Capítulo 03 | Las culturas precolombinas del Caribe: la música que existía antes de 1492

Antes de que las embarcaciones de Cristóbal Colón llegaran a las Antillas, las islas del Caribe estaban habitadas por pueblos que poseían sus propias culturas.

Sus habitantes hablaban diferentes lenguas.

Desarrollaban actividades agrícolas.

Mantenían relaciones marítimas.

Y utilizaban ceremonias, cantos y danzas para expresar creencias, recordar acontecimientos y organizar determinadas actividades comunitarias.

Aquellos pueblos no esperaron a la llegada de los europeos para comenzar su historia musical.

Ya poseían tradiciones.

También instrumentos.

Y procedimientos de transmisión cultural.

La recuperación de aquella memoria constituye uno de los primeros grandes retos de nuestra investigación.

Porque una parte fundamental de sus expresiones se transmitía oralmente.

Y buena parte de la documentación escrita procede de observadores europeos que llegaron después de 1492.

Sus testimonios resultan importantes.

Pero necesitan ser estudiados críticamente.

Un Caribe habitado por culturas diferentes

En mi manuscrito original recordaba que Cuba, Borinquen y La Española estaban habitadas por pueblos relacionados con las tradiciones arahuacas del norte de América del Sur.

Entre ellos destacaban las sociedades taínas.

Pero debemos evitar considerar que todas las poblaciones indígenas antillanas pertenecían a una cultura idéntica.

La diversidad era mayor.

En las Antillas existían comunidades con diferentes trayectorias históricas.

También distintas formas de organización.

Y relaciones culturales que habían evolucionado durante siglos.

Determinadas poblaciones compartían características lingüísticas y materiales.

Pero eso no significa que todas poseyeran las mismas ceremonias ni idénticas tradiciones musicales.

Las sociedades taínas adquirieron una importancia especialmente visible en las fuentes relacionadas con las Antillas Mayores.

Sin embargo, su protagonismo no debe llevarnos a borrar la existencia de otros grupos indígenas.

Cuba, Borinquen y La Española antes del encuentro europeo

Las islas mantenían relaciones entre sí antes de la llegada europea.

Las embarcaciones indígenas permitían desplazamientos marítimos.

Y mediante esas relaciones podían circular objetos.

También conocimientos.

Y prácticas culturales.

Por ello debemos evitar imaginar las Antillas como sociedades completamente aisladas.

La proximidad entre las islas favorecía determinados contactos.

Pero no todos los territorios estaban relacionados de manera uniforme.

Las características de cada comunidad dependían de circunstancias diferentes.

La historia de sus intercambios debe reconstruirse mediante la arqueología.

También la lingüística.

Y las fuentes históricas.

La música formaba parte de aquellas sociedades.

Aunque su reconstrucción resulta especialmente difícil debido a la escasez de testimonios sonoros o partituras anteriores a 1492.

Los Taínos y sus tradiciones culturales

Entre las poblaciones indígenas antillanas encontramos a los Taínos.

Su historia ocupa un lugar fundamental dentro del Caribe precolombino.

En mi texto original recogía una interpretación tradicional del nombre Taíno relacionada con la expresión «los buenos».

Conviene estudiar esa explicación dentro de su contexto lingüístico.

Y evitar convertir una traducción difundida en una descripción global de la identidad de todo un pueblo.

Las sociedades taínas desarrollaron actividades agrícolas.

También sistemas de organización comunitaria.

Y prácticas ceremoniales.

La yuca desempeñó una función importante dentro de su alimentación.

Las viviendas y los espacios colectivos respondían a diferentes necesidades.

Pero la vida comunitaria no se limitaba al trabajo.

También existían ceremonias relacionadas con las creencias.

Y con la transmisión de acontecimientos históricos.

Entre ellas encontramos los Areítos.

Los Areítos: música, danza y memoria colectiva

El Areíto constituye una de las manifestaciones culturales más importantes mencionadas por las fuentes tempranas sobre las Antillas.

En determinadas ceremonias se combinaban el canto y la danza.

También la participación colectiva.

Y la evocación de acontecimientos.

Las personas podían recordar historias de sus comunidades.

Las acciones de sus dirigentes.

Y determinadas tradiciones.

La música desempeñaba una función que superaba el entretenimiento.

Formaba parte de la memoria social.

También de las creencias.

Y de las relaciones comunitarias.

Pero debemos evitar imaginar que todos los Areítos poseían una única forma.

Las ceremonias podían variar.

También sus participantes.

Y las circunstancias de celebración.

La documentación conservada describe determinadas prácticas.

Pero no permite reconstruir una única estructura musical válida para todas las poblaciones.

La música como transmisora de la historia

Uno de los aspectos que más me interesan de los Areítos es su relación con la memoria colectiva.

Antes de que determinadas sociedades contaran con sistemas de escritura semejantes a los europeos, las tradiciones orales podían desempeñar funciones fundamentales.

Las canciones transmitían recuerdos.

También acontecimientos.

Y narraciones compartidas.

Una comunidad podía conservar informaciones mediante prácticas ceremoniales.

Y transmitirlas a otras generaciones.

La música proporcionaba una forma de organizar aquella memoria.

Pero no debemos reducir los Areítos a una especie de archivo histórico cantado.

Poseían funciones culturales y rituales más amplias.

Las relaciones entre música, danza y comunidad constituían parte de su significado.

Gonzalo Fernández de Oviedo y sus descripciones

Entre los cronistas que describieron determinadas tradiciones indígenas encontramos a Gonzalo Fernández de Oviedo.

Su Historia general y natural de las Indias constituye una fuente fundamental para estudiar aspectos de las sociedades americanas durante los primeros tiempos de presencia española.

En mi manuscrito de 1992 recogí una extensa cita atribuida al cronista.

El pasaje describía los Areítos como ceremonias en las que las personas cantaban y bailaban.

Y recordaban acontecimientos antiguos.

También hazañas de sus dirigentes.

La descripción mencionaba instrumentos de percusión construidos con madera.

Y hacía referencia a la variación de las melodías y los pasos de baile.

El testimonio es importante.

Pero necesitamos cotejar el texto exacto con la edición original de Fernández de Oviedo.

Porque el fragmento que conservé incluye detalles que parecen proceder de una reelaboración posterior.

Y contiene una referencia cronológica claramente problemática.

Anacaona y Caonabo: una cronología que debemos corregir

El texto que recuperé en 1992 atribuía a Fernández de Oviedo una descripción de un Areíto celebrado por Anacaona en 1520.

También mencionaba a Caonabo como esposo de Anacaona.

Ambos personajes pertenecen a la historia de La Española durante las primeras décadas de la presencia europea.

Anacaona fue una figura destacada dentro de las sociedades indígenas.

También Caonabo.

Pero la fecha de 1520 resulta incompatible con la cronología histórica generalmente aceptada de Anacaona.

Su ejecución se sitúa en 1503 o 1504, según las fuentes y sus interpretaciones.

Por tanto, no podemos conservar la escena de 1520 como un acontecimiento demostrado.

Tampoco debemos eliminarla sin explicación.

La mantendremos dentro del archivo documental como parte del relato transmitido.

Y señalaremos expresamente el anacronismo.

Lo que interesa para nuestra investigación es conocer las ceremonias musicales.

No perpetuar una fecha incorrecta.

El Batey y los juegos de pelota

En mi investigación original destacaba otra práctica importante.

El Batey.

En diferentes contextos históricos antillanos, la palabra aparece relacionada con espacios comunitarios.

Y también con los juegos de pelota practicados por determinadas poblaciones indígenas.

Los terrenos podían estar acondicionados para el desarrollo de aquellas actividades.

Y constituir lugares de encuentro.

En Puerto Rico se conservan espacios arqueológicos relacionados con esos juegos.

Pero debemos distinguir los complejos ceremoniales y los espacios de juego según las características de cada yacimiento.

En mi texto de 1992 comparaba aquellos juegos con una combinación primitiva entre el fútbol y el rugby.

La comparación puede resultar útil para despertar una imagen aproximada en el lector.

Pero no constituye una definición histórica ni técnica.

Los juegos indígenas poseían sus propias reglas.

También significados sociales y ceremoniales.

Y no deben explicarse exclusivamente mediante deportes modernos.

El Batey como espacio de vida comunitaria

Los espacios colectivos desempeñaban funciones importantes dentro de las sociedades indígenas.

Las personas podían reunirse.

Participar en acontecimientos.

Y desarrollar diferentes actividades.

Pero debemos evitar afirmar que todos los Areítos y juegos de pelota se celebraban exactamente en las mismas instalaciones.

La arqueología proporciona información sobre determinados espacios.

Mientras que las fuentes escritas permiten conocer una parte de las prácticas.

La combinación de ambos tipos de documentación puede ayudarnos a comprender mejor su funcionamiento.

La relación entre espacio, ceremonia y participación colectiva constituye un campo de estudio especialmente interesante.

Porque demuestra que las expresiones culturales estaban profundamente relacionadas con la organización social.

Las palabras indígenas que permanecen en el español

Una de las herencias más visibles de las culturas antillanas aparece dentro de nuestra lengua.

En mi manuscrito original recogí una extensa relación de palabras asociadas con las tradiciones indígenas.

Entre ellas barbacoa, bohío, canoa, carey, caribe, guayaba, hamaca, huracán, iguana, tabaco, yuca y tiburón.

También aguacate, Borinquen, cacique, Cuba, higuera, maíz, maní, maraca, güiro, Haití y Quisqueya.

Es importante conservar la relación completa.

Pero debemos revisarla palabra por palabra.

Porque no todas poseen necesariamente la misma procedencia lingüística.

Algunas se relacionan con lenguas antillanas.

Otras proceden de diferentes tradiciones indígenas americanas.

Y determinados términos poseen etimologías discutidas.

Por ejemplo, aguacate está vinculado al náhuatl, lengua de México.

Por tanto, no sería correcto presentarlo simplemente como un vocablo taíno.

Tampoco debemos convertir el uso actual de una palabra en prueba de que todos los pueblos antillanos la empleaban antes de 1492.

La historia de la lengua constituye un testimonio extraordinario del intercambio cultural.

Pero necesita precisión.

Las Maracas y las sonajas

Entre los instrumentos que relacionamos con las tradiciones indígenas antillanas encontramos distintas sonajas.

Las Maracas constituyen un ejemplo particularmente conocido.

Su funcionamiento se basa en el movimiento de un recipiente que contiene elementos capaces de producir sonido.

Pero debemos distinguir las características de los instrumentos conservados o descritos en el Caribe de las formas desarrolladas posteriormente en otros territorios americanos.

Las sonajas aparecen en diferentes culturas.

Y no sería correcto atribuir su invención universal a un único pueblo.

Lo importante para nuestra investigación es reconocer que determinados instrumentos de percusión formaban parte de las prácticas indígenas.

Y que algunos de sus procedimientos continuaron presentes dentro de músicas americanas posteriores.

El Güiro y los instrumentos raspados

Otro instrumento importante dentro de las músicas caribeñas es el Güiro.

Su sonido se produce mediante el raspado de una superficie preparada para generar una vibración.

En la actualidad forma parte de numerosos géneros musicales.

Pero su historia necesita estudiarse mediante referencias concretas.

En mi texto original lo relacionaba con las prácticas de los Taínos.

La asociación merece conservarse como parte de la investigación.

Sin embargo, debemos evitar afirmar que todas las formas modernas del Güiro tienen una procedencia exclusivamente taína.

Los instrumentos raspados existen en diferentes culturas.

Y sus características materiales pueden transformarse.

La continuidad de una técnica instrumental no significa que el instrumento actual sea idéntico al utilizado siglos atrás.

Pero las referencias históricas permiten reconocer la importancia de las tradiciones anteriores a la llegada europea.

Los instrumentos de madera y las prácticas de percusión

Las fuentes históricas también mencionan instrumentos construidos con madera.

Determinadas descripciones hablan de piezas huecas capaces de producir sonidos de percusión.

Pero debemos evitar equipararlas automáticamente con los tambores africanos que posteriormente llegarían al Caribe.

Las tecnologías instrumentales pueden compartir características generales.

Y proceder de tradiciones distintas.

Los instrumentos indígenas poseían funciones propias.

También significados relacionados con sus sociedades.

La investigación necesita reconocerlos sin interpretarlos exclusivamente como antecedentes de géneros musicales modernos.

No conocemos con exactitud todos los sonidos que se escuchaban durante los Areítos.

Pero sabemos que la música desempeñaba una función importante dentro de aquellas prácticas.

La conquista y el desplome demográfico indígena

El proceso iniciado en 1492 tuvo consecuencias devastadoras para las poblaciones indígenas de las Antillas.

Las guerras.

Las condiciones de trabajo forzoso.

Los desplazamientos.

Y las enfermedades contribuyeron a provocar un desplome demográfico extraordinario.

En mi texto de 1992 mencionaba la gripe, la viruela y el sarampión entre las enfermedades introducidas.

La cronología concreta de cada epidemia necesita estudiarse.

Pero la importancia de las enfermedades procedentes del Viejo Mundo dentro de la catástrofe demográfica está ampliamente reconocida.

La destrucción de comunidades produjo también enormes pérdidas culturales.

Numerosas prácticas dejaron de transmitirse.

Y muchas otras se transformaron profundamente.

Sin embargo, debemos corregir una afirmación de mi manuscrito original.

No sería exacto sostener que todos los indígenas de las Antillas desaparecieron absolutamente.

La supervivencia de las herencias indígenas

El desplome demográfico no significó la desaparición total de los descendientes indígenas ni de todas sus herencias.

Diversas poblaciones sobrevivieron.

Y participaron posteriormente en las sociedades antillanas.

Las relaciones familiares.

La transmisión de conocimientos.

Y determinadas prácticas culturales continuaron de maneras diferentes.

La investigación contemporánea ha permitido reconocer supervivencias que durante mucho tiempo recibieron escasa atención.

Pero debemos evitar imaginar una continuidad completamente intacta.

La conquista y las transformaciones sociales modificaron profundamente las condiciones de vida.

La transmisión cultural podía producirse mediante procesos complejos.

Y sus huellas no siempre resultan fáciles de identificar.

La historia indígena del Caribe no terminó en 1492.

Tampoco terminó con la conquista.

Forma parte de la historia posterior de las islas.

Las diferencias entre las Antillas y el continente

En mi manuscrito original comparaba el destino de las poblaciones indígenas antillanas con el de diversas sociedades continentales.

Mencionaba México.

Colombia.

Y Venezuela.

La geografía desempeñó funciones importantes en las posibilidades de supervivencia de determinadas comunidades.

Pero debemos evitar reducir la explicación a que los habitantes del continente pudieron refugiarse en montañas y selvas mientras que los antillanos desaparecieron completamente.

Las circunstancias variaron enormemente.

También existieron procesos de resistencia.

Y formas de continuidad cultural en las propias Antillas.

Por ello debemos estudiar cada territorio dentro de su historia particular.

Y reconocer tanto las pérdidas como las supervivencias.

REFLEXIONES DEL AUTOR: antes del mestizaje existían culturas propias

Cuando comencé a estudiar el origen de las músicas caribeñas, me interesaban especialmente los encuentros entre las tradiciones españolas y africanas.

Pero pronto comprendí que era imprescindible dedicar atención a los habitantes anteriores a 1492.

Las islas ya poseían una historia cultural.

Y sus comunidades utilizaban la música dentro de ceremonias fundamentales.

Los Areítos me parecen especialmente interesantes.

Porque muestran una relación profunda entre canto, danza y memoria colectiva.

También el Batey.

Y los instrumentos utilizados durante diferentes actividades.

La importancia de aquellas prácticas no depende de que podamos demostrar una descendencia directa hacia el Son o cualquier otro género posterior.

Poseían valor cultural por sí mismas.

Y merecen ocupar su propio lugar dentro de nuestra historia.

También considero fundamental reconocer la permanencia de palabras indígenas dentro del español.

Cada una de ellas representa una historia particular.

Y demuestra que las relaciones culturales producen consecuencias duraderas.

Pero la investigación debe reconocer las diferencias lingüísticas.

Y evitar atribuciones demasiado generales.

Lo mismo ocurre con los instrumentos.

Las Maracas y el Güiro poseen una historia compleja.

No necesitamos atribuir su invención universal a un solo pueblo para reconocer la importancia de las tradiciones antillanas.

La recuperación de los Areítos también exige revisar críticamente los testimonios de los cronistas.

La escena atribuida a Anacaona en 1520 demuestra que incluso los relatos más repetidos pueden contener errores.

Nuestra tarea consiste en conservarlos como testimonios.

Pero separar sus elementos comprobados de los anacronismos.

Antes de que comenzara el gran intercambio musical atlántico, el Caribe ya tenía sus canciones, sus danzas, sus instrumentos y sus propias maneras de conservar la memoria.

Hacia una nueva etapa histórica

La llegada europea transformó profundamente las sociedades indígenas antillanas.

Posteriormente, el tráfico de personas esclavizadas desde diferentes regiones africanas contribuiría a modificar todavía más su realidad cultural.

Aquellos desplazamientos introdujeron lenguas.

Creencias.

Prácticas religiosas.

Instrumentos.

Y procedimientos musicales diferentes.

Las tradiciones africanas no constituían una sola cultura.

Tampoco llegarían todas en un mismo momento.

Por ello, nuestro siguiente capítulo deberá estudiar sus procedencias.

Y las formas de transmisión que permitieron conservar una parte fundamental de aquel patrimonio.

Antonio Mora Ayora

DE COLÓN AL REGUETÓN