Capitulo 20 | La Guantanamera: de la Guajira cubana a la canción que dio la vuelta al mundo

Pocas canciones representan a Cuba con tanta fuerza como la Guantanamera. Su estribillo ha sido interpretado por músicos de todo el mundo, pero detrás de esa aparente sencillez existe una historia extraordinariamente compleja. Las tradiciones campesinas del oriente cubano, la Radio habanera, la voz de Joseíto Fernández, la poesía de José Martí, la aportación de Julián Orbón y la difusión internacional de Pete Seeger forman parte de un recorrido donde también aparecen controversias sobre la autoría, disputas económicas y distintas versiones de un mismo pasado. Una historia que nos demuestra que popularizar una canción, componer su melodía y transformar su significado son acontecimientos diferentes.

Una canción que parece haber existido siempre

Hay canciones que alcanzan tanta popularidad que terminamos olvidando que también tuvieron un origen.

Las escuchamos desde pequeños.

Reconocemos sus primeros compases.

Y somos capaces de repetir sus estribillos aunque nunca nos hayamos detenido a estudiar su historia.

La Guantanamera pertenece a ese grupo extraordinariamente reducido de composiciones que han conseguido convertirse en símbolos culturales de un pueblo.

Su melodía ha recorrido los escenarios internacionales.

Ha sido interpretada por cantantes de géneros muy diferentes.

Y ha acompañado acontecimientos culturales, políticos y sociales durante varias generaciones.

Pero cuando intentamos reconstruir su nacimiento descubrimos algo sorprendente.

No existe una única explicación histórica aceptada por todos los investigadores.

La identidad de sus primeros creadores ha sido objeto de controversias.

La melodía que conocieron los oyentes cubanos durante las primeras décadas del siglo XX no se corresponde necesariamente, en todos sus detalles, con la versión que terminaría alcanzando popularidad internacional.

Y los versos de José Martí, hoy asociados inseparablemente a la canción, fueron incorporados mucho después de la aparición de sus antecedentes musicales.

En mis investigaciones originales dediqué una atención especial a esta historia.

También recogí una extensa investigación de María Argelia Vizcaíno, quien examinó las diferentes versiones existentes sobre el origen de la Guantanamera.

Sus cuatro artículos constituyen un magnífico ejemplo de las dificultades que encontramos cuando intentamos reconstruir la historia de una canción popular.

Porque cuanto más investigamos, más protagonistas aparecen.

Y cuanto mayor es la popularidad de una composición, más difícil puede resultar distinguir entre los hechos documentados, las memorias personales y las leyendas que terminaron acompañándola.

Antes de la Guantanamera estaba la Guajira

Para comprender esta historia debemos regresar a las tradiciones musicales rurales de Cuba.

Como hemos estudiado en capítulos anteriores, la música campesina adquirió una personalidad extraordinaria mediante el encuentro de los instrumentos de cuerda, los procedimientos poéticos hispánicos y las transformaciones culturales desarrolladas en la isla.

La Décima desempeñó una función fundamental.

Los cantores podían desarrollar estrofas de diez versos octosílabos, frecuentemente improvisados, siguiendo estructuras poéticas conocidas desde hacía siglos.

El Punto Cubano se convirtió en una de las principales expresiones de aquella tradición.

También encontramos diferentes modalidades de Guajira, relacionadas con el ambiente campesino y con las posibilidades expresivas de la canción.

Pero debemos distinguir entre la Guajira tradicional y la Guajira-Son.

Aunque ambas comparten elementos culturales, la segunda incorpora características relacionadas con el Son cubano.

Sus procedimientos rítmicos y su manera de organizar los estribillos permiten reconocer una expresión musical particular.

La Guantanamera pertenece a ese amplio universo de encuentros entre la canción campesina y el Son.

Su estribillo facilita la alternancia entre la voz principal y el coro.

La estructura permite incorporar textos diferentes.

Y esa flexibilidad resultó decisiva para su popularidad.

La composición podía adaptarse a acontecimientos amorosos, humorísticos, sociales o políticos.

Una melodía conocida permitía introducir nuevas palabras.

Y cada interpretación podía adquirir un significado diferente.

Aquella característica sería fundamental para convertir la Guantanamera en algo más que una canción de repertorio.

Guantánamo: una región musical mucho antes de la fama internacional

El nombre Guantanamera nos conduce inevitablemente al oriente cubano.

Guantánamo pertenece a una región que ha desempeñado una función decisiva dentro de la historia musical de la isla.

Ya hemos estudiado la importancia de sus tradiciones, especialmente al hablar del Changüí, del Nengón y de otras manifestaciones relacionadas con los antecedentes del Son.

La región mantuvo contactos con Santiago de Cuba, Baracoa y diferentes territorios del Caribe.

Las canciones viajaban mediante los músicos, los trabajadores y las relaciones familiares.

Y los procedimientos tradicionales podían circular mucho antes de quedar registrados en una partitura o en un disco.

Esta circunstancia resulta especialmente importante para la historia de la Guantanamera.

La existencia de una versión popularizada en La Habana no demuestra necesariamente que todas sus características musicales fueran creadas allí.

Tampoco podemos dar por probado que existiera previamente una composición idéntica en Guantánamo sin disponer de documentos suficientes.

Lo que debemos reconocer es la importancia de las tradiciones musicales orientales que proporcionaron el ambiente cultural dentro del cual se desarrollaron estos repertorios.

Y recordar algo que hemos venido defendiendo desde el estudio del Son.

La música no necesitaba pasar por La Habana para viajar de un lugar a otro.

Las rutas marítimas, las migraciones y las comunicaciones entre comunidades permitían que las canciones circularan por caminos diferentes.

La historia de la Guantanamera debe analizarse también dentro de ese mundo de relaciones populares.

¿Una melodía del siglo XIX?

Entre las interpretaciones históricas que recogió María Argelia Vizcaíno encontramos la de Natalio Galán.

Este investigador relacionaba los antecedentes musicales de la Guantanamera con procedimientos más antiguos de la canción cubana.

Entre ellos destacaba el Pasacallo y la Montuna.

Galán situaba determinadas relaciones con el Pasacalle español y con las transformaciones experimentadas por la música cubana durante el siglo XIX.

Según su interpretación, la Guantanamera no habría surgido de una creación completamente aislada.

Formaría parte de una evolución musical en la que participaron recursos anteriores.

La explicación resulta interesante porque recupera una cuestión fundamental para toda nuestra obra.

Las canciones no aparecen necesariamente mediante una invención repentina.

Pueden recoger elementos de repertorios conocidos.

También pueden adaptar procedimientos de acompañamiento o formas poéticas.

Y determinadas melodías pueden transformarse durante generaciones antes de adquirir una versión especialmente popular.

Sin embargo, debemos distinguir entre reconocer antecedentes musicales y demostrar la existencia de una melodía concreta en una fecha determinada.

La relación entre la Guantanamera y procedimientos musicales del siglo XIX no constituye por sí sola una prueba de que la canción actual existiera entonces.

Para demostrarlo necesitaríamos partituras, registros o testimonios suficientes.

La hipótesis de Galán merece conservarse porque forma parte de la investigación histórica.

Pero no debemos presentarla como una conclusión definitivamente demostrada.

Joseíto Fernández: el hombre que convirtió una tonada en un fenómeno nacional

Entre los grandes protagonistas de la Guantanamera encontramos a Joseíto Fernández.

Nacido en La Habana en 1908, desarrolló una trayectoria vinculada a la canción popular y a las agrupaciones de baile.

Su actividad como cantante y director musical adquirió importancia durante las primeras décadas del siglo XX.

Pero sería su relación con la Guajira Guantanamera la que terminaría convirtiéndolo en una figura fundamental de la música cubana.

Las narraciones sobre el origen de su interpretación sitúan los acontecimientos entre finales de los años veinte y la primera mitad de los treinta.

El propio Joseíto ofreció versiones diferentes sobre las circunstancias y fechas de la composición.

Aquella diversidad de relatos constituye uno de los problemas que encontramos al reconstruir su historia.

En algunas declaraciones afirmaba haber creado la canción.

En otras explicaba que había comenzado a utilizar una Guajira para terminar sus actuaciones.

Y también aparecen referencias al papel de otros músicos que participaron en la elaboración de sus primeras versiones.

Pero existe un hecho que podemos reconocer con seguridad.

Joseíto Fernández convirtió la Guajira Guantanamera en una de las expresiones más populares de la Radio cubana.

Su manera de interpretarla permitió que el estribillo alcanzara una difusión extraordinaria.

Y la relación que estableció entre aquella música y los acontecimientos cotidianos terminó adquiriendo una personalidad completamente nueva.

Una muchacha de Guantánamo y una historia de celos

Entre los relatos más conocidos sobre el nacimiento de la Guantanamera encontramos una historia amorosa.

Según una de las versiones contadas por Joseíto Fernández, el cantante mantenía una relación sentimental o afectiva con una joven procedente de Guantánamo.

La muchacha habría presenciado una situación que despertó sus celos.

Joseíto decidió entonces dedicarle una interpretación utilizando el conocido estribillo.

La referencia a la Guajira Guantanamera terminó adquiriendo una gran popularidad.

Y el público comenzó a reclamar la canción.

Esta historia ha sido repetida durante décadas.

Posee todos los elementos de una anécdota destinada a conservarse dentro de la memoria popular.

Un cantante.

Una muchacha celosa.

Una situación imprevista.

Y una composición que termina convirtiéndose en un éxito.

Pero debemos mantener la prudencia.

Las diferentes versiones ofrecidas sobre el origen de la canción no coinciden siempre en sus detalles.

Tampoco podemos demostrar que una sola situación sentimental explique por completo la formación de un repertorio que puede poseer antecedentes tradicionales.

La anécdota forma parte de la memoria relacionada con Joseíto Fernández.

Y merece ser conservada como tal.

Pero no debe utilizarse para descartar automáticamente otras interpretaciones históricas.

Una Guajira para cada lugar de Cuba

En sus investigaciones, María Argelia Vizcaíno recogió una declaración especialmente interesante de Joseíto Fernández.

El cantante explicaba que había utilizado diferentes denominaciones geográficas para interpretar su repertorio.

Podía cantar a las mujeres de Guantánamo.

Pero también podía dedicar sus improvisaciones a otras localidades cubanas.

La Guajira Vueltabajera, la Guajira Holguinera y la Guajira Camagüeyana aparecen entre las expresiones que recordaba.

Este detalle resulta extraordinariamente revelador.

Demuestra que la interpretación podía adaptarse a los lugares y a los públicos.

El músico utilizaba una estructura conocida.

Modificaba determinadas referencias.

Y construía una relación directa con quienes lo escuchaban.

La canción funcionaba así como una forma de comunicación popular.

No estaba limitada a una letra única e inalterable.

Permitía incorporar nombres, acontecimientos y referencias locales.

Y precisamente esa flexibilidad contribuiría a convertirla en una herramienta ideal para la Radio.

La Radio descubre que también se pueden cantar las noticias

Uno de los episodios más originales de toda la historia musical cubana es la transformación de la Guantanamera en una especie de noticiero cantado.

La Radio estaba convirtiéndose en un medio de comunicación de enorme importancia.

Las emisoras necesitaban desarrollar programas capaces de atraer y conservar a sus oyentes.

La música ocupaba un lugar fundamental.

Pero también adquirían interés las noticias, las narraciones populares y los acontecimientos cotidianos.

Joseíto Fernández encontró una manera extraordinaria de relacionar ambos mundos.

Utilizar la estructura de la Guajira Guantanamera para comentar sucesos.

Los acontecimientos podían convertirse en estrofas.

Las noticias se adaptaban a una melodía conocida.

Y el estribillo permitía que el público reconociera inmediatamente el programa.

La fórmula poseía antecedentes en las tradiciones de cantores populares que relataban acontecimientos mediante versos improvisados.

Los repentistas habían desarrollado durante generaciones la capacidad de comentar sucesos mediante la Décima.

Joseíto trasladó aquel procedimiento a un medio tecnológico moderno.

La Radio proporcionaba una audiencia mucho más amplia.

Y la canción se convertía en una manera singular de transmitir informaciones.

Estamos ante un encuentro extraordinario entre tradición oral y comunicación de masas.

«El Suceso del Día»: la crónica periodística convertida en canción

El programa El Suceso del Día, difundido por la emisora CMQ, adquirió una notable popularidad durante los años cuarenta.

Su funcionamiento estaba relacionado con los acontecimientos que despertaban interés público.

Los sucesos policiales, las desgracias familiares y las noticias de fuerte contenido humano proporcionaban materiales para las interpretaciones.

Las historias podían presentarse mediante dramatizaciones.

Y las canciones servían para comentar los acontecimientos.

Joseíto Fernández participaba interpretando las Décimas dentro de la estructura musical de la Guajira Guantanamera.

El público escuchaba una melodía conocida.

Pero cada emisión podía ofrecer textos diferentes.

La música se convertía en un recurso narrativo.

Y las noticias adquirían una dimensión sonora muy particular.

En mis investigaciones originales recogí referencias a la extraordinaria popularidad del programa y a su capacidad para mantener la atención de los oyentes.

También aparecían menciones a otros espacios radiofónicos que intentaron utilizar fórmulas semejantes.

La relación entre canción y periodismo resulta especialmente interesante.

Hoy estamos acostumbrados a que la música acompañe informativos, programas de entretenimiento y producciones audiovisuales.

Pero la experiencia de Joseíto Fernández iba más allá.

No utilizaba simplemente una composición como sintonía.

Convertía el propio acontecimiento periodístico en materia de interpretación musical.

La Guantanamera adquirió así una función social completamente nueva.

Cuando «te van a cantar la Guantanamera» dejó de ser una referencia musical

La popularidad del noticiero cantado tuvo consecuencias dentro del lenguaje cotidiano.

Según diferentes testimonios, comenzó a utilizarse una expresión relacionada con la canción para advertir a alguien de que iba a recibir una reprimenda o una crítica.

La referencia a la Guantanamera podía anunciar que una persona terminaría convirtiéndose en protagonista de un relato poco favorable.

El éxito del programa había transformado el significado de la canción.

Ya no se relacionaba únicamente con una mujer de Guantánamo.

También podía utilizarse para identificar la exposición pública de un acontecimiento.

Aquella transformación demuestra hasta qué punto la Radio podía influir en el lenguaje.

Los oyentes incorporaban expresiones procedentes de sus programas favoritos.

Y determinadas frases comenzaban a circular fuera de las emisiones.

La música entraba así en la vida cotidiana de una manera todavía más profunda.

La Guantanamera no era solamente una canción que se escuchaba.

Se había convertido en una referencia cultural compartida.

Joseíto y la primera gran internacionalización radiofónica de la canción popular

Conviene detenernos en el significado histórico de aquel fenómeno.

Durante siglos, los cantores populares habían relatado acontecimientos en plazas, reuniones y celebraciones.

La Radio permitió transformar ese procedimiento.

Ahora el cantante podía llegar simultáneamente a miles de personas.

El público no tenía que encontrarse físicamente junto al intérprete.

Y una composición podía adquirir un significado reconocido en todo el país.

Pero el éxito radiofónico no equivalía necesariamente a una proyección internacional inmediata.

Durante los años treinta y cuarenta, la Guantanamera alcanzó una gran popularidad dentro de Cuba.

Sin embargo, la versión que terminaría convirtiéndose en uno de los grandes símbolos internacionales de la canción cubana todavía estaba por llegar.

Para comprender aquella transformación debemos abandonar momentáneamente la Radio y regresar a la poesía.

Porque otra figura fundamental de la historia cubana terminaría relacionándose de manera inseparable con esta canción.

José Martí.

José Martí: la poesía que encontró una nueva voz

José Martí ocupa un lugar fundamental dentro de la historia política, intelectual y literaria cubana.

Ya hemos estudiado su papel durante los acontecimientos que condujeron a la separación de Cuba de España.

Pero su importancia no se limita a su actividad política.

Martí desarrolló una obra literaria extraordinaria.

Sus poesías, ensayos y artículos constituyen una parte esencial del patrimonio cultural cubano y de la literatura en español.

En 1891 publicó Versos sencillos.

La obra contiene composiciones caracterizadas por una gran capacidad expresiva y una aparente sencillez formal.

Sus versos abordan cuestiones humanas, personales y morales.

También contienen reflexiones sobre la dignidad, la amistad, la justicia y las relaciones entre las personas.

La musicalidad de determinados poemas favoreció que pudieran ser interpretados posteriormente mediante canciones.

Pero debemos recordar una circunstancia histórica fundamental.

Martí murió en 1895.

La internacionalización de la Guantanamera con sus versos tendría lugar muchas décadas después.

No escribió aquellas composiciones pensando en la versión musical que hoy conocemos.

Sus poemas pertenecen a una obra literaria anterior.

Y sería la actividad de otros músicos la que permitiría establecer su relación con la Guantanamera.

Julián Orbón: el compositor que encontró una canción dentro de Martí

Entre los protagonistas fundamentales de esta transformación encontramos a Julián Orbón.

Nació en Avilés, Asturias, en 1925.

Durante su juventud se trasladó con su familia a Cuba.

Allí desarrolló su formación y actividad musical.

Orbón se convirtió en un compositor de notable importancia dentro de la música académica hispanoamericana.

Su obra refleja un conocimiento profundo de diferentes tradiciones.

Entre ellas encontramos la música española y las expresiones culturales cubanas.

Durante su trayectoria adquirió un especial interés por las relaciones entre poesía y música.

Y aquella sensibilidad desempeñó una función fundamental en la historia de la Guantanamera.

La tradición histórica atribuye a Orbón la incorporación de determinados versos de José Martí a una versión musical relacionada con la Guajira Guantanamera.

Pero aquí debemos introducir una precisión de enorme importancia.

Durante muchos años se explicó que Orbón se había limitado a adaptar la poesía de Martí a una melodía anteriormente popularizada por Joseíto Fernández.

Sin embargo, diferentes investigaciones musicológicas han cuestionado esa explicación.

El compositor e investigador Antonio Gómez Sotolongo desarrolló un estudio comparativo de las melodías, partituras y testimonios disponibles.

Su análisis concluye que la versión relacionada con los versos de Martí presenta diferencias musicales sustanciales respecto a la tonada difundida por Joseíto.

Y atribuye a Julián Orbón una labor compositiva mucho más importante que la de simple adaptador literario.

Esta interpretación no ha eliminado todas las controversias.

Pero nos obliga a reconocer que estamos ante algo más complejo que añadir una letra nueva a una canción ya terminada.

Julián Orbón pudo desempeñar una función creadora fundamental en la configuración musical de la Guantanamera que terminaría siendo conocida internacionalmente.

¿Una melodía o dos melodías diferentes?

Este es uno de los problemas históricos más importantes del capítulo.

La Guajira Guantanamera interpretada por Joseíto Fernández respondía a una función musical específica.

Su estructura permitía incorporar textos diferentes.

Y resultaba especialmente apropiada para desarrollar Décimas improvisadas o adaptadas a los acontecimientos.

La versión relacionada con Julián Orbón y los Versos sencillos de Martí posee otra organización.

La poesía establece una estructura textual definida.

La música debe permitir que los versos conserven su acentuación y sentido expresivo.

Y las características melódicas pueden adquirir una función diferente de la utilizada en una interpretación destinada a la improvisación.

Gómez Sotolongo sostiene que las dos versiones presentan diferencias musicales suficientemente importantes para considerarlas composiciones distintas, aunque relacionadas por antecedentes y denominaciones.

No todos los investigadores han interpretado esos materiales de la misma manera.

Pero la cuestión resulta fundamental para nuestra historia.

Porque obliga a distinguir entre tres procesos.

La existencia y transformación de una tradición musical popular.

La difusión radiofónica realizada por Joseíto Fernández.

Y la configuración de la canción con los versos de Martí que terminaría alcanzando proyección internacional.

Estos procesos están relacionados.

Pero no podemos atribuirlos automáticamente a una sola persona.

Héctor Angulo: el músico que llevó la versión de Orbón a Estados Unidos

La historia de la Guantanamera internacional contiene otro protagonista que no debemos olvidar.

Héctor Angulo.

Músico cubano y alumno de Julián Orbón, conoció la versión que relacionaba la melodía con los versos de Martí.

Posteriormente viajó a Estados Unidos.

Allí compartió aquella interpretación con personas relacionadas con la enseñanza y la música popular.

Entre sus actividades encontramos su participación en ambientes donde se desarrollaban repertorios del movimiento Folk estadounidense.

Angulo actuó como transmisor de una creación que había conocido mediante su relación con Orbón.

Su papel resulta especialmente importante porque demuestra que la internacionalización de una canción no depende necesariamente de una compañía discográfica desde el primer momento.

También puede comenzar mediante contactos personales.

Un alumno aprende una composición.

Viaja a otro país.

La interpreta ante nuevos oyentes.

Y otros músicos encuentran en ella posibilidades expresivas.

En este caso, aquella transmisión permitió que la Guantanamera llegara a uno de los grandes intérpretes de la música Folk estadounidense.

Pete Seeger.

Pete Seeger: la Guantanamera entra en el movimiento Folk

Pete Seeger fue una de las grandes figuras de la canción popular estadounidense del siglo XX.

Su trayectoria estuvo profundamente relacionada con la recuperación de repertorios tradicionales y con diferentes movimientos sociales.

Conocía la capacidad de las canciones para reunir a personas alrededor de una melodía.

También defendía la importancia de la participación colectiva.

Sus interpretaciones favorecían que el público cantara.

Y utilizaba con frecuencia composiciones procedentes de tradiciones culturales diferentes.

Cuando conoció la Guantanamera transmitida por Héctor Angulo, encontró una canción de enorme potencial.

La melodía resultaba reconocible.

El estribillo facilitaba la participación.

Y los versos de José Martí incorporaban un contenido poético que podía conectar con públicos muy distintos.

Seeger comenzó a interpretarla dentro de sus actuaciones.

La canción adquirió una dimensión nueva.

Ya no era solamente una expresión de la música popular cubana.

También se convertía en un símbolo cultural que podía ser interpretado en escenarios estadounidenses.

Y su relación con la poesía de Martí le proporcionaba un significado especialmente profundo.

1963: la Guantanamera llega al Carnegie Hall

Una de las fechas fundamentales para comprender la internacionalización de la Guantanamera es 1963.

El 8 de junio de aquel año, Pete Seeger la interpretó durante un concierto celebrado en el Carnegie Hall de Nueva York.

La actuación quedó registrada.

Y la canción formó parte de la grabación de aquel concierto, publicada dentro del álbum We Shall Overcome.

Este acontecimiento constituye uno de los grandes momentos de su difusión internacional.

La Guantanamera comenzaba a ser escuchada por públicos que no conocían necesariamente la historia de Joseíto Fernández ni las controversias relacionadas con su origen.

Sus oyentes encontraban una canción en español.

Una melodía que permitía participar.

Y unos versos de Martí que transmitían un mensaje humano fácilmente reconocible.

La versión adquirió una importancia creciente dentro del repertorio Folk.

Seeger continuó interpretándola en diferentes lugares.

Y su actividad contribuyó a llevarla mucho más allá de los públicos cubanos e hispanohablantes.

La canción comenzaba a adquirir una dimensión verdaderamente mundial.

Pero todavía faltaba otro acontecimiento comercial.

La grabación que la convertiría en un éxito internacional de las listas musicales.

1966: The Sandpipers conquistan el mercado internacional

En 1966, el grupo estadounidense The Sandpipers publicó una versión de Guantanamera que alcanzó una enorme popularidad.

Su interpretación utilizaba la canción relacionada con los versos de Martí.

El arreglo respondía a las características de la música Pop y Folk comercial de la época.

Las voces desarrollaban una sonoridad diferente de las interpretaciones tradicionales cubanas.

Y la grabación estaba destinada a un mercado internacional mucho más amplio.

El éxito fue extraordinario.

La canción alcanzó posiciones destacadas en diferentes listas de ventas.

Y comenzó a escucharse en países donde hasta entonces había tenido una presencia limitada.

Las emisoras de Radio incorporaron aquella versión a sus programas.

El público conoció el estribillo.

Y numerosos artistas comenzaron a realizar nuevas interpretaciones.

La Guantanamera había conseguido atravesar diferentes etapas.

De la tradición musical cubana había pasado a la Radio habanera.

Después se había relacionado con la poesía de Martí.

Y finalmente llegaba al mercado internacional mediante la interpretación de músicos estadounidenses.

El proceso demuestra que la fama mundial de una canción puede depender de varias generaciones de intérpretes y creadores.

No existe necesariamente un único acontecimiento que explique todo su éxito.

Herminio «El Diablo» Wilson: otra historia que reclama su lugar

Entre las controversias recogidas por María Argelia Vizcaíno encontramos la posible participación de Herminio García Wilson, conocido como El Diablo.

Su nombre aparece relacionado con una interpretación según la cual determinados antecedentes de la Guantanamera habrían surgido en Guantánamo durante los años veinte.

En algunas versiones, Wilson habría participado en la creación de una canción inspirada por una muchacha de aquella localidad.

Los relatos incluyen acontecimientos festivos y reuniones donde la melodía comenzó a circular.

También aparecen testimonios de personas relacionadas con la vida musical guantanamera.

Esta interpretación sitúa el origen de la composición fuera de La Habana.

Y atribuye importancia a los repertorios populares orientales.

La cuestión resulta especialmente interesante por nuestra investigación sobre los caminos musicales del Caribe.

Pero debemos mantener una distinción fundamental.

La existencia de una tradición oral que atribuye la canción a Wilson no constituye, por sí sola, una prueba documental definitiva de su autoría.

El problema ha dado lugar a controversias y reclamaciones posteriores.

Y diferentes investigadores han señalado la insuficiencia de determinados documentos utilizados para sostener esa atribución.

Por ello, Herminio García Wilson debe formar parte de nuestra historia.

No como autor indiscutible.

Sino como protagonista de una tradición de atribución que continúa siendo relevante para comprender los debates sobre el origen de la Guantanamera.

Ramón Espígul: ¿otra Guantanamera anterior?

La investigación de María Argelia Vizcaíno contiene un episodio especialmente curioso.

Durante sus consultas encontró referencias a una Guantanamera relacionada con Ramón Espígul.

Rosendo Rosell había mencionado aquella composición al estudiar la historia del espectáculo y la canción popular cubana.

Vizcaíno quedó intrigada.

La atribución parecía contradecir la explicación más extendida sobre Joseíto Fernández.

Y decidió investigar.

El propio Rosell terminó proporcionando una aclaración importante.

Según el material que conservó la investigadora, la composición relacionada con Espígul era anterior a la versión popularizada por Joseíto.

Pero sus características musicales y literarias no eran necesariamente idénticas.

El estribillo presentaba semejanzas.

Sin embargo, la letra y determinados elementos de la melodía diferían.

Aquella información permitió plantear una posibilidad fundamental.

Podían existir canciones distintas que compartieran referencias a una Guajira Guantanamera sin que ello significara que todas fueran exactamente la misma composición.

La coincidencia de títulos no demuestra identidad musical.

Tampoco una semejanza parcial del estribillo permite establecer automáticamente una relación de copia.

Para comprender el asunto sería necesario comparar partituras, grabaciones y documentación de derechos de autor.

El testimonio de Rosendo Rosell merece conservarse.

Pero no permite, por sí solo, resolver definitivamente toda la historia.

¿Quién escribió realmente la Guantanamera?

Después de recorrer las diferentes versiones podemos comprender que la pregunta aparentemente sencilla sobre la autoría necesita dividirse en varias cuestiones.

¿Quién creó la primera tonada relacionada con la Guajira Guantanamera?

¿Quién configuró la versión que Joseíto Fernández convirtió en un éxito radiofónico?

¿Quién desarrolló la composición musical asociada a los versos de Martí?

¿Quién realizó el arreglo que permitió su transmisión a Pete Seeger?

¿Y quién contribuyó a convertirla en una canción mundialmente conocida?

Las respuestas no corresponden necesariamente a una sola persona.

En la historia aparecen Joseíto Fernández, Julián Orbón, Héctor Angulo y Pete Seeger.

También encontramos los nombres de Herminio García Wilson y Ramón Espígul dentro de controversias relacionadas con los antecedentes.

Y debemos recordar que la poesía procede de José Martí.

Las relaciones entre estos protagonistas fueron complejas.

También existieron reclamaciones jurídicas y disputas sobre los derechos económicos de las diferentes versiones.

Pero la historia de una canción no puede resolverse únicamente mediante una declaración de propiedad intelectual.

Las atribuciones jurídicas y las investigaciones musicológicas responden a preguntas relacionadas, pero diferentes.

Un registro puede reconocer derechos sobre una versión.

Pero la investigación histórica también debe examinar antecedentes, procedimientos musicales y testimonios.

Y es precisamente esa complejidad la que convierte a la Guantanamera en un caso extraordinario.

Una canción y varias reclamaciones de derechos

La popularidad internacional de la Guantanamera generó consecuencias económicas importantes.

Las grabaciones comenzaron a venderse en numerosos países.

Las editoriales musicales explotaban los repertorios.

Y los derechos de autor adquirieron un valor creciente.

Las controversias sobre la composición se trasladaron también a ese terreno.

Los representantes y familiares de diferentes protagonistas reclamaron reconocimiento.

En algunos casos se discutía la autoría de la melodía.

En otros, la utilización de arreglos determinados.

Y también aparecían cuestiones relacionadas con los derechos económicos de las grabaciones.

Las interpretaciones históricas no siempre coincidían con las atribuciones presentes en los registros comerciales.

El caso de la Guantanamera demuestra la dificultad de aplicar determinadas categorías de propiedad intelectual a músicas que poseen antecedentes populares y procesos de transformación sucesivos.

Un intérprete puede popularizar una melodía sin haber creado todos sus elementos.

Un compositor puede desarrollar una versión nueva a partir de procedimientos conocidos.

Y un arreglista puede transformar profundamente la presentación de una obra.

Las diferencias deben ser reconocidas.

Pero también necesitamos evitar que una controversia económica termine ocultando las aportaciones culturales de sus protagonistas.

1971: Pete Seeger y Joseíto Fernández se encuentran en La Habana

Entre los acontecimientos más conocidos de esta historia aparece el encuentro entre Pete Seeger y Joseíto Fernández en Cuba.

La reunión se sitúa en 1971.

Para entonces, la Guantanamera llevaba varios años circulando internacionalmente.

Seeger había contribuido decisivamente a popularizar la versión con los versos de Martí.

Y Joseíto seguía siendo reconocido como uno de los grandes protagonistas de la canción en Cuba.

El encuentro permitió que ambos músicos intercambiaran recuerdos y explicaciones sobre la obra.

Diferentes relatos relacionan aquella reunión con las controversias existentes sobre la autoría y los derechos de explotación.

Pero no debemos convertirla automáticamente en una resolución definitiva de todas las disputas.

La historia documental es más compleja.

Las interpretaciones sobre la creación de la melodía continuaron desarrollándose posteriormente.

Y diferentes investigadores siguieron examinando las versiones existentes.

Aun así, la imagen de dos músicos vinculados a etapas diferentes de una misma canción posee un enorme significado cultural.

Joseíto representaba su gran popularización dentro de la Radio cubana.

Seeger, su expansión internacional mediante el Folk.

Y ambos habían contribuido a que la Guantanamera formara parte del repertorio de millones de personas.

La Guantanamera y el español: una canción que no necesitó traducirse

Uno de los aspectos que más me interesan de esta historia es la difusión internacional de la Guantanamera en español.

Durante buena parte del siglo XX, las compañías discográficas acostumbraban a adaptar los repertorios internacionales a los idiomas de los mercados donde pretendían comercializarlos.

Numerosas canciones aparecieron en versiones traducidas.

Los intérpretes modificaban las letras.

Y las empresas buscaban fórmulas capaces de facilitar la aceptación comercial.

Pero la Guantanamera consiguió mantener su estribillo español dentro de numerosos repertorios internacionales.

El público podía reconocerlo y repetirlo aunque no comprendiera todos los versos.

La sonoridad del idioma pasó a formar parte de la identidad de la canción.

Y los intérpretes encontraron en aquella característica una fuerza expresiva especial.

La Guantanamera constituye así un antecedente importante para comprender la presencia internacional de canciones interpretadas en español.

Mucho antes de la expansión contemporánea de la música urbana, una composición relacionada con Cuba había conseguido alcanzar públicos internacionales sin renunciar a su identidad lingüística.

Por supuesto, las circunstancias culturales e industriales eran completamente diferentes de las actuales.

Pero el acontecimiento merece ser recordado.

El español había demostrado su capacidad para participar en grandes éxitos musicales internacionales.

Del noticiero radiofónico al símbolo cultural cubano

La transformación histórica de la Guantanamera resulta extraordinaria.

Durante sus primeras etapas estuvo relacionada con una tradición de canción flexible.

Joseíto Fernández desarrolló su utilización como recurso de interpretación popular.

La Radio permitió que sus estribillos adquirieran una enorme notoriedad.

Posteriormente, la relación con los versos de Martí proporcionó una dimensión literaria distinta.

La actividad de Julián Orbón y Héctor Angulo permitió que aquella versión llegara a Pete Seeger.

Y las grabaciones comerciales de los años sesenta terminaron convirtiéndola en una canción mundialmente conocida.

Pero a medida que aumentaba su popularidad, también se transformaba su significado.

Para los oyentes cubanos de los años cuarenta podía recordar los sucesos cantados por Joseíto.

Para los públicos estadounidenses de los años sesenta podía representar una canción de contenido humano y social.

Y para numerosos cubanos de diferentes generaciones terminó convirtiéndose en una expresión de identidad nacional.

La misma canción podía desempeñar funciones culturales distintas.

Su historia no pertenece exclusivamente a la música.

También forma parte de la evolución de la Radio, la industria discográfica, la poesía y las relaciones internacionales.

REFLEXIONES DEL AUTOR: una canción no pertenece solamente a quien la hizo famosa

La historia de la Guantanamera me parece una de las más apasionantes de toda la música popular cubana.

Y una de las razones es que nos obliga a distinguir conceptos que frecuentemente utilizamos como si fueran idénticos.

Crear una canción.

Interpretarla.

Transformarla.

Grabarla.

Y convertirla en un éxito internacional.

No son necesariamente la misma cosa.

Durante muchos años, el público ha identificado determinadas composiciones con los cantantes que consiguieron hacerlas famosas.

En ocasiones, el verdadero compositor queda relegado.

Otras veces, los arreglistas realizan transformaciones musicales fundamentales que apenas aparecen reconocidas.

Y también existen melodías tradicionales cuya historia comenzó mucho antes de las primeras grabaciones comerciales.

La Guantanamera reúne todas esas dificultades.

Joseíto Fernández desempeñó una función extraordinaria dentro de la Radio cubana.

Su manera de utilizar la canción permitió que adquiriera una popularidad nacional.

Pero posteriormente Julián Orbón desarrolló una relación musical con los versos de José Martí que merece un reconocimiento específico.

Héctor Angulo contribuyó a transmitir aquella versión.

Pete Seeger la llevó a nuevos públicos.

Y The Sandpipers terminaron convirtiéndola en un gran éxito comercial.

Cada uno participó en una etapa diferente.

Pero la historia no termina ahí.

También encontramos las investigaciones sobre los antecedentes de la canción.

Las referencias a Herminio García Wilson.

La composición relacionada con Ramón Espígul.

Y las interpretaciones de Natalio Galán sobre las formas musicales que pudieron participar en su desarrollo.

Cuando leí las investigaciones de María Argelia Vizcaíno comprendí que no estábamos ante un asunto sencillo.

La autora consultó a diferentes investigadores y encontró explicaciones que parecían contradecirse.

Pero no decidió ocultar esas dificultades.

Las convirtió precisamente en una parte fundamental de su investigación.

Ese procedimiento me parece especialmente importante.

No debemos presentar una conclusión como definitiva cuando los propios documentos muestran controversias.

Tampoco debemos renunciar a explicar los antecedentes porque resulte difícil establecer una única autoría.

La historia musical necesita reconocer las diferentes aportaciones.

Y distinguir los hechos documentados de las interpretaciones posteriores.

Desde mi experiencia como comunicador radiofónico encuentro además un elemento que me fascina.

La utilización de la Guantanamera como noticiero cantado.

Joseíto Fernández consiguió relacionar una tradición musical popular con un medio de comunicación moderno.

No se limitaba a interpretar una canción entre dos noticias.

Convertía las noticias en canciones.

Y el público reconocía aquella fórmula hasta el punto de incorporarla a sus expresiones cotidianas.

Esa capacidad de comunicación demuestra que la Radio fue mucho más que un instrumento destinado a reproducir discos.

También permitió desarrollar creaciones nuevas.

Los músicos encontraron maneras originales de relacionarse con sus oyentes.

Y determinadas canciones adquirieron funciones que nunca habían tenido antes.

La Guantanamera constituye un ejemplo extraordinario.

Pero lo que más me interesa de su expansión internacional es otra circunstancia.

La canción terminó conquistando a públicos de numerosos países conservando su estribillo en español.

Y los versos de Martí pudieron ser escuchados por millones de personas que, probablemente, nunca habían leído anteriormente al poeta cubano.

La música permitió que una obra literaria atravesara fronteras culturales y lingüísticas.

Aquella transformación me parece de enorme importancia.

Porque demuestra que una canción puede contribuir a difundir la literatura y la identidad cultural de un pueblo.

Y también que el español posee una capacidad extraordinaria para participar en la música internacional.

Un fenómeno que volveremos a encontrar, mediante procedimientos y circunstancias muy diferentes, cuando lleguemos a los grandes artistas de finales del siglo XX y comienzos del XXI.

La Guantanamera no necesita que inventemos una historia sencilla para reconocer su importancia. Precisamente la riqueza de su trayectoria reside en los numerosos músicos, poetas y comunicadores que contribuyeron a convertirla en una canción universal.

La canción que nunca terminó de pertenecer a una sola época

La Guantanamera continuó siendo interpretada durante las décadas siguientes.

Numerosos artistas incorporaron nuevas versiones a sus repertorios.

Las agrupaciones tradicionales cubanas mantuvieron su presencia.

Los cantantes internacionales desarrollaron arreglos diferentes.

Y la canción siguió formando parte de celebraciones y acontecimientos culturales.

Su estribillo terminó convirtiéndose en uno de los más reconocibles de la música en español.

Pero su historia continúa abierta a nuevas investigaciones.

La comparación de las partituras.

El estudio de las grabaciones.

La recuperación de testimonios.

Y la revisión de los documentos relacionados con los derechos de autor permiten seguir examinando las aportaciones de sus diferentes protagonistas.

La Guantanamera nos deja, por tanto, una enseñanza fundamental.

Las canciones populares no son objetos inmóviles.

Pueden transformarse.

Pueden adquirir nuevos textos.

Y pueden desarrollar significados distintos según los lugares y las generaciones.

A veces, una melodía nacida dentro de una tradición local termina relacionándose con una obra literaria universal.

Y una canción utilizada para comentar sucesos cotidianos puede convertirse en símbolo cultural de un país.

Ese fue el extraordinario recorrido de la Guantanamera.

Desde la canción campesina y los estudios de Radio hasta los grandes escenarios internacionales, Cuba había conseguido que el mundo entero reconociera una de sus expresiones musicales más queridas.

Pero durante aquellos mismos años, otras figuras estaban transformando la música cubana y caribeña.

Ernesto Lecuona desarrollaba una obra de extraordinaria amplitud.

Rafael Hernández convertía las emociones y las preocupaciones de Puerto Rico en canciones universales.

Rita Montaner, Bola de Nieve y Esther Borja demostraban las posibilidades de la interpretación vocal cubana.

Y las grandes orquestas continuaban ampliando su presencia internacional.

Había llegado el momento de conocer a los compositores e intérpretes que contribuyeron a construir el gran repertorio sentimental y musical del Caribe.