En septiembre de 1974, Kinshasa acogió uno de los acontecimientos musicales más singulares del siglo XX. La capital de Zaire, actual República Democrática del Congo, reunió a estrellas estadounidenses del Soul, el Blues y el Jazz, grandes intérpretes africanos y una representación de la música caribeña encabezada por Celia Cruz y Fania All Stars. El festival formaba parte de las celebraciones preparadas alrededor del combate entre Muhammad Ali y George Foreman. Pero el combate se aplazó y la música ocupó por sí misma el escenario. Allí, frente a una multitud africana, el Son, la Guaracha y la Salsa encontraron un público que poseía su propia historia de relaciones musicales con Cuba y el Caribe. Más que un regreso a unos orígenes inalterados, fue el encuentro entre tradiciones que llevaban siglos transformándose a ambos lados del Atlántico.
El viaje que parecía cerrar un círculo
A comienzos de los años setenta, Fania All Stars había conseguido transformar una reunión de grandes músicos en un espectáculo de extraordinaria proyección internacional.
El concierto del Cheetah de 1971 permitió presentar a los Soneros e instrumentistas de la compañía dentro de una misma agrupación. Dos años después, el Yankee Stadium confirmó que aquella música podía reunir a decenas de miles de personas.
Pero todavía faltaba otro acontecimiento de enorme significado histórico.
El encuentro con África.
La música popular caribeña había evolucionado mediante un prolongado proceso de relaciones culturales. Durante siglos, las tradiciones musicales de los pueblos africanos llevados forzosamente a América habían interactuado con elementos europeos, indígenas y posteriormente estadounidenses.
Aquellos encuentros contribuyeron a desarrollar expresiones de extraordinaria riqueza.
La Rumba.
El Son.
La Bomba.
La Plena.
Y numerosos géneros que, con el paso del tiempo, terminaron formando parte de la música caribeña contemporánea.
Pero las tradiciones africanas también continuaron evolucionando en sus propios territorios.
No permanecieron inmóviles esperando un hipotético regreso de sus descendientes americanos.
Desarrollaron instrumentos, repertorios y formas de interpretación propias. Y durante el siglo XX comenzaron a incorporar también influencias procedentes de América.
Por tanto, el acontecimiento que vamos a estudiar no debe interpretarse como un encuentro entre una música moderna y unas raíces africanas supuestamente detenidas en el pasado.
Fue algo mucho más interesante.
El encuentro entre músicos de varios continentes cuyas tradiciones habían mantenido relaciones profundas y estaban experimentando transformaciones simultáneas.
El escenario sería Kinshasa.
Y el año, 1974.
Kinshasa: una ciudad que ya tenía su propia revolución musical
Para comprender la importancia del festival debemos recordar que Kinshasa no era un lugar ajeno a la música popular internacional.
La ciudad, que anteriormente había recibido el nombre de Léopoldville, se había convertido en uno de los grandes centros culturales de África central.
Durante el siglo XX, las grabaciones cubanas circularon por diferentes territorios africanos.
Los discos de Son y de otras expresiones caribeñas encontraron públicos interesados.
Y determinados músicos africanos comenzaron a incorporar algunos de aquellos procedimientos a sus repertorios.
El fenómeno adquirió especial importancia dentro del Congo.
La Guitarra comenzó a desempeñar una función fundamental.
Las agrupaciones desarrollaron estructuras relacionadas con la canción bailable.
Y los cantantes encontraron maneras de construir interpretaciones que combinaban tradiciones locales con influencias internacionales.
Así se consolidó una música que terminó siendo conocida como Rumba congoleña.
El nombre expresa una relación histórica con determinadas grabaciones cubanas, aunque sus características musicales adquirieron una personalidad africana propia.
Posteriormente aparecieron otras expresiones, entre ellas el Soukous.
Por tanto, cuando Fania All Stars llegó a Kinshasa, no estaba llevando el Son a un público que lo desconociera completamente.
Estaba entrando en una ciudad que llevaba décadas desarrollando su propia conversación musical con el Caribe.
Y aquella circunstancia proporciona al acontecimiento una dimensión extraordinaria.
La Rumba congoleña: un viaje anterior al de Fania
Las relaciones entre la música cubana y la africana durante el siglo XX constituyen uno de los capítulos más interesantes de nuestra historia.
Las grabaciones caribeñas llegaron a diferentes mercados africanos mediante circuitos comerciales.
Las compañías distribuyeron discos.
La Radio amplió su difusión.
Y algunos músicos comenzaron a estudiar los procedimientos instrumentales que escuchaban.
Pero debemos recordar que aquellas influencias americanas encontraron tradiciones africanas plenamente vivas.
Los intérpretes no se limitaron a copiar los modelos cubanos.
Incorporaron instrumentos.
Adaptaron repertorios.
Y desarrollaron formas de acompañamiento propias.
La Guitarra eléctrica adquirió una importancia extraordinaria dentro de muchas agrupaciones congoleñas.
Sus intervenciones melódicas y rítmicas terminaron convirtiéndose en uno de los elementos más reconocibles de aquella música.
También las voces desarrollaron procedimientos diferentes.
Las canciones podían utilizar lenguas africanas.
Y construir estructuras apropiadas para el baile mediante recursos locales.
El resultado fue una expresión musical autónoma, aunque relacionada históricamente con el Son y otros géneros caribeños.
Esta evolución demuestra que las influencias culturales no siempre siguen una sola dirección.
Durante siglos, África había contribuido profundamente a la formación de las músicas americanas.
Pero en el siglo XX, grabaciones nacidas de aquellas transformaciones regresaron a diferentes territorios africanos y participaron en el desarrollo de nuevas expresiones.
La historia continuaba avanzando en ambas orillas.
Franco Luambo y Tabu Ley: África también tenía sus grandes estrellas
Cuando Fania llegó a Kinshasa, los públicos africanos ya conocían a grandes músicos propios.
Entre ellos destacaba François Luambo Makiadi (1938-1989), conocido internacionalmente como Franco.
Su trayectoria al frente de la agrupación OK Jazz adquirió una importancia extraordinaria.
Franco desarrolló una personalidad guitarrística y compositiva que terminaría convirtiéndolo en una de las grandes figuras de la música congoleña.
Sus grabaciones poseían una sonoridad reconocible.
La Guitarra proporcionaba una parte fundamental de la organización musical.
Y las composiciones podían alcanzar una duración considerable.
Otro de los grandes protagonistas era Tabu Ley Rochereau (1940-2013).
Su trayectoria como cantante, compositor y director contribuyó profundamente al desarrollo de la música africana contemporánea.
Su agrupación Afrisa International alcanzó una importante popularidad.
Y sus interpretaciones proporcionaron una identidad propia a los repertorios congoleños.
También estaban apareciendo formaciones de generaciones más jóvenes.
Entre ellas, Zaïko Langa Langa, fundada en 1969 y destinada a convertirse en una de las grandes agrupaciones de la música popular de África central.
Por tanto, el festival de 1974 no reunió solamente a estrellas extranjeras que actuaban ante un público africano.
También permitió presentar a músicos locales de enorme importancia.
Y esa presencia resulta fundamental para comprender el acontecimiento.
Muhammad Ali y George Foreman: el combate que atrajo la atención del mundo
El origen inmediato del festival estuvo relacionado con el boxeo.
Muhammad Ali (1942-2016) se había convertido en una de las figuras deportivas más conocidas del planeta.
Su trayectoria había superado ampliamente el ámbito deportivo.
Sus posiciones públicas sobre la guerra de Vietnam, su identidad religiosa y sus opiniones sobre cuestiones sociales lo convirtieron en un personaje de enorme repercusión internacional.
George Foreman (1949-2025), por su parte, era el campeón mundial de los pesos pesados.
Su potencia física y su trayectoria profesional lo presentaban como un rival extraordinariamente peligroso.
La posibilidad de organizar un combate entre ambos despertó un interés enorme.
El promotor Don King (1931-2025) desempeñó una función fundamental dentro de la iniciativa.
Finalmente, el enfrentamiento fue organizado en Kinshasa.
El acontecimiento terminaría siendo conocido como The Rumble in the Jungle.
Pero los promotores deseaban construir algo más que un combate.
La reunión de dos grandes figuras del boxeo proporcionaba una oportunidad extraordinaria para organizar actividades culturales.
Y la música terminó adquiriendo un protagonismo fundamental.
Mobutu y la utilización política del espectáculo
En 1974, Zaire estaba gobernado por Mobutu Sese Seko (1930-1997).
El país había obtenido su independencia de Bélgica en 1960 y atravesado posteriormente profundas transformaciones políticas.
Mobutu había llegado al poder mediante un golpe de Estado en 1965.
Su régimen desarrolló una política autoritaria, pero también utilizó discursos relacionados con la identidad nacional y la afirmación cultural africana.
La organización de grandes acontecimientos internacionales formaba parte de aquella estrategia.
El combate entre Ali y Foreman permitiría presentar al país ante una audiencia mundial.
Y el festival musical proporcionaba otra oportunidad.
La presencia de artistas africanos, afroamericanos y caribeños podía utilizarse para construir una imagen de solidaridad cultural.
Pero debemos distinguir entre las intenciones políticas de los organizadores y la experiencia artística de los músicos.
El festival formó parte de un gran proyecto promocional.
Y el gobierno de Mobutu buscó beneficiarse de aquella proyección.
Sin embargo, los artistas participaron desde trayectorias e intereses diferentes.
Algunos encontraban una oportunidad para establecer relaciones culturales.
Otros deseaban presentarse ante públicos africanos.
Y determinados intérpretes veían en el viaje una ocasión de enorme significado personal.
La música adquirió así una dimensión que no puede reducirse exclusivamente a las intenciones políticas de sus promotores.
Hugh Masekela y Stewart Levine: los organizadores musicales
El proyecto del festival estuvo estrechamente relacionado con Hugh Masekela (1939-2018).
Nacido en Sudáfrica, Masekela desarrolló una extraordinaria trayectoria como Trompetista y compositor.
Su carrera estuvo relacionada con el Jazz, pero también con diferentes expresiones africanas.
Y su actividad artística adquirió una dimensión social y política importante.
El músico había abandonado Sudáfrica durante el apartheid.
Posteriormente desarrolló una carrera internacional.
Su conocimiento de diferentes ambientes musicales resultó fundamental para imaginar un encuentro artístico entre músicos africanos y estadounidenses.
El productor Stewart Levine colaboró decisivamente en la organización.
Ambos contribuyeron a construir una programación extraordinariamente diversa.
La idea consistía en presentar una gran reunión de artistas.
Pero también establecer conexiones culturales entre África y las comunidades afrodescendientes americanas.
La participación de Fania All Stars amplió aquella perspectiva.
No solamente estarían representados el Soul y el Jazz estadounidenses.
También la música caribeña que había evolucionado mediante un proceso histórico profundamente relacionado con África.
Aquella combinación convirtió el festival en un acontecimiento especialmente importante.
Zaire 74: tres días de música
El festival recibió el nombre de Zaire 74.
Se celebró entre el 22 y el 24 de septiembre de 1974 en el Stade du 20 Mai de Kinshasa.
Durante aquellas jornadas participaron agrupaciones africanas y artistas internacionales.
Entre los grandes nombres estadounidenses encontramos a James Brown (1933-2006), una de las figuras fundamentales del Soul y el Funk.
También a B. B. King (1925-2015), uno de los grandes representantes del Blues.
Bill Withers (1938-2020) participó con un repertorio que había alcanzado una extraordinaria popularidad.
Y otros intérpretes contribuyeron a construir una programación de gran diversidad.
La presencia africana fue igualmente importante.
Franco y su OK Jazz.
Tabu Ley Rochereau.
Zaïko Langa Langa.
Y otras agrupaciones presentaron repertorios que formaban parte de la vida musical del continente.
También participó Miriam Makeba (1932-2008), cantante sudafricana cuya trayectoria había adquirido un profundo significado cultural y político.
En medio de aquella programación apareció Fania All Stars.
La agrupación representaba una música nacida de procesos históricos relacionados con diferentes territorios caribeños y transformada posteriormente en Nueva York.
Pero todavía faltaba un acontecimiento inesperado.
El combate que había proporcionado el impulso inicial a las celebraciones no se celebraría en las fechas previstas.
El festival se celebró, pero el combate tuvo que esperar
Durante la preparación del enfrentamiento, George Foreman sufrió una lesión en un ojo.
Aquella circunstancia obligó a aplazar el combate.
La nueva fecha quedó establecida para el 30 de octubre de 1974.
El cambio provocó una situación complicada.
El festival musical había sido organizado para coincidir con el gran acontecimiento deportivo.
Los promotores esperaban atraer a numerosos visitantes internacionales.
Pero el aplazamiento alteró aquellas previsiones.
Existía la posibilidad de suspender también las actuaciones.
Sin embargo, los organizadores musicales decidieron mantener las fechas originales.
Por tanto, Zaire 74 se celebró entre el 22 y el 24 de septiembre.
Y el combate tuvo lugar más de un mes después.
Esta distinción resulta fundamental.
Cuando contemplamos las imágenes históricas de Fania All Stars en África debemos recordar que no corresponden a una actuación celebrada inmediatamente antes del combate de octubre.
Forman parte de un festival anterior.
La música terminó adquiriendo una importancia propia.
Y las imágenes conservadas permiten reconocer el extraordinario ambiente de aquellas jornadas.
Celia Cruz vuelve a encontrarse con África
Entre los protagonistas de Fania All Stars encontramos a Celia Cruz (1925-2003).
Su trayectoria había comenzado mucho antes de la creación de la compañía.
Durante años había sido una de las grandes voces de la Sonora Matancera.
Y posteriormente desarrolló una carrera internacional extraordinaria.
Su incorporación a Fania All Stars permitió establecer una relación visible entre las grandes tradiciones cubanas y el movimiento salsero.
Pero la actuación en Kinshasa proporcionaba una dimensión especialmente significativa.
Celia había desarrollado durante décadas repertorios profundamente relacionados con las tradiciones afrocaribeñas.
Conocía la Guaracha.
También el Son.
Y poseía una extraordinaria capacidad para improvisar sobre los Montunos.
Ahora aquellos procedimientos iban a escucharse ante un público africano.
La experiencia resultaba emocionante desde una perspectiva histórica.
Pero debemos evitar interpretarla como si la cantante estuviera regresando literalmente al territorio de origen de todas las características de su música.
Las tradiciones cubanas se habían formado mediante procesos complejos.
Y los pueblos africanos poseían historias culturales muy diversas.
La importancia del encuentro residía en la posibilidad de compartir experiencias que, aunque diferentes, mantenían conexiones históricas profundas.
Celia encontró allí un escenario extraordinario.
Y una de sus interpretaciones terminaría convirtiéndose en una de las imágenes más conocidas de toda su carrera.
«Quimbara»: una Guaracha que encontró un público africano
Entre las grabaciones más importantes de aquella actuación encontramos Quimbara.
La composición fue escrita por Junior Cepeda (1954-1977) y se había convertido en una de las grandes referencias de Celia Cruz durante su etapa con Johnny Pacheco.
Su estructura permite desarrollar una extraordinaria relación entre cantante, coro y Percusión.
La sección instrumental proporciona una sonoridad de gran intensidad.
Y Celia utiliza su voz con una energía incomparable.
La interpretación de Kinshasa adquirió una personalidad especialmente memorable.
La cantante apareció ante un público que respondía con entusiasmo.
Los coros proporcionaban una referencia reconocible.
Y la Percusión mantenía una intensidad que permitía desarrollar las intervenciones vocales.
La canción representa perfectamente una característica fundamental de la música caribeña.
El sentido rítmico puede establecer una relación inmediata entre intérpretes y oyentes que no comparten necesariamente el mismo idioma.
Pero su importancia también reside en la historia musical que encierra.
La Guaracha cubana había evolucionado durante generaciones.
Y ahora encontraba un nuevo escenario internacional mediante las transformaciones de la Salsa.
La actuación de Celia terminó convirtiéndose en uno de los grandes documentos audiovisuales de aquel encuentro.
«Guantanamera»: una canción cubana viaja hasta Kinshasa
Otra de las composiciones interpretadas durante aquellas actuaciones fue Guantanamera.
Ya hemos estudiado su historia y sus transformaciones dentro de la música popular cubana.
Su repertorio había adquirido una extraordinaria difusión internacional.
Y diferentes intérpretes contribuyeron a convertirla en una de las canciones cubanas más conocidas del mundo.
Su presencia en Kinshasa proporcionó una dimensión particularmente interesante.
La composición, relacionada con tradiciones cubanas y popularizada mediante interpretaciones de gran diversidad, se presentaba ahora ante un público africano.
La voz de Celia adquiría una importancia fundamental.
Pero también la participación de la orquesta.
Los instrumentos proporcionaban una sonoridad de gran potencia.
Y la canción encontraba nuevas posibilidades escénicas.
Aquella experiencia demuestra cómo una obra puede adquirir significados diferentes según el lugar donde se interpreta.
En Cuba formaba parte de un repertorio profundamente conocido.
En otros países adquirió una dimensión internacional.
Y en Kinshasa se convirtió en una de las expresiones musicales de un encuentro entre tradiciones.
Cheo Feliciano: «El ratón» cruza el Atlántico
Entre los grandes cantantes de Fania All Stars se encontraba Cheo Feliciano (1935-2014).
Su trayectoria había comenzado durante los años cincuenta.
La colaboración con el Sexteto de Joe Cuba resultó fundamental para su formación.
Posteriormente desarrolló una carrera individual extraordinaria.
Su voz poseía una personalidad de gran elegancia.
Pero también una capacidad especial para desarrollar improvisaciones.
Entre sus grandes composiciones encontramos El ratón.
La canción había adquirido popularidad mediante el Sexteto de Joe Cuba.
Y posteriormente continuó formando parte del repertorio de Cheo.
Su interpretación dentro de Fania All Stars permitió desarrollar nuevas posibilidades instrumentales.
Entre ellas, la incorporación de la Guitarra eléctrica.
Jorge Santana (1951-2020), músico relacionado con el grupo Malo, aportó una sonoridad especialmente interesante.
La combinación de Guitarra eléctrica, Percusión caribeña y voz proporcionó una personalidad diferente a la composición.
La actuación de Kinshasa permitió llevar aquel repertorio a un escenario africano.
Y la grabación terminó convirtiéndose en una de las grandes referencias audiovisuales de la carrera de Cheo Feliciano.
Héctor Lavoe: «Mi gente» encuentra un nuevo significado
Héctor Lavoe (1946-1993) también participó en aquella experiencia.
Su trayectoria había adquirido una extraordinaria importancia mediante la colaboración con Willie Colón.
La voz del cantante poseía una personalidad reconocible.
Su interpretación mantenía una relación profunda con el Son.
Pero también desarrollaba recursos relacionados con las experiencias musicales de los barrios neoyorquinos.
Entre sus grandes interpretaciones encontramos Mi gente.
La canción había adquirido una importancia especial dentro del repertorio de Fania All Stars.
Su título proporcionaba una relación directa entre cantante y público.
Pero aquella expresión podía adquirir significados distintos en escenarios diferentes.
En Nueva York podía representar la identificación con las comunidades latinas.
En Puerto Rico permitía establecer una relación especialmente intensa con los públicos de la isla.
Y en Kinshasa adquiría una dimensión internacional nueva.
La música proporcionaba una oportunidad para establecer una comunicación que superaba las diferencias lingüísticas.
Pero no porque desaparecieran las diferencias culturales.
Precisamente porque el ritmo, las voces y el espectáculo permitían construir un espacio compartido.
La interpretación de Lavoe contribuyó a aquella experiencia.
Y proporcionó otra de las imágenes memorables del concierto.
«Ponte duro» y las grandes Descargas africanas
La actuación de Fania All Stars también incluyó composiciones destinadas a mostrar las posibilidades instrumentales de la agrupación.
Entre ellas encontramos Ponte duro.
Su estructura permitía desarrollar una relación intensa entre la Percusión y las secciones de viento.
Los músicos encontraban oportunidades para improvisar.
Y el público podía reconocer las capacidades de una orquesta formada por grandes instrumentistas.
También se desarrollaron intervenciones relacionadas con las Descargas.
Aquella tradición había desempeñado una función fundamental dentro de la evolución de la música caribeña.
En Cuba, músicos como Cachao habían desarrollado experiencias extraordinarias.
Posteriormente, Nueva York incorporó procedimientos semejantes.
Las Alegre All Stars proporcionaron una referencia importante.
Y Fania terminó convirtiendo aquellas reuniones en espectáculos de gran dimensión.
Pero en Kinshasa, la Descarga adquiría otro contexto.
Los músicos interpretaban ante un público africano.
Y sus improvisaciones formaban parte de un festival donde también participaban grandes representantes del Soul, el Blues, el Jazz y las músicas congoleñas.
Aquella combinación proporcionaba una experiencia cultural extraordinaria.
James Brown: el Soul también regresaba a África
La presencia de James Brown constituye uno de los grandes acontecimientos de Zaire 74.
Brown había transformado profundamente la música afroamericana estadounidense.
Su desarrollo del Soul y el Funk proporcionó nuevas posibilidades rítmicas.
Y sus actuaciones poseían una intensidad escénica extraordinaria.
La Percusión adquiría una función fundamental.
También el Bajo.
Y las secciones de viento desarrollaban frases que contribuían decisivamente a la organización musical.
Aquellos procedimientos poseían características distintas de las de la música caribeña.
Pero también existían puntos de encuentro.
La importancia del ritmo.
El diálogo entre voces e instrumentos.
Y determinadas formas de participación colectiva.
La actuación de Brown ante un público africano adquirió una dimensión simbólica extraordinaria.
Pero debemos evitar presentar el Funk como una simple continuación directa de una tradición africana única.
Su desarrollo estuvo relacionado con una historia compleja dentro de Estados Unidos.
La presencia de Brown en Kinshasa permitió mostrar una de las grandes expresiones de aquella evolución.
Y su convivencia con Fania All Stars reflejaba la diversidad de las músicas afrodescendientes contemporáneas.
Miriam Makeba y la dimensión cultural del festival
Miriam Makeba también participó en el encuentro.
Su trayectoria constituye una de las grandes referencias de la música africana del siglo XX.
Nacida en Johannesburgo en 1932, desarrolló una carrera internacional extraordinaria.
Su actividad estuvo profundamente relacionada con la denuncia del apartheid.
Y terminó convirtiéndose en una figura cultural de enorme importancia.
La presencia de Makeba proporcionaba una dimensión política y artística particular.
Su repertorio estaba relacionado con tradiciones sudafricanas.
Pero también había desarrollado una extraordinaria capacidad para actuar ante públicos internacionales.
La cantante representaba una África contemporánea que estaba construyendo su propia expresión musical.
Y su participación dentro del festival contribuía a mostrar que la música africana no podía reducirse exclusivamente a referencias tradicionales.
Los artistas desarrollaban carreras internacionales.
Utilizaban nuevos instrumentos.
Y participaban activamente en las transformaciones musicales de su tiempo.
La presencia de Makeba, James Brown, Franco, Tabu Ley y Fania All Stars proporcionó una imagen extraordinaria de aquella diversidad.
África no era solamente el escenario
Llegamos ahora a una cuestión fundamental.
Cuando reconstruimos la historia de Zaire 74 desde la perspectiva de Fania All Stars, existe el riesgo de presentar a los músicos africanos como simples acompañantes del gran espectáculo latinoamericano.
Sería un error.
El festival contó con una participación muy importante de artistas africanos.
Y sus actuaciones formaban parte esencial del acontecimiento.
Los públicos de Kinshasa conocían perfectamente numerosos repertorios locales.
También poseían sus propios ídolos musicales.
Franco y Tabu Ley eran figuras de enorme popularidad.
Y las agrupaciones jóvenes estaban desarrollando nuevas tendencias.
Por tanto, la presencia de Fania no significó la llegada de una música moderna a un territorio carente de actividad artística.
Fue el encuentro entre músicos que habían desarrollado trayectorias diferentes.
La música congoleña poseía su propia relación con el Son cubano.
Pero había evolucionado mediante procedimientos originales.
Y aquellas transformaciones continuaban desarrollándose.
La importancia del festival reside precisamente en esa convivencia.
Los intérpretes africanos no eran solamente receptores.
También eran protagonistas.
El público africano: entusiasmo y una realidad más compleja
Las imágenes históricas del festival muestran una extraordinaria presencia de público.
La documentación suele hablar de una asistencia total de decenas de miles de personas durante las tres jornadas, con estimaciones que alcanzan aproximadamente los 80.000 asistentes.
Pero las condiciones del acontecimiento fueron complejas.
El aplazamiento del combate provocó la cancelación de numerosos viajes internacionales.
También existieron problemas relacionados con el precio de las entradas.
Y la organización necesitó modificar determinadas previsiones.
Los testimonios históricos describen dificultades durante la primera jornada.
Posteriormente, las actuaciones consiguieron reunir grandes multitudes.
Pero conviene recordar que el régimen de Mobutu desempeñó una función importante dentro de la movilización del público.
Algunos relatos mencionan medidas destinadas a facilitar o promover la asistencia.
La interpretación exacta de determinadas actuaciones gubernamentales continúa siendo objeto de estudio.
Por tanto, no debemos presentar todas las imágenes multitudinarias como resultado exclusivo de una venta espontánea de entradas.
El festival fue un acontecimiento artístico extraordinario.
Pero también estuvo relacionado con una organización política y comercial compleja.
Reconocer aquella circunstancia no disminuye la calidad de los músicos.
Simplemente permite comprender mejor el contexto.
«Live in Africa»: la memoria audiovisual de Fania
La actuación de Fania All Stars fue filmada.
Aquellas imágenes terminaron convirtiéndose en uno de los grandes documentos audiovisuales de la historia de la Salsa.
La producción conocida como Fania All Stars: Live in Africa permite contemplar a músicos extraordinarios durante uno de los momentos más importantes de su expansión internacional.
Entre ellos aparecen Celia Cruz, Héctor Lavoe y Cheo Feliciano.
También los grandes instrumentistas que formaban parte de la agrupación.
Las imágenes permiten reconocer las relaciones entre cantantes y coros.
La importancia de la Percusión.
Y el extraordinario protagonismo de las secciones de viento.
Pero su valor no reside exclusivamente en los aspectos musicales.
También proporcionan una referencia histórica sobre la participación de la Salsa dentro de un gran acontecimiento cultural africano.
La película permite contemplar un momento en que Fania estaba ampliando considerablemente sus horizontes.
Y muestra una agrupación que ya había superado ampliamente sus comienzos neoyorquinos.
Las grabaciones continúan circulando décadas después.
Y determinadas interpretaciones, especialmente las de Celia Cruz, han alcanzado una enorme difusión en los medios digitales.
Aquella conservación audiovisual permitirá que nuevas generaciones conozcan a los protagonistas.
«Soul Power»: otro documental para comprender Zaire 74
La memoria audiovisual del festival no quedó limitada a las grabaciones de Fania.
También existen materiales relacionados con el conjunto del acontecimiento.
Entre ellos encontramos el documental Soul Power, estrenado en 2008 y difundido internacionalmente en 2009.
La película fue dirigida por Jeffrey Levy-Hinte y utiliza materiales filmados durante las actividades musicales de 1974.
Su importancia reside en que permite contemplar a diferentes protagonistas.
No solamente a los músicos caribeños.
También a artistas estadounidenses y africanos.
Y a determinados participantes en la organización del festival.
La producción proporciona así una perspectiva más amplia.
El espectáculo aparece relacionado con el contexto político y cultural de la época.
Y permite comprender que Zaire 74 fue mucho más que una actuación aislada de Fania All Stars.
La película constituye una referencia importante para estudiar aquel acontecimiento.
Pero, como cualquier documental, responde a una selección posterior de imágenes.
No reproduce íntegramente todas las actuaciones.
Y debe interpretarse como una obra audiovisual construida mediante materiales históricos.
Cuando el combate finalmente se celebró
El enfrentamiento entre Muhammad Ali y George Foreman tuvo lugar el 30 de octubre de 1974.
La fecha había quedado separada de las actuaciones musicales por más de un mes.
El combate terminó convirtiéndose en uno de los acontecimientos deportivos más conocidos del siglo XX.
Ali consiguió derrotar a Foreman en el octavo asalto.
Y recuperó el título mundial de los pesos pesados.
La victoria adquirió una dimensión internacional extraordinaria.
Pero desde nuestra perspectiva musical debemos recordar que el festival ya se había celebrado.
Los músicos habían actuado en septiembre.
Las grabaciones estaban realizadas.
Y Fania All Stars había participado en uno de los grandes encuentros artísticos de aquella década.
La relación entre ambas actividades resultó fundamental para su promoción.
Pero no debemos confundir sus cronologías.
El festival pertenece a la historia musical de septiembre de 1974.
El combate, a la historia deportiva del mes siguiente.
Ambos acontecimientos compartieron un mismo proyecto promocional.
Pero sus desarrollos fueron diferentes.
¿Volvió la Salsa a sus raíces?
La pregunta posee una enorme fuerza simbólica.
Durante siglos, las poblaciones africanas trasladadas forzosamente a América habían contribuido a construir tradiciones musicales extraordinarias.
Aquellos procesos históricos fueron dolorosos y profundamente desiguales.
Pero sus consecuencias culturales terminaron formando parte fundamental de la identidad caribeña.
La Rumba, el Son y otros géneros incorporaron elementos relacionados con distintas tradiciones africanas.
Posteriormente evolucionaron mediante procesos propios.
Y sus grabaciones alcanzaron numerosos países.
En 1974, Fania All Stars llevó una parte de aquella historia musical hasta Kinshasa.
Pero debemos evitar interpretar el viaje como si los músicos hubieran regresado al lugar exacto de origen de todas sus tradiciones.
África es un continente de enorme diversidad.
Sus pueblos poseen historias y expresiones culturales diferentes.
Y las tradiciones que contribuyeron a formar la música caribeña procedían de regiones y épocas distintas.
Por tanto, el encuentro de Kinshasa fue simbólico.
No una reconstrucción exacta del pasado.
Su importancia reside en mostrar cómo las músicas nacidas de relaciones históricas complejas podían encontrarse nuevamente mediante las transformaciones contemporáneas.
Y cómo los intérpretes africanos y americanos continuaban desarrollando sus propias tradiciones.
REFLEXIONES DEL AUTOR: de orilla a orilla, también en dirección contraria
Cuando escribí De orilla a orilla deseaba explicar cómo las músicas populares caribeñas habían evolucionado mediante un proceso constante de relaciones culturales.
El título expresaba precisamente aquella idea.
Las tradiciones no habían permanecido completamente aisladas.
Los músicos compartían repertorios.
Los instrumentos encontraban nuevas funciones.
Y las grabaciones permitían que determinadas expresiones alcanzaran territorios muy alejados de sus lugares de origen.
Pero al reconstruir esta historia para De Colón al Reguetón considero necesario ampliar la perspectiva.
El intercambio musical no se produjo exclusivamente entre Europa y el Caribe.
Tampoco entre las islas caribeñas y Nueva York.
África desempeñó una función fundamental.
Y sus relaciones con América continuaron desarrollándose mucho después de la formación de los primeros géneros que hemos estudiado.
El festival de Kinshasa de 1974 representa un acontecimiento especialmente apropiado para comprender esa continuidad.
Celia Cruz llegó con una trayectoria extraordinaria.
Había desarrollado durante décadas una manera incomparable de interpretar la música cubana.
Héctor Lavoe representaba una generación posterior, profundamente relacionada con las experiencias de los barrios neoyorquinos.
Y Cheo Feliciano aportaba una trayectoria que unía las tradiciones del Son con las transformaciones de la música latina estadounidense.
Todos ellos formaban parte de una agrupación que había adquirido una popularidad internacional enorme.
Pero en Kinshasa encontraron otra realidad musical.
Los artistas africanos no eran simples representantes de un pasado remoto.
Franco, Tabu Ley y otras grandes figuras estaban construyendo una música contemporánea de extraordinaria riqueza.
Sus grabaciones también circulaban internacionalmente.
Y determinados repertorios habían incorporado influencias cubanas.
Aquella circunstancia demuestra que los intercambios musicales pueden desarrollarse en direcciones diferentes.
El Son había nacido mediante procesos históricos profundamente relacionados con las tradiciones africanas.
Pero posteriormente sus grabaciones contribuyeron a transformar repertorios dentro de África.
Y en 1974, una agrupación neoyorquina formada por músicos de distintas procedencias pudo compartir escenario con algunos de los grandes representantes africanos de aquella evolución.
La historia parece cerrar un círculo.
Pero en realidad estaba abriendo otros.
Porque la música nunca regresa exactamente al mismo lugar.
Los intérpretes cambian.
También los públicos.
Y los géneros adquieren nuevas características.
La importancia del festival no reside exclusivamente en la espectacularidad de sus actuaciones.
También en la posibilidad de reconocer aquellas relaciones históricas.
Por eso considero que Kinshasa merece ocupar un capítulo propio dentro de nuestra historia.
La Salsa estaba alcanzando una dimensión internacional extraordinaria.
Pero, al mismo tiempo, el encuentro permitía recordar que las tradiciones de las que procedía formaban parte de una historia mucho más amplia.
La música había viajado durante siglos de África a América, de América a Europa y de unas islas a otras. En Kinshasa, aquellas rutas volvieron a encontrarse, pero sus protagonistas continuaron caminando hacia el futuro.
La Salsa continúa viajando
Después de Kinshasa, Fania All Stars continuó desarrollando actividades internacionales.
La compañía había conseguido reunir a grandes músicos.
También organizar espectáculos de enorme dimensión.
Y construir una identidad comercial reconocible.
Pero la historia de la Salsa no estaba limitada a Nueva York.
Durante los años setenta, diferentes países latinoamericanos comenzaron a desarrollar escenas musicales de extraordinaria importancia.
Venezuela estaba convirtiéndose en uno de los grandes centros del movimiento.
Colombia también participaba en su expansión.
Puerto Rico continuaba proporcionando cantantes y agrupaciones fundamentales.
Y otras ciudades comenzaron a desarrollar públicos y repertorios propios.
La Salsa adquiría una dimensión internacional cada vez más amplia.
Pero aquella expansión no significaba necesariamente que todas las agrupaciones interpretaran de la misma manera.
Los estilos comenzaron a diferenciarse.
Y determinados músicos encontraron oportunidades para incorporar características propias de sus territorios.
Entre ellos aparecería una figura extraordinaria.
Un cantante venezolano que había desarrollado su trayectoria mediante diferentes experiencias musicales.
Y que terminaría convirtiéndose en una de las grandes voces internacionales de la Salsa.
Óscar D’León.
Su historia nos permitirá comprender cómo el movimiento salsero adquirió una nueva dimensión fuera de Nueva York.
Y cómo Venezuela terminó convirtiéndose en uno de sus grandes centros musicales.
Después de Nueva York y Kinshasa, nuestro próximo destino será Caracas.
