La habanera: de la danza cubana a una canción universal

DE COLÓN AL REGUETÓN | La música que cruzó el Atlántico

Un nombre para músicas diferentes

Situados a mediados del siglo XIX, llegamos a uno de los asuntos que más interés ha despertado entre los musicólogos desde que publiqué la primera edición de De orilla a orilla: la habanera.

Es también uno de los capítulos que mejor nos permiten comprender la influencia de nuestros antepasados en la historia musical del Caribe y los caminos de ida y vuelta que recorrieron sus canciones.

Antes de abordar su evolución, debemos señalar una dificultad importante.

El término habanera no tuvo siempre un significado único.

En distintos momentos y lugares se utilizó para identificar formas de contradanza, danza cubana, canciones acompañadas de piano y composiciones vocales que compartían determinados elementos rítmicos.

Fuera de Cuba, algunas danzas que se interpretaban en los salones habaneros recibieron el nombre de habaneras por su procedencia geográfica.

Pero también se comenzó a identificar con esa denominación una canción de carácter cadencioso, frecuentemente escrita para voz y piano, cuya popularidad llegaría a ser extraordinaria.

Esta segunda acepción es la que más nos interesa.

En esta obra utilizaremos el término habanera, cuando no se indique lo contrario, para referirnos a la canción que alcanzó una personalidad propia y una tradición especialmente arraigada en España.

No debemos confundirla sin más con todas las danzas cubanas que, al difundirse internacionalmente, recibieron ese mismo nombre.

La contradanza, la danza y la canción habanera

La habanera no surgió de la nada.

Su historia está estrechamente relacionada con el desarrollo de la contradanza y de la danza cubana, que habían incorporado características rítmicas y expresivas propias de la cultura musical de la isla.

En ese proceso desempeñaron un papel importante determinados patrones de síncopa relacionados con las tradiciones afrocaribeñas.

Entre ellos encontramos el ritmo que diferentes autores denominaron tango o ritmo de habanera.

Las relaciones entre estos patrones y otros géneros musicales de España y América son complejas y deben estudiarse sin convertir las coincidencias rítmicas en pruebas automáticas de descendencia directa.

Pero su importancia en la formación de la canción habanera resulta evidente.

Durante el siglo XIX, las danzas instrumentales comenzaron también a recibir textos cantados.

Las melodías que antes acompañaban los bailes podían transformarse en canciones independientes.

Zoila Lapique Becali estudió este proceso en sus investigaciones sobre la música cubana del siglo XIX.

En él encontramos una de las claves para comprender el nacimiento de la habanera vocal.

«El amor en el baile»: una partitura fundamental de 1842

Entre los testimonios más interesantes se encuentra la composición titulada El amor en el baile.

Fue publicada en La Habana en noviembre de 1842 como canción habanera con acompañamiento de piano.

La documentación conservada no permite identificar con total seguridad a su compositor.

Se trata de una referencia fundamental porque demuestra que la denominación canción habanera ya figuraba por escrito antes de la proyección internacional de las composiciones más conocidas de Sebastián de Iradier.

Por tanto, no podemos adjudicar a Iradier la creación de la habanera como forma musical, pero si el primer compositor que firma una partitura de Habanera con nombre y apellidos, por lo que queda clara que la forma de canción existía entre lo multiples estilos que interpretaban los trovadores.

El compositor alavés encontró una tradición que estaba desarrollándose y realizó una aportación extraordinaria a su difusión.

Esta distinción resulta esencial para comprender nuestra interpretación histórica.

Una cosa es el nacimiento de una práctica musical popular y otra la obra de un compositor que logra fijar, transformar y universalizar una de sus formas.

La habanera viaja por Europa y América

Durante el siglo XIX, las comunicaciones marítimas facilitaron el movimiento de canciones, músicos y compañías artísticas entre los puertos americanos y europeos.

Cádiz, La Habana, Barcelona, San Juan de Puerto Rico y otros centros portuarios participaron en esos intercambios.

La música de procedencia cubana llegó también a París y Madrid, donde encontró nuevos espacios de interpretación.

Lauro Ayestarán estudió estas conexiones y señaló la circulación internacional de las danzas habaneras durante la primera mitad del siglo XIX.

Las músicas populares podían difundirse inicialmente mediante la interpretación oral y, posteriormente, adquirir nuevas formas gracias a la edición de partituras y su incorporación a los espectáculos teatrales.

Este recorrido explica en parte la diversidad de nombres y características que encontramos en las fuentes.

La habanera podía ser un baile, una canción, una pieza de salón o un recurso musical incorporado a una zarzuela.

La dificultad consiste en identificar de cuál de estas manifestaciones estamos hablando en cada documento.

Sebastián de Iradier: el músico alavés que llevó la habanera al mundo

Sebastián de Iradier y Salaverri nació en Lanciego, Álava, el 20 de enero de 1809.

Su vida transcurrió entre la enseñanza musical, la composición, los ambientes aristocráticos y la actividad artística de algunas de las grandes ciudades europeas de su tiempo.

Desde joven mostró excelentes condiciones para la música.

Ejerció como organista, estudió y desarrolló una importante actividad docente y compositiva.

En Madrid estuvo vinculado con el Conservatorio y con diferentes instituciones musicales.

También frecuentó los círculos sociales y culturales de la capital, donde sus composiciones alcanzaron una notable popularidad.

Entre las personas relacionadas con aquellos ambientes figuraban escritores, músicos y miembros de la aristocracia.

Iradier fue además profesor de las hijas de la condesa de Montijo, entre ellas Eugenia, futura emperatriz de Francia.

Su trayectoria acabaría llevándolo a París, donde desarrolló una actividad especialmente importante como compositor de canciones y piezas de salón.

Un compositor entre Madrid y París

La popularidad de Iradier estuvo relacionada con su capacidad para escribir composiciones destinadas a los salones y a los intérpretes que protagonizaban la vida musical europea.

Sus obras incorporaban boleros, canciones, danzas y otros aires de inspiración española.

Estas composiciones encontraron una acogida favorable en París, donde los espectáculos y las músicas españolas despertaban gran interés.

En sus relaciones artísticas aparecen cantantes, bailarinas y personalidades vinculadas con el teatro y la ópera.

La circulación de intérpretes entre Madrid, París y otras ciudades europeas contribuyó a extender su repertorio.

Iradier no fue únicamente un compositor reconocido en su entorno.

Se convirtió en uno de los autores que participaron más activamente en la difusión internacional de determinadas formas de canción española e hispanoamericana.

El viaje americano y «La Paloma»

La tradición biográfica relaciona la composición de La Paloma con los viajes americanos de Sebastián de Iradier y, especialmente, con su conocimiento de Cuba.

En mis investigaciones originales reuní numerosas referencias sobre su paso por América, procedentes de enciclopedias musicales, diccionarios biográficos y estudios dedicados a su obra.

También recogí informaciones de Emilio López de Saa sobre la vinculación de La Paloma con la experiencia americana del compositor.

Sin embargo, debemos distinguir la tradición narrativa de los documentos que permiten establecer fechas concretas.

Las circunstancias exactas de su composición y de sus primeras interpretaciones han dado lugar a versiones diferentes.

Algunas fuentes sitúan una presentación de la obra en La Habana durante la década de 1850, mientras que otras ofrecen cronologías distintas.

Por ello, antes de fijar definitivamente una fecha de estreno, será necesario confrontar los programas, anuncios y ediciones musicales conservados.

Lo que no ofrece dudas es la extraordinaria importancia que acabaría adquiriendo La Paloma.

La canción que identificó una manera de cantar

Con La Paloma, Iradier contribuyó decisivamente a la popularización de una canción de carácter melódico y cadencioso que alcanzaría una difusión internacional extraordinaria.

Su acompañamiento rítmico y su expresión sentimental influyeron en la forma en que numerosos públicos europeos identificaron la habanera.

Para mí, esta es una de las cuestiones centrales de su aportación.

Iradier no creó los antecedentes rítmicos de la habanera, pero desempeñó un papel fundamental en la definición y difusión internacional de una modalidad de canción que acabaría adquiriendo vida propia.

La enorme popularidad de La Paloma contribuyó a que este tipo de composición fuera interpretado y adaptado por cantantes, corales y músicos de distintas procedencias.

La canción se convirtió en parte del repertorio internacional del siglo XIX y continuó viva durante las generaciones posteriores.

Su éxito demuestra cómo una tradición musical desarrollada en Cuba podía alcanzar una proyección universal gracias a los compositores, intérpretes y editores musicales.

«El Arreglito» y la habanera de Carmen

Otra obra fundamental de Iradier es El Arreglito, también conocida por su título francés El Arreglito ou la Promesse de mariage.

Su melodía adquirió una segunda vida gracias al compositor francés Georges Bizet.

En 1875, Bizet estrenó en París su ópera Carmen, ambientada en Sevilla.

Entre sus páginas más conocidas figura el aria de presentación de la protagonista, popularmente identificada como la habanera de Carmen.

La melodía procede de El Arreglito, de Sebastián de Iradier, y Bizet la adaptó para integrarla en su ópera.

Este episodio constituye uno de los ejemplos más llamativos de la circulación de músicas y melodías entre compositores y escenarios europeos.

Una canción de Iradier, vinculada con la habanera, terminó convirtiéndose en una de las arias más famosas del repertorio operístico mundial.

Y, curiosamente, la obra que contribuyó a universalizar aquella melodía llevaba a escena una historia ambientada en Andalucía.

La circulación cultural volvía a cerrar uno de sus círculos.

¿Qué debemos entender por «padre de la habanera»?

En mis escritos anteriores defendí que Iradier merecía ser considerado el padre de la habanera tal y como se popularizó en España.

Deseo precisar el alcance de esa afirmación.

No significa que inventara el ritmo ni que compusiera las primeras canciones que utilizaron estructuras semejantes.

Tampoco significa que la habanera careciera de antecedentes populares cubanos.

La existencia de El amor en el baile, publicada en 1842, demuestra precisamente lo contrario.

Lo que reivindico es la trascendencia de Iradier como compositor que dio una proyección extraordinaria a una forma de canción que acabaría identificándose con el género.

Su aportación resultó decisiva para que la habanera fuera conocida, interpretada y transformada por generaciones de músicos.

Por ello, el título de «padre de la habanera» debe entenderse en relación con esa popularización y desarrollo histórico, no como una atribución de invención absoluta.

El desarrollo de la habanera en Cuba

Mientras la habanera alcanzaba gran popularidad internacional, en Cuba continuaban evolucionando otras formas de música popular.

La contradanza había dado paso a la danza y posteriormente al danzón.

Al mismo tiempo, los músicos y cantantes desarrollaban nuevas formas de canción, entre ellas la criolla y el bolero.

Estas transformaciones contribuyeron a modificar el lugar ocupado por la habanera dentro del repertorio cubano.

Una de las composiciones más conocidas es Tú, de Eduardo Sánchez de Fuentes, escrita en 1890.

Esta canción alcanzó una notable difusión y se convirtió en una referencia fundamental de la habanera cubana.

Pero su aparición es posterior a las grandes composiciones de Iradier y a la adaptación de El Arreglito realizada por Bizet.

Por tanto, cuando investigamos la proyección internacional de la habanera, debemos contemplar toda esta secuencia histórica y no limitarla a una sola composición.

La habanera y los compositores de música académica

La habanera encontró una acogida extraordinaria en la música académica europea.

La adaptación de El Arreglito por Bizet constituye uno de los casos más famosos.

Pero no fue el único.

Compositores franceses y españoles utilizaron estructuras rítmicas y recursos expresivos relacionados con la habanera en obras pianísticas, vocales, orquestales y escénicas.

Entre ellos encontramos a Emmanuel Chabrier, Claude Debussy, Maurice Ravel y otros autores interesados en las músicas de inspiración española.

En el caso de Debussy, La soirée dans Grenade constituye una referencia importante.

Ravel incorporó asimismo la habanera a su lenguaje compositivo, especialmente en la pieza que posteriormente integró en su Rapsodia española.

Estas obras muestran cómo una forma musical de raíces populares pudo convertirse en un recurso de gran importancia dentro de la composición europea.

La música que circulaba entre los puertos americanos y españoles llegaba también a los grandes escenarios internacionales.

La habanera regresa a los puertos peninsulares

La historia no termina con la popularidad internacional de Iradier.

La habanera adquirió una presencia muy especial en numerosas poblaciones marítimas españolas.

Cataluña, especialmente la costa del Ampurdán, desarrolló una tradición de canto colectivo relacionada con la memoria de los viajes a Cuba y otros territorios americanos.

También encontramos importantes manifestaciones de esta tradición en el litoral valenciano, Galicia, Asturias, Cantabria y Euskadi.

Marineros, viajeros y familias conservaron canciones que evocaban la distancia, el amor y los recuerdos de lugares lejanos.

Los encuentros entre amigos se convirtieron en escenarios habituales de interpretación.

En muchas ocasiones, la habanera dejó de ser una composición de salón para integrarse en la cultura musical popular.

Este proceso nos devuelve al punto de partida de nuestra obra: una canción podía viajar entre dos orillas, transformarse durante el trayecto y acabar incorporándose a la memoria de diferentes comunidades.

La habanera como canción de nostalgia

Una de las características más reconocibles de la habanera española es su tono evocador.

Sus letras hablan frecuentemente del mar, de las partidas y los regresos, de los amores perdidos y de la nostalgia de tierras lejanas.

El ritmo cadencioso contribuye a reforzar esa expresión sentimental.

En determinados ambientes marineros, la habanera se convirtió en una forma de recordar experiencias vividas o imaginadas.

Pero también participó en fiestas, reuniones y celebraciones populares.

No todas las habaneras eran necesariamente tristes.

Algunas incorporaban humor, picardía y escenas de la vida cotidiana.

Esta variedad temática explica en parte su capacidad para permanecer viva en repertorios muy distintos.

Torrevieja, Cataluña y el movimiento coral

Durante el siglo XX, la habanera encontró nuevos espacios de difusión gracias a las agrupaciones corales y a los certámenes especializados.

Torrevieja, en Alicante, adquirió un protagonismo extraordinario con su certamen internacional de habaneras.

En Cataluña, las cantadas populares contribuyeron a consolidar una tradición musical de enorme arraigo.

La Cantada de Habaneras de Calella de Palafrugell, iniciada en 1966, se convirtió en uno de los grandes encuentros del género.

Diversas agrupaciones, entre ellas Port Bo y otras formaciones de tradición marinera, participaron en el desarrollo de este movimiento.

La habanera dejó de pertenecer exclusivamente al ámbito de la canción individual para encontrar nuevas posibilidades en el canto colectivo.

Los coros y grupos populares contribuyeron a transmitirla a las generaciones posteriores.

La habanera en el norte de España

La tradición habanerística también encontró un importante arraigo en diferentes territorios del norte peninsular.

En Euskadi, Cantabria, Asturias, Galicia y otras comunidades, numerosos grupos vocales incorporaron habaneras a sus repertorios.

Entre los intérpretes y agrupaciones que recogí en mis investigaciones originales se encontraban Los Bocheros, Los Chimberos, Los Xey, Los Contrapuntos, Los Ruiseñores del Norte, Los Cinco Bilbaínos, los Puertochiqueños y otras formaciones.

También mencionaba a músicos populares como Chema Puente, el rabelista cántabro, creador de SANTANDER LA MARINERA, cuya actividad conocí personalmente.

La relación entre la habanera y el canto popular del norte español constituye otra manifestación de sus caminos de regreso desde América.

Su presencia en festivales, concursos y reuniones musicales demuestra que el género no quedó reducido a una reliquia histórica.

Continuó formando parte de la vida musical contemporánea.

María Teresa Pérez Daniel: una investigadora fundamental

Entre las personas que contribuyeron a mis investigaciones sobre la habanera ocupa un lugar especial María Teresa Pérez Daniel.

Natural de Mayorga, Valladolid, desarrolló una importante labor de recopilación y estudio de documentos relacionados con este género.

Su conocimiento de la historia de la habanera y su dedicación a conservar sus fuentes merecen una mención destacada.

En mis escritos originales la consideraba una de las grandes conocedoras de este repertorio.

Su trabajo documental constituye una referencia importante para estudiar la presencia de la habanera en España y sus relaciones con la música cubana.

Mayorga representa, además, un ejemplo especialmente interesante de cómo una canción vinculada con las experiencias marítimas llegó a arraigar también en poblaciones del interior peninsular. Todos los meses de julio se desarrolla en Mayorga un evento en torno a la Hananera, momento que recoge la imagen.

Una música de ida y vuelta

La habanera constituye uno de los mejores ejemplos de circulación musical entre Cuba y los restantes territorios españoles, así como entre estos y otros países europeos y americanos.

Sus antecedentes se relacionan con la transformación de la contradanza y la danza cubana.

Sus estructuras rítmicas reflejan complejos procesos de mestizaje cultural.

Su difusión internacional recibió un impulso extraordinario gracias a compositores como Sebastián de Iradier.

Y su conservación posterior dependió también de marineros, cantantes, agrupaciones populares y coros.

No podemos atribuir toda esta historia a una sola persona ni a un solo territorio.

Pero sí reconocer el papel decisivo de determinados músicos en momentos concretos de su evolución.

Por eso considero que la habanera representa de manera extraordinaria el espíritu de DE COLÓN AL REGUETÓN.

Una música nacida del encuentro de culturas, desarrollada en el Caribe y transformada por sus continuos viajes entre las dos orillas del Atlántico.

Antonio Mora Ayora