Capítulo 34 | Yankee Stadium 1973: la Salsa conquista los grandes escenarios

En agosto de 1973, Fania All Stars pasó de las salas de baile a uno de los grandes estadios de Nueva York. Unos 40.000 espectadores acudieron al Yankee Stadium para presenciar una reunión extraordinaria de músicos caribeños y estadounidenses. Johnny Pacheco, Willie Colón, Héctor Lavoe, Cheo Feliciano, Ray Barretto y sus compañeros compartieron escenario con invitados como Mongo Santamaría, Manu Dibango y Jorge Santana. La multitud terminó invadiendo el terreno de juego y el concierto fue interrumpido. Sin embargo, aquel incidente no impidió que la actuación se convirtiera en un acontecimiento histórico. Las grabaciones de Nueva York y de otro concierto celebrado posteriormente en San Juan de Puerto Rico terminarían dando origen a unos discos legendarios. La Salsa había alcanzado una nueva dimensión.

Del Cheetah a un estadio de béisbol

Durante los primeros años setenta, la música caribeña estaba experimentando una transformación extraordinaria.

La aparición de Fania Records había contribuido a organizar una parte fundamental del mercado latino de Nueva York. Johnny Pacheco y Jerry Masucci consiguieron reunir a grandes instrumentistas, cantantes y directores dentro de una compañía que comenzaba a adquirir reconocimiento internacional.

El concierto del Cheetah, celebrado el 26 de agosto de 1971, había proporcionado una referencia fundamental. La película Our Latin Thing (Nuestra cosa) permitió mostrar a aquellos músicos junto a las comunidades que formaban parte de su público.

Pero el éxito planteaba una nueva pregunta.

¿Hasta dónde podía llegar aquella música?

Los grandes salones habían desempeñado una función extraordinaria durante las décadas anteriores. El Palladium se había convertido en uno de los escenarios fundamentales del Mambo y el Cha Cha Chá. Posteriormente, los clubes neoyorquinos proporcionaron oportunidades a las nuevas agrupaciones.

Sin embargo, un estadio de béisbol representaba otra dimensión.

No se trataba simplemente de disponer de un escenario más grande. Era necesario reunir a decenas de miles de espectadores y organizar una producción musical adecuada para un espacio que no había sido concebido originalmente para aquella clase de conciertos.

La decisión suponía una apuesta empresarial considerable.

Jerry Masucci estaba dispuesto a asumirla.

Y el escenario elegido fue uno de los recintos deportivos más conocidos de Estados Unidos.

El Yankee Stadium.

Agosto de 1973: la gran apuesta de Jerry Masucci

En agosto de 1973, Fania All Stars se presentó por primera vez en el Yankee Stadium de Nueva York.

Las fuentes históricas sitúan habitualmente el acontecimiento el 24 de agosto, aunque determinados materiales discográficos y conmemorativos mencionan el día 23. La discrepancia requiere un cotejo definitivo con la documentación original, pero no afecta a la identificación del concierto y su importancia histórica.

La asistencia fue extraordinaria.

Las estimaciones más habituales hablan de unos 40.000 espectadores, aunque algunas reconstrucciones elevan la cifra hasta aproximadamente 45.000.

En cualquier caso, el acontecimiento resultaba excepcional.

Una agrupación construida a partir de las tradiciones musicales del Caribe estaba reuniendo a una multitud en un recinto que había adquirido fama internacional gracias al béisbol.

La importancia social de aquella imagen era enorme.

Durante décadas, muchos músicos latinos habían desarrollado sus carreras en establecimientos de aforo limitado, salones de baile y circuitos especializados.

Ahora compartían un espacio que simbolizaba la cultura popular estadounidense.

Pero la trascendencia de aquella noche no debe medirse exclusivamente por el número de asistentes.

Lo importante era el camino recorrido.

Las tradiciones de Cuba y Puerto Rico, transformadas mediante las experiencias de varias generaciones de músicos, estaban alcanzando una dimensión comercial que habría resultado difícil de imaginar durante sus primeras etapas discográficas.

La orquesta ya no era la misma del Cheetah

Fania All Stars había experimentado cambios importantes desde su actuación de 1971.

Algunos músicos continuaban participando en el proyecto, pero otros habían desarrollado carreras independientes o abandonado determinadas agrupaciones.

Johnny Pacheco (1935-2021) seguía desempeñando la dirección musical.

Larry Harlow (1939-2021) aportaba su extraordinaria capacidad como pianista y arreglista.

Bobby Valentín (1941) participaba como Bajista.

Willie Colón (1950-2026) mantenía la presencia de los Trombones que habían adquirido tanta importancia dentro del sonido neoyorquino.

También continuaban músicos de gran experiencia, como Barry Rogers (1935-1991), Roberto Roena (1940-2021) y Ray Barretto (1929-2006).

Pero la sección rítmica había experimentado una transformación especialmente significativa.

Orestes Vilató, uno de los grandes timbaleros de la etapa anterior, ya no formaba parte de la agrupación.

Su lugar fue ocupado por Nicky Marrero (1950), que terminaría convirtiéndose en uno de los percusionistas más reconocidos del movimiento salsero.

Aquella sustitución estaba relacionada con un acontecimiento que merece una explicación particular.

La aparición de la Típica 73.

La Típica 73: cuando los músicos buscaron su propio camino

La historia de Fania All Stars no puede comprenderse solamente mediante sus éxitos.

También estuvo relacionada con desacuerdos profesionales, cambios de agrupación y nuevas iniciativas musicales.

En 1973, varios integrantes de la orquesta de Ray Barretto decidieron emprender un proyecto propio.

Entre ellos estaban Adalberto Santiago (1937) y Orestes Vilató (1944).

La nueva formación recibió el nombre de Típica 73.

Su aparición resultó importante dentro de la evolución de la Salsa.

Los músicos deseaban desarrollar repertorios y procedimientos relacionados con las tradiciones caribeñas, pero también construir una organización profesional independiente.

La separación provocó tensiones dentro del ambiente musical.

Según las reconstrucciones históricas, Barretto no deseaba compartir escenario con Vilató después de aquella ruptura.

La dirección de Fania tuvo que resolver el problema.

Finalmente, Nicky Marrero ocupó el puesto de Timbalero y Adalberto Santiago tampoco participó en la formación del Yankee Stadium.

La situación demuestra que la gran agrupación no era una institución completamente ajena a las dificultades del mercado.

Sus músicos mantenían carreras personales.

También compromisos profesionales.

Y determinadas decisiones podían provocar conflictos.

Pero la transformación permitió la incorporación de otros grandes intérpretes.

Entre ellos, un Sonero que había desarrollado una extraordinaria colaboración con Eddie Palmieri.

Ismael Quintana.

Ismael Quintana: de La Perfecta a las Estrellas de Fania

Ismael Quintana (1937-2016) había alcanzado reconocimiento internacional mediante su colaboración con Eddie Palmieri.

Su voz proporcionó una personalidad extraordinaria a La Perfecta.

Los arreglos de Trombones exigían un cantante capaz de mantener una relación precisa con la Percusión.

Y Quintana había demostrado una gran capacidad para interpretar el Son Montuno.

Pero su carrera estaba adquiriendo una nueva orientación.

Durante los primeros años setenta comenzó a desarrollar proyectos individuales.

Su incorporación a Fania All Stars permitió que aquella personalidad vocal formara parte de una agrupación de gran dimensión.

Quintana aportaba una experiencia diferente de la de otros cantantes.

Conocía los procedimientos de Palmieri.

También las exigencias de los arreglos instrumentales complejos.

Y podía desarrollar improvisaciones de notable intensidad.

Su participación representaba otra muestra de las relaciones entre diferentes etapas de la música neoyorquina.

La Perfecta había contribuido decisivamente a construir el sonido de los años sesenta.

Ahora uno de sus grandes cantantes participaba en el espectáculo que estaba llevando aquella música hacia mercados más amplios.

Las grandes voces de la Salsa

El concierto reunió a una selección extraordinaria de cantantes.

Héctor Lavoe (1946-1993) representaba una de las grandes voces surgidas del ambiente de los barrios latinos.

Cheo Feliciano (1935-2014) había desarrollado una trayectoria extraordinaria mediante el Sexteto de Joe Cuba y comenzaba a consolidar su carrera individual.

Pete «El Conde» Rodríguez (1933-2000) mantenía una relación profunda con los procedimientos del Son cubano.

Ismael Miranda (1950) había alcanzado popularidad mediante su colaboración con Larry Harlow.

También participaban Santos Colón (1922-1998), Justo Betancourt (1940), Bobby Cruz (1937) e Ismael Quintana.

Aquella reunión permitía mostrar personalidades muy diferentes.

Algunos cantantes poseían una voz de enorme potencia.

Otros destacaban por sus improvisaciones.

Y determinados intérpretes encontraban maneras especialmente expresivas de relacionarse con los coros.

Pero existía una característica compartida.

Todos conocían profundamente las estructuras fundamentales de la música caribeña.

La capacidad para improvisar no dependía solamente de la inspiración del momento.

Necesitaba una relación precisa con la Clave, la Percusión y las entradas instrumentales.

En una gran agrupación, aquella exigencia era todavía mayor.

Los Soneros podían desarrollar intervenciones de notable intensidad.

Pero necesitaban mantener el diálogo con los músicos.

Y el público esperaba escuchar a cada uno de ellos.

Mongo Santamaría: un tambor cubano frente a Ray Barretto

Entre los invitados más importantes del espectáculo encontramos a Ramón «Mongo» Santamaría (1917-2003).

Nacido en La Habana, había desarrollado una extraordinaria trayectoria como percusionista.

Su formación musical estaba profundamente relacionada con las tradiciones afrocubanas.

Durante décadas participó en agrupaciones y grabaciones fundamentales.

También desarrolló una relación especial con el Jazz.

Su colaboración con músicos estadounidenses permitió ampliar extraordinariamente las posibilidades de la Percusión latina.

Mongo había alcanzado notoriedad internacional mediante grabaciones que relacionaban los procedimientos afrocaribeños con diferentes expresiones musicales.

Entre ellas encontramos Watermelon Man, cuya interpretación se convirtió en un gran éxito durante los años sesenta.

La presencia de Santamaría en el Yankee Stadium proporcionaba una oportunidad extraordinaria.

Frente a él estaba Ray Barretto.

Dos percusionistas de gran personalidad.

Dos trayectorias diferentes.

Y una misma relación profunda con las tradiciones afrocubanas.

Aquella combinación terminaría protagonizando uno de los momentos más recordados de la noche.

Pero también contribuiría al desenlace imprevisto del concierto.

«Congo Bongo»: la Descarga que terminó desbordando el estadio

Uno de los momentos fundamentales del espectáculo fue Congo Bongo.

La composición proporcionaba oportunidades para desarrollar un diálogo extraordinario entre los instrumentos de Percusión.

Ray Barretto y Mongo Santamaría ocuparon un protagonismo especial.

Sus intervenciones permitían construir respuestas rítmicas.

También introducir variaciones.

Y desarrollar una intensidad creciente.

Aquella experiencia mantenía una relación profunda con las Descargas que hemos venido estudiando desde las etapas anteriores de la música cubana.

Pero existía una diferencia fundamental.

Ahora la improvisación se estaba desarrollando delante de una multitud reunida en un estadio.

El público respondió con extraordinario entusiasmo.

La intensidad del espectáculo fue creciendo.

Y numerosos espectadores comenzaron a superar las barreras que separaban las localidades del terreno de juego.

La situación terminó desbordando las previsiones de seguridad.

Parte de la multitud invadió el campo.

Y el escenario comenzó a quedar rodeado de espectadores.

La organización tuvo que interrumpir el concierto.

Aquella decisión impidió completar el programa previsto.

La gran noche del Yankee Stadium terminaba de manera inesperada.

Pero el acontecimiento ya había adquirido una importancia histórica extraordinaria.

El espectáculo tuvo que suspenderse

La invasión del terreno de juego transformó profundamente la situación.

Los organizadores habían preparado un programa que debía permitir escuchar a numerosos artistas.

Pero la multitud terminó impidiendo su desarrollo completo.

La intervención del personal de seguridad resultó necesaria.

Y los músicos tuvieron que abandonar el escenario.

Aquel desenlace demuestra las dificultades que podía representar trasladar una música habitualmente interpretada en salas a un recinto de enormes dimensiones.

Los públicos participaban activamente en los espectáculos salseros.

La relación entre cantantes y bailadores formaba parte fundamental de su personalidad.

Pero esa proximidad resultaba mucho más difícil de controlar cuando la asistencia alcanzaba decenas de miles de personas.

La interrupción impidió desarrollar completamente algunas de las experiencias musicales previstas.

Pero el éxito de convocatoria estaba fuera de duda.

Fania había demostrado que sus artistas podían reunir una multitud extraordinaria.

Y que la música latina poseía una capacidad de atracción mucho mayor de la que determinados sectores del mercado habían reconocido anteriormente.

Sin embargo, para comprender los discos que terminarían publicándose debemos abandonar momentáneamente Nueva York.

Nuestro siguiente destino es Puerto Rico.

San Juan: la segunda noche necesaria para completar la historia

Meses después, Fania All Stars volvió a reunirse en el Caribe.

El escenario elegido fue el Coliseo Roberto Clemente de San Juan de Puerto Rico.

La actuación tuvo lugar en noviembre de 1973 y estuvo relacionada con la apertura del nuevo recinto.

Aquella presentación adquirió una importancia extraordinaria.

Numerosos músicos de Fania poseían vínculos personales y familiares con Puerto Rico.

Algunos habían nacido en la isla.

Otros crecieron dentro de las comunidades puertorriqueñas de Nueva York.

Y el regreso musical a San Juan proporcionaba una dimensión especialmente emotiva.

Pero el concierto también tenía una finalidad práctica.

La actuación del Yankee Stadium había terminado antes de completar el programa previsto.

Ahora existía una nueva oportunidad para desarrollar repertorios y registrar interpretaciones.

El espectáculo fue nuevamente grabado y filmado.

Pero la organización había adquirido experiencia.

Y las condiciones permitieron conservar materiales de gran calidad.

Aquellas grabaciones terminarían desempeñando una función fundamental dentro de los discos publicados posteriormente.

Este detalle es especialmente importante.

Porque los álbumes conocidos como Live at Yankee Stadium no reproducen exclusivamente lo que ocurrió dentro del estadio neoyorquino.

Celia Cruz: una incorporación fundamental

La actuación de San Juan permitió también la incorporación oficial de una figura extraordinaria a las presentaciones de Fania All Stars.

Celia Cruz (1925-2003).

Su historia musical había comenzado mucho antes de la aparición de Fania.

Durante años había sido una de las grandes voces de la Sonora Matancera.

Posteriormente desarrolló una trayectoria internacional que la convirtió en una de las cantantes más reconocidas de la música caribeña.

Su presencia permitió establecer una relación extraordinaria entre generaciones.

La Sonora Matancera había desempeñado una función fundamental durante las décadas anteriores.

Ahora una de sus grandes intérpretes participaba dentro de un proyecto musical que estaba alcanzando una dimensión internacional nueva.

Pero conviene señalar una precisión histórica decisiva.

Celia Cruz no participó en el concierto original del Yankee Stadium de agosto de 1973. Su incorporación formal a aquellas actuaciones de Fania All Stars se produjo en el concierto posterior de San Juan.

Esta circunstancia resulta fundamental para interpretar correctamente los discos.

Porque determinadas canciones que aparecen en los álbumes titulados Live at Yankee Stadium fueron grabadas realmente en Puerto Rico.

Entre ellas encontramos interpretaciones fundamentales de Celia.

Por tanto, su presencia dentro del disco no significa que hubiera cantado en el estadio neoyorquino.

La diferencia puede parecer secundaria.

Pero es esencial para reconstruir correctamente la cronología musical.

«Bemba colorá»: Celia encuentra un nuevo escenario

Entre las grandes interpretaciones relacionadas con aquella etapa encontramos Bemba colorá.

La composición había formado parte del repertorio de Celia Cruz con anterioridad a su colaboración con Fania All Stars.

Pero su interpretación dentro de la gran agrupación proporcionó una dimensión diferente a la obra.

La sección instrumental ofrecía una sonoridad de enorme potencia.

La Percusión mantenía una intensidad extraordinaria.

Y Celia encontraba oportunidades para desarrollar una relación directa con el público.

Su voz poseía una personalidad incomparable.

Podía interpretar Guarachas.

También Boleros.

Y desarrollar improvisaciones de gran intensidad.

Su incorporación a Fania terminó convirtiéndose en uno de los grandes acontecimientos de la evolución de la Salsa.

Pero no debemos interpretar aquella etapa como el nacimiento artístico de Celia.

La cantante ya poseía una trayectoria extraordinaria.

Lo que ocurrió fue una transformación de su contexto profesional.

Una gran intérprete formada dentro de las tradiciones cubanas comenzó a ocupar un lugar fundamental dentro del movimiento salsero internacional.

Su presencia reforzó extraordinariamente la capacidad comercial y artística de Fania.

Y permitió relacionar de manera visible el pasado de la música caribeña con su nueva proyección.

Héctor Lavoe y «Mi gente»: una canción convertida en símbolo

Entre las grabaciones más importantes de los conciertos relacionados con el Yankee Stadium encontramos Mi gente.

La composición está asociada a Johnny Pacheco y a la interpretación de Héctor Lavoe.

Su importancia dentro de la historia de la Salsa resulta extraordinaria.

La canción construye una relación directa entre el cantante y su público.

El título posee una fuerza especial.

Mi gente.

Una expresión de cercanía.

Pero también una forma de reconocimiento colectivo.

Lavoe poseía una capacidad extraordinaria para desarrollar aquella comunicación.

Su voz podía transmitir humor.

También sentimiento.

Y construir una relación especialmente intensa con los asistentes.

La interpretación de Mi gente terminó convirtiéndose en una de las grandes referencias de su trayectoria.

Pero aquí debemos recuperar nuevamente nuestra precisión documental.

La versión incluida en el álbum del Yankee Stadium procede del concierto posterior celebrado en San Juan.

Por tanto, no debemos utilizar aquella grabación como testimonio sonoro directo de lo ocurrido en Nueva York durante agosto.

La canción representa perfectamente el espíritu de aquellas grandes actuaciones.

Pero su registro discográfico pertenece a otro escenario.

Aquella distinción nos ayudará a comprender mejor la historia de los discos.

Los discos «Live at Yankee Stadium»: una obra construida con dos conciertos

Entre las producciones más conocidas de Fania All Stars encontramos Live at Yankee Stadium, publicado en dos volúmenes a mediados de los años setenta.

El título terminó adquiriendo una fama extraordinaria.

Pero su contenido posee una característica que debemos recordar.

Los discos reúnen grabaciones realizadas en el Yankee Stadium de Nueva York y en el Coliseo Roberto Clemente de San Juan.

Por tanto, no constituyen una reproducción íntegra de una sola noche.

Se trata de una selección organizada mediante materiales procedentes de ambos conciertos.

Las razones estuvieron relacionadas con la calidad de los registros y con las decisiones de producción.

Determinadas interpretaciones de San Juan ofrecían condiciones sonoras más adecuadas para su publicación.

Y la compañía decidió utilizarlas.

En el primer volumen, por ejemplo, la documentación discográfica identifica Pueblo latino como una interpretación procedente de Nueva York.

Mientras que otras canciones fueron tomadas de la actuación puertorriqueña.

Aquella circunstancia demuestra la importancia de distinguir entre el nombre comercial de una producción y la procedencia real de sus grabaciones.

Los discos pueden poseer una extraordinaria importancia histórica.

Pero también necesitan ser estudiados como productos editoriales.

Seleccionados.

Organizados.

Y preparados para su publicación.

«Pueblo latino»: una voz desde el Yankee Stadium

Entre las interpretaciones que permiten escuchar directamente el ambiente del Yankee Stadium encontramos Pueblo latino.

La grabación está relacionada con Pete «El Conde» Rodríguez.

Su voz adquiere una personalidad extraordinaria dentro del conjunto.

El Sonero desarrolla intervenciones sobre una estructura que permite mantener el protagonismo de la Percusión.

Y la sección instrumental proporciona una sonoridad apropiada para el gran espectáculo.

Pero la importancia de la canción reside también en su título.

Pueblo latino.

La expresión conecta directamente con la identidad que Fania estaba contribuyendo a construir.

Los músicos procedían de diferentes tradiciones.

Sus públicos tampoco eran completamente homogéneos.

Pero la compañía encontraba oportunidades para presentar aquella diversidad mediante una identidad compartida.

La música caribeña comenzaba a adquirir una nueva dimensión internacional.

Y los grandes conciertos proporcionaban una representación especialmente visible de ese proceso.

La canción constituye una de las grandes referencias documentales de aquella noche.

Richie Ray y Bobby Cruz: «Hermandad Fania»

Otra de las composiciones fundamentales de los discos es Hermandad Fania.

Su relación con Richie Ray (1945) y Bobby Cruz (1937) resulta especialmente importante.

Ambos habían desarrollado una trayectoria extraordinaria durante los años sesenta.

Sus grabaciones relacionadas con el Jala Jala y el Bugalú habían alcanzado gran popularidad.

Pero también poseían una relación profunda con los repertorios caribeños.

La participación de Richie Ray proporcionaba una dimensión pianística extraordinaria.

Bobby Cruz aportaba una voz de enorme potencia.

Y la composición permitía construir una idea de unidad musical.

La hermandad.

Aquella expresión respondía perfectamente a la imagen colectiva que Fania estaba buscando.

Pero también planteaba una paradoja interesante.

La historia de la compañía estaba relacionada con tensiones profesionales y conflictos entre músicos.

La unidad escénica no significaba necesariamente ausencia de diferencias.

Sin embargo, el proyecto conseguía reunir aquellas personalidades dentro de una misma organización.

Y la composición terminó convirtiéndose en una de las expresiones musicales de aquella identidad colectiva.

«Latin-Soul-Rock»: la Salsa también quería dialogar con otros públicos

La historia del Yankee Stadium no termina con los dos volúmenes de Live at Yankee Stadium.

En 1974 apareció otra producción fundamental.

Latin-Soul-Rock.

El título resume perfectamente una de las grandes ambiciones musicales de Fania.

La compañía no deseaba limitarse exclusivamente al mercado latino tradicional.

También pretendía desarrollar repertorios capaces de establecer relaciones con el Soul, el Rock y el Jazz.

Aquella orientación estaba relacionada con las experiencias de músicos neoyorquinos que habían crecido escuchando diferentes géneros.

Pero también con una estrategia comercial.

La empresa necesitaba ampliar sus mercados.

Y encontraba oportunidades para presentar sus producciones ante públicos diferentes.

El álbum reunió grabaciones en directo y materiales realizados en estudio.

Algunas interpretaciones procedían del Yankee Stadium.

Otras de San Juan.

Y determinados temas habían sido concebidos para la actuación neoyorquina, pero terminaron grabándose posteriormente.

Aquella combinación proporcionó un proyecto de considerable diversidad.

Pero también demuestra que las grabaciones históricas necesitan ser estudiadas cuidadosamente.

No todas las canciones publicadas bajo una referencia a un concierto proceden necesariamente de aquella actuación.

Jorge Santana, Billy Cobham y Jan Hammer: otros caminos de experimentación

Entre los músicos invitados que participaron en aquellas experiencias encontramos a Jorge Santana (1951-2020), guitarrista relacionado con el grupo Malo y hermano menor de Carlos Santana.

Su presencia resulta especialmente interesante.

La Guitarra eléctrica permitía construir una relación con determinadas expresiones del Rock.

Y proporcionaba un timbre muy diferente de los instrumentos tradicionales de los Conjuntos caribeños.

También participaron músicos como Billy Cobham (1944), batería de gran prestigio dentro del Jazz y la Fusión, y Jan Hammer (1948), teclista asociado a diferentes proyectos de experimentación musical.

Aquella combinación demuestra que Fania estaba explorando posibilidades que iban más allá de las estructuras salseras habituales.

La música caribeña mantenía sus procedimientos rítmicos.

Pero los músicos encontraban oportunidades para incorporar recursos diferentes.

La experimentación no siempre producía resultados comerciales duraderos.

Y determinados públicos podían preferir repertorios más relacionados con las tradiciones anteriores.

Pero aquellas experiencias forman parte de la evolución musical.

Demuestran que la Salsa de los primeros años setenta no fue completamente uniforme