La historia del son cubano no puede comprenderse únicamente siguiendo su desplazamiento desde las montañas y poblaciones del oriente cubano hacia La Habana.
Existe otro escenario que considero fundamental: el mar Caribe.
Durante siglos, las embarcaciones que recorrían sus aguas comunicaron ciudades, puertos y poblaciones de las Antillas con las costas de América Central y del Sur.
Por aquellas rutas viajaban mercancías, trabajadores, comerciantes, familias, soldados y viajeros de toda condición. Y con ellos viajaba también la música.
Una canción nacida en Santiago de Cuba no necesitaba esperar a que un intérprete la llevara a La Habana para comenzar a difundirse por otros territorios.
Podía viajar con un marinero hacia las costas de La Española, ser escuchada en una celebración popular y continuar su recorrido hacia Puerto Rico o cualquier otro puerto del Caribe.
Es posible que determinadas creaciones del oriente cubano fueran conocidas en poblaciones dominicanas o puertorriqueñas antes de alcanzar una difusión semejante en la capital cubana.
Esta posibilidad plantea una investigación histórica que considero imprescindible.
Los puertos como centros de difusión musical
Santiago de Cuba, Santo Domingo, San Juan de Puerto Rico, Veracruz y numerosos puertos del continente formaban parte de un espacio de intercambios marítimos.
Los barcos no transportaban solamente productos comerciales.
También facilitaban el movimiento de músicos, instrumentos, repertorios y tradiciones populares.
En los muelles, las tabernas, las celebraciones religiosas, las reuniones familiares y los bailes públicos podían escucharse canciones procedentes de territorios vecinos.
Una melodía aprendida durante una travesía podía regresar transformada a su lugar de origen.
El proceso funcionaba en ambas direcciones.
Los músicos cubanos podían incorporar elementos de las tradiciones dominicanas y puertorriqueñas, mientras que los intérpretes de esas islas podían adaptar a sus repertorios las novedades llegadas desde el oriente de Cuba.
El son no necesitó esperar a las discográficas
Durante las primeras etapas de desarrollo del son, la transmisión oral y la interpretación directa desempeñaron un papel fundamental.
Mucho antes de que las grandes compañías discográficas comercializaran grabaciones, las canciones ya podían circular mediante músicos viajeros y aficionados.
Los puertos constituían puntos privilegiados para ese intercambio.
La Habana acabaría desempeñando un papel decisivo en la profesionalización y difusión internacional del son, especialmente gracias a las agrupaciones musicales, la radio, la industria del disco y los grandes espectáculos.
Pero debemos distinguir la difusión comercial de la circulación popular.
Que una composición alcanzara el éxito en La Habana no significa necesariamente que fuera desconocida anteriormente en otras localidades del Caribe.
De Santiago de Cuba a las Antillas y América
La posible circulación del son desde el oriente cubano hacia La Española y Puerto Rico representa solamente una parte de una red mucho más amplia.
Los intercambios marítimos también conectaban las Antillas con Venezuela, Colombia, Panamá, México y otros territorios americanos.
Con el paso del tiempo, las agrupaciones soneras y las grabaciones comerciales consolidaron una expansión internacional que alcanzó numerosos países.
Sin embargo, resulta necesario investigar qué parte de esa difusión tuvo lugar anteriormente mediante contactos personales, desplazamientos de músicos y actuaciones populares.
La historia del son puede esconder una geografía de circulación mucho más compleja que la que nos muestran los primeros discos y las grandes orquestas.
Una historia musical escrita sobre el mar
Mi planteamiento es que el Caribe debe estudiarse como un territorio musical interconectado.
Sus islas no eran espacios culturales aislados, sino sociedades relacionadas mediante las rutas de navegación y los movimientos constantes de población.
El son cubano nació y se desarrolló en un contexto cultural particular, pero su difusión pudo comenzar mucho antes de su consagración comercial.
Los barcos fueron vehículos de transmisión de las nuevas expresiones musicales, aunque todavía debamos investigar cuándo, dónde y a través de quiénes circularon los primeros repertorios.
La música no necesitaba fronteras, permisos de importación ni compañías discográficas para viajar.
Antes de que el son conquistara el mundo a través del disco, pudo haber comenzado a recorrerlo de puerto en puerto, de músico en músico y de baile en baile.
Antonio Mora Ayora
DE COLÓN AL REGUETÓN — La difusión marítima de la música popular caribeña.
