DE COLÓN AL REGUETÓN | Historia de la música popular caribeña
El siglo en que se consolidó el mestizaje musical
Durante el siglo XVIII tuvo lugar un proceso de sedimentación cultural que resultaría fundamental para el desarrollo de la música popular cubana.
Las tradiciones procedentes de España, África y las poblaciones indígenas habían comenzado a transformarse mediante siglos de contacto y convivencia en una sociedad marcada por profundas desigualdades.
De aquellos intercambios surgirían expresiones musicales que durante los siglos XIX y XX alcanzarían una extraordinaria proyección internacional.
El siglo XVIII constituye, por tanto, un periodo de incubación musical.
Numerosos elementos que posteriormente identificaríamos como característicos de la música cubana estaban adquiriendo nuevas formas.
Esteban Salas y los comienzos de la composición musical documentada en Cuba
Una figura fundamental de este periodo es Esteban Salas y Castro, nacido en La Habana en 1725 y fallecido en Santiago de Cuba en 1803.
Se trata del compositor cubano más antiguo del que se conserva un conjunto significativo de manuscritos musicales.
Su labor se desarrolló principalmente en el ámbito religioso, especialmente en la Catedral de Santiago de Cuba, donde ejerció como maestro de capilla.
Compuso misas, villancicos y otras obras vinculadas con la tradición musical académica europea.
La recuperación de su legado adquirió especial importancia durante el siglo XX gracias a las investigaciones de Alejo Carpentier y posteriores especialistas.
Aunque su producción no pertenece propiamente a los géneros de música popular que investigamos, constituye un testimonio esencial de la actividad musical cubana durante el siglo XVIII.
Su obra permite conocer una parte del ambiente musical en el que se desarrollaban, paralelamente, las expresiones populares transmitidas por tradición oral.
La ocupación inglesa de La Habana y la transformación de la ciudad
En 1762, La Habana fue ocupada temporalmente por las fuerzas británicas.
Aquel acontecimiento tuvo importantes consecuencias políticas y económicas para la ciudad.
Durante la segunda mitad del siglo XVIII, la capital cubana experimentó transformaciones comerciales, urbanas y sociales que contribuyeron al crecimiento de sus actividades culturales.
El desarrollo del teatro fue una de las manifestaciones más visibles de aquella evolución.
En 1776 abrió sus puertas el Coliseo habanero, posteriormente conocido como Teatro Principal.
Estos nuevos escenarios permitirían ampliar la presencia de espectáculos musicales, representaciones teatrales y bailes.
La música comenzó a encontrar formas de difusión pública cada vez más organizadas.
La población cubana y las diferencias sociales
Para comprender la estructura social de la Cuba de aquella época conviene recordar la composición de su población.
En mis investigaciones originales recogía unas cifras correspondientes a 1775: 96.430 blancos y 75.180 personas clasificadas entonces como «pardos», de las cuales 44.633 figuraban como esclavizadas.
Estas cifras, que necesitan una comprobación censal más precisa, reflejan la importancia de las poblaciones africanas y afrodescendientes dentro de la sociedad cubana.
También ponen de manifiesto la existencia de profundas desigualdades sociales.
La actividad musical se desarrollaba en ambientes muy diferentes: iglesias, teatros, salones de las clases acomodadas, fiestas populares, espacios de trabajo y reuniones de las comunidades africanas.
Las relaciones entre estos mundos musicales contribuirían a transformar numerosos géneros durante los siglos siguientes.
El chuchumbé: un baile caribeño que escandalizó a Veracruz
Uno de los episodios más significativos del intercambio musical entre Cuba y México es la aparición del chuchumbé en Veracruz.
Durante la década de 1760 encontramos referencias documentales a este baile y a las denuncias presentadas contra él ante la Inquisición.
En 1766, las autoridades eclesiásticas recibieron quejas por su contenido considerado obsceno y por los movimientos de quienes lo interpretaban.
El chuchumbé combinaba canto, baile y expresiones satíricas.
Las denuncias describían movimientos corporales, acercamientos entre las parejas y formas de baile que resultaban escandalosas para la moral dominante.
Alejo Carpentier recogió este episodio como una muestra de las transformaciones musicales que se producían mediante los contactos entre Cuba y los puertos mexicanos.
Argeliers León también estudió sus características y su relación con diferentes prácticas musicales populares.
El chuchumbé llegó a convertirse en objeto de persecución por parte de las autoridades religiosas.
Pero aquella represión no impidió que su historia quedara ligada a la evolución de la música popular de Veracruz.
La Inquisición y los bailes prohibidos
La reacción de la Inquisición frente al chuchumbé constituye un testimonio especialmente valioso.
Las autoridades consideraban que sus letras y movimientos atentaban contra las buenas costumbres.
Determinados sectores sociales asociaban estas danzas con las clases populares, las personas mestizas y las comunidades afrodescendientes.
El baile fue objeto de actuaciones inquisitoriales y de restricciones.
Sin embargo, los documentos elaborados para combatirlo terminaron conservando noticias de una tradición musical que, de otro modo, quizá habría dejado escasos testimonios escritos.
La censura nos permite conocer una parte de la historia de aquellas expresiones populares.
Los bailes que viajaron entre las Antillas y México
El chuchumbé formaba parte de un universo cultural en el que también encontramos nombres como paracumbé, cachumba, gayumba y zarambeque.
Estas denominaciones aparecen en diferentes contextos de la tradición musical hispánica y americana.
Algunos de estos bailes presentan relaciones con prácticas coreográficas en las que el movimiento corporal y el carácter festivo adquirían especial importancia.
También encontramos semejanzas expresivas con otras danzas que posteriormente se desarrollarían en el Caribe, aunque no debemos identificar automáticamente todas estas manifestaciones con la rumba moderna.
Sus relaciones históricas requieren un estudio específico.
Lo fundamental es que estos bailes muestran la intensa circulación de repertorios populares entre diferentes territorios.
El sacamandú y el maracumbé
Otro de los bailes mencionados por las fuentes históricas es el sacamandú.
Según los testimonios recogidos por mis fuentes originales, su difusión en México estuvo relacionada con una persona negra procedente de La Habana que se encontraba confinada en el castillo de San Juan de Ulúa, en Veracruz.
El baile también habría sufrido la intervención de las autoridades religiosas debido a su carácter considerado provocador.
En distintas poblaciones mexicanas próximas al golfo se documentaron asimismo manifestaciones relacionadas con el maracumbé.
Estos testimonios refuerzan la importancia de las conexiones entre los puertos del Caribe y las costas mexicanas.
Las expresiones musicales podían viajar mediante comerciantes, marineros, trabajadores y personas trasladadas por diferentes circunstancias, incluidas las vinculadas con el sistema penal colonial.
La voz solista y el coro: las raíces de una forma musical
Numerosas canciones populares de aquella época utilizaban estrofas breves, frecuentemente de versos octosílabos, combinadas con estribillos.
Una persona entonaba la copla principal y un coro respondía o repetía determinadas frases.
Esta organización musical, conocida como llamada y respuesta, posee una presencia fundamental en numerosas tradiciones africanas, aunque también existen recursos semejantes en músicas europeas.
Su utilización se convirtió en una característica importante de diferentes géneros populares caribeños.
Entre las expresiones que posteriormente desarrollarían estas formas de canto encontramos la guaracha cubana.
Las letras podían incorporar sátira, humor, crítica social y referencias a acontecimientos cotidianos.
El público participaba activamente en la interpretación.
De esta manera, la música no era solamente algo que se escuchaba: también era una experiencia colectiva.
Las tabernas portuarias y la expansión de las canciones
Con el paso del tiempo, sones, tonadas y guarachas de sabor cubano comenzaron a difundirse hacia otros territorios americanos.
Veracruz, Portobelo, Cartagena de Indias y Panamá formaban parte de las grandes redes comerciales y marítimas del Caribe.
En sus puertos se encontraban personas de diferentes procedencias.
Las tabernas, las reuniones de trabajadores, los espacios de descanso de los marineros y las celebraciones populares favorecían el intercambio de canciones y bailes.
Aquellos lugares podían funcionar como centros informales de difusión musical.
Una canción conocida por los marineros de una embarcación podía ser interpretada posteriormente en otro puerto y acabar incorporándose a las costumbres locales.
Esta circulación no dependía de partituras impresas ni de instituciones musicales.
Se apoyaba fundamentalmente en la memoria, la interpretación y las relaciones humanas.
El mar Caribe actuaba como un gran espacio de comunicación cultural.
La Revolución haitiana y sus consecuencias para Cuba
A finales del siglo XVIII comenzaron a producirse en Saint-Domingue, colonia francesa situada en la parte occidental de La Española, acontecimientos que transformarían profundamente la historia del Caribe.
En 1791 se iniciaron los grandes levantamientos de personas esclavizadas que desembocarían, tras años de conflictos, en la Revolución haitiana y en la independencia de Haití en 1804.
La violencia revolucionaria, las guerras y las transformaciones políticas provocaron importantes movimientos de población.
Numerosos colonos franceses abandonaron Saint-Domingue.
Algunos se dirigieron a distintos territorios caribeños, mientras que otros buscaron refugio en el oriente cubano.
Entre quienes llegaron a Cuba había personas blancas, personas libres de ascendencia africana y personas esclavizadas trasladadas por sus propietarios.
Santiago de Cuba y otras poblaciones orientales recibieron una importante influencia demográfica y cultural procedente de aquellos acontecimientos.
La inmigración procedente de Saint-Domingue y las nuevas influencias musicales
La llegada de estos grupos humanos tuvo consecuencias importantes para la economía, la sociedad y la cultura del oriente cubano.
Entre las tradiciones que circularon mediante aquellos desplazamientos se encontraban formas de danza, canto y percusión relacionadas con la sociedad colonial francesa y con las culturas afrocaribeñas de Saint-Domingue.
La tumba francesa constituye uno de los ejemplos más significativos de aquella herencia.
Esta tradición combina elementos coreográficos de influencia francesa con formas de canto, percusión y organización colectiva de raíz africana.
Su desarrollo en el oriente cubano constituye una manifestación especialmente valiosa del intercambio musical entre las dos islas.
También circularon repertorios, instrumentos y prácticas vinculadas con la música de salón europea.
Entre ellos se encontraba el piano, cuya presencia en Cuba y posterior expansión estuvieron relacionadas con diferentes procesos comerciales, sociales y culturales.
La inmigración procedente de Saint-Domingue contribuyó a enriquecer ese ambiente musical, aunque no podemos atribuirle en exclusiva la introducción del instrumento en la isla.
Los bailes de La Habana a finales del siglo XVIII
En 1891, Serafín Ramírez publicó su obra La Habana artística, en la que recogió testimonios anteriores sobre la vida cultural cubana.
Entre ellos figuraban crónicas de Buenaventura Ferrer que describían la afición de los habaneros al baile hacia 1798.
Según aquellos relatos, las reuniones de baile eran extraordinariamente frecuentes.
Las clases acomodadas contaban con músicos que interpretaban danzas vinculadas con las modas europeas, especialmente las francesas y la reciente Contradanza española llegada a la Habana desde la nueva corte de los recien llegados borbones a Madrid.
En otros ambientes, los bailes se acompañaban con guitarras, tiples y güiros.
Las canciones populares poseían un carácter alegre y festivo, y en muchas ocasiones eran creadas o transformadas por sus propios intérpretes.
Las mujeres negras y mulatas ocupaban un lugar destacado en determinadas manifestaciones musicales y coreográficas.
Estas descripciones revelan la convivencia de diferentes mundos culturales dentro de la sociedad habanera.
Por un lado, las formas musicales procedentes de los salones europeos.
Por otro, las canciones y danzas populares transmitidas oralmente, acompañadas por instrumentos sencillos y enriquecidas por las tradiciones africanas.
El camino hacia la música popular cubana del siglo XIX
Al finalizar el siglo XVIII, la provincia española de ultramar reunía numerosos elementos culturales que contribuirían al desarrollo de una música propia.
La tradición del romancero español, las músicas de salón europeas, los instrumentos y ritmos africanos y las expresiones populares criollas habían comenzado a influirse mutuamente.
Las comunicaciones marítimas seguían facilitando la circulación de músicos, canciones y formas de baile entre las Antillas y el continente.
Las transformaciones sociales también contribuían a modificar las prácticas musicales.
El siglo XIX asistiría a la consolidación de algunas de estas expresiones y al nacimiento o desarrollo de géneros que tendrían una extraordinaria importancia internacional.
La contradanza cubana, la danza, el danzón, la guaracha y otras formas populares encontrarían un terreno cultural preparado por generaciones de intercambios.
Antonio Mora Ayora
De orilla a orilla — Versión editorial revisada para DE COLÓN AL REGUETÓN.
