DE COLÓN AL REGUETÓN | Los antecedentes del mestizaje musical caribeño
África también llegó a América desde España
Las influencias africanas no llegaron a América únicamente a través de las personases trasladadas directamente desde África. También viajaron desde España, donde la presencia de poblaciones africanas y sus expresiones culturales se remontaba a muchos siglos atrás.
El mestizaje entre personas europeas y africanas no fue, por tanto, un fenómeno exclusivamente americano. Existía ya en la Península Ibérica, como también existían manifestaciones musicales enriquecidas por los contactos históricos con África.
La presencia de personas africanas en la Península es muy antigua. Los movimientos militares, comerciales y humanos del Mediterráneo y del norte de África facilitaron, desde la Antigüedad, el establecimiento de poblaciones de diferentes procedencias.
Cartagineses, romanos y, posteriormente, los distintos poderes musulmanes que gobernaron territorios peninsulares mantuvieron conexiones permanentes con África.
Los almorávides y la presencia subsahariana en la España medieval
José Antonio Saco, historiador cubano y uno de los pioneros en el estudio de la esclavitud africana en América, recogió interesantes testimonios sobre la presencia de africanos negros en España.
Entre ellos, mencionó la llegada de soldados negros que formaban parte de los ejércitos almorávides de Yusuf ibn Tasufín.
En la batalla de Sagrajas o Zalaca, librada en 1086 cerca de Badajoz, las tropas almorávides derrotaron al ejército de Alfonso VI de Castilla y León.
Según las referencias históricas recogidas por Saco, el monarca cristiano resultó herido en una pierna por uno de aquellos soldados africanos.
Los almorávides procedían fundamentalmente de pueblos bereberes del Sahara occidental, vinculados a territorios que hoy corresponden principalmente a Mauritania y otras zonas saharianas.
Sus ejércitos integraban también combatientes de procedencias subsaharianas, lo que permite constatar la diversidad humana y cultural que participó en aquellos acontecimientos.
Es evidente que los intercambios entre África y la Península Ibérica fueron anteriores al descubrimiento de América.
Sevilla y las comunidades africanas
La presencia africana en España adquirió una dimensión especialmente relevante en Andalucía y, particularmente, en Sevilla.
Ortiz de Zúñiga, cronista sevillano citado por José Antonio Saco, dejó testimonios sobre la organización de las comunidades negras y las celebraciones que se les permitía realizar durante determinadas festividades.
Según estos documentos, ya en tiempos de Enrique III existían reuniones festivas de personas africanas esclavizadas en Sevilla.
Las autoridades llegaron a reconocer a determinados representantes de estas comunidades, que actuaban como intermediarios ante sus propietarios y la justicia.
Una disposición de los Reyes Católicos fechada en Dueñas el 8 de noviembre de 1474 concedió el título de mayoral a Juan de Valladolid, figura vinculada a la organización de la comunidad negra sevillana.
Estos testimonios tienen un importante valor histórico, pues muestran que las poblaciones africanas mantenían espacios de relación comunitaria dentro de una sociedad profundamente desigual y esclavista.
Las danzas africanas en las fiestas del Corpus Christi
La participación de africanos en las celebraciones públicas de Sevilla constituye otro ejemplo significativo de los contactos culturales anteriores a la colonización americana.
En algunas ocasiones se ordenó expresamente su participación en las fiestas del Corpus Christi, que incluían representaciones, músicas y danzas.
Así ocurrió en Sevilla en 1497, según las referencias de los Cuadernos de Actas Capitulares recogidas por Rolando Antonio Pérez Fernández en su obra La binarización de los ritmos ternarios africanos en América Latina.
Sevilla se había convertido en uno de los centros del comercio esclavista peninsular.
En aquel ambiente urbano convivían y se relacionaban numerosas tradiciones festivas, entre ellas expresiones musicales y coreográficas de origen africano.
Entre los bailes que posteriormente reflejarían esta compleja historia de intercambios se encuentran el zorongo y el paracumbé, aunque sus relaciones concretas con determinadas tradiciones africanas requieren un estudio histórico particular.
La existencia de estas celebraciones demuestra que, antes de que las primeras expediciones españolas llegaran a América, ya se habían producido importantes contactos musicales entre Europa y África.
La esclavitud africana en Andalucía y el Levante
Las personas africanas esclavizadas que llegaban a España procedían de diferentes regiones del continente, incluidas zonas del África occidental y centrooccidental.
La expansión comercial portuguesa por la costa atlántica africana durante el siglo XV contribuyó al crecimiento del tráfico esclavista hacia la Península Ibérica.
Además de Sevilla, también existieron comunidades de personas negras, libres y esclavizadas, en otras ciudades andaluzas y en territorios del Levante español.
La presencia africana no fue un fenómeno exclusivamente americano ni comenzó con la colonización del Caribe.
Los hijos negros de Colón: un testimonio periodístico de 1989
El 4 de junio de 1989, Méndez publicó en el diario EL CORREO un interesante artículo titulado «Los hijos negros de Colón».
En aquel trabajo periodístico se describía la presencia histórica de poblaciones de ascendencia africana en localidades de Huelva como Gibraleón, Moguer, Niebla y Palos.
El artículo recordaba que Cristóbal Colón acudió a las costas onubenses buscando marineros experimentados para su expedición atlántica.
Las poblaciones de aquella zona conocían desde tiempo atrás las rutas marítimas hacia la costa africana, especialmente hacia Guinea.
Los navegantes de Gibraleón, Moguer y Palos estaban familiarizados con aquellas travesías.
En ese entorno, Colón pudo encontrar una sociedad en la que ya existían personas africanas trasladadas mediante el comercio de esclavos desarrollado por españoles y portugueses.
El tráfico esclavista en Gibraleón y Ayamonte
El artículo recogía declaraciones del investigador Francisco García Morales sobre la llegada de personas africanas esclavizadas a las costas de Huelva.
Según aquellas investigaciones, existen referencias documentales al comercio esclavista en Gibraleón desde mediados del siglo XV.
En esta localidad se realizaban operaciones de compraventa de personas esclavizadas, mientras que en Ayamonte el tráfico alcanzó una mayor importancia comercial.
La expansión portuguesa por las costas de África occidental había facilitado el desarrollo de estas redes de comercio humano.
El trabajo periodístico también examinaba la permanencia de comunidades afrodescendientes en las poblaciones de las cuencas de los ríos Tinto y Odiel.
La memoria africana de Andalucía
La historia de estas comunidades demuestra que el mestizaje cultural europeo y africano estaba ya presente en España antes de que comenzara la colonización del continente americano.
Aquellas poblaciones conservaron elementos culturales propios, al tiempo que participaron en la transformación de las costumbres de los territorios donde vivían.
Su historia constituye una parte de la memoria social y cultural española que durante mucho tiempo recibió escasa atención.
Cuando los españoles comenzaron a viajar hacia América, por tanto, no llevaron consigo unas tradiciones culturales aisladas de África.
En la propia Península Ibérica ya se habían producido siglos de contactos, intercambios y transformaciones culturales.
Esta circunstancia resulta fundamental para comprender el posterior nacimiento de la música popular caribeña.
Las culturas precolombinas del Caribe
Cuba, Quisqueya y Borinquen antes de la llegada de Colón
Con el paso de los siglos, en Cuba se desarrollaron numerosos ritmos que posteriormente serían fundamentales para la formación de la salsa.
Otra isla caribeña, a la que Colón llegó durante su primer viaje, el 5 de diciembre de 1492, acabaría convirtiéndose en la cuna del merengue.
Me refiero a la isla que los europeos llamaron La Española, conocida también por denominaciones indígenas como Haití y Quisqueya, y que actualmente se encuentra dividida entre dos Estados: la República Dominicana y Haití.
La cultura llegada desde España experimentó profundas transformaciones al entrar en contacto con los pueblos indígenas y, posteriormente, con las diversas culturas africanas trasladadas al Caribe.
Este encuentro de tradiciones de tres continentes dio lugar a nuevas expresiones culturales, particularmente visibles en dos terrenos: la religión y la música.
Los pueblos originarios de las Antillas
Antes de la llegada de los europeos, Cuba, La Española y Borinquen —actual Puerto Rico— estaban habitadas por diferentes comunidades indígenas.
Entre ellas destacaban los taínos, pertenecientes a las tradiciones culturales y lingüísticas arahuacas, cuyos antepasados habían llegado desde regiones del continente sudamericano.
Los taínos desarrollaron complejas formas de organización social, creencias religiosas y prácticas agrícolas, así como importantes tradiciones ceremoniales.
La expansión colonial europea provocó una catástrofe demográfica para estos pueblos, debido a las enfermedades, la explotación laboral, la violencia y las profundas alteraciones de sus formas de vida.
Sin embargo, no debemos interpretar aquella tragedia como la desaparición absoluta de toda ascendencia indígena en las Antillas.
Su legado sobrevivió en comunidades, prácticas culturales, conocimientos, vocabulario y tradiciones que forman parte de la identidad caribeña.
Las palabras taínas que todavía utilizamos
Una de las herencias indígenas más visibles es la lingüística.
Los taínos y otros pueblos de lenguas arahuacas dejaron numerosas palabras que pasaron al español y, en algunos casos, a otros idiomas.
Entre ellas encontramos barbacoa, bohío, canoa, carey, guayaba, hamaca, huracán, iguana, tabaco, yuca, cacique, maíz y maní.
También encontramos términos relacionados con la cultura musical, como maraca y güiro.
En la toponimia permanecen denominaciones como Borinquen y Haití, junto con otras voces de origen indígena.
Estas palabras constituyen testimonios cotidianos de las culturas que habitaban las islas antes de 1492.
Los areítos: música, danza y memoria colectiva
Entre las prácticas culturales de los pueblos taínos destacaban los areítos, ceremonias colectivas que combinaban música, canto, danza y narración.
Estas celebraciones podían tener carácter religioso, social, conmemorativo o guerrero.
A través de ellas se transmitían relatos sobre los antepasados, acontecimientos importantes, tradiciones y hazañas de los dirigentes de las comunidades.
En algunos casos participaban numerosos miembros del poblado, cantando y bailando mediante movimientos colectivos.
El areíto era, por tanto, mucho más que una manifestación de entretenimiento.
Representaba un sistema de transmisión de la memoria histórica y cultural de aquellos pueblos.
Los testimonios de Fernández de Oviedo
Gonzalo Fernández de Oviedo, en su Historia general y natural de las Indias, describió estas ceremonias y la importancia que tenían en la vida de las comunidades indígenas.
Según sus relatos, las canciones y danzas permitían recordar acontecimientos antiguos y transmitir de generación en generación las historias de los grandes jefes.
Las celebraciones podían acompañarse de instrumentos de percusión fabricados con madera ahuecada.
Las melodías, los movimientos y los relatos variaban según la ocasión.
En su obra también aparecen referencias a ceremonias vinculadas con personajes históricos de La Española, entre ellos la cacica Anacaona.
Aunque determinadas fechas y episodios transmitidos por las crónicas necesitan ser contrastados, estos testimonios muestran la importancia que la música y la danza tenían entre los pueblos originarios del Caribe.
El batey: el juego de pelota de los taínos
Otra práctica importante era el batey, nombre relacionado tanto con un espacio ceremonial como con el juego de pelota practicado por diferentes comunidades indígenas.
El juego se desarrollaba en terrenos preparados para esta actividad, frecuentemente delimitados mediante piedras.
Por algunas de sus características puede recordar a determinados deportes de pelota actuales, aunque poseía sus propias reglas y significados culturales.
Todavía se conservan espacios ceremoniales y antiguos bateyes en Puerto Rico.
Su existencia constituye una valiosa muestra del desarrollo social y cultural alcanzado por las comunidades indígenas antillanas.
La destrucción de las sociedades indígenas
La llegada de los colonizadores europeos transformó radicalmente la historia de las Antillas.
Las enfermedades procedentes de Europa y África, entre ellas la viruela y el sarampión, provocaron una enorme mortalidad entre poblaciones que no habían estado expuestas previamente a determinados agentes infecciosos.
A estas enfermedades se sumaron los trabajos forzados, las guerras, los desplazamientos y la desestructuración de las comunidades.
Las consecuencias fueron devastadoras.
En distintas regiones continentales, algunas comunidades indígenas consiguieron mantener mayores continuidades sociales y territoriales, aunque también padecieron graves procesos de violencia y explotación.
En las Antillas, el impacto demográfico y cultural fue especialmente intenso.
Los instrumentos musicales indígenas que sobrevivieron
Entre los instrumentos asociados con las tradiciones indígenas antillanas se encuentran las maracas, los güiros y diversas sonajas.
Estos instrumentos de percusión continuaron utilizándose en distintas expresiones musicales del Caribe.
Su presencia muestra cómo determinados elementos culturales sobrevivieron a las transformaciones impuestas por la colonización.
Así, cuando estudiamos el nacimiento de la música popular caribeña, debemos considerar no solamente las aportaciones europeas y africanas, sino también la herencia musical de los pueblos que habitaban las islas mucho antes de la llegada de Colón.
Comienza la llegada de las culturas africanas al Caribe
La esclavitud africana transforma la sociedad antillana
La catástrofe demográfica sufrida por las poblaciones indígenas y la expansión de la economía colonial favorecieron el crecimiento del tráfico de personas africanas esclavizadas hacia las Antillas.
En Cuba existen referencias documentales a la presencia de africanos esclavizados desde 1513.
Durante los siglos posteriores, el comercio transatlántico de esclavos trasladaría a la isla a centenares de miles de personas procedentes de distintas regiones de África.
Aquellas personas no llegaron desprovistas de cultura.
Llevaban consigo conocimientos, creencias, lenguas, tradiciones musicales, formas de organización comunitaria y una memoria colectiva que intentarían conservar y transmitir a sus descendientes.
De aquellas tradiciones surgirían algunas de las influencias más importantes en la formación de la música popular cubana.
Las principales regiones africanas de procedencia
Una parte fundamental de la población africana trasladada a Cuba procedía de regiones de África centrooccidental, especialmente de territorios vinculados con la cuenca del Congo y Angola.
También llegaron personas procedentes de distintas zonas del golfo de Guinea y de la costa occidental africana.
Entre ellas figuraban regiones asociadas históricamente con Calabar, en el actual sureste de Nigeria, y con el antiguo reino de Dahomey, situado principalmente en el territorio de la actual República de Benín.
Otras personas procedían de regiones que hoy corresponden a Ghana, Sierra Leona y Guinea.
Cada grupo aportó tradiciones propias, de modo que no podemos hablar de una cultura africana homogénea.
África era, y continúa siendo, un continente de extraordinaria diversidad lingüística, étnica, religiosa y musical.
La huella de Haití y la tumba francesa
La historia de la música cubana también está vinculada con los movimientos de población procedentes de otras colonias caribeñas.
Las transformaciones políticas y sociales de Saint-Domingue, especialmente durante la Revolución haitiana, impulsaron desplazamientos de población hacia Cuba.
En estos movimientos participaron colonos franceses, personas libres de ascendencia africana y personas esclavizadas.
Con ellos llegaron tradiciones culturales afrofrancesas que contribuirían al desarrollo de manifestaciones musicales como la tumba francesa.
Más adelante nos detendremos en esta expresión musical, una de las muestras más interesantes de los intercambios culturales entre Haití y el oriente cubano.
Las tradiciones yorubas y sus instrumentos
Entre las grandes aportaciones africanas a la música cubana se encuentran las tradiciones vinculadas con los pueblos de lengua yoruba, conocidos en Cuba mediante denominaciones históricas como lucumí.
También estuvieron presentes los iyessá, vinculados con tradiciones religiosas y musicales propias.
Entre los instrumentos de percusión asociados con estas comunidades destacan los tambores batá y diversas modalidades de tambores utilizados en ceremonias religiosas y celebraciones comunitarias.
El bembé, además de vincularse con determinadas prácticas festivas y religiosas, ocupa un lugar destacado dentro del amplio universo musical afrocubano.
Estas tradiciones conservaron relaciones estrechas entre música, canto, danza y religión.
Las tradiciones bantúes: yuka, makuta y maní
Otra gran aportación procedió de los pueblos de lenguas bantúes, especialmente de África centrooccidental.
En Cuba, muchas de estas personas fueron agrupadas bajo la denominación histórica de congos.
Sus prácticas religiosas y culturales contribuyeron al desarrollo de expresiones musicales vinculadas con el palo y con diferentes modalidades de danza y percusión.
Entre los bailes y manifestaciones tradicionales destacan la yuka, la makuta y el maní.
Las expresiones musicales relacionadas con estas prácticas utilizaron tambores, cantos, respuestas colectivas y estructuras rítmicas que pasarían a formar parte del patrimonio musical afrocubano.
El contacto entre estas tradiciones y las músicas europeas e indígenas contribuiría, durante generaciones, a transformar el paisaje sonoro de Cuba.
La resistencia cultural en los barracones
Las personas africanas esclavizadas llevaron consigo sus religiones, tradiciones y conocimientos.
A pesar de las prohibiciones y castigos impuestos por las autoridades y propietarios, muchas de estas prácticas se conservaron mediante la transmisión oral y las relaciones comunitarias.
Los barracones, los espacios de reunión, las celebraciones y las redes familiares fueron escenarios de esa resistencia cultural.
La música, el canto y la danza desempeñaron un papel fundamental.
No se trataba únicamente de conservar determinadas formas de entretenimiento, sino de mantener identidades colectivas y creencias en un sistema que pretendía reducir a las personas a la condición de propiedad.
Bozales, ladinos y criollos: las denominaciones coloniales
En la sociedad colonial cubana se utilizaron diversas denominaciones para distinguir a las personas africanas y a sus descendientes.
Se llamaba bozales a los africanos recién llegados que todavía no dominaban el castellano.
El término ladino se aplicaba generalmente a quienes conocían la lengua y determinados usos culturales hispanos.
Criollo podía designar a personas nacidas en América, aunque su significado variaba según el contexto histórico y social.
También se utilizó la denominación reyoyo en determinados ambientes cubanos.
Estas palabras reflejan las clasificaciones sociales de la época y deben interpretarse dentro de su contexto colonial.
Las procesiones del Corpus y el encuentro de tradiciones
En Cuba, las fiestas religiosas católicas se convirtieron también en espacios de encuentro entre tradiciones culturales.
Existen referencias a celebraciones del Corpus Christi durante el siglo XVI en las que aparecían elementos característicos de las fiestas españolas, como gigantes, cabezudos, figuras de moros y tarascas.
Emilio Bacardí, en sus Crónicas de Santiago de Cuba, recogió testimonios sobre estas celebraciones y la presencia de máscaras, personajes simbólicos, danzas, cantos e instrumentos de percusión.
En aquellas festividades aparecían representaciones de ángeles, diablos, gitanos, animales y otros personajes populares.
Los instrumentos africanos y las tradiciones coreográficas de diferentes comunidades fueron incorporándose a determinadas celebraciones.
Posteriormente, las festividades del Día de Reyes también adquirieron especial importancia para las comunidades afrodescendientes.
Era una auténtica expresión del encuentro entre distintas tradiciones culturales, aunque desarrollado dentro de una sociedad marcada por la desigualdad y la esclavitud.
Los cabildos de nación: espacios de conservación cultural
Dentro del sistema colonial cubano, determinadas comunidades africanas y afrodescendientes pudieron organizarse en asociaciones conocidas como cabildos de nación.
Estas agrupaciones estaban sujetas al control y a las disposiciones de las autoridades coloniales.
Con frecuencia adoptaban nombres relacionados con santos católicos, como San Antonio de Padua, Santa Teresa, Santo Cristo del Buen Viaje o San Lázaro.
Los cabildos reunían a personas de procedencias africanas comunes o vinculadas por determinadas tradiciones culturales.
Dentro de sus limitaciones, desempeñaron un papel importante en la conservación de lenguas, ceremonias, cantos, instrumentos, danzas y creencias.
El musicólogo cubano Argeliers León destacó la importancia de estas instituciones para mantener vivas distintas manifestaciones culturales africanas en Cuba.
Sin embargo, esta posibilidad de organización no debe confundirse con una aceptación general de la libertad cultural de las personas esclavizadas.
La existencia de los cabildos convivió con prohibiciones, vigilancia, represión y condiciones de explotación.
África no es una sola cultura musical
Como todos sabemos, África es un continente inmenso, habitado por pueblos de muy diferentes procedencias, con innumerables lenguas y una extraordinaria diversidad de tradiciones musicales.
Por ello, sería conveniente preguntarnos hasta qué punto la expresión «música africana» puede utilizarse para designar un conjunto homogéneo.
Algo parecido ocurre cuando hablamos de música española sin diferenciar entre las culturas musicales que conviven en los distintos territorios peninsulares e insulares.
En Cuba se encontraron tradiciones procedentes de numerosas regiones de África.
Cada una aportó elementos propios y, en contacto con otras culturas, contribuyó a la aparición de nuevas expresiones musicales.
Esta diversidad constituye una de las claves para comprender la extraordinaria riqueza de la música popular caribeña.
El mestizaje y las clasificaciones sociales coloniales
El artículo publicado por Méndez en EL CORREO en 1989 incluía otro apartado titulado «Caprichos de la sangre».
En él se examinaban las relaciones entre europeos, indígenas y africanos durante la colonización americana.
Estas relaciones fueron muy diversas e incluyeron uniones voluntarias, matrimonios, acuerdos sociales y políticos y también numerosas situaciones de violencia y coerción sexual.
La sociedad colonial desarrolló una extensa terminología destinada a clasificar a las personas según sus ascendencias.
Entre las denominaciones históricas recogidas se encontraban mestizo, mulato, zambo, castizo, morisco, albino, torna atrás, lobo, cambujo, coyote, cuarterón, tercerón y otras muchas.
Estas categorías reflejaban un sistema colonial de jerarquías sociales y raciales que hoy debemos estudiar desde una perspectiva histórica.
No se trataba de clasificaciones biológicas científicas, sino de denominaciones sociales y administrativas que cambiaron según los territorios y las épocas.
El mestizaje fue, en cualquier caso, uno de los procesos fundamentales que transformaron las sociedades americanas.
El nacimiento de una identidad musical criolla
Con el desarrollo de la colonización y el establecimiento de nuevas generaciones nacidas en América, comenzaron a consolidarse identidades culturales propias.
El criollo, entendido en este contexto como persona nacida en América y vinculada a las sociedades coloniales, adquirió un papel importante en ese proceso.
Las músicas desarrolladas en el Caribe bebían de fuentes indígenas, europeas y africanas, pero poco a poco adquirieron características particulares.
Ya no eran simplemente músicas traídas de España o de África.
Eran expresiones culturales nuevas, nacidas en el territorio americano y transformadas por la experiencia histórica de sus habitantes.
De ese prolongado proceso surgiría una identidad musical caribeña propia.
Una identidad que, con el paso de los siglos, daría lugar a géneros tan importantes como la contradanza cubana, el danzón, el bolero, la rumba y el son.
Y mucho después, a numerosas expresiones musicales que acabarían conquistando el mundo.
Antonio Mora Ayora
De orilla a orilla — Edición revisada para DE COLÓN AL REGUETÓN.
