Capítulo 33 | EL CHEETAH DE NUEVA YORK: LA NOCHE EN QUE LA SALSA CONQUISTÓ EL ESCENARIO

El 26 de agosto de 1971, una multitud se reunió en el Cheetah, una sala de Nueva York, para asistir a un concierto que terminaría convirtiéndose en uno de los grandes acontecimientos de la historia de la música caribeña. Johnny Pacheco dirigía una orquesta formada por algunos de los mejores músicos del momento. Héctor Lavoe, Cheo Feliciano, Pete «El Conde» Rodríguez, Ismael Miranda, Adalberto Santiago y Santos Colón compartieron escenario mientras Willie Colón, Larry Harlow, Ray Barretto, Bobby Valentín y otros instrumentistas construían una sonoridad poderosa. La actuación fue grabada y filmada. Los discos y la película Our Latin Thing (Nuestra cosa) convertirían aquella noche en un documento histórico y abrirían un nuevo capítulo en la difusión internacional de la Salsa.

Una noche que cambió las dimensiones de la música caribeña

Nueva York, jueves 26 de agosto de 1971.

Una multitud se congrega en las inmediaciones del Cheetah, un establecimiento situado en la calle 52, cerca de la Octava Avenida de Manhattan. La sala, conocida por sus actividades musicales y bailables, está preparada para recibir a una agrupación extraordinaria.

Sobre el escenario van a reunirse algunos de los mejores intérpretes de la música latina del momento.

No se trata de una orquesta convencional. Tampoco de una formación estable que haya desarrollado durante años un repertorio propio.

Los músicos proceden de diferentes agrupaciones. Algunos son directores de orquesta; otros, grandes instrumentistas. También participan cantantes que han construido personalidades artísticas muy diferentes.

La empresa que los reúne se llama Fania Records.

Y la agrupación, Fania All Stars.

Aquella noche terminará adquiriendo una importancia extraordinaria dentro de la historia de la música popular caribeña.

Pero conviene comenzar con una precisión fundamental.

El concierto del Cheetah no inventó la Salsa.

Los géneros que interpretaban aquellos músicos poseían historias anteriores. El Son, la Guaracha, la Rumba, el Guaguancó y las Descargas habían evolucionado mediante varias generaciones de intérpretes. También las experiencias puertorriqueñas y las innovaciones desarrolladas en Nueva York habían contribuido a construir una sonoridad nueva.

Lo verdaderamente importante de aquella noche fue otra cosa.

Por primera vez, Fania consiguió mostrar de manera espectacular el potencial colectivo de sus artistas, grabarlo y convertirlo en una referencia comercial y cultural capaz de viajar mucho más allá de los barrios donde aquella música había alcanzado su mayor popularidad.

El Cheetah no fue el nacimiento de la música.

Fue uno de los grandes acontecimientos de su presentación al mundo.

Del Red Garter al Cheetah: tres años de diferencia

En el capítulo anterior estudiamos la creación de Fania Records en 1964 y la formación de su catálogo inicial.

Johnny Pacheco (1935-2021) y Jerry Masucci (1934-1997) habían conseguido construir una compañía que comenzaba a reunir artistas de gran personalidad.

Pero el primer intento de presentar una agrupación colectiva no alcanzó inmediatamente la popularidad que sus promotores esperaban.

En 1968, Fania All Stars actuó en el Red Garter, un establecimiento del Greenwich Village neoyorquino. Aquella reunión contó con músicos del sello y artistas invitados, algunos vinculados a otras compañías.

La experiencia fue grabada y permitió publicar dos álbumes en directo.

Sin embargo, su repercusión comercial resultó limitada.

La calidad de los intérpretes no bastó para convertir automáticamente la actuación en un gran acontecimiento.

La agrupación todavía necesitaba encontrar una identidad propia.

También requería una organización más adecuada para presentar a sus cantantes y aprovechar las posibilidades de una sección instrumental formada por músicos de diferentes procedencias.

Durante los tres años siguientes, Fania continuó creciendo.

Las grabaciones de sus artistas adquirieron mayor difusión. Willie Colón y Héctor Lavoe estaban consolidando su colaboración. Ray Barretto y Larry Harlow desarrollaban proyectos de notable personalidad. Y la compañía empezaba a construir una imagen que relacionaba la música latina con las experiencias de los barrios neoyorquinos.

Masucci comprendió que existía una nueva oportunidad.

Pero esta vez decidió incorporar algo fundamental.

El concierto no solamente sería grabado.

También sería filmado.

Jerry Masucci decide apostar por el espectáculo

La decisión empresarial de Masucci merece una atención especial.

Hasta entonces, buena parte del mercado de la música caribeña se había desarrollado mediante grabaciones discográficas, actuaciones en salones y programas de Radio.

La Televisión había proporcionado oportunidades importantes a determinados intérpretes, pero la posibilidad de utilizar el cine para presentar internacionalmente a una gran agrupación latina todavía ofrecía caminos poco explorados.

Masucci comprendió que una película podía ampliar considerablemente el alcance de Fania.

Las imágenes permitirían mostrar a los músicos.

También a los bailadores.

Y, sobre todo, proporcionarían al público de otros países una experiencia que no podía transmitirse completamente mediante las portadas de los discos.

La iniciativa no estaba exenta de riesgos.

Era necesario contratar a numerosos intérpretes, organizar sus intervenciones y garantizar unas condiciones apropiadas para la grabación.

También había que coordinar los equipos cinematográficos y resolver los problemas técnicos de registrar una actuación de gran intensidad sonora.

Pero el proyecto poseía un atractivo extraordinario.

Las estrellas de Fania podían convertirse en protagonistas de un espectáculo colectivo.

Y la compañía tendría la posibilidad de mostrar al mundo el ambiente musical que se estaba desarrollando en Nueva York.

Ralph Mercado y la organización de una noche histórica

La preparación del concierto estuvo relacionada también con Ralph Mercado (1941-2009), empresario que llegaría a desempeñar un papel fundamental en la industria de la Salsa.

Mercado conocía los circuitos de actuaciones y había desarrollado una importante experiencia en la promoción musical.

Su participación, junto con Masucci, contribuyó a organizar el acontecimiento.

La elección del Cheetah resultó especialmente significativa.

No era un teatro de ópera ni uno de los antiguos grandes salones donde el Mambo había conocido sus años de esplendor.

Era un establecimiento relacionado con las nuevas expresiones de la música popular neoyorquina.

Sus públicos conocían el Rock, el Soul y diferentes manifestaciones de la cultura juvenil.

La presentación de Fania All Stars en aquel escenario permitía situar la música latina dentro de una realidad cultural más amplia.

Los intérpretes iban a mostrar que los repertorios caribeños podían poseer una intensidad comparable a la de otras grandes expresiones populares.

Pero también conservaban características propias.

La Clave.

La organización de los Montunos.

La relación entre cantante y coro.

Y la extraordinaria riqueza de la Percusión.

El espectáculo estaba preparado.

Faltaba conseguir que una reunión de estrellas funcionara realmente como una orquesta.

Johnny Pacheco: el hombre que debía organizar a las estrellas

La dirección musical correspondió a Johnny Pacheco.

Su elección resultaba lógica.

Conocía profundamente los procedimientos del Son y de los Conjuntos cubanos. Había desarrollado experiencia como director de Charanga y posteriormente había participado en la organización musical de Fania.

Pero dirigir aquella agrupación representaba una dificultad diferente.

Los músicos no pertenecían a una sola orquesta.

Habían desarrollado estilos propios.

Y algunos poseían personalidades artísticas extraordinariamente fuertes.

Pacheco tenía que conseguir que aquellas diferencias contribuyeran al espectáculo en lugar de desorganizarlo.

Debía proporcionar espacio a los cantantes.

También permitir intervenciones instrumentales.

Y mantener una estructura musical suficientemente sólida para que las improvisaciones no terminaran convirtiendo la actuación en una sucesión de intervenciones desconectadas.

Su función fue fundamental.

El director necesitaba conocer el repertorio.

También identificar los momentos apropiados para cada músico.

Y utilizar la experiencia de los instrumentistas para mantener una relación directa con el público.

La historia de las Descargas había demostrado que una reunión de grandes intérpretes podía proporcionar momentos extraordinarios.

Pero también que la improvisación necesitaba una organización.

Y aquella fue una de las grandes responsabilidades de Pacheco.

Una orquesta que reunía distintas generaciones

La formación del Cheetah reunía a músicos de edades, procedencias y experiencias muy diferentes.

En el Piano encontramos a Larry Harlow (1939-2021), uno de los grandes renovadores de los arreglos relacionados con el Son cubano.

El Bajo estaba en manos de Bobby Valentín (1941), un instrumentista y arreglista de extraordinaria importancia.

La sección de Trombones contaba con Willie Colón (1950-2026), Barry Rogers (1935-1991) y Reynaldo Jorge.

Las Trompetas proporcionaban otra dimensión al conjunto mediante músicos como Roberto Luis Rodríguez, Larry Spencer y Héctor «Bomberito» Zarzuela.

La Percusión tenía una importancia fundamental.

Ray Barretto (1929-2006) participaba con sus Tumbadoras.

Orestes Vilató (1944) intervenía en los Timbales.

Y Roberto Roena (1940-2021) aportaba una combinación de Percusión y extraordinaria presencia escénica.

También aparecía un instrumento que había desempeñado una función importantísima dentro de la tradición puertorriqueña.

El Cuatro.

Su intérprete era Yomo Toro (1933-2012).

La presencia de aquel instrumento proporcionaba una sonoridad muy particular dentro de una gran orquesta de metales.

Aquella combinación refleja perfectamente el ambiente musical del momento.

Los procedimientos del Son convivían con recursos del Jazz.

La tradición puertorriqueña encontraba espacio dentro de los arreglos.

Y los instrumentos podían desarrollar intervenciones de notable complejidad.

Pero la gran novedad del espectáculo estaba también en las voces.

Seis cantantes, seis maneras de entender el Caribe

El concierto reunió a varios de los grandes Soneros de la época.

Cada uno poseía una personalidad artística propia.

Adalberto Santiago (1937), que había desarrollado una importante colaboración con Ray Barretto, aportaba una voz de gran intensidad y un extraordinario dominio del Montuno.

Ismael Miranda (1950), conocido como El Niño Bonito de la Salsa, representaba a una generación más joven. Su voz había alcanzado popularidad mediante la Orquesta Harlow.

Pete «El Conde» Rodríguez (1933-2000) mantenía una relación profunda con las tradiciones del Son cubano, particularmente mediante su colaboración con Johnny Pacheco.

Santos Colón (1922-1998) representaba una experiencia vocal diferente. Su trayectoria estaba relacionada con las grandes orquestas, especialmente con Tito Puente, y su manera de interpretar proporcionaba una notable elegancia al conjunto.

Héctor Lavoe (1946-1993) estaba construyendo una personalidad extraordinaria junto a Willie Colón. Su fraseo y su capacidad para establecer una relación espontánea con los públicos terminarían convirtiéndolo en una de las grandes figuras internacionales de la Salsa.

Y Cheo Feliciano (1935-2014), cuya trayectoria ya hemos estudiado junto a Joe Cuba, aportaba una capacidad interpretativa que combinaba el dominio del Sonero con una sensibilidad extraordinaria.

A ellos se sumaron invitados como Richie Ray (1945) y Bobby Cruz (1937), protagonistas fundamentales de las transformaciones musicales de la década anterior.

Pero aquella variedad planteaba una pregunta.

¿Cómo conseguir que todos aquellos cantantes participaran sin que el espectáculo se convirtiera en una competencia desorganizada?

La respuesta estaba en una de las grandes tradiciones de la música caribeña.

El diálogo entre el coro y el Sonero.

El coro: una de las grandes herencias del Son

Cuando estudiamos la evolución del Son cubano explicamos la importancia que adquirió la relación entre cantante principal y coro.

La composición podía comenzar mediante una parte narrativa.

Posteriormente aparecía el Montuno.

Y el intérprete encontraba oportunidades para desarrollar improvisaciones.

Los coros proporcionaban una referencia reconocible.

Pero también permitían que el cantante introdujera nuevas frases.

Aquellos procedimientos habían evolucionado durante décadas.

Arsenio Rodríguez contribuyó extraordinariamente a su desarrollo dentro de los Conjuntos.

También los grandes Soneros encontraron posibilidades diferentes.

Benny Moré desarrolló una personalidad extraordinaria.

E Ismael Rivera había demostrado que el cantante podía desplazar sus intervenciones y jugar con las estructuras rítmicas sin perder la referencia de la Clave.

En el Cheetah, aquella tradición adquirió otra dimensión.

Ya no había un solo gran cantante acompañado por una orquesta.

Había varios.

Cada uno podía desarrollar intervenciones propias.

Y el público encontraba oportunidades para comparar sus personalidades.

La Descarga vocal se convirtió así en uno de los grandes atractivos del espectáculo.

Pero para que funcionara necesitaba una estructura apropiada.

Y una de las composiciones de aquella noche terminaría ofreciendo el mejor ejemplo.

Quítate tú.

«Quítate tú»: una canción convertida en desafío musical

Entre las grabaciones más conocidas del concierto encontramos Quítate tú.

La composición terminó convirtiéndose en uno de los grandes símbolos de Fania All Stars.

Su estructura permitía desarrollar un intercambio entre los cantantes.

El coro proporcionaba una referencia repetida.

Y los Soneros encontraban oportunidades para introducir intervenciones sucesivas.

La expresión del título adquiría así una dimensión particularmente apropiada para el espectáculo.

Cada cantante parecía reclamar espacio para demostrar sus capacidades.

Pero aquella competencia no debía interpretarse necesariamente como un enfrentamiento real.

Formaba parte de un juego musical.

Los intérpretes compartían un lenguaje conocido.

Y podían utilizarlo para construir improvisaciones que respondían a una situación escénica concreta.

La experiencia resultaba especialmente atractiva para el público.

Cada nueva intervención permitía escuchar una personalidad diferente.

El cantante podía desarrollar recursos humorísticos.

También improvisar frases relacionadas con sus compañeros.

Y utilizar procedimientos de gran intensidad rítmica.

Pero lo verdaderamente importante era la capacidad para mantener la relación con la orquesta.

La música seguía avanzando.

El coro proporcionaba continuidad.

Y los instrumentistas mantenían una estructura que permitía desarrollar las improvisaciones.

Aquella grabación constituye uno de los grandes documentos del Sonero moderno.

El Sonero no canta solamente: también conversa

La importancia de Quítate tú nos permite detenernos nuevamente en una cuestión fundamental de la historia musical caribeña.

La improvisación vocal no consiste simplemente en inventar palabras.

También necesita conocer las estructuras rítmicas.

El cantante debe encontrar el lugar apropiado para introducir sus frases.

Y comprender cómo se relacionan con los instrumentos.

Pero existe otra característica fundamental.

La comunicación.

El Sonero puede dirigirse a sus compañeros.

También al público.

Y transformar acontecimientos cotidianos en materiales musicales.

La actuación adquiere así una dimensión distinta de la interpretación de una composición completamente cerrada.

Cada noche puede proporcionar situaciones diferentes.

Y los músicos encuentran oportunidades para responder.

En el Cheetah, aquella capacidad adquirió una importancia extraordinaria.

Los cantantes podían reconocer las intervenciones de sus compañeros.

También construir respuestas.

Y mantener un diálogo que terminaba convirtiéndose en una de las principales atracciones del concierto.

Pero aquella espontaneidad no significaba que todos los intérpretes poseyeran las mismas cualidades.

Cada Sonero desarrollaba una personalidad.

Algunos destacaban por su precisión.

Otros por su sentido humorístico.

Y determinados cantantes encontraban maneras especialmente expresivas de relacionar las frases con el acompañamiento.

La diversidad terminó convirtiéndose en uno de los grandes valores del espectáculo.

«Anacaona»: Cheo Feliciano encuentra su momento

Entre las grandes interpretaciones de aquella noche encontramos Anacaona.

La composición fue escrita por Catalino «Tite» Curet Alonso (1926-2003), uno de los grandes autores de la música caribeña contemporánea.

Su repertorio constituye una parte fundamental de la historia de la Salsa.

Curet poseía una extraordinaria capacidad para construir historias mediante canciones.

Sus letras podían desarrollar referencias sociales.

También personajes populares.

Y asuntos relacionados con la identidad de diferentes comunidades.

Anacaona evoca a la figura histórica taína del Caribe.

La composición establece así una relación con una memoria anterior a las transformaciones musicales que hemos venido estudiando.

Pero su importancia dentro del concierto reside también en la interpretación de Cheo Feliciano.

Su voz proporciona una personalidad extraordinaria a la obra.

El cantante encuentra oportunidades para desarrollar las frases.

También intervenir sobre el Montuno.

Y construir una relación especial con la Percusión.

La grabación se convirtió en una de las grandes referencias del repertorio salsero.

Pero debemos recordar nuevamente que aquella popularidad no puede atribuirse exclusivamente al cantante.

La composición de Tite Curet Alonso fue fundamental.

Y el arreglo proporcionó una organización instrumental capaz de convertirla en una experiencia colectiva.

El éxito de Anacaona demuestra que una canción podía relacionar la historia, la poesía popular y la música bailable.

Tite Curet Alonso: el compositor detrás de las grandes voces

La figura de Tite Curet Alonso merece una atención particular.

Nació en Guayama, Puerto Rico, en 1926.

Su trayectoria estuvo relacionada con la composición de canciones que terminarían convirtiéndose en referencias fundamentales de la música latinoamericana.

Conocía profundamente los repertorios caribeños.

Pero también poseía una extraordinaria sensibilidad para describir situaciones humanas.

Sus composiciones podían incorporar personajes históricos.

También experiencias sociales.

Y desarrollar relatos de enorme riqueza.

Durante décadas, numerosos cantantes encontraron en sus obras oportunidades para construir interpretaciones extraordinarias.

Cheo Feliciano fue uno de ellos.

Pero también Ismael Rivera y otras grandes figuras.

La importancia de Curet demuestra que la historia de la Salsa no puede estudiarse exclusivamente mediante los nombres de sus intérpretes.

Los compositores desempeñaron una función fundamental.

Proporcionaban repertorios.

También imágenes.

Y en ocasiones construían letras que terminarían convirtiéndose en documentos culturales de una época.

Por eso, cuando estudiemos las grandes grabaciones de los años setenta, su nombre aparecerá repetidamente.

El Cheetah contribuyó a difundir una de sus obras más conocidas.

Pero su trayectoria fue mucho más amplia.

«Descarga Fania»: los instrumentos también querían hablar

La presencia de grandes cantantes no debe hacernos olvidar la importancia de los instrumentistas.

Entre las grabaciones fundamentales del concierto encontramos Descarga Fania.

Su título establece una relación directa con una tradición que ya hemos estudiado.

Las Descargas cubanas.

Durante los años cincuenta, músicos como Cachao y otros grandes intérpretes habían desarrollado experiencias donde la improvisación adquiría una función fundamental.

Posteriormente, Nueva York incorporó procedimientos semejantes.

Las Alegre All Stars proporcionaron una referencia extraordinaria.

Y Fania terminó organizando proyectos relacionados con aquella tradición.

Pero en el Cheetah, la Descarga adquiría una dimensión espectacular.

Los músicos podían desarrollar intervenciones individuales.

La sección rítmica mantenía una referencia fundamental.

Y los instrumentos de viento encontraban oportunidades para improvisar.

El resultado permitía mostrar la calidad de una agrupación formada por profesionales extraordinarios.

Pero también existía un riesgo.

Una reunión de grandes instrumentistas podía convertirse en una sucesión de intervenciones excesivamente prolongadas.

El espectáculo necesitaba mantener continuidad.

Y la organización de Pacheco desempeñaba una función decisiva.

La Descarga debía proporcionar libertad sin perder completamente la estructura.

Aquella tensión entre improvisación y organización formaba parte de la riqueza musical del concierto.

El Piano de Larry Harlow y la experiencia de las Descargas

Larry Harlow había desarrollado una extraordinaria relación con las tradiciones cubanas.

Su conocimiento del Son le permitía construir acompañamientos de gran personalidad.

Pero también poseía una formación que incorporaba recursos del Jazz.

Aquella combinación resultó especialmente importante dentro de Fania All Stars.

El Piano proporcionaba una base armónica.

También mantenía procedimientos rítmicos relacionados con el Montuno.

Y podía desarrollar intervenciones improvisadas.

Pero Harlow necesitaba adaptarse a una formación de gran tamaño.

La presencia de varios Trombones y Trompetas exigía una organización diferente de la de determinadas agrupaciones reducidas.

Los cantantes también necesitaban una referencia clara.

Y la Percusión debía mantener continuidad durante intervenciones de duración variable.

La experiencia de Harlow permitió proporcionar soluciones a aquellas dificultades.

Su importancia en la preparación musical y en la producción discográfica fue notable.

Pero el concierto también demuestra que la Salsa no dependía exclusivamente de las voces.

El Piano continuaba siendo uno de los grandes fundamentos de la organización musical heredada del Son cubano.

Y Harlow representaba una de sus grandes posibilidades de transformación.

Ray Barretto: la Percusión sostiene el espectáculo

Ray Barretto había desarrollado una trayectoria extraordinaria antes del Cheetah.

Su experiencia en el Jazz le había proporcionado conocimientos de gran riqueza.

También conocía los repertorios caribeños.

Y su actividad profesional lo había convertido en uno de los grandes percusionistas latinos de Nueva York.

En el concierto, las Tumbadoras desempeñaban una función fundamental.

Pero debemos recordar que su importancia no puede reducirse a la ejecución de determinados patrones.

La Percusión constituye una parte esencial de la organización musical.

Los instrumentos mantienen relaciones entre sí.

Y proporcionan referencias que permiten desarrollar la improvisación.

En una agrupación de gran tamaño, aquella responsabilidad adquiere una dimensión especialmente importante.

Los cantantes pueden prolongar sus intervenciones.

Los instrumentistas de viento incorporan frases nuevas.

Y el director necesita mantener una estructura reconocible.

La sección rítmica permite proporcionar continuidad.

Barretto desempeñó una función fundamental dentro de aquella organización.

Su presencia contribuyó a construir una sonoridad de gran intensidad.

Pero también permitió mantener una relación directa con los bailadores.

Roberto Roena: el baile también sube al escenario

La música caribeña nunca ha estado completamente separada del baile.

Desde las primeras expresiones comunitarias hasta los grandes salones internacionales, la relación entre músicos y bailadores ha desempeñado una función fundamental.

Roberto Roena representa perfectamente aquella conexión.

Nacido en Mayagüez, Puerto Rico, en 1940, desarrolló una trayectoria extraordinaria como percusionista y bailarín.

Había participado en el ambiente musical de Cortijo.

También formó parte de El Gran Combo.

Y posteriormente organizó su propia agrupación.

Su presencia en Fania All Stars proporcionaba una dimensión especial.

No solamente interpretaba.

También poseía una capacidad extraordinaria para comunicar mediante el movimiento.

Aquella característica adquiría especial importancia dentro de un espectáculo filmado.

El público podía escuchar la música.

Pero también contemplar la relación corporal de los intérpretes con el ritmo.

La actuación dejaba de ser exclusivamente una experiencia sonora.

Se convertía en una representación visual de una cultura musical.

La presencia de Roena ayudaba a mostrar que el baile no era una actividad secundaria.

Formaba parte esencial de aquella tradición.

Willie Colón: los Trombones del nuevo barrio

Willie Colón había aparecido en Fania cuando todavía era adolescente.

Su colaboración con Héctor Lavoe le permitió desarrollar una de las sonoridades más reconocibles de los años sesenta.

Los Trombones adquirían una importancia extraordinaria.

Pero su utilización era diferente de la de determinadas agrupaciones anteriores.

Eddie Palmieri había desarrollado una combinación instrumental muy particular mediante La Perfecta.

Colón encontró otra manera de utilizar los metales.

Su sonoridad podía resultar más áspera.

También más contundente.

Y sus arreglos construían una relación directa con las experiencias de los barrios neoyorquinos.

La participación en Fania All Stars permitió reunir aquella personalidad con otras tradiciones instrumentales.

Pero Colón no dejó de desarrollar su propia trayectoria.

Durante los años posteriores continuaría grabando discos extraordinarios.

También desarrollaría una importante actividad como productor y arreglista.

Y su colaboración con Rubén Blades terminaría convirtiéndose en uno de los grandes acontecimientos de la Salsa.

Su fallecimiento en 2026 cerró una trayectoria de enorme importancia.

Pero en 1971 todavía era un joven músico que estaba construyendo una de las grandes identidades instrumentales del Caribe urbano.

Yomo Toro: el Cuatro puertorriqueño entra en la gran orquesta

Entre los instrumentistas del Cheetah encontramos a Yomo Toro.

Su presencia merece una atención particular.

El Cuatro puertorriqueño había desempeñado una función fundamental dentro de diferentes expresiones musicales de la isla.

Poseía una relación profunda con repertorios tradicionales.

Y su sonoridad proporcionaba una personalidad muy diferente de la de los instrumentos de viento.

La incorporación del Cuatro a una gran orquesta de Salsa representaba una oportunidad extraordinaria.

Permitía ampliar las posibilidades melódicas.

También establecer relaciones con tradiciones que no habían desaparecido mediante la transformación urbana.

Yomo Toro poseía una extraordinaria capacidad para interpretar aquel instrumento.

Su participación terminó convirtiéndose en una de las grandes características de Fania All Stars.

Pero también demuestra algo importante.

La Salsa podía incorporar elementos muy diferentes sin necesidad de abandonar completamente sus fundamentos.

Los Trombones convivían con el Cuatro.

La Percusión mantenía procedimientos relacionados con el Son.

Y los cantantes encontraban oportunidades para desarrollar improvisaciones.

Aquella combinación contribuía a construir una personalidad musical extraordinaria.

«Ponte duro»: el espectáculo necesitaba intensidad

El repertorio del Cheetah incluía composiciones especialmente apropiadas para construir una relación directa con el público.

Entre ellas encontramos Ponte duro.

Su importancia reside en la manera en que permite desarrollar una intensa comunicación entre la orquesta y los asistentes.

La sección rítmica proporciona una base de gran energía.

Los instrumentos construyen respuestas.

Y las voces encuentran oportunidades para intervenir.

Pero una composición de aquellas características necesita una organización precisa.

La improvisación no puede impedir que el espectáculo mantenga continuidad.

Los músicos deben reconocer las entradas.

Y el director necesita proporcionar referencias claras.

El resultado demuestra que Fania All Stars estaba desarrollando una personalidad diferente de la de una simple reunión ocasional.

La agrupación comenzaba a construir un repertorio propio.

Y determinadas composiciones estaban adquiriendo una relación especial con el espectáculo colectivo.

Aquella orientación sería fundamental durante los años siguientes.

Héctor Lavoe: el futuro gran cantante de los barrios

La actuación del Cheetah representa también un momento importante dentro de la trayectoria de Héctor Lavoe.

En 1971, el cantante todavía no había desarrollado toda la carrera individual que posteriormente le proporcionaría una extraordinaria popularidad.

Pero ya poseía una personalidad vocal reconocible.

Su colaboración con Willie Colón había contribuido a construir grabaciones fundamentales.

Y sus interpretaciones mantenían una relación directa con los grandes Soneros anteriores.

Lavoe conocía las tradiciones puertorriqueñas.

También los repertorios cubanos.

Y había desarrollado una capacidad especial para improvisar.

Pero poseía otra característica extraordinaria.

Una naturalidad que permitía transformar determinadas frases en expresiones de enorme cercanía.

Su voz podía desarrollar situaciones humorísticas.

También transmitir sentimientos profundos.

Y establecer una relación especialmente intensa con el público.

Aquella personalidad terminaría convirtiéndolo en uno de los grandes cantantes de la Salsa.

Pero su historia todavía estaba comenzando.

Durante los años posteriores desarrollaría una extraordinaria carrera.

También atravesaría dificultades personales que terminarían afectando profundamente a su vida.

Su fallecimiento en 1993 cerraría prematuramente una trayectoria fundamental.

Pero el Cheetah conserva una imagen de aquel joven cantante en uno de los momentos decisivos de su formación artística.

Ismael Miranda: la juventud también tenía una voz propia

Ismael Miranda había comenzado su trayectoria profesional siendo muy joven.

Su colaboración con Larry Harlow le permitió adquirir una importante popularidad.

Y su presencia en Fania All Stars demostraba que la compañía estaba incorporando nuevas generaciones.

Miranda poseía una voz de notable personalidad.

También una gran capacidad para interpretar el Son.

Y encontraba oportunidades para improvisar sobre el Montuno.

Pero su importancia dentro del concierto no dependía exclusivamente de sus cualidades técnicas.

Representaba una nueva generación de músicos que había crecido dentro del ambiente neoyorquino.

Conocía los repertorios anteriores.

Pero también las nuevas experiencias culturales.

Y encontraba oportunidades para desarrollar una personalidad propia.

Su carrera continuaría durante décadas.

Publicaría grabaciones importantes.

También desarrollaría una actividad individual de notable éxito.

Y terminaría convirtiéndose en una de las grandes figuras históricas de la Salsa.

Pero aquella noche de agosto de 1971 todavía estaba participando en la construcción del movimiento que posteriormente contribuiría a identificarlo.

Pete «El Conde» Rodríguez: la continuidad del Sonero cubano

Pete «El Conde» Rodríguez representaba una experiencia musical diferente.

Su colaboración con Johnny Pacheco había comenzado durante la primera etapa de Fania.

Y su voz se había convertido en una de las grandes referencias del sello.

El Conde poseía un timbre grave y poderoso.

También una capacidad extraordinaria para improvisar.

Y encontraba en el Son Montuno una estructura especialmente apropiada para desarrollar sus intervenciones.

Su presencia en el Cheetah permitía relacionar las nuevas experiencias neoyorquinas con las grandes tradiciones cubanas.

Las improvisaciones mantenían procedimientos conocidos.

Los coros proporcionaban referencias fundamentales.

Y las frases adquirían una personalidad extraordinaria.

La importancia del cantante demuestra nuevamente que la Salsa no apareció mediante una ruptura absoluta con el pasado.

Los músicos continuaban utilizando recursos anteriores.

Pero encontraban maneras de desarrollarlos dentro de nuevas circunstancias.

El Conde contribuyó decisivamente a aquella continuidad.

Y su trayectoria posterior demostraría que el Sonero tradicional podía mantener una enorme popularidad dentro del nuevo movimiento.

Adalberto Santiago y Santos Colón: dos generaciones sobre un mismo escenario

La reunión de diferentes cantantes permitió mostrar la riqueza del Sonero caribeño.

Adalberto Santiago había desarrollado una importante colaboración con Ray Barretto.

Su voz poseía una extraordinaria intensidad.

Y encontraba oportunidades para interpretar repertorios de gran complejidad.

Santos Colón, por su parte, representaba una experiencia relacionada con las grandes orquestas anteriores.

Su trayectoria incluía colaboraciones con Tito Puente.

Y su manera de interpretar poseía una personalidad de notable elegancia.

La presencia de ambos cantantes demuestra que Fania All Stars no reunió exclusivamente artistas jóvenes.

También incorporó músicos de generaciones anteriores.

Aquella combinación permitió construir una relación entre distintas etapas de la música caribeña.

Los grandes procedimientos del Son continuaban presentes.

Pero los arreglos estaban cambiando.

Las secciones de viento adquirían una potencia diferente.

Y la Percusión desarrollaba nuevas posibilidades.

El resultado fue una agrupación capaz de relacionar experiencias muy diversas.

Y convertirlas en un espectáculo de enorme personalidad.

Richie Ray y Bobby Cruz: invitados a una gran celebración

Entre los invitados destacados del concierto encontramos a Richie Ray y Bobby Cruz.

Su trayectoria había sido fundamental durante los años sesenta.

El Jala Jala y el Bugalú habían proporcionado una extraordinaria popularidad a sus grabaciones.

Pero ambos músicos también poseían una relación profunda con el Son.

Richie Ray desarrollaba recursos pianísticos de notable complejidad.

Bobby Cruz aportaba una voz de gran intensidad.

Su participación en el Cheetah permitió ampliar las posibilidades musicales de la reunión.

También demuestra que Fania estaba construyendo una identidad colectiva que podía incorporar artistas procedentes de experiencias empresariales distintas.

El espectáculo no necesitaba limitarse completamente a las agrupaciones habituales del sello.

Podía reunir músicos capaces de proporcionar momentos especiales.

Y aquella colaboración contribuyó a construir una imagen de amplitud artística.

Pero también anticipaba una transformación importante.

La Salsa comenzaba a presentarse como un movimiento que podía reunir a intérpretes de diferentes procedencias.

Y aquella idea terminaría desempeñando una función fundamental dentro de su difusión internacional.

La sala se llenó mucho más allá de lo previsto

Uno de los aspectos más recordados de aquella noche fue la extraordinaria asistencia de público.

Las estimaciones difundidas sobre el acontecimiento hablan de varios miles de personas en una sala cuya capacidad habitual era considerablemente inferior.

La propia documentación histórica de Fania ha señalado que la asistencia llegó a duplicar aproximadamente el aforo previsto.

Aquella circunstancia proporciona una idea de la expectación que había despertado el concierto.

Pero también muestra que la música latina estaba alcanzando una popularidad capaz de superar determinados circuitos anteriores.

Los jóvenes querían escuchar a sus artistas.

Y la posibilidad de contemplar juntos a numerosos cantantes e instrumentistas resultaba especialmente atractiva.

El ambiente terminó convirtiéndose en una parte fundamental del espectáculo.

La intensidad del público aparece reflejada en las grabaciones.

También en las imágenes cinematográficas.

Y proporciona una referencia extraordinaria para comprender la relación entre aquellos músicos y sus comunidades.

Pero el éxito de asistencia no debe ocultar una cuestión importante.

La organización de un acontecimiento de aquellas características exigía unas condiciones que no siempre resultaban fáciles de controlar.

La historia de Fania también estuvo relacionada con dificultades empresariales y técnicas.

La popularidad no eliminaba aquellos problemas.

Pero aquella noche el resultado terminó convirtiéndose en un acontecimiento extraordinario.

La película no quería limitarse al escenario

La grabación cinematográfica del concierto estuvo relacionada con el director Leon Gast (1936-2021).

Su proyecto terminaría convirtiéndose en Our Latin Thing, conocida también como Nuestra cosa.

La película fue estrenada en 1972.

Pero su importancia no reside exclusivamente en haber conservado imágenes del concierto.

Gast desarrolló una perspectiva más amplia.

Deseaba mostrar el ambiente cultural del que procedían aquellos músicos.

Y relacionar sus interpretaciones con las experiencias de las comunidades latinas de Nueva York.

La cámara no permanecía siempre dentro del Cheetah.

También se interesaba por las calles.

Los barrios.

Los personajes populares.

Y determinadas expresiones culturales relacionadas con la vida cotidiana.

Aquella decisión resultó fundamental.

La música aparecía como parte de una realidad social.

No exclusivamente como un espectáculo comercial.

Los intérpretes formaban parte de comunidades.

Y sus canciones podían expresar una identidad compartida.

La película terminó convirtiéndose en uno de los grandes documentos audiovisuales de la Salsa.

«Nuestra cosa»: una declaración de identidad

El título de la película merece una reflexión especial.

Our Latin Thing.

Nuestra cosa.

La expresión permitía construir una identidad colectiva.

No identificaba exclusivamente a una orquesta.

Tampoco a un género determinado.

Presentaba una cultura musical que pertenecía a sus protagonistas y a las comunidades que la habían desarrollado.

Aquella dimensión resulta especialmente importante.

Los músicos de Nueva York habían heredado tradiciones diferentes.

El Son cubano.

La Bomba y la Plena puertorriqueñas.

Las Descargas.

Y otras expresiones caribeñas.

Pero sus experiencias cotidianas estaban relacionadas con una ciudad distinta de los territorios donde aquellas tradiciones habían evolucionado originalmente.

La película permitió mostrar esa combinación.

La música poseía raíces reconocibles.

Pero sus intérpretes estaban construyendo una personalidad urbana nueva.

Y el título terminó convirtiéndose en una declaración cultural.

No se trataba simplemente de vender discos.

También de afirmar que aquella música representaba una parte fundamental de la vida de las comunidades latinas neoyorquinas.

La Radio, el cine y los discos: tres caminos hacia el público

La historia del Cheetah permite comprender una transformación fundamental dentro de la difusión musical.

Durante décadas, la Radio había desempeñado una función extraordinaria.

Los programas permitían conocer grabaciones.

Los locutores contribuían a popularizar intérpretes.

Y las emisoras participaban activamente en la construcción de los mercados musicales.

Los discos, por su parte, proporcionaban la posibilidad de conservar interpretaciones.

Y permitir que las canciones viajaran hasta territorios donde sus protagonistas nunca habían actuado.

Pero el cine incorporaba otra dimensión.

La imagen.

Los públicos podían contemplar a los intérpretes.

También observar sus movimientos.

Y descubrir la relación entre las canciones y las comunidades donde habían adquirido popularidad.

Fania comprendió aquellas posibilidades.

La grabación del concierto proporcionó materiales discográficos.

Y la película permitió ampliar extraordinariamente su proyección.

Pero debemos recordar que ambos medios no eran idénticos.

Los discos presentaban interpretaciones seleccionadas.

La película desarrollaba una narración audiovisual.

Y el espectáculo real poseía una duración y unas características propias.

Por tanto, conviene distinguir entre el acontecimiento de 1971 y las obras que posteriormente permitieron difundirlo.

«Live at the Cheetah»: los discos convierten una noche en historia

La actuación fue registrada para su publicación discográfica.

De aquellas grabaciones surgieron los álbumes Live at the Cheetah, distribuidos en dos volúmenes.

Su circulación comercial comenzó durante los años siguientes al concierto.

Las distintas ediciones y reediciones han presentado algunas diferencias de fechas y denominaciones, por lo que convendrá revisar sus referencias originales durante la fase documental definitiva.

Pero su importancia musical está fuera de duda.

Los discos permitieron conservar interpretaciones de enorme intensidad.

También improvisaciones vocales e instrumentales que se convirtieron en referencias fundamentales.

El público podía escuchar a varios Soneros dentro de una misma agrupación.

Y comparar sus estilos.

Las grabaciones proporcionaron una oportunidad extraordinaria para reconocer las diferencias entre los cantantes.

Pero también para apreciar la calidad de una orquesta formada por músicos extraordinarios.

La publicación terminó adquiriendo una popularidad muy importante dentro del mercado latino.

Y contribuyó decisivamente a consolidar la imagen de Fania All Stars.

La compañía había conseguido transformar un acontecimiento puntual en una referencia duradera.

Izzy Sanabria: también había que darle una imagen a la Salsa

La historia del Cheetah no estaría completa sin mencionar a Izzy Sanabria (1937), figura fundamental de la cultura visual y de la promoción de la Salsa.

Su actividad estuvo relacionada con el diseño gráfico.

También con la producción de materiales promocionales.

Y con la construcción de una identidad visual reconocible para la música latina neoyorquina.

Sanabria comprendía las posibilidades de utilizar portadas, carteles y otros recursos para construir una imagen propia.

Sus trabajos contribuyeron decisivamente a la presentación comercial del movimiento.

Pero su importancia no debe reducirse exclusivamente a la publicidad.

También desempeñó una función cultural.

Ayudó a construir una identidad reconocible para una música que estaba adquiriendo gran popularidad.

Y participó en actividades relacionadas con la difusión de la palabra Salsa.

La historia del género demuestra que sus transformaciones no dependieron exclusivamente de los músicos.

Los diseñadores también desempeñaron una función importante.

Las portadas permitían identificar a los artistas.

Los carteles anunciaban acontecimientos.

Y las imágenes podían construir símbolos compartidos por los públicos.

La Salsa adquiría así una identidad visual que acompañaba su expansión musical.

¿Por qué el Cheetah fue tan importante?

Podemos resumir la trascendencia histórica de aquella noche mediante varios elementos.

El primero fue la reunión de músicos extraordinarios.

Fania consiguió presentar a numerosos intérpretes dentro de un mismo espectáculo.

El segundo estuvo relacionado con la organización musical.

Johnny Pacheco consiguió mantener una estructura que permitía desarrollar improvisaciones.

Y proporcionar protagonismo a los cantantes.

El tercero fue la extraordinaria participación del público.

La actuación mostró que la música latina poseía una capacidad de convocatoria considerable.

Pero el cuarto elemento resultó especialmente importante.

La grabación audiovisual.

Las imágenes permitieron conservar una experiencia que de otra manera habría quedado limitada a quienes asistieron.

Y la película proporcionó una dimensión internacional al acontecimiento.

Pero debemos reconocer también una quinta característica.

La consolidación de una identidad colectiva.

Fania All Stars comenzó a convertirse en algo más que la reunión ocasional de músicos de diferentes agrupaciones.

La compañía estaba construyendo una gran orquesta capaz de representar comercialmente una parte fundamental del movimiento salsero.

Y aquella transformación terminaría desempeñando una función decisiva durante los años siguientes.

El Cheetah no fue el final: era solamente el comienzo

La extraordinaria repercusión de la actuación permitió que Fania comenzara a considerar proyectos de mayor dimensión.

La compañía había demostrado que podía organizar una gran agrupación.

También que el público estaba interesado en aquellos espectáculos.

Y que los discos podían adquirir una importante difusión.

Pero todavía faltaban acontecimientos fundamentales.

Las giras.

Las actuaciones internacionales.

Y los grandes conciertos destinados a públicos mucho más numerosos.

La experiencia del Cheetah proporcionó una base extraordinaria.

Pero el crecimiento posterior de Fania All Stars estaría relacionado con otras transformaciones.

La compañía necesitaba ampliar su organización.

También desarrollar nuevos repertorios.

Y comenzar a actuar ante públicos que no conocían necesariamente las tradiciones caribeñas.

Aquella expansión terminaría llevando a los músicos a escenarios de diferentes continentes.

Pero el siguiente gran acontecimiento tendría lugar nuevamente en Nueva York.

Un escenario completamente diferente.

El Yankee Stadium.

La música que había comenzado a adquirir una personalidad urbana dentro de los barrios latinos estaba preparada para presentarse ante decenas de miles de espectadores.

REFLEXIONES DEL AUTOR: aquella noche la Salsa adquirió un rostro

Cuando estudiamos la historia de la música caribeña encontramos numerosas transformaciones instrumentales.

La incorporación del Piano al Son.

El desarrollo de los Conjuntos.

La aparición de las grandes orquestas de Mambo.

Y las innovaciones de las Charangas.

También hemos estudiado cambios fundamentales en la manera de cantar.

Ismael Rivera transformó las posibilidades del Sonero.

Eddie Palmieri proporcionó una nueva personalidad a los Trombones.

Y numerosos músicos encontraron oportunidades para relacionar las tradiciones caribeñas con el Jazz y otras expresiones estadounidenses.

Pero el concierto del Cheetah representa una transformación diferente.

No apareció un nuevo instrumento.

Tampoco una estructura rítmica completamente original.

Lo verdaderamente importante fue la manera en que una compañía consiguió presentar colectivamente una música que había evolucionado durante décadas.

Fania reunió a grandes intérpretes.

Y convirtió aquella reunión en un espectáculo capaz de representar una identidad.

Pero también debemos recordar que la historia musical anterior continuaba presente.

Los Soneros utilizaban procedimientos desarrollados en Cuba.

La Percusión mantenía relaciones profundas con las tradiciones afrocaribeñas.

Y las composiciones podían incorporar referencias a la historia de Puerto Rico y otros territorios.

Por tanto, no podemos interpretar el Cheetah como un nacimiento absoluto.

Fue una culminación.

Y, al mismo tiempo, un punto de partida.

La historia de la música caribeña había atravesado diferentes etapas.

Las expresiones comunitarias comenzaron a adquirir nuevos formatos.

Los músicos desarrollaron agrupaciones profesionales.

Y las grabaciones permitieron que aquellas interpretaciones alcanzaran mercados internacionales.

Fania consiguió reunir una parte fundamental de ese proceso.

Pero su aportación más extraordinaria estuvo relacionada con la imagen.

La película Nuestra cosa permitió contemplar a los músicos.

También sus comunidades.

Y comprender que aquella música formaba parte de una realidad social.

La Salsa dejó de aparecer exclusivamente como una sucesión de grabaciones.

Comenzó a presentarse mediante una identidad colectiva reconocible.

Pero el fenómeno también plantea una cuestión que considero fundamental.

Una compañía discográfica puede contribuir extraordinariamente a popularizar una música.

Sin embargo, no debe confundirse su actividad comercial con toda la historia de los géneros que representa.

El Son existía antes de Fania.

La Bomba y la Plena también.

Y numerosos músicos desarrollaron trayectorias extraordinarias fuera del sello.

La Salsa adquirió una dimensión internacional mediante la participación de intérpretes, compositores, empresarios, bailadores, locutores y públicos de diferentes países.

Fania fue una de las grandes protagonistas.

Pero la historia de la música caribeña resulta mucho más amplia.

Precisamente por eso, al reconstruir De orilla a orilla para convertirlo en De Colón al Reguetón, considero importante mantener una perspectiva cronológica.

No debemos comenzar la historia en el momento en que una compañía consiguió organizar su difusión internacional.

Necesitamos conocer las tradiciones anteriores.

Los géneros que proporcionaron sus fundamentos.

Y los músicos que transformaron aquellas expresiones durante generaciones.

Solamente así podemos comprender la importancia histórica del Cheetah.

Porque aquella noche no inventó la música que terminaría conquistando el mundo.

Le proporcionó una imagen colectiva y contribuyó decisivamente a convertirla en un gran movimiento internacional.

De una discoteca a un estadio

El 26 de agosto de 1971, Fania All Stars se presentó en una sala neoyorquina ante un público extraordinariamente entusiasmado.

La actuación fue grabada.

También filmada.

Y terminó convirtiéndose en uno de los grandes documentos de la historia de la Salsa.

Pero los músicos todavía no habían alcanzado el momento de mayor expansión internacional.

La compañía continuó organizando proyectos.

Los cantantes desarrollaron nuevas grabaciones.

Y las agrupaciones comenzaron a adquirir una popularidad cada vez más importante.

La película Our Latin Thing contribuyó a ampliar el conocimiento del movimiento.

Y los discos del Cheetah proporcionaron una referencia extraordinaria.

Pero faltaba demostrar que aquella música podía alcanzar escenarios mucho mayores.

La oportunidad llegó en 1973.

Nueva York volvería a convertirse en protagonista.

Pero esta vez no se trataba de una discoteca.

Era uno de los grandes recintos deportivos de Estados Unidos.

El Yankee Stadium.

Y Fania estaba preparada para intentar una nueva conquista.

La Salsa había demostrado que podía llenar una sala. Ahora quería llenar un estadio.