Capítulo 36 | Venezuela tiene Salsa: de Los Dementes a Óscar D’León y la Dimensión Latina

La Salsa de los años setenta no se desarrolló únicamente en Nueva York. Mientras Fania protagonizaba su expansión comercial, Venezuela consolidó un movimiento que había comenzado años antes con agrupaciones como Los Dementes, Federico y su Combo y el Sexteto Juventud. Caracas encontró una nueva dimensión musical cuando apareció la Dimensión Latina, una orquesta que combinó los Trombones neoyorquinos, la vieja Guaracha cubana y una manera de presentarse en escena profundamente vinculada al baile. Su cantante y Bajista, Óscar D’León, terminaría convirtiéndose en una de las grandes voces internacionales del Son y la Salsa. Pero la historia venezolana también tuvo otros protagonistas que defendieron la tradición, la experimentación y una identidad propia frente a las modas comerciales.

Caracas entra en la historia de la Salsa

Al estudiar el desarrollo de la Salsa durante los años setenta hemos dedicado una atención especial a Nueva York. Allí se concentraron numerosos músicos cubanos y puertorriqueños, nacieron nuevas agrupaciones y se desarrolló una industria discográfica que terminó alcanzando mercados internacionales.

Pero aquel movimiento no puede entenderse como una creación exclusiva de Nueva York que posteriormente fue imitada por músicos de otros países.

La música caribeña llevaba décadas circulando por Venezuela. Las grabaciones cubanas habían alcanzado una enorme popularidad, las orquestas interpretaban Guarachas, Boleros, Mambos y Sones, y los bailadores venezolanos conocían perfectamente aquellos repertorios.

La Radio desempeñó una función fundamental. También las actuaciones de agrupaciones extranjeras y el desarrollo de compañías discográficas nacionales.

Caracas fue convirtiéndose en un centro musical extraordinariamente activo.

Pero durante los años sesenta apareció una generación que comenzó a transformar aquellas tradiciones mediante una instrumentación y una actitud diferentes. Las nuevas agrupaciones escuchaban a los músicos de Nueva York, pero también conocían la trayectoria anterior del Son cubano y de las grandes orquestas bailables.

De aquella combinación surgiría una manera particular de interpretar la Salsa.

Y Venezuela terminaría convirtiéndose en uno de sus grandes centros internacionales.

Los antecedentes: Federico y su Combo, Los Dementes y el Sexteto Juventud

Antes de hablar de la Dimensión Latina debemos recordar a los músicos que prepararon el camino.

Durante los años sesenta, Federico Betancourt y su Combo contribuyeron a desarrollar una nueva concepción de los repertorios bailables. Sus grabaciones formaron parte de las primeras experiencias venezolanas que utilizaron comercialmente la palabra Salsa para presentar una música caribeña de sonoridad renovada.

Uno de los discos relacionados con aquella etapa fue Llegó la Salsa, aparecido en 1966.

La referencia resulta interesante porque demuestra que el término circulaba en Venezuela antes de que Fania lo consolidara internacionalmente como gran denominación comercial.

Pero esto no significa que Federico Betancourt inventara por sí solo la palabra ni el género. La expresión tenía antecedentes y había sido utilizada en distintos contextos musicales.

Lo importante es que aquellas grabaciones contribuyeron a construir una identidad nueva para los conjuntos venezolanos.

Otro protagonista fundamental fue Ray Pérez, pianista, compositor y director relacionado con Los Dementes.

Su música poseía una personalidad extraordinaria. Utilizaba procedimientos procedentes del Son, pero también incorporaba arreglos más incisivos, una Percusión poderosa y recursos instrumentales que respondían a las nuevas preferencias de los bailadores.

El Sexteto Juventud constituye otra de las referencias importantes de aquella primera etapa.

Su trayectoria demuestra que la escena venezolana no dependió de una sola orquesta.

Existía un conjunto de músicos y agrupaciones que estaban construyendo nuevas posibilidades.

La Dimensión Latina llegaría después.

Y encontraría un terreno musical que otros habían contribuido a preparar.

La otra Venezuela musical: Billo’s Caracas Boys y Los Melódicos

Mientras las nuevas agrupaciones desarrollaban una música más próxima a las innovaciones neoyorquinas, las grandes orquestas de baile mantenían una extraordinaria popularidad.

Entre ellas destacaban Billo’s Caracas Boys y Los Melódicos.

Billo’s Caracas Boys estuvo vinculada a la figura de Luis María Frómeta (1915-1988), conocido como Billo, músico dominicano que desarrolló en Venezuela una parte fundamental de su trayectoria.

Su orquesta interpretaba repertorios de enorme diversidad.

La Guaracha cubana.

La Cumbia y el Porro colombianos.

El Merengue dominicano.

Y otras expresiones que respondían a las preferencias del público venezolano.

Los Melódicos también desarrollaron una trayectoria de extraordinaria importancia.

Pero las nuevas generaciones salseras comenzaron a considerar que aquellas grandes orquestas representaban una concepción musical diferente de la que ellas deseaban desarrollar.

Algunos aficionados utilizaban expresiones despectivas para referirse a su sonido, considerado demasiado uniforme o poco arriesgado.

Aquella oposición formaba parte del ambiente musical de la época.

Sin embargo, desde una perspectiva histórica debemos reconocer la importancia de ambas experiencias.

Las grandes orquestas mantuvieron vivos numerosos repertorios caribeños y contribuyeron a formar generaciones de bailadores.

Las nuevas agrupaciones buscaron otra intensidad.

Y aquella convivencia terminó enriqueciendo la vida musical venezolana.

1974: Fania se encuentra con los músicos de Venezuela

En nuestro recorrido por los grandes conciertos de Fania hemos comprobado que la compañía comenzó a desarrollar actividades internacionales durante los años setenta.

Venezuela fue uno de los mercados donde la Salsa adquirió una enorme popularidad.

En 1974, una actuación de Fania All Stars contó con la presencia de una gran agrupación ocasional formada por músicos venezolanos bajo la dirección de Porfi Jiménez.

La iniciativa pretendía reunir a intérpretes destacados dentro del ambiente caraqueño.

Su importancia histórica reside en mostrar que el país disponía de profesionales capaces de participar en espectáculos de gran exigencia musical.

Pero aquella experiencia no terminó consolidándose como una orquesta estable.

Venezuela necesitaba todavía una agrupación que reuniera la fuerza instrumental de las nuevas tendencias con una personalidad reconocible y una continuidad discográfica.

Y esa agrupación terminaría apareciendo mediante un proceso que había comenzado dos años antes.

Su nombre era Dimensión Latina.

Óscar D’León: de conductor de autobús a Sonero

Óscar Emilio León Simoza, conocido artísticamente como Óscar D’León (1943), nació en Caracas el 11 de julio de 1943.

Su formación musical estuvo relacionada con las grabaciones que circulaban por Venezuela y con la extraordinaria popularidad de los repertorios cubanos.

El Son despertó especialmente su interés.

También la Guaracha.

Y los grandes cantantes anteriores proporcionaron referencias fundamentales para desarrollar su personalidad.

Pero Óscar no comenzó su trayectoria mediante una formación académica convencional.

Aprendió fundamentalmente escuchando y practicando.

Su relación con el Bajo terminó adquiriendo una importancia extraordinaria.

Y desarrolló una habilidad que posteriormente se convertiría en una de sus principales características: cantar mientras interpretaba el instrumento.

En sus primeros años tuvo que trabajar para ganarse la vida. Entre sus ocupaciones estuvo la de conductor de autobús.

En De orilla a orilla recogí una historia especialmente expresiva de aquella etapa.

Óscar llevaba grabaciones de Salsa mientras conducía, y acostumbraba a cantar acompañando la música.

Uno de los pasajeros que utilizaba habitualmente aquel autobús era José Hernández, un percusionista relacionado con la Gaita Zuliana.

Mientras Óscar cantaba, Hernández marcaba los ritmos golpeando sus rodillas o los asientos.

Aquella escena representa perfectamente el ambiente en el que se desarrollaron muchos músicos populares.

La música no estaba limitada a los escenarios.

También formaba parte de la vida cotidiana.

Y los futuros integrantes de una gran agrupación podían reconocerse compartiendo canciones durante sus desplazamientos por la ciudad.

Nace la Dimensión Latina

La Dimensión Latina comenzó su trayectoria en Caracas en marzo de 1972.

Entre sus fundadores encontramos a Óscar D’León, al trombonista César Monge, conocido como Albóndiga, y a José Antonio Rojas, apodado Rojita.

La formación inicial incorporó también al pianista Enrique Iriarte, conocido como Culebra, y a los percusionistas José Rodríguez y Elio Pacheco.

Las primeras actuaciones estuvieron relacionadas con la cervecería La Distinción, un establecimiento caraqueño que proporcionó al grupo la oportunidad de presentarse profesionalmente.

La agrupación nació con una instrumentación relativamente reducida.

Pero desarrolló una característica fundamental.

Los Trombones adquirían un protagonismo extraordinario.

El Piano proporcionaba los acompañamientos.

La Percusión mantenía una relación directa con los procedimientos del Son.

Y el Bajo de Óscar D’León construía una base de gran intensidad.

La voz del propio Óscar completaba aquella combinación.

La nueva agrupación conocía las experiencias de Eddie Palmieri y Willie Colón.

También los antecedentes de Mon Rivera.

Pero no se limitó a reproducir exactamente aquellas sonoridades.

Los músicos desarrollaron una personalidad propia.

Y encontraron oportunidades para construir arreglos especialmente apropiados para los bailadores venezolanos.

Los Trombones y una nueva manera de presentar la orquesta

La utilización de los Trombones proporcionaba a la Dimensión Latina una sonoridad particularmente contundente.

Durante los años anteriores, Eddie Palmieri había demostrado las posibilidades de aquel instrumento con La Perfecta.

Willie Colón también había construido una identidad musical relacionada con los metales.

Y Mon Rivera había desarrollado experiencias importantes dentro de la música puertorriqueña.

Los integrantes de la Dimensión Latina conocían aquellas referencias.

Pero encontraron una organización escénica diferente.

En la orquesta, los músicos no permanecían necesariamente inmóviles detrás de sus instrumentos.

El movimiento adquiría una función fundamental.

Las entradas de los Trombones podían acompañarse mediante gestos colectivos.

Los intérpretes respondían visualmente a determinadas frases.

Y el cantante encontraba oportunidades para construir una relación especialmente intensa con los bailadores.

Aquella concepción terminó convirtiéndose en una de las grandes características del grupo.

Pero existía un protagonista que concentraba especialmente la atención.

Óscar D’León.

Su manera de tocar el Bajo proporcionaba una dimensión escénica extraordinaria.

El instrumento dejaba de aparecer solamente como una parte de la sección rítmica.

Se convertía también en un elemento central del espectáculo.

El Bajo Danzante: una personalidad irrepetible

La figura de Óscar D’León terminaría siendo reconocida internacionalmente por su extraordinaria presencia escénica.

Podía cantar mientras tocaba el Bajo.

También desplazarse por el escenario.

Y realizar movimientos que parecían convertir el instrumento en una pareja de baile.

Aquella característica resultaba particularmente atractiva.

Pero no debemos interpretarla como un simple recurso visual.

Óscar poseía un conocimiento extraordinario del ritmo.

El Bajo constituye una parte fundamental de la organización musical de los Conjuntos caribeños.

Sus intervenciones mantienen una relación precisa con el Piano y la Percusión.

Y proporcionan continuidad a los Montunos.

Cantar mientras se desarrolla aquella función exige una coordinación notable.

Pero Óscar conseguía hacerlo sin perder la espontaneidad.

Su voz mantenía una relación directa con los coros.

Y encontraba oportunidades para introducir frases improvisadas.

Aquella combinación proporcionó una personalidad extraordinaria a sus actuaciones.

El público terminaría conociéndolo mediante una denominación especialmente expresiva.

El Bajo Danzante.

Pero también adquiriría otros sobrenombres.

Entre ellos, El Diablo de la Salsa y El Sonero del Mundo.

La importancia de aquellas denominaciones reside en que reflejan dos características fundamentales de su trayectoria.

Su extraordinaria presencia escénica.

Y su profunda relación con las tradiciones del Son.

Las primeras grabaciones: una identidad todavía en construcción

La Dimensión Latina comenzó a desarrollar su actividad discográfica durante los primeros años setenta.

Su primer álbum apareció en 1972, y durante 1973 continuaron las grabaciones que permitieron ampliar su difusión.

Pero el éxito no fue inmediato.

La agrupación estaba buscando una personalidad comercial.

Sus músicos conocían los repertorios caribeños.

Y poseían una formación apropiada para desarrollar actuaciones de gran intensidad.

Sin embargo, las primeras grabaciones no alcanzaron todavía la repercusión que conseguirían posteriormente.

Aquella circunstancia demuestra que una gran agrupación no aparece completamente formada desde sus primeros discos.

Necesita desarrollar repertorios.

También adquirir experiencia.

Y encontrar una relación apropiada con el público.

La Dimensión Latina fue consolidando aquella evolución.

Las actuaciones contribuyeron a construir una identidad escénica.

Los arreglos comenzaron a adquirir mayor personalidad.

Y el protagonismo de Óscar D’León permitió que los asistentes reconocieran una característica propia.

Pero el grupo todavía necesitaba ampliar sus posibilidades vocales.

Y aquella transformación llegó mediante la incorporación de Wladimir Lozano.

Wladimir Lozano: el Bolero encuentra a la Guaracha

En 1974, la Dimensión Latina incorporó al cantante Wladimir Lozano.

Su presencia representó una transformación fundamental.

Lozano poseía una voz especialmente apropiada para los Boleros.

Su manera de interpretar proporcionaba una dimensión sentimental que contrastaba con la intensidad de Óscar D’León.

Pero aquella diferencia terminó convirtiéndose en una de las grandes virtudes de la agrupación.

Los arreglos podían comenzar mediante una interpretación romántica.

Posteriormente, el repertorio encontraba oportunidades para desarrollar un Montuno.

Y la voz de Óscar adquiría mayor protagonismo.

La combinación proporcionaba una estructura extraordinariamente eficaz.

El público podía disfrutar de la sensibilidad del Bolero.

Pero también participar mediante los procedimientos bailables de la Guaracha y el Son.

Wladimir aportaba una personalidad distinta.

Óscar mantenía su extraordinaria intensidad.

Y los Trombones contribuían a relacionar ambas posibilidades.

La Dimensión Latina había encontrado una de sus fórmulas musicales más características.

Pero faltaba el disco que permitiría convertir aquella combinación en un éxito internacional.

«Dimensión Latina 75»: el álbum de «Llorarás»

La consagración de la agrupación llegó con Dimensión Latina 75.

El disco, identificado habitualmente con 1975, aparece en algunos catálogos discográficos con una fecha de edición de 1974. Esa discrepancia deberá resolverse mediante el examen de una copia original y de los datos de fabricación y distribución.

Pero su importancia musical resulta indiscutible.

Entre sus composiciones encontramos Taboga, Parampampam, Mi adorada y Llorarás.

La grabación permitió que la Dimensión Latina alcanzara una popularidad extraordinaria.

Su repertorio incorporaba composiciones de características diferentes.

Pero la sonoridad del conjunto resultaba reconocible.

Los Trombones proporcionaban una gran fuerza instrumental.

La Percusión mantenía una relación directa con el baile.

Y la combinación vocal de Óscar y Wladimir ampliaba las posibilidades interpretativas.

El gran éxito terminó siendo Llorarás.

La canción, compuesta por Óscar D’León, adquirió una difusión que superó ampliamente el mercado venezolano.

Su estructura resultaba especialmente apropiada para los bailadores.

Y su estribillo poseía una enorme capacidad de reconocimiento.

La Dimensión Latina había conseguido algo fundamental.

Transformar una personalidad musical propia en un éxito comercial de gran alcance.

«Llorarás»: el Sonero venezolano conquista el Caribe

La importancia histórica de Llorarás merece una atención especial.

La composición utiliza una situación sentimental reconocible.

El desengaño amoroso.

Pero la desarrolla mediante una organización musical que invita a bailar.

Aquella combinación no era nueva dentro de la historia caribeña.

El Son y la Guaracha habían utilizado durante décadas letras relacionadas con las relaciones humanas.

También el Bolero había construido una tradición extraordinaria mediante los sentimientos amorosos.

Pero la Dimensión Latina encontró una manera particular de relacionar aquellos antecedentes.

La sección rítmica proporcionaba intensidad.

Los Trombones construían una sonoridad contundente.

Y Óscar utilizaba sus capacidades vocales para desarrollar intervenciones de notable eficacia.

El resultado adquirió una popularidad enorme.

Llorarás comenzó a circular mediante las emisoras venezolanas.

Posteriormente alcanzó mercados internacionales.

Y terminó convirtiéndose en una de las grandes referencias de la Salsa.

Pero su importancia también fue histórica.

Demostró que una agrupación venezolana podía construir un repertorio capaz de competir comercialmente con las grandes producciones neoyorquinas.

La Salsa ya no dependía exclusivamente de Nueva York.

Caracas estaba preparada para ofrecer sus propios éxitos internacionales.

La coreografía también era música

La popularidad de la Dimensión Latina no puede explicarse solamente mediante sus grabaciones.

El espectáculo desempeñó una función fundamental.

En De orilla a orilla describí la organización escénica que había convertido a la orquesta en una atracción extraordinaria.

Los Trombones ocupaban una posición destacada.

Wladimir Lozano participaba como cantante y acompañaba determinadas intervenciones con el Güiro.

Y Óscar D’León convertía su Bajo en uno de los elementos centrales del espectáculo.

Los músicos desarrollaban movimientos coordinados.

Las frases instrumentales encontraban respuestas visuales.

Y el público reconocía aquellos procedimientos.

La coreografía no sustituía a la interpretación.

La reforzaba.

Era una manera de mostrar corporalmente determinadas características de la música.

La idea resulta especialmente interesante porque permite relacionar la Dimensión Latina con otras grandes agrupaciones.

Roberto Roena, por ejemplo, había demostrado extraordinarias capacidades como bailarín y Bongosero.

También El Gran Combo de Puerto Rico desarrolló una relación especial con el público mediante movimientos escénicos y recursos humorísticos.

Pero la Dimensión Latina encontró una personalidad diferente.

La combinación entre los Trombones y el Bajo Danzante terminó convirtiéndose en una de sus grandes señas de identidad.

1976: Venezuela llega a Nueva York

La consolidación de la Dimensión Latina permitió ampliar sus actividades internacionales.

Durante 1976, la agrupación adquirió una importante proyección en Nueva York.

Aquel acontecimiento posee un significado histórico particular.

Durante años, los músicos venezolanos habían escuchado las grabaciones procedentes de aquella ciudad.

Eddie Palmieri había proporcionado referencias instrumentales.

Willie Colón también.

Y diferentes Soneros habían influido sobre las nuevas generaciones.

Pero ahora una orquesta venezolana presentaba su propia música ante los públicos neoyorquinos.

Y lo hacía mediante una identidad reconocible.

No era simplemente una copia de las agrupaciones estadounidenses.

Poseía arreglos propios.

También una organización escénica diferente.

Y un cantante capaz de desarrollar un espectáculo de enorme intensidad.

La visita adquirió una importante repercusión.

Y el álbum Dimensión Latina en Nueva York quedó relacionado con aquella etapa.

La música caribeña volvía a demostrar que sus transformaciones podían circular en diferentes direcciones.

Nueva York había influido profundamente sobre Caracas.

Pero ahora Caracas también estaba proporcionando nuevas referencias al público neoyorquino.

La salida de Óscar D’León: finales de 1976

Al terminar 1976, la trayectoria de la Dimensión Latina experimentó una transformación fundamental.

Óscar D’León abandonó la agrupación.

Su salida representó un acontecimiento importante.

Había sido uno de sus fundadores.

También su principal cantante durante la etapa de mayor expansión inicial.

Y su presencia escénica se había convertido en una de las características fundamentales del conjunto.

Pero las diferencias profesionales terminaron provocando la separación.

Óscar deseaba desarrollar nuevos proyectos.

También ampliar su libertad artística.

Y comenzó a preparar una carrera independiente.

La salida no significó la desaparición de la Dimensión Latina.

La orquesta mantuvo su actividad.

Incorporó nuevos músicos.

Y continuó desarrollando grabaciones y actuaciones.

Pero la separación produjo dos trayectorias distintas.

Por una parte, la continuidad de una agrupación que ya poseía una identidad propia.

Por otra, el nacimiento de una nueva etapa profesional para uno de los grandes Soneros internacionales.

El año siguiente sería decisivo para ambos proyectos.

Argenis Carruyo y la llegada de Andy Montañez

Después de la salida de Óscar D’León, la Dimensión Latina incorporó inicialmente a Argenis Carruyo, cantante relacionado con la tradición de la Gaita Zuliana.

Su llegada permitió mantener la actividad de la agrupación.

Pero los músicos estaban buscando una voz que proporcionara una nueva proyección internacional.

La oportunidad apareció mediante un cantante puertorriqueño de extraordinario prestigio.

Andy Montañez (1942).

Durante años había formado parte de El Gran Combo de Puerto Rico.

Su voz se había convertido en una de las grandes referencias de aquella agrupación.

Pero en 1977 decidió incorporarse a la Dimensión Latina.

La contratación representó un acontecimiento extraordinario.

Venezuela estaba viviendo un período de importantes recursos económicos relacionados con el petróleo.

Y determinados empresarios musicales encontraron posibilidades para ofrecer condiciones contractuales muy atractivas.

La incorporación de Montañez fue presentada como una de las grandes operaciones profesionales de la época.

Pero lo más importante fue su significado musical.

Un cantante puertorriqueño de enorme popularidad pasaba a formar parte de una orquesta venezolana.

La circulación internacional de artistas estaba adquiriendo una nueva dimensión.

Y la Dimensión Latina continuó desarrollando su historia.

La Dimensión Latina y las tradiciones venezolanas

Después de la salida de Óscar, la agrupación continuó buscando nuevas posibilidades musicales.

Entre ellas encontramos un mayor acercamiento a determinados repertorios venezolanos.

La incorporación de elementos relacionados con el Joropo permitió desarrollar experiencias diferentes.

El Arpa.

El Cuatro.

Y las Maracas.

Aquellos instrumentos proporcionaban una sonoridad distinta de la de los Conjuntos salseros convencionales.

Pero también permitían relacionar las tradiciones venezolanas con estructuras musicales de gran popularidad.

La experiencia resulta especialmente interesante.

La Salsa había adquirido una dimensión comercial internacional mediante procedimientos relacionados con el Son y otras expresiones caribeñas.

Pero determinados músicos comenzaron a encontrar oportunidades para incorporar elementos propios de sus territorios.

La música podía mantener una relación con la Percusión y los Montunos.

Y al mismo tiempo desarrollar timbres diferentes.

La Dimensión Latina participó en aquella búsqueda.

La Salsa comenzaba a transformarse también mediante las tradiciones locales.

Y Venezuela aportaba una identidad musical propia.

1977: Óscar D’León organiza La Salsa Mayor

Mientras la Dimensión Latina continuaba desarrollando su trayectoria, Óscar D’León comenzó una nueva etapa.

En 1977 organizó La Salsa Mayor.

El proyecto le permitió asumir una mayor responsabilidad artística.

Ahora podía desarrollar sus propios repertorios.

También seleccionar músicos.

Y construir arreglos apropiados para su personalidad.

El Son cubano continuaba siendo una referencia fundamental.

La Guaracha también.

Pero Óscar había desarrollado una manera personal de interpretarlos.

Su voz poseía una fuerza extraordinaria.

Y su capacidad para improvisar le permitía construir Montunos de gran intensidad.

La Salsa Mayor proporcionó una oportunidad para ampliar aquella personalidad.

Pero su actividad también estuvo relacionada con dificultades empresariales y profesionales.

La organización de una gran agrupación necesitaba recursos.

Los músicos mantenían intereses propios.

Y las decisiones económicas podían provocar tensiones.

Aquellas circunstancias terminarían produciendo otra transformación.

Durante 1978, Óscar desarrolló un nuevo proyecto.

La Crítica.

La Crítica y el regreso al Son tradicional

La creación de La Crítica permitió que Óscar D’León desarrollara una relación especialmente intensa con los repertorios cubanos.

Su admiración por Benny Moré (1919-1963) era extraordinaria.

Conocía las interpretaciones de los grandes Soneros.

Y encontraba en sus repertorios oportunidades para construir nuevas versiones.

Pero Óscar no pretendía convertirse exclusivamente en un imitador.

Había desarrollado una personalidad propia.

Su relación con el Bajo proporcionaba una diferencia fundamental.

También su manera de interpretar los Montunos.

Y su extraordinaria presencia escénica.

La Crítica permitió desarrollar grabaciones que mantenían una relación profunda con el Son y la Guaracha.

Pero también incorporaban recursos contemporáneos.

Aquella orientación demuestra una característica esencial de la música caribeña.

La modernidad no siempre aparece mediante la creación de un género completamente nuevo.

En ocasiones consiste en recuperar determinadas estructuras anteriores y proporcionarles una personalidad distinta.

Óscar encontró allí un camino que terminaría consolidando su carrera internacional.

El Sonero del Mundo

Durante los años siguientes, Óscar D’León desarrolló una trayectoria extraordinaria.

Sus grabaciones alcanzaron mercados internacionales.

También sus actuaciones.

Y su nombre terminó adquiriendo reconocimiento en numerosos países.

La denominación El Sonero del Mundo refleja aquella expansión.

Pero también una característica artística fundamental.

Óscar había construido su carrera mediante el conocimiento del Son.

Y sus improvisaciones constituían una parte esencial de sus interpretaciones.

La presencia escénica continuó siendo extraordinaria.

Podía cantar.

Tocar el Bajo.

Y desarrollar movimientos que terminaban convirtiéndose en una atracción por sí mismos.

Pero su importancia histórica no puede reducirse al espectáculo.

También fue uno de los grandes representantes de la continuidad del Son cubano durante las últimas décadas del siglo XX.

Y contribuyó decisivamente a demostrar que aquella tradición podía alcanzar nuevos mercados sin perder completamente sus características fundamentales.

Su trayectoria constituye una de las grandes aportaciones venezolanas a la música caribeña internacional.

1983: Óscar D’León canta en Cuba

Entre los acontecimientos fundamentales de su carrera encontramos su visita a Cuba en 1983.

Para Óscar, aquella experiencia poseía un significado extraordinario.

Había crecido admirando las grabaciones cubanas.

El Son constituía una de sus grandes referencias musicales.

Y Benny Moré había ejercido una influencia importante sobre su manera de interpretar.

Actuar en Cuba representaba, por tanto, una experiencia artística especialmente significativa.

Pero la visita también provocó controversias políticas.

Determinados sectores de la comunidad cubana en el exterior interpretaron su actuación como una aproximación al régimen de Fidel Castro.

Óscar defendió el sentido musical de su viaje.

Y expresó su admiración por Cuba y por sus músicos.

Aquella circunstancia demuestra que las relaciones musicales del Caribe estuvieron atravesadas también por los conflictos políticos del siglo XX.

Los intérpretes podían admirar profundamente una tradición.

Y, al mismo tiempo, encontrar dificultades para actuar en el territorio donde había surgido.

La visita de Óscar terminó formando parte fundamental de su trayectoria.

Pero también proporcionó una referencia para comprender las tensiones que acompañaron la circulación internacional de la música cubana.

Más allá de 1992: Óscar D’León siguió creando

Cuando publiqué De orilla a orilla en 1992, Óscar D’León ya había desarrollado una trayectoria extraordinaria.

Su etapa con la Dimensión Latina formaba parte de la historia de la Salsa.

También su carrera individual.

Y sus interpretaciones habían alcanzado una popularidad internacional considerable.

Pero su historia artística no terminó entonces.

Durante las décadas posteriores continuó grabando y actuando.

Desarrolló colaboraciones.

Participó en espectáculos internacionales.

Y mantuvo una presencia importante dentro de la música caribeña.

En 2013 recibió el Premio a la Excelencia Musical de la Academia Latina de la Grabación.

Aquella distinción reconoció su trayectoria profesional.

Pero lo verdaderamente importante para nuestro recorrido histórico es otra cuestión.

Óscar continuó representando una tradición musical que había conocido desde joven.

El Son.

Su carrera demuestra que los grandes géneros caribeños no desaparecieron al finalizar determinadas modas comerciales.

Continuaron evolucionando mediante intérpretes de diferentes generaciones.

Y encontraron públicos nuevos.

La historia de Óscar D’León es, por tanto, también una historia de continuidad.

Sonero Clásico del Caribe: la tradición como alternativa

La historia salsera venezolana no termina con la Dimensión Latina y Óscar D’León.

Durante los años setenta aparecieron agrupaciones que desarrollaron propuestas diferentes.

Una de las más interesantes fue Sonero Clásico del Caribe.

Su trayectoria adquirió popularidad mediante la interpretación de repertorios relacionados con el Son tradicional.

En 1977, la canción Carmelina contribuyó a darle una notable difusión.

Pero su personalidad musical era diferente de la de las grandes agrupaciones de Trombones.

Sonero Clásico del Caribe recuperaba la estructura de los conjuntos soneros tradicionales.

El Tres desempeñaba una función fundamental.

También el Bongó.

Y la Trompeta proporcionaba una sonoridad muy particular.

Entre sus protagonistas encontramos a Carlos Emilio Landaeta, conocido como Pan con Queso.

La agrupación no buscaba simplemente reproducir las fórmulas comerciales del momento.

Deseaba mantener una relación directa con los procedimientos del Son.

Pero aquella decisión no significaba que sus músicos estuvieran completamente alejados de la evolución contemporánea.

Sus interpretaciones respondían a las experiencias de su propia época.

Y encontraban un público que seguía interesado en las formas tradicionales.

La importancia del grupo demuestra que la Salsa venezolana no tuvo una sola orientación.

Algunos músicos buscaron una mayor potencia instrumental.

Otros desarrollaron experimentaciones.

Y Sonero Clásico del Caribe encontró su personalidad mediante una recuperación consciente de las estructuras anteriores.

«Carmelina»: una canción que parecía venir de otra época

El éxito de Carmelina resulta especialmente interesante.

Durante los años setenta, numerosas agrupaciones habían incorporado secciones instrumentales de gran tamaño.

Los Trombones adquirían una presencia fundamental.

También las Trompetas.

Y determinados arreglos buscaban una sonoridad cada vez más potente.

Pero Sonero Clásico del Caribe desarrolló una orientación diferente.

El repertorio permitía reconocer procedimientos tradicionales.

El Tres proporcionaba una sonoridad particularmente característica.

Y la Percusión mantenía una organización relacionada con los antiguos Conjuntos.

La canción encontró una notable aceptación.

Pero su importancia no puede explicarse solamente mediante la nostalgia.

Demostraba que las formas tradicionales continuaban proporcionando oportunidades musicales.

Los bailadores podían disfrutar de una instrumentación diferente.

Y reconocer estructuras que habían mantenido su eficacia durante décadas.

Aquella circunstancia resulta fundamental para nuestra historia.

La evolución musical no consiste exclusivamente en sustituir géneros anteriores mediante otros nuevos.

También permite recuperar, transformar y reinterpretar procedimientos tradicionales.

Y Sonero Clásico del Caribe constituye un ejemplo extraordinario.

Trabuco Venezolano: los músicos también podían organizar una gran reunión

Otra de las experiencias fundamentales fue Trabuco Venezolano.

El proyecto estuvo relacionado con Alberto Naranjo (1941-2020) y Orlando Montiel.

Su objetivo consistía en reunir a grandes instrumentistas venezolanos dentro de una agrupación capaz de desarrollar repertorios de notable complejidad.

La idea recordaba determinados procedimientos utilizados por Fania All Stars.

Pero su orientación musical poseía características propias.

Trabuco Venezolano buscaba construir una experiencia colectiva.

Los músicos podían participar como instrumentistas destacados.

También desarrollar improvisaciones.

Y aportar conocimientos procedentes de diferentes agrupaciones.

Su primer disco apareció en 1977.

Posteriormente continuó desarrollando producciones de gran interés.

La importancia del proyecto reside en haber demostrado que Venezuela poseía un conjunto de músicos capaces de organizar experiencias de gran nivel.

Pero también en su actitud frente a determinados procedimientos comerciales.

La música adquiría protagonismo.

Y los arreglos permitían desarrollar posibilidades que no siempre respondían a las modas más difundidas.

Trabuco Venezolano constituye así una de las grandes referencias de la experimentación salsera del país.

Alberto Naranjo y la importancia de los arreglistas

Alberto Naranjo fue uno de los grandes protagonistas de la música venezolana.

Su trayectoria estuvo relacionada con la Batería.

Pero también con la composición y los arreglos.

Aquella formación permitió desarrollar proyectos de notable complejidad.

Trabuco Venezolano proporcionó una oportunidad extraordinaria para reunir músicos.

Pero también para construir una identidad colectiva.

La agrupación podía incorporar recursos de diferentes géneros.

Y establecer relaciones entre tradiciones musicales distintas.

Pero lo verdaderamente importante fue su capacidad para demostrar que la Salsa podía admitir una elaboración instrumental de gran riqueza.

Los arreglos no necesitaban limitarse a acompañar a los cantantes.

También podían convertirse en una parte fundamental de la personalidad musical.

La experiencia de Naranjo se relaciona así con otras grandes figuras que hemos estudiado.

Eddie Palmieri.

Larry Harlow.

Bobby Valentín.

Y numerosos músicos que contribuyeron a desarrollar el lenguaje instrumental de la Salsa.

Venezuela aportó también sus propios grandes arreglistas.

Y Trabuco Venezolano constituye uno de sus mejores ejemplos.

Otras agrupaciones de una escena extraordinaria

La expansión de la Salsa en Venezuela produjo una actividad musical de enorme diversidad.

Algunas agrupaciones procedían de experiencias anteriores.

Otras aparecieron durante los años setenta.

Y determinadas formaciones desarrollaron carreras de gran importancia dentro de circuitos locales.

Entre ellas encontramos Los Satélites.

También el Sexteto Juventud.

Los Melódicos continuaron manteniendo su popularidad mediante una orientación propia.

Porfi Jiménez siguió siendo una referencia importante.

Y aparecieron agrupaciones como Grupo Mango, La Descarga de los Barrios, Nelson y sus Estrellas y Tabaco y su Sexteto.

La Crítica también formaba parte de aquella diversidad.

Lo mismo que Sonero Clásico del Caribe y Trabuco Venezolano.

La amplitud del movimiento demuestra que Venezuela no se convirtió en un centro salsero exclusivamente gracias a una gran figura.

Existía una escena musical compleja.

Los músicos participaban en diferentes proyectos.

Las compañías discográficas desarrollaban grabaciones.

Y el público respondía mediante una importante actividad bailable.

Aquella combinación permitió consolidar un mercado de enorme importancia.

Pero también construir propuestas musicales muy diferentes.

Algunas estaban relacionadas con las fórmulas comerciales de mayor éxito.

Otras buscaban una mayor experimentación.

Y determinadas agrupaciones defendían los repertorios tradicionales.

La Salsa venezolana adquirió así una personalidad múltiple.

La industria musical encuentra otro gran mercado

La expansión venezolana de la Salsa tuvo también una dimensión económica fundamental.

Durante los años setenta, el país experimentó una etapa de grandes ingresos petroleros.

Aquella circunstancia contribuyó a ampliar determinadas posibilidades de consumo.

Y el mercado musical se benefició de ese crecimiento.

Las agrupaciones encontraron oportunidades para desarrollar actuaciones.

También contratos profesionales.

Y las compañías discográficas comenzaron a reconocer la importancia comercial del país.

En De orilla a orilla destaqué la extraordinaria dimensión que llegó a alcanzar aquel mercado durante la segunda mitad de los años setenta.

Pero conviene distinguir entre la intensidad de la actividad musical y las cifras exactas de ventas, que requieren documentación específica.

Lo que resulta indiscutible es que Venezuela se convirtió en uno de los grandes centros de la Salsa.

Las agrupaciones podían alcanzar popularidad internacional.

Y músicos procedentes de otros países encontraban oportunidades profesionales.

La incorporación de Andy Montañez a la Dimensión Latina constituye un ejemplo fundamental.

Pero también las actuaciones de grandes estrellas neoyorquinas.

La Salsa estaba desarrollando una industria verdaderamente internacional.

Y Caracas desempeñó una función decisiva.

Óscar D’León y la capacidad de renovarse

En julio de 2000, el periodista Julio Túpac Cabello publicó en el diario venezolano Tal Cual una entrevista con Óscar D’León.

En mi archivo incorporé aquella conversación porque permitía conocer directamente cómo interpretaba el cantante su propia evolución.

La entrevista estuvo relacionada con una gira europea, nuevas grabaciones y el reencuentro profesional con Wladimir Lozano.

Óscar explicó la importancia de renovarse.

Su carrera había comenzado escuchando los grandes repertorios cubanos.

Pero con el paso de los años había conocido expresiones musicales muy diferentes.

El Jazz.

El Bolero.

La música clásica.

Y las nuevas tendencias que circulaban internacionalmente.

También reconocía la repercusión que había tenido el fenómeno de Buena Vista Social Club.

Aquella referencia resulta especialmente interesante.

El éxito internacional de los veteranos músicos cubanos estaba demostrando que los repertorios tradicionales podían encontrar nuevos públicos.

Y Óscar comprendía perfectamente aquella oportunidad.

Su relación con el Son continuaba siendo fundamental.

Pero también deseaba mantener una carrera abierta a nuevas experiencias.

La entrevista de 2000 constituye así un documento interesante para comprender cómo un protagonista de la Salsa de los años setenta interpretaba su trayectoria al entrar en el nuevo siglo.

REFLEXIONES DEL AUTOR: Venezuela no copió la Salsa, la hizo suya

Al reconstruir la historia de la música caribeña resulta fundamental distinguir entre los lugares donde determinados géneros se originaron y aquellos donde posteriormente encontraron nuevas posibilidades.

El Son cubano desempeñó una función extraordinaria.

Sus estructuras proporcionaron una parte fundamental de los repertorios que terminarían agrupándose comercialmente bajo la denominación Salsa.

Pero aquella historia no quedó limitada a Cuba.

Nueva York desarrolló transformaciones importantes.

Puerto Rico aportó grandes músicos.

Y Venezuela construyó una personalidad propia.

La Dimensión Latina representa uno de los mejores ejemplos.

Sus músicos conocían las grabaciones neoyorquinas.

También las tradiciones cubanas.

Pero encontraron una organización instrumental y escénica diferente.

Los Trombones proporcionaban una sonoridad contundente.

La combinación entre Óscar D’León y Wladimir Lozano permitía desarrollar repertorios variados.

Y la presencia de Óscar con su Bajo se convirtió en una de las grandes características de la agrupación.

Su manera de interpretar poseía una extraordinaria intensidad.

Pero también una relación directa con los bailadores.

La música formaba parte de un espectáculo donde los instrumentistas participaban activamente.

Y los movimientos escénicos contribuían a construir una identidad reconocible.

Pero la historia venezolana resulta mucho más amplia.

Federico Betancourt había contribuido a popularizar los nuevos repertorios durante los años sesenta.

Ray Pérez desarrolló una personalidad extraordinaria.

Sonero Clásico del Caribe mantuvo una relación profunda con las tradiciones del Son.

Y Trabuco Venezolano demostró las posibilidades de reunir grandes instrumentistas dentro de proyectos de notable complejidad.

Aquella diversidad es fundamental.

La Salsa no fue un género completamente uniforme.

Sus protagonistas desarrollaron estilos diferentes.

Y cada territorio incorporó características propias.

Óscar D’León constituye una de las grandes figuras internacionales de aquella transformación.

Su trayectoria comenzó dentro de un ambiente musical donde el Son cubano poseía una presencia fundamental.

Posteriormente participó en la creación de la Dimensión Latina.

Y terminó desarrollando una carrera individual de enorme importancia.

Pero su éxito no significó que abandonara completamente sus referencias anteriores.

Continuó interpretando Son y Guaracha.

Y encontró nuevas posibilidades dentro de aquellas tradiciones.

La historia de Óscar demuestra que un gran Sonero puede desarrollar una personalidad propia sin renunciar a reconocer a sus maestros.

También nos recuerda que nuestra investigación debe seguir avanzando más allá de 1992.

Muchos músicos continuaron grabando.

Algunos desarrollaron nuevas agrupaciones.

Y otros encontraron oportunidades para alcanzar públicos que no habían conocido durante sus primeras décadas profesionales.

La evolución musical siguió adelante.

Pero, al reconstruirla, considero importante mantener siempre una referencia fundamental.

Las grandes transformaciones no aparecen completamente aisladas.

Se construyen mediante relaciones entre generaciones, repertorios y territorios.

Venezuela no recibió pasivamente la Salsa de Nueva York. Sus músicos la transformaron, la llevaron a sus escenarios y contribuyeron decisivamente a convertirla en una expresión internacional.

Ese es el lugar que le corresponde dentro de nuestra historia.

Caracas se convierte en una de las capitales de la Salsa

Al terminar los años setenta, Venezuela había consolidado una posición extraordinaria dentro del movimiento salsero.

Federico y su Combo, Los Dementes y otras agrupaciones habían contribuido a preparar el terreno.

La Dimensión Latina consiguió desarrollar una sonoridad que alcanzó reconocimiento internacional.

Óscar D’León construyó una carrera individual de enorme importancia.

Y proyectos como Sonero Clásico del Caribe y Trabuco Venezolano demostraron que el país también poseía músicos interesados en la tradición y en la experimentación.

La diversidad de aquellas propuestas permitió ampliar las posibilidades de la Salsa.

Pero la historia continuaba desarrollándose también en otros territorios.

Puerto Rico mantenía una extraordinaria actividad.

Las agrupaciones neoyorquinas estaban experimentando nuevas transformaciones.

Y otros países latinoamericanos comenzaban a adquirir un protagonismo creciente.

Venezuela había contribuido a demostrar que la Salsa podía alcanzar una personalidad propia fuera de Nueva York.

El movimiento ya no tenía una sola capital musical. Y aquella expansión iba a transformar profundamente su historia durante las décadas siguientes.