos públicos conocían profundamente los repertorios anteriores.
Otros se aproximaban a la música caribeña mediante las producciones recientes.
Y determinados géneros continuaban siendo relativamente desconocidos.
España participó de aquella evolución.
Pero su historia poseía características propias.
Las nuevas compañías discográficas encontraron oportunidades para ampliar el mercado.
Y determinados acontecimientos terminaron proporcionando una difusión extraordinaria.
Entre ellos, el éxito de Ven, devórame otra vez.
REFLEXIONES DEL AUTOR: la Salsa sobrevivió a todas sus crisis
Al estudiar la evolución de la música caribeña durante los años ochenta encontramos una situación especialmente reveladora.
La industria salsera neoyorquina estaba atravesando dificultades.
Sus grandes compañías buscaban fórmulas nuevas.
El Merengue dominicano había conseguido conquistar numerosos mercados.
Y las canciones románticas comenzaban a adquirir una importancia creciente.
Determinados aficionados interpretaron aquella transformación como el final de la Salsa.
Pero la historia demuestra algo diferente.
La música continuó desarrollándose.
Puerto Rico mantuvo grandes agrupaciones.
Colombia consolidó una personalidad propia.
Venezuela siguió proporcionando intérpretes extraordinarios.
Y Cuba continuó desarrollando algunas de las propuestas más innovadoras de toda la música caribeña.
La Salsa romántica fue una respuesta comercial a determinadas transformaciones del mercado.
Pero no debemos confundir aquella fórmula con toda la evolución musical.
Las grandes orquestas continuaban interpretando Son.
También Guaracha.
Y determinados músicos mantenían una extraordinaria capacidad para improvisar.
Mientras tanto, Louie Ramírez había demostrado que las baladas podían adquirir otra dimensión mediante arreglos salseros.
Pero su propia trayectoria mostraba que era un músico de inquietudes mucho más amplias.
Su trabajo anterior había contribuido a construir grabaciones extraordinarias.
Y sus conocimientos de arreglos continuaban siendo fundamentales.
La aparición de la Timba cubana representa otro aspecto de aquella evolución.
Los músicos no estaban limitándose a repetir repertorios anteriores.
Buscaban nuevas posibilidades.
Y utilizaban las tradiciones musicales como punto de partida.
El Son seguía proporcionando una estructura fundamental.
Pero podía transformarse mediante el Songo, el Jazz y otros recursos contemporáneos.
Aquella riqueza demuestra que la evolución musical no depende exclusivamente de la popularidad comercial.
Las compañías pueden imponer determinadas denominaciones.
También desarrollar campañas publicitarias.
Y construir modas que alcanzan un éxito extraordinario.
Pero los músicos continúan buscando maneras diferentes de expresarse.
Los públicos también cambian.
Y las nuevas generaciones encuentran otras referencias.
Durante los últimos años ochenta, el Rap y el Reggae estaban adquiriendo una extraordinaria importancia internacional.
Aquellas músicas comenzaron a llegar a diferentes territorios del Caribe.
Y determinados intérpretes encontraron oportunidades para desarrollar canciones en español mediante procedimientos relacionados con el Dancehall jamaicano.
Todavía no se había consolidado internacionalmente la denominación Reguetón.
Pero comenzaban a aparecer experiencias que resultarían decisivas.
Cuando publiqué De orilla a orilla en 1992, aquella transformación estaba empezando a ser reconocible.
Y me llevó a formular una previsión sobre el futuro de la música caribeña.
Pero antes de llegar a ese momento debemos comprender otra circunstancia fundamental.
La manera en que aquellos géneros habían comenzado a adquirir presencia en España.
Porque nuestra historia no se desarrolló exclusivamente en América.
También atravesó el Atlántico.
Y encontró nuevos escenarios en ciudades como Madrid, Barcelona, Bilbao y Santander.
La Salsa no desapareció durante los años ochenta. Se transformó. Y mientras sus grandes intérpretes continuaban creando, otra generación comenzaba a preparar sonidos que terminarían cambiando profundamente la música del Caribe.
De orilla a orilla: España entra en la historia
Al comenzar los años noventa, la música caribeña estaba viviendo una etapa extraordinariamente diversa.
La Salsa romántica poseía una gran difusión.
El Merengue dominicano había alcanzado mercados internacionales.
La Bachata comenzaba a adquirir una popularidad creciente.
Y Cuba estaba desarrollando nuevas experiencias mediante la Timba.
Pero en España también estaban ocurriendo transformaciones importantes.
Las emisoras comenzaban a incorporar repertorios caribeños.
Las compañías discográficas encontraban nuevas oportunidades.
Y determinadas agrupaciones españolas estaban desarrollando proyectos relacionados con la Salsa, la Rumba y otras expresiones.
Los conciertos comenzaron a adquirir una mayor importancia.
También las discotecas especializadas.
Y los programas de Radio y Televisión proporcionaron espacios para divulgar la historia de aquellos géneros.
Aquella evolución constituye una parte fundamental de mi propia trayectoria profesional.
Durante aquellos años tuve la oportunidad de conocer a músicos extraordinarios.
También organizar actividades culturales.
Y desarrollar programas destinados a explicar la riqueza de la música popular caribeña.
Pero esa historia merece su propio capítulo.
Porque la expansión de la Salsa en España fue mucho más que el éxito de una canción.
Fue el resultado de décadas de intercambios musicales entre ambas orillas del Atlántico.
Y para comprenderla tendremos que regresar a Bilbao, Madrid, Barcelona y aquellos escenarios donde la música caribeña encontró nuevos públicos antes de que comenzara la gran transformación de los años noventa.
