En 1964, un músico dominicano que había triunfado con las Charangas y un abogado estadounidense fundaron en Nueva York una compañía discográfica que acabaría transformando la historia de la música caribeña. Johnny Pacheco y Jerry Masucci comenzaron con recursos modestos, vendiendo discos en las tiendas de los barrios latinos. Pero aquel proyecto terminó reuniendo a una generación extraordinaria de intérpretes y abrió el camino a la consolidación internacional de la Salsa. Desde el Son cubano hasta las nuevas sonoridades del Bronx, Fania convirtió una parte de la creatividad musical del Caribe y de Nueva York en un fenómeno de alcance mundial.
Una música extraordinaria, pero todavía dispersa
Cuando llegamos a los últimos años de la década de los sesenta encontramos una situación musical de enorme riqueza.
En Cuba, las innovaciones continuaban desarrollándose mediante agrupaciones que buscaban nuevas posibilidades dentro de la tradición. Pello el Afrokán había popularizado el Mozambique, Enrique Bonne y Pacho Alonso habían contribuido al desarrollo del Pilón y Juan Formell comenzaba una transformación que adquiriría enorme importancia mediante Los Van Van.
Puerto Rico mantenía una extraordinaria actividad. Rafael Cortijo e Ismael Rivera habían transformado la proyección de la Bomba y la Plena, mientras El Gran Combo desarrollaba una personalidad propia. Otros músicos continuaban ampliando las posibilidades del Son y de los repertorios bailables.
Y en Nueva York estaba ocurriendo algo igualmente importante.
Eddie Palmieri había construido con La Perfecta una sonoridad poderosa, donde los Trombones adquirían una función fundamental. Joe Cuba desarrollaba repertorios que relacionaban el Son con las nuevas expresiones estadounidenses. Ray Barretto demostraba la extraordinaria versatilidad de la Percusión y el Bugalú había proporcionado una identidad musical a muchos jóvenes de los barrios latinos.
Pero aquellas experiencias todavía no estaban completamente reunidas bajo una denominación internacional.
Los músicos interpretaban Son, Guaracha, Mambo, Guaguancó, Bomba, Plena, Bugalú y otros géneros. El término Salsa circulaba en el vocabulario musical, pero no había terminado de adquirir la dimensión comercial que conoceríamos posteriormente.
La creatividad era extraordinaria.
Sin embargo, la industria estaba fragmentada.
Diferentes compañías producían grabaciones destinadas a públicos latinos. Seeco había desempeñado una función fundamental en la difusión internacional de la música cubana y latinoamericana. Tico y Alegre participaban activamente en el mercado neoyorquino. Y numerosas agrupaciones dependían de pequeñas estructuras empresariales para grabar y distribuir sus discos.
En aquel ambiente apareció una compañía destinada a cambiar profundamente las reglas del juego.
Fania Records.
Su historia comienza con dos hombres de trayectorias aparentemente muy diferentes.
Johnny Pacheco y Jerry Masucci.
Johnny Pacheco: un dominicano enamorado de la música cubana
Juan Azarías Pacheco Knipping nació el 25 de marzo de 1935 en Santiago de los Caballeros, República Dominicana.
Su infancia estuvo relacionada con un ambiente musical que le permitió desarrollar desde joven una extraordinaria sensibilidad artística. Su padre, músico y director de orquesta, contribuyó decisivamente a su formación.
Pacheco conoció las tradiciones dominicanas, pero también se sintió profundamente atraído por los repertorios cubanos que circulaban por el Caribe.
La Radio desempeñaba una función fundamental dentro de aquella difusión. Las grabaciones permitían que los músicos escucharan agrupaciones de otros territorios sin necesidad de desplazarse.
El joven Pacheco conoció las interpretaciones de los grandes Conjuntos cubanos. La Sonora Matancera, el Conjunto de Arsenio Rodríguez y otras formaciones terminaron influyendo profundamente en su manera de entender la música.
Cuando su familia se estableció en Nueva York, encontró una ciudad donde aquellas tradiciones continuaban desarrollándose.
La presencia puertorriqueña era cada vez más importante. Los músicos cubanos habían contribuido a consolidar un mercado extraordinario y las grandes orquestas interpretaban repertorios capaces de reunir públicos diferentes.
Pacheco comenzó a desarrollar una carrera profesional.
Aunque conocía diferentes instrumentos, la Flauta se convirtió en una de sus grandes señas de identidad.
También adquirió conocimientos de Percusión, composición y dirección.
Su capacidad para relacionar la interpretación musical con la organización de una agrupación resultaría fundamental durante los años posteriores.
Pero su importancia histórica no quedaría limitada a los escenarios.
Terminaría convirtiéndose en uno de los grandes organizadores de la industria musical caribeña.
Charlie Palmieri y la escuela de las Charangas
Una etapa fundamental de la trayectoria de Johnny Pacheco estuvo relacionada con Charlie Palmieri.
El hermano mayor de Eddie Palmieri había desarrollado una extraordinaria carrera como pianista y director.
Ambos músicos participaron en un momento de gran popularidad de las Charangas.
La combinación de Flauta y Violines proporcionaba una sonoridad reconocible. La sección rítmica mantenía una relación profunda con los procedimientos cubanos y los cantantes encontraban oportunidades para desarrollar repertorios de gran eficacia bailable.
Pacheco colaboró con Charlie Palmieri en la Charanga Duboney.
Aquella experiencia resultó especialmente importante.
Conoció las posibilidades de organizar una agrupación profesional y participó en un ambiente donde la Pachanga estaba adquiriendo una popularidad extraordinaria.
Posteriormente decidió desarrollar su propio proyecto.
La Charanga de Pacheco consiguió una notable difusión. Sus grabaciones encontraron compradores y el músico comenzó a adquirir una presencia importante dentro del mercado.
Pero mantener una agrupación de aquellas características no siempre resultaba sencillo.
Los instrumentistas especializados podían ser difíciles de sustituir y los compromisos profesionales exigían una organización cuidadosa.
Pacheco comenzó a considerar nuevas posibilidades.
La transformación que preparaba tenía algo aparentemente paradójico.
Después de alcanzar popularidad mediante las Charangas, decidió recuperar una sonoridad relacionada con los Conjuntos cubanos de décadas anteriores.
Y aquella decisión terminaría siendo fundamental para el nacimiento de Fania.
Del Violín a la Trompeta: el regreso al Conjunto cubano
Pacheco conocía profundamente los repertorios de la Sonora Matancera.
También admiraba los procedimientos desarrollados por Arsenio Rodríguez y Félix Chappottín.
Aquellas agrupaciones utilizaban una instrumentación muy diferente de la Charanga tradicional.
Las Trompetas adquirían una función melódica fundamental. El Piano desarrollaba acompañamientos relacionados con el Son Montuno. El Bajo y la Percusión construían una base de gran intensidad y los cantantes encontraban oportunidades para improvisar.
Pacheco comprendió que aquella organización podía ofrecerle una libertad extraordinaria.
El Conjunto permitía desarrollar repertorios tradicionales, pero también construir interpretaciones nuevas.
Su regreso a aquella sonoridad no representaba necesariamente un rechazo de las innovaciones.
Al contrario.
Consistía en reconocer que las estructuras anteriores conservaban una enorme riqueza musical.
El Son seguía proporcionando oportunidades para desarrollar nuevas grabaciones.
La Guaracha permitía incorporar humor y referencias populares.
Y los Montunos ofrecían a los cantantes espacios extraordinarios para improvisar.
Pacheco comenzó a organizar una formación diferente.
Pacheco y su Nuevo Tumbao.
La agrupación terminaría convirtiéndose en el fundamento musical de los primeros años de Fania.
Jerry Masucci: el abogado que descubrió una oportunidad
Gerald Masucci nació en Brooklyn, Nueva York, en 1934.
Su trayectoria profesional inicial estuvo relacionada con el Derecho.
Estudió para ejercer como abogado y desarrolló actividades alejadas de los escenarios musicales.
Pero la ciudad proporcionaba oportunidades para establecer relaciones entre personas de procedencias muy diferentes.
Masucci terminó conociendo a Johnny Pacheco mediante asuntos profesionales.
Una de las historias más difundidas señala que participó como abogado en un proceso de divorcio del músico.
Aquella relación adquirió posteriormente una dimensión empresarial.
Pacheco conocía las dificultades que experimentaban determinados intérpretes para obtener beneficios de sus grabaciones.
Los músicos podían alcanzar popularidad y, sin embargo, depender completamente de empresas ajenas para producir y distribuir sus discos.
Masucci, por su parte, comprendía las posibilidades comerciales de un mercado que estaba creciendo.
Las comunidades latinas de Nueva York constituían un público importante.
Las grabaciones podían venderse en establecimientos especializados.
Y una empresa bien organizada podía ampliar progresivamente su distribución.
Pero ninguno de los dos disponía de una gran compañía.
El proyecto inicial fue modesto.
Y sus primeros pasos dependieron de una combinación de conocimientos musicales, iniciativa empresarial y trabajo directo.
1964: nace Fania Records
En 1964, Johnny Pacheco y Jerry Masucci fundaron Fania Records en Nueva York.
La fecha constituye una referencia fundamental dentro de la historia de la Salsa.
A veces aparecen menciones a contactos o preparativos de 1963, pero la fundación reconocida del sello y sus primeras referencias discográficas corresponden a 1964.
La empresa comenzó con recursos limitados.
Pacheco aportaba su experiencia como director, arreglista e intérprete.
Masucci participaba en las cuestiones empresariales y jurídicas.
Ambos asumieron responsabilidades relacionadas con la organización del proyecto.
Pero la compañía todavía no poseía la estructura internacional que adquiriría posteriormente.
No había una extensa plantilla.
Tampoco un gran catálogo de artistas.
Y las posibilidades de distribución eran reducidas.
El objetivo inicial consistía en producir grabaciones capaces de alcanzar al público latino de Nueva York.
Para conseguirlo necesitaban repertorios apropiados.
También músicos capaces de interpretarlos.
Y una organización comercial que permitiera llevar los discos a los establecimientos.
Aquella aventura terminaría convirtiéndose en una de las grandes historias empresariales de la música popular del siglo XX.
Pero su comienzo fue mucho más sencillo.
Una pequeña compañía.
Un músico con experiencia.
Un abogado dispuesto a desarrollar el negocio.
Y una ciudad donde la música caribeña estaba experimentando una transformación extraordinaria.
¿De dónde salió el nombre Fania?
La denominación Fania posee una historia especialmente interesante.
Una de las explicaciones más conocidas la relaciona con una composición del músico cubano Reinaldo Bolaño.
Johnny Pacheco conocía aquel repertorio y la palabra terminó convirtiéndose en el nombre de su nueva compañía.
Pero también existen relatos que relacionan la denominación con determinados ambientes musicales habaneros.
Por tanto, conviene distinguir entre el origen tradicionalmente aceptado por la discográfica y las diferentes explicaciones que circulan sobre su elección.
Lo que resulta indiscutible es el simbolismo que terminó adquiriendo el nombre.
Un músico dominicano y un abogado neoyorquino utilizaban una denominación relacionada con la música cubana para identificar una empresa destinada a grabar artistas de diferentes procedencias.
La propia historia del Caribe parecía encontrarse dentro de aquella iniciativa.
Pacheco había crecido escuchando repertorios cubanos.
Sus primeros proyectos musicales estuvieron relacionados con ellos.
Y el Son proporcionó una parte fundamental de la identidad inicial de Fania.
La palabra terminaría convirtiéndose en una marca reconocida internacionalmente.
Pero en 1964 todavía estaba lejos de alcanzar aquella dimensión.
«Cañonazo»: un disco para empezar la historia
La primera gran referencia de la nueva compañía fue Cañonazo, grabado por Johnny Pacheco y su Nuevo Tumbao.
El álbum apareció en 1964 y adquirió una importancia extraordinaria.
Su sonoridad mantenía una relación profunda con los grandes Conjuntos cubanos.
Las Trompetas proporcionaban una personalidad reconocible y la sección rítmica desarrollaba procedimientos relacionados con el Son.
Pero el disco también demostraba que aquellos repertorios seguían teniendo un público importante.
La aparición del Bugalú y otras modas no había eliminado el interés por las formas tradicionales.
Las comunidades latinas continuaban escuchando las grabaciones cubanas y puertorriqueñas.
Y muchos bailadores encontraban en el Son una expresión plenamente vigente.
Pacheco comprendió aquella realidad.
Su proyecto no consistía en inventar un género completamente nuevo.
Deseaba grabar una música que conocía profundamente y ofrecerla mediante su propia empresa.
El éxito del álbum proporcionó recursos para continuar.
También permitió demostrar que el sello podía construir un catálogo.
Pero la historia de Cañonazo no estaría completa sin mencionar al cantante que participó en aquella etapa.
Pete «El Conde» Rodríguez.
Pete «El Conde» Rodríguez: la voz de los primeros años de Fania
Pedro Juan Rodríguez Ferrer nació en Ponce, Puerto Rico, en 1933.
Su carrera musical estuvo estrechamente relacionada con los repertorios caribeños.
Poseía una voz grave y poderosa.
También una gran capacidad para improvisar.
Y encontraba en el Son Montuno una estructura especialmente apropiada para desarrollar sus cualidades.
Su colaboración con Johnny Pacheco terminaría convirtiéndose en una de las grandes asociaciones musicales de la Salsa.
Pero El Conde no era simplemente un cantante incorporado a una orquesta.
Poseía una personalidad artística extraordinaria.
Sus interpretaciones mantenían una relación profunda con los grandes Soneros cubanos.
Conocía los procedimientos del Montuno y sabía desarrollar intervenciones que dialogaban con los coros.
Su voz proporcionaba una intensidad particular.
Y permitía construir interpretaciones de enorme eficacia.
La combinación entre Pacheco y El Conde resultó decisiva.
El director aportaba los arreglos y la organización instrumental.
El cantante proporcionaba una voz capaz de transformar aquellas estructuras en canciones de gran personalidad.
Posteriormente, el público conocería aquella colaboración bajo una denominación especialmente expresiva.
Los Compadres.
Pero aquella historia comenzó mucho antes de que la Salsa se convirtiera en un fenómeno internacional.
El Son cubano seguía proporcionando los fundamentos
La elección musical de Pacheco posee una importancia extraordinaria para comprender la evolución posterior de la Salsa.
Cuando estudiamos el Son de las primeras décadas del siglo XX encontramos procedimientos que continúan apareciendo dentro de las grabaciones de Fania.
Los acompañamientos del Piano.
La función del Bajo.
La relación entre la Percusión y la Clave.
Y el diálogo entre cantante y coro.
Aquellas estructuras habían evolucionado mediante generaciones de intérpretes.
Arsenio Rodríguez proporcionó nuevas posibilidades instrumentales.
La Sonora Matancera desarrolló una personalidad que terminó alcanzando mercados internacionales.
Y diferentes Conjuntos incorporaron recursos procedentes de otros géneros.
Fania recogió una parte fundamental de aquel legado.
Pero los músicos de Nueva York comenzaron a desarrollarlo dentro de circunstancias diferentes.
Las secciones de viento podían incorporar procedimientos relacionados con el Jazz.
Los cantantes utilizaban recursos propios de su generación.
Y los arreglos encontraban oportunidades para construir una sonoridad más contundente.
La tradición continuaba viva.
Pero estaba adquiriendo nuevos acentos.
Por eso resulta tan importante recordar que Fania no inventó el Son.
Su gran aportación consistió en contribuir a transformarlo, difundirlo y relacionarlo con un movimiento internacional mucho más amplio.
Los discos salían del maletero de un automóvil
Entre las historias más conocidas de los primeros años de Fania aparece una escena que merece recordarse.
Johnny Pacheco recorriendo tiendas de Nueva York con los discos de su compañía.
Las grabaciones se transportaban en su automóvil.
Y el músico participaba directamente en su distribución.
Aquella imagen terminó adquiriendo un valor simbólico extraordinario.
El hombre que posteriormente dirigiría algunas de las grandes reuniones musicales de la Salsa estaba vendiendo personalmente sus primeros discos.
Pero no debemos interpretar aquella actividad solamente como una anécdota simpática.
La distribución constituía uno de los grandes problemas de las pequeñas empresas discográficas.
Grabar un álbum exigía recursos.
Fabricar las copias también.
Pero el verdadero éxito dependía de conseguir que llegaran a los compradores.
Las tiendas especializadas desempeñaban una función fundamental.
También los locutores de Radio.
Y los empresarios que contrataban agrupaciones.
Pacheco conocía aquel ambiente.
Podía establecer relaciones con comerciantes y músicos.
Y comprendía las preferencias de numerosos bailadores.
Masucci, mientras tanto, trabajaba en la organización empresarial.
El éxito inicial permitió comenzar a superar aquellas limitaciones.
Pero la compañía todavía necesitaba algo fundamental.
Más artistas.
Fania descubre que no podía depender de una sola orquesta
La actividad de Johnny Pacheco proporcionaba una base importante para el sello.
Pero una compañía discográfica que deseaba crecer necesitaba construir un catálogo más amplio.
Los públicos no tenían gustos idénticos.
Algunos preferían los repertorios tradicionales.
Otros estaban interesados en las nuevas sonoridades.
Y los jóvenes comenzaban a escuchar Bugalú, Soul y Latin Soul.
Fania encontró una oportunidad extraordinaria.
En Nueva York existían músicos de gran talento que no siempre disponían de condiciones favorables para grabar.
Algunos habían desarrollado sus propias agrupaciones.
Otros participaban en orquestas profesionales.
Y determinados intérpretes estaban comenzando sus carreras.
La nueva empresa podía ofrecerles oportunidades.
Pero también necesitaba que aquellos artistas contribuyeran a ampliar sus mercados.
La relación entre ambos intereses fue fundamental.
Pacheco poseía conocimientos que le permitían reconocer determinadas cualidades musicales.
Masucci comprendía la importancia de construir una organización comercial.
Y el sello comenzó a incorporar nombres que terminarían convirtiéndose en grandes figuras de la Salsa.
Entre ellos encontramos a Bobby Valentín, Larry Harlow y Joe Bataan.
Posteriormente llegarían otras figuras decisivas.
Bobby Valentín: el arreglista que conocía todos los instrumentos
Roberto Valentín nació en Orocovis, Puerto Rico, en 1941.
Su trayectoria constituye uno de los grandes ejemplos de versatilidad dentro de la música caribeña.
Desarrolló conocimientos como Trompetista.
También como Bajista.
Y terminó adquiriendo una importancia extraordinaria como compositor, arreglista y director.
Aquella formación resultaría fundamental.
Una agrupación puede contar con excelentes instrumentistas, pero necesita una organización musical capaz de proporcionar personalidad a sus interpretaciones.
Los arreglistas distribuyen las intervenciones.
Deciden cómo utilizar las secciones de viento.
Y construyen los procedimientos que permiten relacionar voces e instrumentos.
Valentín poseía capacidades extraordinarias para desarrollar aquellas tareas.
Su incorporación al catálogo de Fania durante los primeros años de expansión permitió ampliar las posibilidades de la compañía.
Pero su importancia no quedó limitada a sus propias grabaciones.
También desarrolló colaboraciones con otros músicos.
Y terminó convirtiéndose en una figura fundamental de la música puertorriqueña.
Su carrera demuestra que el éxito de la Salsa no dependió exclusivamente de sus cantantes.
Los arreglistas desempeñaron una función decisiva.
Y Bobby Valentín fue uno de sus grandes protagonistas.
Larry Harlow: un judío neoyorquino enamorado del Son
Lawrence Ira Kahn nació en Brooklyn en 1939.
Su nombre artístico terminaría convirtiéndose en una de las grandes referencias de la Salsa.
Larry Harlow.
Su formación musical estuvo relacionada con el Piano y con diferentes tradiciones estadounidenses.
Conocía el Jazz.
Pero desarrolló una admiración extraordinaria por la música cubana.
Durante su juventud viajó a Cuba, donde profundizó en el conocimiento de los repertorios que posteriormente marcarían su trayectoria.
Aquella experiencia resultó fundamental.
Harlow encontró en el Son una organización musical de enorme riqueza.
También se interesó por los procedimientos desarrollados por Arsenio Rodríguez y otros grandes músicos cubanos.
Posteriormente organizó su propia orquesta en Nueva York.
Su incorporación a Fania, durante los primeros años de desarrollo del sello, proporcionó una personalidad musical diferente de la de Pacheco.
Harlow utilizaba recursos relacionados con el Son.
Pero también incorporaba arreglos de notable complejidad.
El Piano adquiría un protagonismo extraordinario.
Y la sección de viento encontraba oportunidades para desarrollar sonoridades diferentes.
El público terminaría conociéndolo mediante un sobrenombre especialmente popular.
El Judío Maravilloso.
Pero su importancia no reside en aquella denominación.
Su trayectoria representa una de las grandes demostraciones de que las músicas caribeñas podían ser estudiadas, interpretadas y desarrolladas por músicos de orígenes culturales muy distintos.
La Orquesta Harlow: tradición e innovación
La Orquesta Harlow permitió desarrollar grabaciones de gran personalidad.
El Son cubano proporcionaba una referencia fundamental.
Pero los arreglos también incorporaban recursos relacionados con el Jazz.
El Piano desarrollaba intervenciones de notable intensidad.
La Percusión mantenía una función esencial.
Y los cantantes encontraban oportunidades para improvisar.
Aquella combinación resultó muy importante dentro de la primera etapa de Fania.
La compañía comenzaba a construir un catálogo donde los artistas no tenían por qué interpretar exactamente de la misma manera.
Pacheco mantenía una relación especialmente estrecha con la sonoridad de determinados Conjuntos cubanos.
Harlow desarrollaba procedimientos instrumentales más complejos.
Y otros músicos estaban explorando nuevas posibilidades dentro del ambiente urbano.
Aquella diversidad contribuyó a ampliar el público.
Pero también permitió que Fania comenzara a construir una identidad musical reconocible.
Sus artistas podían proceder de experiencias diferentes.
Sin embargo, compartían una relación profunda con la tradición caribeña y con el ambiente musical de Nueva York.
Harlow terminaría convirtiéndose, además, en uno de los grandes productores del sello.
Y su actividad posterior resultaría fundamental para la consolidación de la Salsa.
Ismael Miranda: una voz joven para una música nueva
Entre los grandes cantantes relacionados con Larry Harlow encontramos a Ismael Miranda.
Nacido en Aguada, Puerto Rico, en 1950, creció musicalmente dentro del ambiente neoyorquino.
Desde joven demostró una extraordinaria facilidad para cantar.
Su carrera comenzó a desarrollarse durante la adolescencia.
Y terminó encontrando en la Orquesta Harlow una oportunidad fundamental.
Miranda poseía una voz de notable personalidad.
También una capacidad especial para interpretar repertorios de Son.
Sus intervenciones permitían desarrollar el Montuno y mantener una relación directa con los coros.
Pero su juventud resultaba igualmente importante para comprender el ambiente de aquellos años.
La música latina estaba incorporando nuevas generaciones.
Los cantantes encontraban oportunidades para construir una imagen propia.
Y las compañías comenzaron a reconocer la importancia de aquellos públicos.
Miranda terminó adquiriendo una extraordinaria popularidad.
El Niño Bonito de la Salsa.
Su colaboración con Harlow se consolidó mediante grabaciones que adquirirían importancia durante los últimos años sesenta y comienzos de los setenta.
Pero su historia pertenece también a la siguiente etapa de nuestro recorrido.
Por ahora debemos reconocer que Fania estaba reuniendo músicos de generaciones diferentes.
Y aquella combinación terminaría siendo decisiva.
Joe Bataan: Fania también escuchaba el Soul
La expansión de Fania no se limitó a los repertorios tradicionales.
El sello comprendió que las nuevas generaciones latinas estaban desarrollando expresiones musicales diferentes.
El Bugalú había adquirido una extraordinaria popularidad.
El Soul y el Rhythm and Blues formaban parte de la vida cotidiana de numerosos jóvenes.
Y los músicos comenzaban a construir repertorios donde el Inglés y el Español convivían dentro de una misma canción.
Joe Bataan fue uno de los grandes representantes de aquella transformación.
Había crecido en East Harlem y conocía profundamente la vida de los barrios.
Su trayectoria estaba relacionada con experiencias culturales diferentes.
Y encontró oportunidades para construir una música que combinaba recursos caribeños y afroamericanos.
Su incorporación a Fania amplió las posibilidades comerciales del sello.
Las grabaciones de Bataan podían alcanzar públicos que no escuchaban necesariamente los repertorios más tradicionales.
Pero también mantenían una relación directa con las comunidades latinas.
Aquella diversidad terminó convirtiéndose en una de las fortalezas de la empresa.
Fania podía grabar Son Montuno.
También Guaracha.
Y participar en el desarrollo del Latin Soul.
La compañía estaba construyendo una organización musical capaz de adaptarse a diferentes públicos.
Ray Barretto: del Watusi a otra manera de interpretar el Son
Ray Barretto había alcanzado una importante popularidad antes de incorporarse a Fania.
Su relación con el Jazz le había proporcionado una experiencia extraordinaria como percusionista.
También había participado en diferentes agrupaciones latinas.
Y su grabación El Watusi, publicada en 1962, había conseguido una gran difusión.
Pero Barretto no deseaba permanecer identificado exclusivamente con aquella composición.
Su interés musical era mucho más amplio.
Conocía los procedimientos del Son.
También las posibilidades de la improvisación jazzística.
Y desarrollaba una inquietud constante por construir nuevas sonoridades.
Durante la segunda mitad de los años sesenta reorganizó su actividad musical.
Comenzó a dar mayor protagonismo a los arreglos relacionados con los Conjuntos.
Y encontró oportunidades para desarrollar una sección de viento más contundente.
Su incorporación a Fania en 1967 resultó fundamental.
El sello estaba reuniendo músicos que compartían una relación profunda con las tradiciones caribeñas, pero desarrollaban personalidades diferentes.
Barretto aportaba una extraordinaria experiencia rítmica.
Y su trayectoria terminaría convirtiéndose en una de las más importantes del movimiento salsero.
Pero también debemos destacar la presencia del cantante que acompañó una parte decisiva de aquella evolución.
Adalberto Santiago.
Adalberto Santiago: la voz de una nueva etapa
Adalberto Santiago nació en Ciales, Puerto Rico, en 1937.
Su trayectoria profesional lo llevó a desarrollar una relación fundamental con la música latina de Nueva York.
Poseía una voz apropiada para interpretar el Son.
También una gran capacidad para desarrollar improvisaciones.
Y encontró en las agrupaciones de Ray Barretto una oportunidad extraordinaria.
La combinación entre el percusionista y el cantante permitió construir grabaciones de enorme personalidad.
La sección rítmica mantenía un protagonismo fundamental.
Los arreglos desarrollaban una sonoridad cada vez más reconocible.
Y la voz proporcionaba una relación directa con el Montuno.
Adalberto adquiriría posteriormente una importancia extraordinaria dentro de Fania All Stars.
Pero aquella trayectoria comenzó mediante experiencias anteriores.
Su participación junto a Barretto demuestra que la consolidación de la Salsa no dependió de decisiones empresariales aisladas.
También necesitaba colaboraciones musicales capaces de construir repertorios duraderos.
Y los encuentros entre directores, arreglistas y cantantes fueron fundamentales.
1967: un trombonista adolescente llamado Willie Colón
Entre los acontecimientos más importantes de la primera etapa de Fania encontramos la aparición de Willie Colón.
William Anthony Colón Román nació en el Bronx el 28 de abril de 1950, dentro de una familia de origen puertorriqueño.
Su infancia y juventud estuvieron profundamente relacionadas con la vida de Nueva York.
Conocía la música caribeña.
Pero también las experiencias culturales de los barrios donde había crecido.
Desde joven desarrolló interés por diferentes instrumentos.
Finalmente, el Trombón terminó convirtiéndose en una de sus grandes referencias.
La popularidad de Eddie Palmieri había demostrado las posibilidades del instrumento dentro de los Conjuntos latinos.
Pero Willie Colón comenzó a desarrollar una personalidad muy diferente.
Su música adquiría una sonoridad áspera y contundente.
Los arreglos podían parecer menos pulidos que los de determinadas orquestas anteriores.
Y las imágenes de sus grabaciones terminaron incorporando referencias directamente relacionadas con la vida urbana.
Fania reconoció el potencial del joven músico.
Colón comenzó su relación con el sello cuando todavía era adolescente.
Pero el gran acontecimiento llegaría en 1967.
La publicación de El malo.
«El malo»: una nueva estética aparece en las portadas
El primer álbum de Willie Colón, El malo, apareció en 1967.
Su importancia histórica es extraordinaria.
No solamente por sus características musicales.
También por la imagen que comenzó a construir alrededor del artista.
Los títulos y las portadas de las grabaciones de Colón incorporaron progresivamente referencias relacionadas con personajes populares, ambientes marginales y códigos visuales propios de la cultura urbana.
Aquella estrategia resultó especialmente eficaz.
Los músicos ya no aparecían necesariamente como integrantes de una elegante orquesta destinada a grandes salones.
Podían presentarse mediante una estética vinculada a las calles.
La denominación El malo anticipaba aquella personalidad.
Pero debemos reconocer también la importancia de los arreglos.
Colón estaba desarrollando una sonoridad donde los Trombones adquirían gran protagonismo.
La Percusión proporcionaba una base de enorme intensidad.
Y las voces podían utilizar recursos menos convencionales.
Pero aquella primera grabación contiene otro acontecimiento decisivo.
La colaboración con un joven cantante puertorriqueño.
Héctor Lavoe.
Héctor Lavoe: de Ponce al Bronx
Héctor Juan Pérez Martínez nació en Ponce, Puerto Rico, el 30 de septiembre de 1946.
Creció dentro de una familia profundamente relacionada con la música.
Su padre, músico profesional, contribuyó a proporcionarle una formación inicial.
Desde joven demostró una extraordinaria sensibilidad vocal.
Conocía los repertorios populares puertorriqueños.
También las grabaciones cubanas.
Y desarrolló una admiración especial por los grandes Soneros.
Pero su trayectoria terminó llevándolo a Nueva York.
Allí encontró una ciudad donde las agrupaciones latinas estaban experimentando transformaciones profundas.
El Son continuaba proporcionando una referencia fundamental.
Pero la música de los barrios estaba adquiriendo otra personalidad.
Héctor comenzó a desarrollar experiencias profesionales.
Y terminó encontrándose con Willie Colón.
Aquella colaboración cambiaría la historia de la Salsa.
Pero todavía no existía el cantante que el público conocería posteriormente como una de sus grandes figuras internacionales.
Había un joven puertorriqueño con extraordinaria facilidad para cantar.
Y un trombonista neoyorquino que buscaba una voz apropiada para su nueva agrupación.
El encuentro terminó proporcionando una combinación extraordinaria.
Willie Colón y Héctor Lavoe: dos personalidades complementarias
La relación artística entre Willie Colón y Héctor Lavoe constituye una de las grandes asociaciones musicales de la Salsa.
Colón desarrollaba una concepción instrumental muy particular.
Los Trombones proporcionaban una sonoridad contundente.
Los arreglos incorporaban recursos que permitían reconocer inmediatamente su personalidad.
Y las grabaciones comenzaban a relacionarse con las experiencias de los barrios.
Lavoe aportaba una voz extraordinaria.
Su timbre poseía una personalidad reconocible.
También una capacidad especial para improvisar.
Y una manera de interpretar que mantenía relaciones con los grandes Soneros anteriores.
Pero el cantante incorporaba además una naturalidad muy particular.
Sus frases podían adquirir una dimensión humorística.
También transmitir emociones intensas.
Y desarrollar intervenciones que parecían surgir directamente de una conversación.
Aquella combinación resultó fundamental.
Colón proporcionaba una organización musical contundente.
Lavoe construía una relación extraordinaria con el público.
Y Fania encontró en aquella asociación una de las grandes posibilidades de expansión.
Pero la importancia histórica de ambos músicos no puede limitarse a su posterior popularidad.
Representaban una nueva generación.
Una generación que había heredado las tradiciones caribeñas, pero que estaba comenzando a transformarlas desde las experiencias de Nueva York.
El Sonero del barrio no era el mismo cantante de los cabarets
Durante los años cuarenta y cincuenta, los grandes cantantes habían desarrollado estilos de extraordinaria sofisticación.
Benny Moré poseía una capacidad incomparable para interpretar Son y Bolero.
Miguelito Cuní había alcanzado un dominio extraordinario del Montuno.
Y numerosos intérpretes de Puerto Rico y Cuba construyeron personalidades de enorme importancia.
Héctor Lavoe conocía aquellos antecedentes.
Pero su experiencia cultural era diferente.
Había llegado a Nueva York dentro de una generación que mantenía relaciones profundas con la vida de los barrios latinos.
Su manera de interpretar reflejaba aquella circunstancia.
La voz podía desarrollar un sentimiento especialmente directo.
Las letras incorporaban situaciones cotidianas.
Y determinados arreglos proporcionaban una sonoridad que no pretendía reproducir exactamente los grandes cabarets anteriores.
Pero sería incorrecto afirmar que los cantantes nuevos rompieron completamente con sus predecesores.
Los procedimientos del Son continuaban presentes.
La improvisación mantenía una relación profunda con las tradiciones cubanas.
Y la influencia de Ismael Rivera y otros grandes intérpretes seguía siendo fundamental.
La transformación consistía en adaptar aquellas herencias a nuevas circunstancias.
Lavoe sería uno de los grandes representantes de ese proceso.
La Salsa también se construyó mediante las portadas de los discos
Cuando estudiamos la historia de la música caribeña solemos concentrarnos en los instrumentos, los cantantes y las composiciones.
Pero durante los años sesenta comenzó a adquirir una importancia extraordinaria otro elemento.
La presentación comercial de las grabaciones.
Las portadas permitían construir imágenes reconocibles.
Los títulos adquirían una personalidad propia.
Y determinadas compañías comenzaron a relacionar sus productos con las experiencias de públicos específicos.
Fania comprendió aquellas posibilidades.
Las grabaciones de Willie Colón proporcionan un ejemplo especialmente importante.
Su imagen terminó incorporando referencias a personajes de películas, códigos del cine policial y ambientes urbanos.
Aquella estética contribuyó a construir una relación con determinados públicos.
La música no se vendía exclusivamente mediante su repertorio.
También mediante una identidad visual.
Pero debemos recordar que aquella transformación no comenzó con Fania.
Diferentes compañías habían desarrollado estrategias comerciales anteriormente.
Lo novedoso fue la manera en que el sello relacionó aquellas posibilidades con un movimiento musical que estaba adquiriendo una identidad propia.
La Salsa no solamente se escucharía.
También tendría una imagen reconocible.
Una compañía que necesitaba productores
La incorporación de numerosos artistas obligó a Fania a desarrollar una organización cada vez más compleja.
Grabar una orquesta exigía decisiones profesionales.
Era necesario elegir repertorios.
También seleccionar arreglos.
Y conseguir que las sesiones produjeran grabaciones de calidad.
Pacheco poseía conocimientos extraordinarios para desarrollar aquellas tareas.
Pero el crecimiento de la compañía hizo necesario ampliar las responsabilidades.
Larry Harlow comenzó a desempeñar también funciones de producción.
Otros músicos participaron como arreglistas y directores.
Y el sello fue construyendo una red profesional cada vez más amplia.
Aquella organización resultó fundamental para su expansión.
Pero también provocó una transformación importante.
La compañía comenzaba a adquirir una personalidad propia.
Sus artistas mantenían estilos diferentes.
Sin embargo, determinadas decisiones comerciales y musicales contribuían a construir una identidad reconocible.
La relación entre músicos, arreglistas y productores se convirtió en uno de los grandes motores de Fania.
Y aquella estructura sería decisiva durante los años setenta.
Jerry Masucci y el crecimiento empresarial
La evolución de Fania también estuvo marcada por decisiones empresariales importantes.
En 1967, Jerry Masucci adquirió la participación de Johnny Pacheco en la propiedad de la compañía.
La circunstancia merece una precisión.
No significó que Pacheco desapareciera del proyecto.
Continuó desempeñando un papel musical fundamental.
Su trayectoria como intérprete, director y productor siguió estrechamente relacionada con el sello.
Pero la organización de la propiedad empresarial experimentó una transformación.
Masucci adquirió una posición cada vez más importante en las decisiones comerciales.
Y comenzó a desarrollar una estrategia destinada a ampliar la influencia de Fania.
La compañía incorporaba artistas.
También nuevas grabaciones.
Y construía una organización que posteriormente permitiría desarrollar proyectos de mayor dimensión.
Aquella evolución demuestra que la historia de la Salsa también posee una dimensión empresarial.
Los músicos creaban repertorios.
Pero las compañías organizaban la producción y distribución.
Y las decisiones económicas podían influir profundamente sobre las oportunidades profesionales de los intérpretes.
No todos los músicos pertenecían a Fania
A medida que Fania adquiría protagonismo, comenzó a construirse una interpretación histórica que merece una matización.
En ocasiones se presenta a la compañía como si hubiera reunido a todos los grandes músicos de la Salsa.
Pero aquella explicación no corresponde completamente a la realidad.
Numerosas agrupaciones desarrollaron trayectorias extraordinarias fuera del sello.
En Puerto Rico, El Gran Combo mantuvo una personalidad propia.
Otras compañías continuaron grabando repertorios importantes.
Y diferentes músicos construyeron carreras independientes.
También los artistas relacionados con Fania podían participar en proyectos y grabaciones desarrollados en circunstancias diferentes.
La Salsa terminó adquiriendo una dimensión internacional que no dependía exclusivamente de una sola empresa.
Pero Fania consiguió una capacidad de promoción extraordinaria.
Sus producciones llegaron a numerosos mercados.
Y posteriormente construyó espectáculos que terminaron convirtiéndose en grandes acontecimientos musicales.
Por tanto, debemos distinguir dos cuestiones.
La historia de la Salsa.
Y la historia de Fania.
Ambas estuvieron profundamente relacionadas.
Pero no son exactamente la misma historia.
El nacimiento de una marca musical
Durante la segunda mitad de los años sesenta, Fania comenzó a desarrollar una identidad reconocible.
Sus artistas procedían de ambientes diferentes.
Algunos mantenían una relación estrecha con las tradiciones cubanas.
Otros incorporaban recursos del Jazz.
Y determinados músicos estaban desarrollando repertorios relacionados con el Soul y el Bugalú.
Pero la compañía comenzó a reunir aquellas experiencias mediante una organización común.
Las grabaciones aparecían bajo una marca reconocible.
Los públicos podían identificar sus producciones.
Y los músicos encontraban oportunidades para participar en proyectos de mayor dimensión.
Aquella evolución proporcionó una base fundamental para la consolidación de la Salsa.
Pero todavía faltaba un acontecimiento decisivo.
La aparición de una gran agrupación formada mediante la reunión de intérpretes procedentes de diferentes orquestas.
Las grandes estrellas del sello sobre un mismo escenario.
Una idea que recordaba determinadas experiencias anteriores del Jazz y de las Descargas.
Pero que terminaría adquiriendo una dimensión comercial extraordinaria.
Fania All Stars.
Las Descargas habían preparado el camino
La idea de reunir grandes músicos para interpretar juntos no era nueva.
Durante décadas, el Jazz había desarrollado encuentros donde los instrumentistas encontraban oportunidades para improvisar.
También en Cuba las Descargas proporcionaron experiencias extraordinarias.
Ya hemos estudiado la importancia de Cachao, Bebo Valdés, Niño Rivera y otros grandes músicos.
Aquellas reuniones permitían desarrollar interpretaciones donde la creatividad individual adquiría especial protagonismo.
Posteriormente, Nueva York también experimentó con proyectos semejantes.
Las Alegre All Stars proporcionaron una referencia fundamental.
Al Santiago había organizado sesiones donde participaron músicos relacionados con diferentes agrupaciones.
Las grabaciones permitían desarrollar interpretaciones de notable espontaneidad.
Y los públicos encontraron oportunidades para escuchar a varios artistas dentro de un mismo proyecto.
Fania conocía aquellas experiencias.
Y comenzó a considerar una iniciativa semejante.
Pero con una diferencia importante.
El proyecto podía convertirse en un instrumento de promoción comercial de toda la compañía.
Las estrellas del sello actuarían juntas.
Y aquella reunión permitiría construir una identidad colectiva.
Fania All Stars: la gran orquesta empieza a tomar forma
La idea de reunir a los músicos de Fania comenzó a desarrollarse durante los años sesenta.
Johnny Pacheco poseía los conocimientos necesarios para organizar las intervenciones.
Jerry Masucci comprendía las posibilidades empresariales de aquel proyecto.
Y los artistas del sello podían aportar repertorios e improvisaciones diferentes.
La agrupación terminaría siendo conocida como Fania All Stars.
Su denominación recordaba las grandes reuniones de músicos del Jazz.
También los proyectos anteriores de Descargas.
Pero ahora existía una compañía que podía utilizar aquella fórmula para promocionar su catálogo.
La idea permitía reunir cantantes extraordinarios.
También instrumentistas de gran personalidad.
Y construir un espectáculo donde cada protagonista encontraba oportunidades para mostrar sus cualidades.
Pero la organización resultaba compleja.
Los músicos pertenecían a diferentes orquestas.
Sus compromisos profesionales no siempre coincidían.
Y era necesario desarrollar arreglos apropiados para una formación de gran tamaño.
Pacheco terminó desempeñando una función fundamental como director.
Aquella experiencia se convertiría en uno de los grandes acontecimientos de la historia de la Salsa.
Pero su primera etapa fue mucho más modesta que los espectáculos multitudinarios que llegarían después.
1968: el Red Garter abre una nueva historia
En 1968, Fania All Stars se presentó en el Red Garter, un establecimiento situado en Greenwich Village, Nueva York.
La actuación permitió reunir a músicos relacionados con el sello y a invitados procedentes de otras compañías.
Entre ellos participaron figuras como Tito Puente, Eddie Palmieri y Richie Ray.
Aquella circunstancia demuestra que, en sus comienzos, Fania All Stars no estuvo integrada exclusivamente por artistas del catálogo de Fania.
El proyecto tenía también una dimensión de encuentro musical.
Los intérpretes desarrollaron repertorios apropiados para la improvisación.
Y la actuación fue grabada.
Posteriormente aparecieron los álbumes Live at the Red Garter.
Aquellas producciones representan el primer gran documento discográfico de Fania All Stars.
Pero todavía no habían alcanzado la repercusión internacional que conocerían los espectáculos posteriores.
El proyecto permitió comprobar las posibilidades de reunir a músicos extraordinarios.
También desarrollar una identidad colectiva.
Y comenzar a construir una organización capaz de participar en eventos de mayor dimensión.
El gran acontecimiento todavía estaba por llegar.
Pero Fania había encontrado una fórmula extraordinaria.
La compañía que convirtió el catálogo en espectáculo
La aparición de Fania All Stars representa una de las grandes transformaciones empresariales de la música caribeña.
Hasta entonces, numerosas compañías habían construido su actividad mediante grabaciones individuales.
Los músicos organizaban sus agrupaciones.
Y los sellos producían sus discos.
Pero Fania comenzó a desarrollar una posibilidad diferente.
Reunir a varias estrellas dentro de un mismo espectáculo.
La fórmula permitía promocionar simultáneamente diferentes artistas.
También construir una imagen colectiva.
Y proporcionar al público una experiencia extraordinaria.
Los asistentes podían escuchar a grandes cantantes.
También a instrumentistas de enorme prestigio.
Y disfrutar de intervenciones improvisadas que recordaban las tradiciones de las Descargas.
Pero ahora aquella experiencia formaba parte de una estrategia empresarial mucho más amplia.
La grabación del espectáculo permitía vender discos.
Las imágenes podían utilizarse para desarrollar actividades promocionales.
Y las actuaciones posteriores proporcionarían oportunidades para ampliar los mercados internacionales.
La historia de Fania estaba entrando en una nueva etapa.
Fania y el nombre Salsa: una relación decisiva, pero no exclusiva
Llegamos ahora a una cuestión fundamental.
¿Inventó Fania la Salsa?
La respuesta necesita una explicación cuidadosa.
No sería correcto afirmar que la compañía creó desde cero los géneros que terminaron formando parte del movimiento salsero.
El Son había evolucionado durante décadas en Cuba.
La Guaracha poseía una historia propia.
La Bomba y la Plena se habían desarrollado en Puerto Rico.
Y el Mambo, el Cha Cha Chá, las Charangas y las Descargas habían proporcionado transformaciones fundamentales.
Tampoco sería correcto afirmar que la palabra Salsa apareció por primera vez gracias a Fania.
El término ya circulaba en diferentes contextos musicales.
Y existen antecedentes anteriores a la fundación de la compañía.
Pero Fania desempeñó una función decisiva en su consolidación como denominación comercial internacional.
La empresa reunió a numerosos músicos.
Produjo grabaciones que adquirieron gran popularidad.
Y construyó una estrategia de difusión capaz de presentar aquellos repertorios mediante una identidad colectiva.
Aquella transformación resultó fundamental.
La Salsa comenzó a convertirse en una expresión reconocible para públicos que anteriormente habían conocido los géneros mediante denominaciones diferentes.
Pero el fenómeno no dependió exclusivamente de una sola empresa.
También participaron emisoras, locutores, empresarios, bailarines y músicos de numerosos países.
Fania fue una de las grandes protagonistas.
No la única responsable de toda la historia.
El barrio se convirtió en una marca internacional
La aparición de Fania refleja también una transformación cultural extraordinaria.
Durante décadas, la música caribeña había alcanzado los escenarios internacionales mediante experiencias muy diferentes.
Las grandes orquestas cubanas habían actuado en cabarets y salones de prestigio.
Los músicos de Puerto Rico habían desarrollado repertorios tradicionales y comerciales.
Y las grabaciones habían circulado por numerosos países.
Pero las nuevas generaciones de Nueva York comenzaron a construir una imagen especialmente relacionada con sus barrios.
Las portadas adquirían referencias urbanas.
Las letras incorporaban personajes populares.
Y determinados cantantes desarrollaban maneras de interpretar que transmitían las experiencias de aquellas comunidades.
Fania encontró una oportunidad extraordinaria para organizar comercialmente aquella identidad.
Las grabaciones podían venderse como expresiones de una cultura urbana reconocible.
Pero también mantener una relación con las tradiciones caribeñas.
Aquella combinación terminó convirtiéndose en uno de los grandes motores de la Salsa.
La música seguía utilizando procedimientos desarrollados anteriormente.
Pero su presentación internacional estaba cambiando profundamente.
La importancia de los arreglistas, los estudios y los productores
La historia de Fania permite comprender otra cuestión fundamental.
Los grandes movimientos musicales no dependen exclusivamente de sus cantantes.
También necesitan instrumentistas extraordinarios.
Arreglistas capaces de construir sonoridades reconocibles.
Productores que comprendan las posibilidades de cada grabación.
Y técnicos de estudio que permitan conservar aquellas interpretaciones.
La compañía comenzó a reunir profesionales de enorme talento.
Bobby Valentín poseía una capacidad extraordinaria para desarrollar arreglos.
Larry Harlow combinaba su actividad como pianista con conocimientos de producción.
Johnny Pacheco participaba en decisiones musicales fundamentales.
Y otros profesionales contribuyeron decisivamente al resultado.
Aquella organización permitió desarrollar grabaciones muy diferentes.
Algunas mantenían una relación estrecha con el Son tradicional.
Otras incorporaban recursos del Jazz.
Y determinadas producciones estaban relacionadas con las nuevas expresiones urbanas.
La diversidad del catálogo contribuyó a construir la personalidad del sello.
Pero también demuestra que no existió un único sonido Fania completamente uniforme.
Cada músico aportó recursos propios.
Y aquellas diferencias formaron parte de su riqueza.
REFLEXIONES DEL AUTOR: una empresa no inventó la música, pero cambió su destino
Cuando escribí De orilla a orilla, una de mis preocupaciones fundamentales consistía en explicar cómo los géneros musicales caribeños habían evolucionado mediante relaciones constantes entre diferentes territorios.
El Son cubano había adquirido una extraordinaria importancia.
Pero también la Bomba y la Plena puertorriqueñas.
Y las experiencias de Nueva York proporcionaron nuevas posibilidades.
La aparición de Fania representa uno de los grandes acontecimientos de aquella evolución.
Pero conviene recordar que su importancia no reside exclusivamente en las grabaciones que produjo.
También estuvo relacionada con su capacidad para organizar una industria.
Johnny Pacheco conocía profundamente las tradiciones musicales del Caribe.
Su admiración por los grandes Conjuntos cubanos resultó fundamental.
Jerry Masucci, por su parte, comprendió las posibilidades empresariales de aquel mercado.
La colaboración permitió construir una compañía que comenzó modestamente y terminó adquiriendo una dimensión extraordinaria.
Me parece especialmente interesante recordar que su primera gran referencia, Cañonazo, estaba profundamente relacionada con el Son.
No se trataba de una creación musical completamente nueva.
Pacheco había decidido recuperar procedimientos tradicionales.
Pero encontró una manera de presentarlos dentro de una empresa nueva.
Aquella circunstancia resume una parte importante de la historia de la Salsa.
Los músicos estaban transformando materiales anteriores.
Y la industria comenzó a encontrar una denominación capaz de reunir muchas de aquellas experiencias.
Pero debemos evitar una simplificación excesiva.
La Salsa no puede reducirse exclusivamente a las grabaciones de Fania.
Numerosos artistas desarrollaron carreras extraordinarias fuera de aquella empresa.
Y diferentes géneros continuaron evolucionando independientemente.
También debemos reconocer que las grabaciones poseen una historia anterior a su denominación comercial.
Arsenio Rodríguez no necesitó hablar de Salsa para transformar el Son.
Rafael Cortijo no necesitó aquella etiqueta para llevar la Bomba y la Plena a los grandes escenarios.
Y Eddie Palmieri desarrolló una sonoridad extraordinaria antes de que la palabra adquiriera toda su dimensión internacional.
Por eso considero fundamental estudiar cada aportación dentro de su propio contexto.
La importancia de Fania fue enorme.
Pero sus éxitos se construyeron mediante tradiciones que ya poseían una historia extraordinaria.
La compañía consiguió reunir a numerosos músicos.
También desarrollar grabaciones capaces de alcanzar mercados amplios.
Y posteriormente organizar espectáculos que terminarían convirtiéndose en acontecimientos fundamentales.
Pero todo ello fue posible porque existía una cultura musical previa de gran riqueza.
La historia del Son.
Las transformaciones del Mambo.
La experiencia de las Charangas.
Y las innovaciones de los músicos puertorriqueños y neoyorquinos.
Todas aquellas aportaciones prepararon el terreno.
Fania encontró la oportunidad de construir una gran empresa sobre esa tradición.
Y terminó desempeñando una función decisiva en su difusión.
Pero mi interés, al reconstruir esta historia, no consiste solamente en estudiar las compañías.
También deseo recuperar las trayectorias humanas de sus protagonistas.
Los músicos que dedicaron su vida a interpretar.
Los cantantes que desarrollaron una personalidad extraordinaria.
Y los directores capaces de construir agrupaciones que marcaron generaciones.
Fania reunió a muchos de ellos.
Y permitió que sus grabaciones llegaran a públicos que probablemente nunca los habrían conocido mediante los circuitos anteriores.
La Salsa no nació de una sola empresa, pero Fania contribuyó decisivamente a convertir una parte fundamental de la música caribeña en un movimiento internacional.
Esa es, probablemente, una de sus grandes aportaciones históricas.
Del Red Garter al Cheetah: el gran espectáculo estaba esperando
Al finalizar los años sesenta, Fania había desarrollado una transformación extraordinaria.
La pequeña compañía fundada en 1964 había conseguido ampliar su catálogo.
Johnny Pacheco continuaba desempeñando una función musical fundamental.
Jerry Masucci estaba construyendo una organización empresarial cada vez más ambiciosa.
Y diferentes artistas habían comenzado a consolidar sus carreras.
Larry Harlow.
Bobby Valentín.
Ray Barretto.
Joe Bataan.
Willie Colón.
Héctor Lavoe.
Ismael Miranda.
Y otros músicos terminarían formando parte de una historia que adquiriría una importancia extraordinaria.
La experiencia de Fania All Stars en el Red Garter había demostrado las posibilidades de reunir a aquellos intérpretes.
Pero todavía faltaba el acontecimiento que permitiría convertir aquella agrupación en una de las grandes referencias internacionales de la Salsa.
La música caribeña estaba preparada para ocupar un nuevo escenario.
Uno donde los cantantes desarrollarían improvisaciones extraordinarias.
Los instrumentistas encontrarían oportunidades para mostrar sus capacidades.
Y el público participaría en un espectáculo que terminaría convirtiéndose en uno de los grandes documentos audiovisuales de la historia de la música latina.
El Cheetah.
Nueva York.
La compañía que había comenzado vendiendo discos desde el maletero de un automóvil estaba preparada para presentar al mundo a sus grandes estrellas.
Y aquella noche cambiaría para siempre la historia comercial de la Salsa.
