El final de la soberanía española en Cuba, después de la guerra de 1898, transformó profundamente el mapa político del Caribe.
La intervención de Estados Unidos abrió una nueva etapa que culminaría con el nacimiento de la República cubana en 1902. Pero los acontecimientos militares y diplomáticos no podían borrar cuatro siglos de relaciones humanas, lingüísticas, familiares y culturales.
Mucho antes de aquella separación, Cuba había desarrollado una personalidad musical propia mediante la transformación de las tradiciones llegadas de España, las aportaciones africanas, las experiencias de las comunidades afrodescendientes y los encuentros con otras poblaciones americanas.
Las Habaneras, los Danzones, las Canciones Criollas y los primeros Boleros continuaron interpretándose mientras cambiaban las banderas y las instituciones. También continuaron viajando los músicos, las guitarras, las canciones y los emigrantes.
La historia política iniciaba otro capítulo; la historia musical no interrumpía su curso. Y precisamente esa continuidad constituye una de las claves para comprender cómo Cuba se convertiría, durante el siglo XX, en uno de los grandes centros creadores de música popular del mundo.
Una ruptura política que no podía borrar cuatro siglos de historia
El final del siglo XIX constituye uno de los momentos más importantes de la historia compartida por España y Cuba.
Durante casi cuatrocientos años, la mayor de las Antillas había formado parte de los territorios de la Monarquía española.
Su organización política y administrativa había experimentado transformaciones importantes a lo largo de ese tiempo.
No podemos considerar idénticas las instituciones del siglo XVI y las existentes a finales del XIX.
Durante los primeros siglos, Cuba estuvo integrada en el sistema territorial de la Monarquía mediante autoridades e instituciones que fueron evolucionando.
Posteriormente adquirió especial importancia la Capitanía General de Cuba.
Y en el siglo XIX se sucedieron distintos regímenes de organización y representación, dentro de un proceso marcado por reformas, conflictos políticos y normas especiales para los territorios de Ultramar.
La isla formaba parte de España, pero esa pertenencia no implicaba que sus habitantes disfrutaran siempre del mismo régimen jurídico, político o representativo que los residentes en las provincias peninsulares.
Esta distinción es esencial.
No debemos utilizar denominaciones administrativas como si hubieran permanecido inalterables durante siglos.
Tampoco podemos trasladar automáticamente conceptos políticos actuales a sociedades que funcionaban mediante instituciones muy diferentes.
Lo que sí podemos afirmar es que Cuba desarrolló durante aquellos cuatrocientos años una historia profundamente relacionada con España.
En la isla se establecieron familias procedentes de Andalucía.
Canarias.
Galicia.
Asturias.
Cantabria.
Castilla.
Y numerosas regiones peninsulares.
También llegaron otras poblaciones europeas.
Y, mediante la trata esclavista, fueron trasladados violentamente africanos de procedencias diversas.
La población indígena había sufrido transformaciones demográficas y sociales devastadoras desde los primeros siglos de presencia europea.
Las comunidades que terminaron formando la sociedad cubana no vivieron siempre en condiciones de igualdad.
La esclavitud.
Las diferencias económicas.
Y los sistemas de poder condicionaron profundamente sus relaciones.
Pero los encuentros culturales produjeron también nuevas expresiones musicales.
Cuba recibió instrumentos.
Formas poéticas.
Canciones.
Y tradiciones populares procedentes de España.
Las comunidades africanas y afrodescendientes conservaron y transformaron conocimientos de extraordinaria riqueza.
Y los músicos desarrollaron creaciones que acabaron adquiriendo una personalidad específicamente cubana.
Por eso, cuando en 1898 desapareció la soberanía española, la música de la isla no tuvo que esperar a la independencia para comenzar a ser cubana.
La identidad política estaba experimentando una ruptura; la identidad musical llevaba generaciones desarrollándose.
Cuba era española políticamente y cubana musicalmente
Esta aparente contradicción merece una explicación.
La cultura de un territorio puede adquirir una personalidad propia sin necesidad de que ese territorio constituya un Estado independiente.
Lo hemos comprobado en numerosas regiones del mundo.
Las lenguas.
Las costumbres.
Los repertorios tradicionales.
Y las maneras de interpretar la música pueden presentar características locales dentro de espacios políticos mucho más amplios.
En Cuba ocurrió algo semejante.
Las Contradanzas que se interpretaban en la isla habían experimentado transformaciones importantes.
Las Danzas cubanas desarrollaron procedimientos propios.
La Habanera adquirió reconocimiento internacional.
Y el Danzón, consolidado durante las últimas décadas del siglo XIX, se convirtió en una de las principales expresiones bailables de la sociedad cubana.
Mientras tanto, en Santiago de Cuba, los trovadores estaban desarrollando un nuevo universo de canciones.
José «Pepe» Sánchez ocupa una posición fundamental dentro de aquella historia.
Y la tradición que conocemos como Bolero cubano ya había comenzado su evolución.
Aquellas creaciones no eran simples reproducciones de músicas peninsulares.
Tampoco podían explicarse exclusivamente mediante sus raíces africanas.
Eran expresiones desarrolladas en una sociedad caribeña que había transformado profundamente los repertorios recibidos.
Los compositores cubanos utilizaban formas y conocimientos heredados.
Pero les proporcionaban una nueva personalidad.
Las letras reflejaban experiencias locales.
Los instrumentos adquirían funciones diferentes.
Y determinadas células rítmicas participaban en la identificación de los géneros.
Por tanto, en 1898 existía ya una cultura musical cubana de enorme riqueza.
El cambio político no creó aquella música.
Tampoco podía hacerla desaparecer.
Antes de 1898: una sociedad marcada por el problema de la esclavitud
Para comprender la situación cubana de finales del siglo XIX debemos recordar una cuestión fundamental.
La esclavitud había condicionado durante siglos una parte importantísima de la economía y de la sociedad de la isla.
Las plantaciones azucareras y otras actividades productivas habían recurrido al trabajo esclavizado.
Y el sistema había provocado una profunda desigualdad entre diferentes sectores de la población.
Pero la abolición no se produjo mediante una única decisión inmediata.
Fue el resultado de un proceso histórico y legislativo complejo.
Durante el siglo XIX se desarrollaron iniciativas abolicionistas.
También movimientos políticos.
Y diferentes disposiciones legales destinadas a transformar el sistema.
Entre ellas destaca la legislación de 1870, conocida como Ley Moret.
La norma introdujo medidas de emancipación parcial.
Y formó parte de una secuencia que terminaría conduciendo al final jurídico de la esclavitud.
Pero durante varios años continuaron existiendo personas esclavizadas.
Y las decisiones legislativas estuvieron condicionadas por presiones económicas y políticas.
La situación de Cuba fue diferente de la de Puerto Rico, donde la abolición se aprobó en 1873.
En Cuba, el proceso se prolongó.
Y una nueva ley, promulgada en 1880, estableció un régimen de transición que merece especial atención.
1880: una ley que no significó todavía la libertad plena
La Ley de 13 de febrero de 1880 estableció el cese legal de la esclavitud en Cuba.
Pero su aplicación no supuso la desaparición inmediata de todas las relaciones de dependencia.
La norma creó el llamado Patronato.
Bajo ese sistema, los antiguos esclavizados pasaron a ser considerados patrocinados.
Sin embargo, continuaron sujetos a importantes obligaciones respecto a quienes anteriormente habían sido sus propietarios.
Los patronos conservaron facultades sobre su trabajo.
Y el régimen jurídico mantenía limitaciones significativas sobre la libertad efectiva de las personas afectadas.
La situación resultaba profundamente contradictoria.
La legislación proclamaba la desaparición de la condición jurídica de esclavo.
Pero al mismo tiempo establecía un período de dependencia laboral.
La transición pretendía modificar el sistema sin producir una transformación inmediata de todas las relaciones económicas.
Las investigaciones sobre la abolición han explicado las resistencias que encontraron aquellas reformas.
Los intereses de determinados propietarios.
El funcionamiento de las plantaciones.
Y las preocupaciones económicas de las autoridades influyeron sobre el proceso.
Por ello debemos distinguir entre la promulgación de la ley de 1880 y la emancipación efectiva alcanzada seis años después.
Esta diferencia resulta fundamental para comprender la sociedad en la que se estaban desarrollando numerosos géneros musicales cubanos.
Las comunidades afrodescendientes contribuían activamente a la creación cultural.
Pero muchos de sus integrantes todavía sufrían una situación de dependencia jurídica y económica.
1886: el final definitivo de la esclavitud en Cuba
La extinción del Patronato llegó en 1886.
Con ella concluyó el régimen jurídico que había mantenido importantes relaciones de dependencia sobre personas anteriormente esclavizadas.
La fecha representa un acontecimiento fundamental en la historia de Cuba.
Pero debemos evitar una interpretación demasiado sencilla.
La abolición legal no hizo desaparecer automáticamente las diferencias económicas.
Tampoco los prejuicios raciales.
Ni las desigualdades sociales acumuladas durante generaciones.
Las personas que habían conocido la esclavitud debían reconstruir sus condiciones de vida dentro de una sociedad donde persistían enormes diferencias.
El acceso al trabajo.
La vivienda.
La educación.
Y las oportunidades económicas continuaban condicionados por circunstancias muy diversas.
Las familias afrodescendientes tuvieron que afrontar nuevos desafíos.
Pero sus tradiciones culturales continuaron desempeñando un papel fundamental.
Los cantos.
La percusión.
Las celebraciones.
Y las prácticas religiosas contribuyeron a mantener conocimientos transmitidos durante generaciones.
Estos repertorios ya habían experimentado profundas transformaciones dentro de la sociedad cubana.
No eran reproducciones inmóviles de culturas africanas anteriores.
Eran expresiones afrocubanas.
Desarrolladas mediante experiencias históricas específicas.
Y continuarían participando decisivamente en la evolución de la música popular.
La emancipación representó una transformación jurídica esencial.
Pero el reconocimiento cultural y la igualdad social todavía estaban lejos de alcanzarse plenamente.
Esa realidad resultará fundamental cuando estudiemos los conflictos raciales de las primeras décadas republicanas.
La música afrocubana antes y después de la abolición
La historia musical obliga a comprender que las tradiciones no cambian de forma inmediata cuando se promulga una ley.
Los músicos continúan interpretando sus repertorios.
Las familias conservan canciones.
Y las celebraciones mantienen prácticas desarrolladas durante generaciones.
Las comunidades afrodescendientes habían contribuido a formar expresiones musicales cubanas antes de 1886.
Y continuaron haciéndolo después.
Pero su actividad no se desarrolló siempre bajo idénticas condiciones.
Determinadas prácticas fueron toleradas en algunos momentos.
Otras estuvieron sujetas a regulaciones.
Y algunas recibieron valoraciones negativas por parte de sectores que consideraban inferiores las tradiciones de ascendencia africana.
Los Cabildos de Nación habían proporcionado espacios importantes de organización comunitaria.
También de transmisión cultural.
Pero su historia no puede reducirse a una tolerancia permanente ni a una prohibición absoluta.
Las circunstancias variaron.
La relación entre música, sociedad y autoridad fue compleja.
Por ello debemos estudiar las expresiones afrocubanas dentro de sus contextos concretos.
Y reconocer que su supervivencia dependió, en buena medida, de la capacidad de las propias comunidades para mantenerlas y transformarlas.
El final de la esclavitud no terminó con los prejuicios.
Pero abrió una etapa diferente en la vida de numerosos cubanos afrodescendientes.
Una etapa que estaría profundamente relacionada con la construcción de la nueva nación.
Las guerras por el futuro de Cuba
La separación política de Cuba y España en 1898 no fue el resultado de un acontecimiento aislado.
Durante buena parte del siglo XIX habían existido tensiones sobre el futuro de la isla.
Los proyectos políticos eran diversos.
Algunos defendían reformas administrativas.
Otros reclamaban mayores derechos de representación.
También existieron movimientos autonomistas.
Y organizaciones que aspiraban a la independencia.
La Guerra de los Diez Años comenzó en 1868.
Su origen está asociado al levantamiento de Carlos Manuel de Céspedes.
Y el conflicto se prolongó hasta 1878.
La Paz de Zanjón puso fin a aquella etapa principal de enfrentamientos.
Pero no resolvió las aspiraciones de todos los sectores independentistas.
Posteriormente se produjo la llamada Guerra Chiquita, iniciada en 1879.
Su desarrollo fue mucho más breve.
Pero demuestra que las tensiones políticas continuaban.
Durante los años siguientes se sucedieron iniciativas y debates sobre las relaciones entre Cuba y España.
La isla constituía un territorio de enorme importancia económica y estratégica.
Y su futuro provocaba posiciones muy diferentes tanto dentro de Cuba como en la Península.
La sociedad cubana no estaba dividida simplemente entre dos grupos homogéneos.
Existían distintas aspiraciones políticas.
También intereses económicos.
Y experiencias sociales que condicionaban la posición de cada comunidad.
Esta diversidad resulta esencial para comprender la evolución posterior.
La guerra de 1895 surgió dentro de una historia de conflictos que llevaba décadas desarrollándose.
José Martí: escritor, periodista y organizador de la independencia
Entre las figuras fundamentales del independentismo cubano destaca José Martí.
Nació en La Habana en 1853.
Fue escritor.
Periodista.
Poeta.
Y organizador político.
Su trayectoria estuvo marcada por largos períodos de residencia fuera de Cuba.
Entre ellos adquirió especial importancia su actividad en Estados Unidos.
Desde Nueva York desarrolló una intensa labor intelectual y política.
Mantuvo relaciones con diferentes comunidades de emigrados.
Y participó en la organización de un movimiento destinado a conseguir la independencia cubana.
En 1892 se fundó el Partido Revolucionario Cubano.
Martí desempeñó una función central en su creación.
Su proyecto no se limitaba a promover la separación política de España.
También expresaba preocupación por el futuro de una Cuba que pudiera quedar sometida a los intereses de otra potencia.
Martí conocía las transformaciones internacionales de su tiempo.
Y advertía de la creciente influencia estadounidense en el Caribe.
La independencia que defendía aspiraba a una soberanía efectiva.
No a sustituir una dependencia por otra.
Pero sus preocupaciones también tenían una dimensión social.
El proyecto nacional debía reunir a cubanos de procedencias distintas.
Y superar divisiones que podían debilitar la construcción del nuevo país.
Aquellas aspiraciones adquieren especial significado cuando posteriormente estudiamos las dificultades de igualdad racial durante la República.
La obra política y literaria de Martí constituye una referencia fundamental para comprender la historia cubana.
Y su legado terminaría ocupando también un lugar importante dentro de la memoria cultural del país.
José Martí y la canción cubana: cuando la poesía también viaja
La presencia de Martí en una historia de la música no debe limitarse a su actividad política.
Fue también un autor cuya obra literaria adquirió una extraordinaria difusión.
Sus poemas terminaron formando parte de numerosos repertorios musicales.
Pero debemos distinguir las composiciones creadas durante su vida de las musicalizaciones posteriores de sus textos.
Esa precisión es importante.
Una poesía escrita en el siglo XIX puede llegar a convertirse en canción muchas décadas después.
Y adquirir una identidad musical nueva.
Los textos de Martí ofrecen un ejemplo magnífico de esa posibilidad.
La poesía puede circular mediante libros.
También mediante la memoria.
Y posteriormente integrarse en géneros populares.
En el siglo XX, diferentes intérpretes y compositores musicalizarían versos de Martí.
Algunas de aquellas interpretaciones alcanzarían una difusión internacional extraordinaria.
Pero no debemos trasladar retrospectivamente esas versiones al ambiente musical de 1895.
El poeta pertenece al siglo XIX.
Las canciones que utilizaron posteriormente sus textos poseen sus propias cronologías.
Esta diferencia demuestra nuevamente que los intercambios culturales pueden prolongarse durante generaciones.
La obra de un autor no termina necesariamente con su vida.
Sus palabras pueden continuar viajando.
Y encontrar nuevas expresiones musicales mucho tiempo después.
1895: comienza una nueva guerra de independencia
En febrero de 1895 comenzó una nueva insurrección independentista.
La fecha del 24 de febrero está asociada a los levantamientos que dieron inicio a la guerra.
El episodio suele identificarse con el llamado Grito de Baire.
Pero las acciones se produjeron en diferentes localidades.
Por tanto, la denominación no debe ocultar el carácter más amplio del movimiento.
La guerra adquirió una dimensión considerable.
Las fuerzas independentistas desarrollaron operaciones militares.
Y las autoridades españolas respondieron mediante campañas destinadas a mantener el control del territorio.
Los enfrentamientos provocaron graves consecuencias humanas.
Las poblaciones civiles sufrieron desplazamientos.
Las actividades económicas quedaron afectadas.
Y la sociedad cubana atravesó un período de enorme violencia.
En aquel contexto, José Martí se incorporó a la lucha.
Pero no llegó a conocer su resultado.
El 19 de mayo de 1895 murió en Dos Ríos, durante un enfrentamiento con tropas españolas.
Su desaparición privó al independentismo de una de sus figuras intelectuales y organizativas más importantes.
La guerra continuó.
Y durante los tres años siguientes la situación militar y política se agravó.
El conflicto afectó profundamente a Cuba.
Pero también tendría consecuencias decisivas para la propia España.
Y acabaría transformándose en una guerra internacional.
La guerra también afectó a la vida cotidiana y a la música
Cuando estudiamos los conflictos armados solemos concentrarnos en las operaciones militares.
Pero las guerras transforman también las actividades culturales.
Las reuniones públicas pueden verse alteradas.
Los desplazamientos se hacen más difíciles.
Y las familias afrontan situaciones de incertidumbre.
La música no desaparece necesariamente durante esos períodos.
Pero sus circunstancias de interpretación cambian.
Las canciones pueden convertirse en vehículos de memoria.
También de protesta.
O de afirmación política.
Determinadas composiciones adquieren significados nuevos al ser interpretadas dentro de un conflicto.
Y las tradiciones populares continúan transmitiéndose en medio de condiciones difíciles.
En Cuba, los Danzones y las canciones de los trovadores formaban parte de una vida musical que estaba desarrollándose cuando comenzaron las guerras independentistas.
Los compositores no vivían fuera de la sociedad.
Conocían los acontecimientos que afectaban a sus comunidades.
Y algunos repertorios incorporaron referencias políticas o patrióticas.
Pero debemos evitar atribuir automáticamente a todas las composiciones un significado relacionado con la guerra.
La música también continuaba expresando amor.
Nostalgia.
Humor.
Y experiencias personales.
Precisamente esa diversidad demuestra su importancia dentro de la vida cotidiana.
Las guerras transformaron el país.
Pero no consiguieron interrumpir por completo la creación musical.
Las reformas autonomistas y los últimos años de soberanía española
Antes de llegar a 1898 conviene recordar que las relaciones políticas entre Cuba y España no permanecieron inmóviles durante el último tramo del siglo XIX.
Existieron proyectos reformistas.
También debates sobre representación y autonomía.
Y diferentes sectores defendieron alternativas a la independencia.
En noviembre de 1897, el Gobierno español aprobó una nueva organización autonómica para Cuba y Puerto Rico.
Aquellas disposiciones trataban de establecer instituciones de autogobierno dentro de la soberanía española.
Su desarrollo comenzó cuando la guerra en Cuba ya llevaba varios años.
Por tanto, las posibilidades de que aquel sistema resolviera el conflicto eran muy limitadas.
Los independentistas habían desarrollado una lucha prolongada.
La desconfianza entre los sectores enfrentados era profunda.
Y los acontecimientos internacionales comenzaron a acelerar la crisis.
Sin embargo, la existencia de esas reformas merece ser recordada.
Demuestra que durante los últimos años se plantearon diferentes soluciones políticas.
Y que el desenlace de 1898 no puede explicarse como si solamente hubieran existido dos alternativas desde el comienzo del siglo.
La evolución institucional fue más compleja.
Pero la guerra y la intervención estadounidense terminarían dejando atrás aquella etapa.
15 de febrero de 1898: la explosión del «Maine»
Uno de los acontecimientos más conocidos de la crisis de 1898 fue la explosión del acorazado estadounidense Maine.
El buque se encontraba en el puerto de La Habana.
La explosión se produjo el 15 de febrero.
Y provocó la muerte de numerosos tripulantes.
El episodio adquirió una enorme repercusión internacional.
La prensa estadounidense contribuyó a crear un clima de fuerte tensión contra España.
Pero debemos ser cuidadosos al describir las causas de la explosión.
Las investigaciones realizadas a lo largo del tiempo no han permitido establecer una explicación indiscutida aceptada por todos los especialistas.
Existieron interpretaciones diferentes.
Y determinadas afirmaciones difundidas durante el ambiente de confrontación política fueron utilizadas como argumentos propagandísticos.
Por eso sería incorrecto presentar una responsabilidad española como hecho demostrado.
Lo que sí podemos afirmar es que la explosión del Maine contribuyó a agravar las tensiones entre Washington y Madrid.
La situación diplomática se deterioró.
Y los acontecimientos avanzaron hacia un enfrentamiento armado.
El episodio constituye también un ejemplo de la importancia creciente de la prensa dentro de los conflictos internacionales.
Los periódicos podían influir sobre la opinión pública.
Y convertir acontecimientos concretos en símbolos políticos.
Aquella capacidad de difusión tendría posteriormente consecuencias extraordinarias en otros ámbitos de la vida cultural.
Pero en 1898 desempeñó un papel particularmente intenso dentro de la crisis.
La guerra entre España y Estados Unidos
En abril de 1898 comenzó la guerra entre España y Estados Unidos.
El conflicto tuvo escenarios distintos.
Cuba ocupó una posición fundamental.
Pero también se desarrollaron operaciones relacionadas con Puerto Rico y Filipinas.
La guerra tuvo una duración relativamente breve.
Sin embargo, sus consecuencias políticas fueron extraordinarias.
Las fuerzas estadounidenses obtuvieron victorias importantes.
La situación militar española se deterioró rápidamente.
Y durante el verano comenzaron las negociaciones destinadas a poner fin a las hostilidades.
En Cuba, la guerra hispano-estadounidense se superpuso a una insurrección independentista que había comenzado años antes.
Esta circunstancia resulta esencial.
No debemos interpretar el conflicto como si la lucha cubana hubiera aparecido únicamente a consecuencia de la intervención estadounidense.
Los independentistas llevaban años combatiendo.
Y habían desarrollado organizaciones y estrategias propias.
La entrada de Estados Unidos modificó decisivamente el equilibrio militar.
Pero no creó desde cero las aspiraciones políticas cubanas.
El resultado cambió el mapa de soberanías en el Caribe y el Pacífico.
Y abrió una etapa histórica completamente distinta.
Santiago de Cuba: escenario de una derrota decisiva
Santiago de Cuba desempeñó un papel especialmente importante durante la guerra de 1898.
La ciudad y su entorno fueron escenario de operaciones militares decisivas.
En julio se produjo la destrucción de la escuadra española comandada por el almirante Pascual Cervera.
La derrota naval tuvo consecuencias profundas.
Y contribuyó a acelerar el desenlace del conflicto.
La situación militar en torno a Santiago estaba relacionada también con las operaciones terrestres y con la participación de las fuerzas cubanas independentistas.
Por tanto, debemos comprender aquellos acontecimientos dentro de un escenario donde intervenían distintos protagonistas.
La derrota española no puede explicarse exclusivamente mediante un combate aislado.
Formaba parte de una guerra que había adquirido dimensión internacional.
Para nuestra historia musical, Santiago de Cuba posee además un significado especial.
Era una ciudad donde se habían desarrollado tradiciones culturales extraordinariamente importantes.
La Trova estaba adquiriendo personalidad.
Y sus compositores comenzaban a crear obras que terminarían formando parte de la memoria musical cubana.
Mientras los acontecimientos políticos transformaban el país, aquella tradición continuaba su evolución.
La historia de la ciudad reúne, por tanto, dos dimensiones.
La militar y política.
Y la cultural.
Ambas pertenecen al mismo territorio.
Pero no deben confundirse.
El protocolo de agosto y el Tratado de París
El 12 de agosto de 1898 se firmó en Washington un protocolo que establecía las bases para poner fin a las hostilidades.
Posteriormente se desarrollaron las negociaciones de paz.
El tratado definitivo fue firmado en París el 10 de diciembre de 1898.
Sus disposiciones modificaron profundamente la posición internacional de España.
Pero resulta fundamental conocer sus términos concretos.
El artículo I establecía la renuncia española a sus derechos de soberanía sobre Cuba.
Y contemplaba la ocupación estadounidense de la isla durante el período posterior a la evacuación española.
En cambio, el artículo II disponía la cesión de Puerto Rico y Guam a Estados Unidos.
El artículo III recogía la cesión de Filipinas, con las condiciones establecidas en el propio tratado.
Esta distinción debe quedar perfectamente clara.
Cuba no fue cedida a Estados Unidos mediante la misma fórmula jurídica utilizada para Puerto Rico.
España renunció a su soberanía sobre Cuba.
Y la isla quedó bajo ocupación militar estadounidense.
Puerto Rico pasó directamente a soberanía de Estados Unidos.
Las consecuencias políticas posteriores serían diferentes.
Pero ambas transformaciones estuvieron relacionadas con el mismo desenlace militar y diplomático.
La precisión histórica resulta esencial.
Porque el lenguaje utilizado para describir un tratado puede modificar profundamente la interpretación de sus consecuencias.
Una paz negociada sin representación firmante de los independentistas cubanos
Uno de los aspectos más significativos del Tratado de París fue la ausencia de una delegación del movimiento independentista cubano entre sus firmantes.
Las negociaciones oficiales se desarrollaron entre España y Estados Unidos.
Los representantes cubanos que habían combatido por la independencia no participaron como parte firmante del acuerdo.
Esta circunstancia provocó tensiones importantes.
La guerra en Cuba había comenzado años antes de la intervención estadounidense.
Miles de cubanos habían participado en ella.
Y el movimiento independentista aspiraba a establecer un Estado soberano.
Sin embargo, el tratado que determinó la nueva situación internacional de la isla fue negociado por dos potencias.
El hecho de que el acuerdo estableciera la renuncia española a la soberanía no significó que Cuba pudiera constituirse inmediatamente como República.
Antes se desarrolló una etapa de ocupación militar estadounidense.
La diferencia resulta fundamental para comprender el período 1898-1902.
Durante aquellos años la soberanía española había terminado.
Pero todavía no existía un Gobierno republicano cubano plenamente constituido.
La historia política entró en un período de transición.
Y sus consecuencias serían decisivas para el futuro.
1 de enero de 1899: cambia el poder en La Habana
El 1 de enero de 1899 tuvo lugar la transferencia formal del control de La Habana a las autoridades militares estadounidenses.
La fecha representa el final efectivo de la administración española en la capital.
Y el comienzo de una etapa nueva.
Los símbolos del poder cambiaron.
Las instituciones comenzaron a reorganizarse.
Y la vida pública entró en un período de transformación.
Pero debemos distinguir nuevamente entre acontecimientos políticos y realidades culturales.
Las familias continuaban viviendo en la isla.
Los comerciantes seguían desarrollando sus actividades.
Los músicos conservaban sus instrumentos.
Y las canciones no desaparecieron al cambiar la autoridad que administraba el territorio.
La cultura cubana había adquirido una personalidad propia.
Y continuó desarrollándose durante la ocupación.
Los compositores no necesitaban esperar a la constitución de la República para seguir creando.
Las agrupaciones musicales mantenían sus repertorios.
Y los bailes populares continuaban formando parte de la vida social.
Los acontecimientos políticos modificaron las condiciones generales.
Pero no interrumpieron la transmisión cultural.
La ocupación militar estadounidense entre 1899 y 1902
Estados Unidos mantuvo la administración militar de Cuba hasta mayo de 1902.
Durante aquel período se produjeron transformaciones institucionales y administrativas.
También se desarrollaron medidas relacionadas con los servicios públicos, la educación, la sanidad y las infraestructuras.
Pero la ocupación planteaba una cuestión fundamental.
Cómo y en qué condiciones se produciría la transferencia del poder a las autoridades cubanas.
Las relaciones entre Estados Unidos y los dirigentes cubanos estaban marcadas por diferencias de intereses.
Para los independentistas, el objetivo era establecer un Estado soberano.
Para las autoridades estadounidenses, el futuro de Cuba debía quedar condicionado por determinadas exigencias de seguridad e influencia regional.
Aquellas tensiones desembocaron en disposiciones que marcarían profundamente la historia de la nueva República.
La más conocida fue la Enmienda Platt.
Su incorporación al ordenamiento constitucional cubano mostró que la independencia política se produciría dentro de un marco condicionado por Estados Unidos.
Esa situación permite comprender que la ruptura con España no significó la desaparición de las influencias exteriores.
El Caribe estaba entrando en una etapa geopolítica diferente.
Y Cuba ocuparía una posición fundamental dentro de ella.
La Enmienda Platt y los límites de la soberanía cubana
En 1901, Estados Unidos estableció condiciones que debían aceptarse para poner fin a la ocupación militar de Cuba.
Aquellas disposiciones quedaron asociadas a la denominada Enmienda Platt.
Su contenido reconocía a Estados Unidos determinadas facultades de intervención en los asuntos cubanos.
También establecía restricciones relacionadas con ciertos compromisos internacionales y financieros.
Y contemplaba disposiciones sobre instalaciones navales.
La Enmienda fue incorporada bajo presión estadounidense al marco constitucional cubano.
Su existencia provocó debates importantes sobre el alcance real de la independencia.
Porque la nueva República iba a tener instituciones propias.
Pero sus relaciones internacionales y determinadas decisiones políticas permanecerían condicionadas por una potencia extranjera.
Aquella situación marcaría las relaciones cubano-estadounidenses durante las décadas posteriores.
Estados Unidos intervino en diferentes momentos de la vida política de la isla.
Y la Enmienda Platt continuó siendo una referencia central hasta su derogación en 1934.
La cuestión de Guantánamo siguió una trayectoria jurídica específica mediante los acuerdos relativos a la base naval.
Pero esa historia pertenece a un desarrollo posterior.
Aquí lo fundamental es comprender que la República cubana nació bajo limitaciones importantes.
La independencia había sido una aspiración prolongada.
Su reconocimiento institucional se produjo.
Pero el debate sobre la soberanía efectiva no quedó resuelto de inmediato.
20 de mayo de 1902: nace la República de Cuba
El 20 de mayo de 1902 se proclamó oficialmente la República de Cuba.
Tomás Estrada Palma asumió la presidencia.
La ocupación militar estadounidense terminó formalmente en aquella etapa.
Y la isla inició su trayectoria como Estado republicano.
La fecha representa un acontecimiento decisivo.
Pero debemos evitar confundirla con el final de la soberanía española en 1898.
Entre ambos momentos transcurrieron varios años.
Durante ellos se produjo una ocupación militar.
También una reorganización institucional.
Y la imposición de condiciones sobre las relaciones futuras entre Cuba y Estados Unidos.
La República nació dentro de aquel contexto.
Sus instituciones comenzaron a funcionar.
Pero heredó numerosos problemas sociales.
Las desigualdades económicas continuaban siendo importantes.
Y los prejuicios raciales no habían desaparecido.
La abolición de la esclavitud había tenido lugar solamente dieciséis años antes.
Por ello, la construcción de la nueva sociedad estaba condicionada por circunstancias históricas profundas.
Los acontecimientos de 1912, que estudiaremos en el capítulo 11, demostrarían que la proclamación republicana no había resuelto las aspiraciones de igualdad de todos los ciudadanos.
Pero también existieron posibilidades nuevas para la vida cultural.
La música cubana estaba entrando en una etapa de enorme creatividad.
Y las transformaciones políticas convivieron con el desarrollo de repertorios que continuarían evolucionando durante las primeras décadas del siglo XX.
La independencia política no significó una separación cultural
Llegamos ahora a una de las ideas centrales de este capítulo.
¿Qué ocurrió con las relaciones culturales entre Cuba y España después de 1898?
La respuesta es clara.
Continuaron.
Las guerras y los tratados modificaron las instituciones.
Pero no podían borrar inmediatamente las relaciones familiares, lingüísticas y musicales desarrolladas durante generaciones.
Cuba continuó utilizando el español como principal lengua compartida.
Las canciones siguieron circulando.
Las guitarras conservaron su presencia en numerosos repertorios.
Y las formas poéticas de tradición hispánica continuaron proporcionando estructuras fundamentales para determinadas músicas campesinas.
La Décima siguió formando parte del Punto Cubano.
Las Guajiras mantuvieron relaciones con diferentes tradiciones rurales.
Las Habaneras continuaron interpretándose en Cuba y España.
El Danzón siguió evolucionando.
Y los trovadores santiagueros continuaron componiendo canciones.
Nada de ello significa que la cultura cubana fuera una prolongación inalterada de la española.
Al contrario.
Las tradiciones habían experimentado transformaciones extraordinarias.
Los músicos cubanos habían desarrollado procedimientos propios.
Y las aportaciones africanas y afrodescendientes formaban parte fundamental de aquella personalidad musical.
Por tanto, la continuidad cultural no debe interpretarse como ausencia de identidad cubana.
La música ya había alcanzado una expresión diferenciada.
Y continuaría evolucionando después de la independencia.
Los Estados pueden cambiar de soberanía; las culturas no modifican toda su historia por una decisión diplomática.
Una nueva inmigración española después de 1898
Existe un fenómeno histórico que merece especial atención.
La separación política no interrumpió la emigración española hacia Cuba.
Durante las primeras décadas del siglo XX continuaron llegando numerosas personas procedentes de España.
Algunos eran gallegos.
Otros asturianos.
También cántabros.
Canarios.
Castellanos.
Y emigrantes de distintas regiones peninsulares.
La isla ofrecía oportunidades laborales y comerciales.
Aunque esas posibilidades variaban según las circunstancias económicas.
Numerosos emigrantes trabajaron en actividades agrícolas.
Otros se incorporaron al comercio.
A los servicios.
Y a diferentes sectores productivos.
Las experiencias personales fueron muy distintas.
Algunos consiguieron establecer negocios.
Otros desarrollaron una vida de trabajo difícil.
Y determinados emigrantes regresaron a España después de años de residencia americana.
Aquellas trayectorias familiares mantuvieron vivos vínculos entre ambos territorios.
Los emigrantes conservaban recuerdos.
Correspondencia.
Costumbres.
Y canciones.
Pero también conocían los repertorios cubanos.
Y podían transmitirlos posteriormente a familiares y amigos.
Por eso la inmigración española después de 1898 constituye un elemento fundamental para comprender la continuidad de los intercambios musicales.
La separación política no había puesto fin a los viajes de ida y vuelta.
Los centros gallegos, asturianos y otras sociedades españolas
La emigración española contribuyó al desarrollo de diferentes instituciones asociativas en Cuba.
Los centros regionales desempeñaron una función importante.
En ellos podían reunirse personas procedentes de determinadas regiones.
Organizar actividades culturales.
Celebrar fiestas.
Y mantener relaciones de ayuda mutua.
Entre las instituciones de mayor relevancia histórica encontramos el Centro Gallego de La Habana.
También el Centro Asturiano y otras asociaciones vinculadas con comunidades españolas.
Estas entidades desarrollaron funciones sociales, recreativas y culturales.
Y participaron en la vida de una sociedad cubana que continuaba transformándose.
La música ocupaba una posición importante dentro de sus actividades.
Los emigrantes podían interpretar canciones de sus lugares de origen.
Organizar actuaciones.
Y participar en celebraciones donde convivían repertorios diferentes.
Pero sus descendientes también adquirían una identidad relacionada con Cuba.
No siempre se trataba de comunidades cerradas sobre sus tradiciones anteriores.
Las relaciones familiares y sociales favorecían los encuentros culturales.
Y las nuevas generaciones podían desenvolverse con naturalidad entre repertorios españoles y cubanos.
Aquellos espacios contribuyeron a mantener vivas determinadas músicas.
Pero también facilitaron su transformación mediante los contactos con la sociedad de la isla.
La presencia canaria: un puente especialmente intenso
Entre las relaciones culturales de Cuba con España merece una atención particular la presencia canaria.
Las islas Canarias habían mantenido durante siglos vínculos migratorios muy importantes con diferentes territorios americanos.
Cuba fue uno de sus destinos destacados.
Numerosas familias procedentes de Canarias participaron en la formación de comunidades rurales cubanas.
Y contribuyeron a transmitir repertorios relacionados con canciones, formas poéticas e instrumentos de cuerda.
La presencia canaria adquirió especial importancia dentro de determinados ambientes campesinos.
La tradición de la Décima.
Las formas de canto improvisado.
Y diferentes procedimientos musicales de ascendencia hispánica encontraron nuevas posibilidades en Cuba.
Pero debemos evitar atribuir toda la música campesina cubana exclusivamente a los emigrantes canarios.
La sociedad rural cubana experimentó procesos mucho más amplios.
Y sus repertorios fueron transformados por músicos nacidos en la isla.
La influencia canaria fue importante.
Pero no actuó de manera aislada.
La música campesina cubana adquirió una personalidad propia mediante relaciones culturales desarrolladas durante generaciones.
El Punto Cubano constituye una muestra extraordinaria de aquella transformación.
Una tradición relacionada con formas poéticas hispánicas terminó adquiriendo características musicales reconociblemente cubanas.
Galicia, Asturias y Cantabria: las músicas que también llegaron a Cuba
La emigración procedente del norte de España contribuyó igualmente a mantener los vínculos culturales con Cuba.
Gallegos.
Asturianos.
Y cántabros participaron en diferentes etapas de la vida económica y social de la isla.
Sus asociaciones organizaron actividades recreativas.
Y mantuvieron repertorios musicales relacionados con sus territorios de origen.
Pero la circulación no se producía únicamente en una dirección.
Los emigrantes también conocían canciones cubanas.
Y podían llevarlas consigo cuando regresaban.
Las Habaneras constituyen uno de los ejemplos más interesantes de la presencia americana en diferentes tradiciones españolas.
Su difusión alcanzó localidades marítimas y ambientes corales.
Aunque debemos evitar explicar todas esas incorporaciones mediante un único itinerario.
Las canciones podían viajar con marineros.
También con emigrantes.
Mediante partituras.
Y posteriormente con grabaciones.
En determinados lugares adquirieron una presencia duradera.
Y terminaron formando parte de repertorios que hoy identificamos con tradiciones locales españolas.
Esta historia demuestra que los encuentros musicales no finalizaron cuando Cuba dejó de pertenecer políticamente a España.
Las relaciones familiares y humanas continuaron proporcionando caminos para la circulación cultural.
Las Habaneras no cambiaron de nacionalidad en 1898
La Habanera constituye una de las expresiones más interesantes de nuestra investigación.
Su historia está relacionada con la evolución de la Contradanza y la Danza cubana.
Y con transformaciones que permitieron desarrollar una personalidad musical reconocible.
Durante el siglo XIX alcanzó una extraordinaria popularidad.
Sus características rítmicas fueron incorporadas a repertorios españoles.
También europeos.
Y numerosos compositores utilizaron procedimientos asociados con el género.
Cuando terminó la soberanía española sobre Cuba, la Habanera ya había adquirido una proyección internacional.
Por tanto, su historia no puede dividirse artificialmente entre un período español y otro cubano mediante una frontera política exacta.
La evolución musical había comenzado mucho antes.
Y continuó después.
Las canciones siguieron circulando por diferentes territorios.
Los intérpretes desarrollaban versiones nuevas.
Y determinadas composiciones adquirían características distintas según los públicos.
La Habanera constituye una expresión musical profundamente relacionada con Cuba.
Pero también forma parte de las relaciones culturales que unieron durante generaciones ambos lados del Atlántico.
Su trayectoria demuestra que un género puede adquirir significados diferentes sin perder su historia.
Las músicas no necesitan elegir una sola orilla.
Pueden pertenecer a una experiencia cultural compartida.
El Danzón: una música cubana que atravesó el cambio político
El Danzón constituye otro ejemplo extraordinario.
Su aparición como género reconocible se asocia convencionalmente con Miguel Faílde y la presentación de Las alturas de Simpson en Matanzas, el 1 de enero de 1879.
Habían transcurrido diecinueve años cuando se produjo la separación política de 1898.
Durante ese período, el género había adquirido una notable popularidad.
Las Orquestas Típicas interpretaban Danzones en diferentes espacios sociales.
Las sociedades recreativas.
Los salones de baile.
Y determinadas celebraciones constituían escenarios importantes.
La organización musical del Danzón permitía desarrollar diferentes secciones.
Y los compositores fueron ampliando sus posibilidades.
Los instrumentos de viento ocupaban un lugar destacado dentro de las Orquestas Típicas.
También las cuerdas.
Y la percusión.
Pero el género continuaría evolucionando.
Durante el siglo XX adquirirían importancia otras formaciones instrumentales.
Entre ellas, las Charangas.
Su presencia contribuiría a transformar la sonoridad del Danzón.
Pero debemos situar esas evoluciones dentro de su cronología.
No todas las agrupaciones utilizaban los mismos instrumentos en 1898.
La incorporación de nuevas formaciones y procedimientos se produjo mediante transformaciones sucesivas.
El cambio político no interrumpió aquella evolución.
Y los músicos continuaron desarrollando un género que ya poseía una identidad profundamente cubana.
Las Orquestas Típicas y el camino hacia las Charangas
Las Orquestas Típicas desempeñaron una función fundamental dentro de la interpretación del Danzón durante el siglo XIX.
Su instrumentación incluía diferentes instrumentos de viento.
También cuerdas.
Y recursos de percusión.
Las agrupaciones desarrollaron una sonoridad característica.
Pero las transformaciones musicales y las preferencias sociales fueron modificando aquel panorama.
Durante el paso hacia el siglo XX, las Charangas comenzarían a adquirir una presencia cada vez mayor.
Las formaciones de este tipo permitieron desarrollar otras combinaciones instrumentales.
El violín.
La flauta.
El piano.
El contrabajo.
Y determinados instrumentos de percusión terminarían adquiriendo funciones destacadas.
Pero no debemos interpretar ese proceso como una sustitución instantánea.
Las diferentes agrupaciones convivieron durante distintas etapas.
Y los músicos fueron adaptándose a las necesidades de sus públicos.
La historia del Danzón muestra la capacidad de un género para transformarse sin desaparecer.
Sus estructuras musicales podían incorporar cambios.
Sus instrumentos evolucionaban.
Y determinadas melodías adquirían nuevas posibilidades.
Aquella flexibilidad permitiría que el Danzón continuara desempeñando una función fundamental dentro de la música cubana durante décadas.
El Bolero santiaguero también continuó su evolución
Mientras el Danzón adquiría popularidad en los salones, la tradición trovadoresca continuaba desarrollándose en Santiago de Cuba.
El Bolero cubano estaba adquiriendo una personalidad musical propia.
Su historia está relacionada con José «Pepe» Sánchez.
Y con las transformaciones que experimentó la canción dentro del ambiente santiaguero.
La obra Tristezas, convencionalmente fechada en 1883, ocupa una posición fundamental dentro de los relatos sobre la consolidación del género.
Pero debemos recordar que las músicas no siempre nacen mediante una única composición.
La identificación de una obra representativa resulta útil.
Pero el desarrollo del género también depende de prácticas musicales anteriores.
Y de numerosos intérpretes que participaron en su transformación.
El Bolero cubano fue adquiriendo características reconocibles.
Los trovadores desarrollaban melodías sentimentales.
Y las guitarras proporcionaban acompañamientos que permitían expresar una gran variedad de matices.
Las serenatas continuaban siendo importantes.
Pero los repertorios comenzaron también a circular por otros espacios.
Las canciones viajaban con los músicos.
Y algunas terminarían alcanzando una difusión mucho mayor durante las primeras décadas del siglo XX.
El cambio de soberanía política no modificó automáticamente su evolución.
Los trovadores continuaron componiendo.
Y nuevas generaciones ampliarían extraordinariamente las posibilidades del género.
José «Pepe» Sánchez y una tradición que ya tenía continuidad
La figura de Pepe Sánchez pertenece a una etapa decisiva de la historia musical cubana.
Su importancia no reside exclusivamente en una obra.
También en su relación con generaciones de trovadores que conocieron sus procedimientos musicales.
La transmisión personal desempeñó una función extraordinaria.
Los compositores aprendían escuchando.
También observando a otros guitarristas.
Y participando en reuniones donde se interpretaban canciones.
El conocimiento musical podía transmitirse sin necesidad de partituras.
Y las obras experimentaban transformaciones mediante nuevas versiones.
Aquella tradición continuó después de 1898.
Sindo Garay.
Alberto Villalón.
Rosendo Ruiz.
Y otros compositores relacionados con Santiago de Cuba contribuirían a enriquecerla.
También encontramos a Manuel Corona, cuya actividad adquiriría una notable importancia dentro de la Canción Cubana.
Pero debemos respetar las diferencias entre sus biografías.
No todos pertenecieron exactamente a la misma generación.
Tampoco desarrollaron idénticas trayectorias.
Lo que compartieron fue su participación en una tradición creadora que ya había adquirido características propias.
La Trova no era un ritmo único.
Era una manera de componer, interpretar y transmitir canciones.
Y su evolución continuaría durante las primeras décadas republicanas.
Los trovadores y la República: una historia de continuidad
La proclamación de la República no significó que los trovadores abandonaran sus repertorios anteriores.
Continuaron interpretando Boleros.
También Valses.
Criollas.
Bambucos.
Y otras canciones.
La guitarra siguió ocupando una posición fundamental.
Las composiciones podían utilizar formas poéticas conocidas.
Pero los músicos desarrollaban nuevas melodías.
Y los intérpretes adaptaban sus repertorios a los cambios sociales.
Durante las primeras décadas del siglo XX, la actividad trovadoresca adquiriría nuevos escenarios.
Los teatros.
Las salas de espectáculos.
Y posteriormente las grabaciones proporcionarían oportunidades diferentes.
Pero aquellos cambios no se produjeron de manera simultánea.
Las serenatas continuaron desempeñando una función importante.
Y los músicos siguieron aprendiendo mediante el contacto personal.
La tradición oral conviviría progresivamente con nuevas tecnologías.
La canción comenzaba a convertirse en una expresión cultural capaz de alcanzar públicos internacionales.
Pero su historia estaba profundamente relacionada con las prácticas desarrolladas durante el siglo XIX.
Por eso debemos comprender la Trova como una continuidad musical que atravesó el cambio político.
Y no como una creación exclusiva de la República.
Las Canciones Criollas y el nacimiento de nuevas formas
Otro elemento fundamental de la música cubana de finales del siglo XIX fue el desarrollo de diferentes repertorios de Canción Criolla.
Pero debemos distinguir dos significados.
La expresión canción criolla podía utilizarse en un sentido amplio para identificar composiciones desarrolladas en Cuba.
Sin embargo, la Criolla adquirió posteriormente características más definidas como género musical.
Aquella evolución estuvo relacionada con la actividad de compositores de comienzos del siglo XX.
Entre ellos destaca Luis Casas Romero.
Su trayectoria contribuiría a consolidar procedimientos musicales que terminarían identificándose con la Criolla.
Pero no debemos situar retrospectivamente toda esa evolución en 1898.
Las canciones de ambiente criollo existían antes.
La consolidación del género con características reconocibles pertenece a una etapa posterior.
Esta diferencia demuestra nuevamente cómo las denominaciones musicales pueden adquirir significados diferentes con el tiempo.
Los compositores desarrollan repertorios.
Las canciones circulan.
Y determinadas formas terminan siendo reconocidas mediante un nombre específico.
La historia de la música popular está llena de procesos semejantes.
Y la evolución de la Canción Cubana constituye uno de sus ejemplos más interesantes.
La música como memoria de una sociedad
Los Danzones y las canciones de los trovadores desarrollaron procedimientos musicales diferentes.
Pero compartieron una característica fundamental.
Ambos reflejaban aspectos de la sociedad cubana.
Los compositores de Danzones podían inspirarse en acontecimientos políticos.
También en personajes populares.
Noticias.
Y situaciones cotidianas.
Determinados títulos recordaban episodios conocidos por los públicos.
La música contribuía a conservar una memoria colectiva.
Los trovadores, por su parte, abordaban experiencias personales.
El amor.
Las despedidas.
Los sentimientos.
Y, en ocasiones, acontecimientos relacionados con la vida social o política.
Las canciones podían expresar emociones compartidas por numerosas personas.
Pero también conservar recuerdos vinculados con una comunidad concreta.
Antes de que la Radio adquiriera su extraordinaria presencia durante el siglo XX, la música ya desempeñaba funciones de comunicación social.
Los intérpretes llevaban repertorios de una población a otra.
Y determinados acontecimientos podían adquirir difusión mediante composiciones populares.
La música era entretenimiento.
Pero también memoria.
Y una manera de interpretar la realidad.
Estados Unidos: comienza una nueva etapa de influencia económica y cultural
La presencia estadounidense modificó profundamente el entorno político y económico de Cuba.
Durante las primeras décadas del siglo XX, las relaciones comerciales entre ambos países adquirieron una enorme importancia.
La industria azucarera desempeñó una función destacada.
También los transportes.
Las inversiones.
Y determinados sectores de servicios.
La proximidad geográfica favorecía los intercambios.
Y la influencia estadounidense terminó alcanzando numerosos ámbitos de la vida cotidiana.
Pero no debemos interpretar ese fenómeno como una sustitución completa de las relaciones culturales anteriores.
Cuba continuó vinculada con España.
También con otros territorios caribeños.
Y desarrolló relaciones nuevas con Estados Unidos.
La música participó de aquella transformación.
Los intérpretes cubanos encontraron oportunidades en diferentes mercados.
Y las compañías discográficas comenzaron a interesarse por repertorios latinoamericanos.
Pero debemos situar cada cambio dentro de su momento histórico.
Las grandes transformaciones relacionadas con la Radio, el Cine sonoro y la internacionalización masiva de determinados géneros pertenecen principalmente a etapas posteriores.
En los primeros años republicanos se estaban creando condiciones para ese desarrollo.
La industria del entretenimiento comenzaría a modificar profundamente la circulación musical.
Y Cuba ocuparía una posición fundamental dentro de aquellos intercambios.
La industria fonográfica cambia el camino de las canciones
Durante buena parte del siglo XIX, la difusión de la música popular dependía de las actuaciones en directo.
Los cantantes interpretaban sus canciones.
Los músicos viajaban.
Y las partituras permitían conservar determinadas composiciones.
Pero los avances tecnológicos comenzaron a transformar aquel sistema.
Las grabaciones sonoras permitieron fijar interpretaciones.
Y reproducirlas posteriormente en lugares alejados del escenario original.
La industria fonográfica adquirió una importancia creciente.
Las compañías internacionales comenzaron a grabar repertorios procedentes de diferentes territorios americanos.
Entre ellos encontramos Cuba.
Las grabaciones permitirían que un intérprete alcanzara públicos que nunca habían asistido a sus actuaciones.
También facilitarían el aprendizaje de nuevas canciones.
Pero la industria introdujo circunstancias diferentes.
Las compañías seleccionaban repertorios.
Organizaban sesiones.
Y clasificaban las composiciones mediante denominaciones comerciales.
En ocasiones, esas etiquetas no coincidían exactamente con las características musicales que posteriormente identificarían los investigadores.
Por ello debemos estudiar las grabaciones antiguas con atención.
Una fecha de edición no demuestra necesariamente el nacimiento de un género.
Tampoco la denominación impresa en un disco permite explicar por sí sola su procedencia.
Pero los registros constituyen documentos extraordinariamente valiosos.
Y serían fundamentales para comprender la expansión internacional de la música cubana durante el siglo XX.
El intercambio musical con Estados Unidos no tuvo una sola dirección
Las relaciones musicales entre Cuba y Estados Unidos fueron transformándose durante el siglo XX.
Los músicos cubanos conocieron nuevos repertorios.
También procedimientos de interpretación.
Y determinadas formas de organización de las agrupaciones.
Pero la circulación no se produjo exclusivamente desde Estados Unidos hacia Cuba.
Las músicas cubanas también ejercieron una influencia extraordinaria sobre músicos y públicos estadounidenses.
El Son.
La Rumba.
El Mambo.
Y otros géneros terminarían participando en encuentros musicales cada vez más amplios.
También encontramos relaciones con el Jazz.
Pero debemos distinguir las etapas.
El Jazz estaba desarrollándose mediante procesos propios dentro de Estados Unidos.
Y sus contactos con las músicas caribeñas adquirieron características diferentes según los períodos.
Posteriormente, ciudades como Nueva York se convertirían en escenarios fundamentales.
Los músicos cubanos y puertorriqueños desempeñarían funciones decisivas.
Y los repertorios populares comenzarían a circular dentro de una industria internacional de enorme alcance.
Pero no debemos adelantar toda esa historia.
Nuestra cronología todavía se encuentra en el tránsito entre los siglos XIX y XX.
Lo importante es reconocer que el cambio político de 1898 abrió un nuevo marco de relaciones.
Y que la música cubana se encontraba en una posición extraordinariamente favorable para participar en los intercambios posteriores.
Cuba y Puerto Rico: dos caminos políticos diferentes
El Tratado de París modificó también el futuro de Puerto Rico.
Cuba y Puerto Rico habían formado parte de España durante siglos.
Pero el desenlace de 1898 estableció situaciones jurídicas diferentes.
Cuba quedó bajo ocupación militar estadounidense y posteriormente se constituyó en República.
Puerto Rico, en cambio, fue cedido a Estados Unidos.
Su evolución institucional siguió otro camino.
Pero aquellas diferencias no eliminaron las relaciones culturales compartidas.
El español continuó desempeñando una función fundamental en ambas sociedades.
Las formas poéticas de ascendencia hispánica mantuvieron presencia en numerosos repertorios.
Y las tradiciones africanas y afrodescendientes participaron decisivamente en diferentes manifestaciones musicales.
Sin embargo, la música cubana y la puertorriqueña no eran idénticas.
Cada sociedad había desarrollado géneros propios.
Y debemos estudiarlos respetando sus características.
En Puerto Rico adquirieron importancia los Seises.
También los Aguinaldos.
Y diferentes repertorios de música Jíbara.
La Bomba posee una historia profundamente relacionada con las comunidades afro-puertorriqueñas.
Y la Plena adquiriría una identidad propia durante las primeras décadas del siglo XX.
En Cuba, mientras tanto, el Danzón, el Bolero, la Conga en sus distintas acepciones históricas y el desarrollo posterior del Son contribuirían a configurar un universo musical extraordinariamente rico.
Las diferencias políticas no impidieron que los músicos de ambas islas continuaran encontrándose.
Y durante el siglo XX, los puertorriqueños desempeñarían una función fundamental en la difusión internacional de numerosos repertorios cubanos.
Los músicos puertorriqueños y cubanos continuaron compartiendo escenarios
La historia musical del Caribe demuestra que las fronteras políticas no siempre coinciden con las fronteras culturales.
Los artistas podían desplazarse entre diferentes territorios.
También compartir repertorios.
Y participar en agrupaciones formadas por músicos de procedencias diversas.
Los vínculos entre Cuba y Puerto Rico adquirieron una importancia extraordinaria durante el siglo XX.
Las canciones cubanas alcanzaron públicos puertorriqueños.
Y las tradiciones puertorriqueñas encontraron espacios de difusión en otros territorios.
La lengua compartida facilitaba determinados intercambios.
Pero no debemos considerar que ese elemento explicaba por sí solo todas las relaciones.
Los ritmos.
Los instrumentos.
Y las experiencias de los intérpretes también desempeñaban funciones importantes.
Posteriormente, la emigración hacia Nueva York contribuiría a transformar profundamente el panorama musical.
Los músicos de ambas islas compartirían escenarios.
Grabaciones.
Y nuevas formas de interpretación.
Aquellos encuentros acabarían formando parte de la historia de la Salsa.
Pero ese desarrollo pertenece a una etapa posterior de nuestro libro.
Aquí debemos destacar que las relaciones culturales entre ambas islas permanecieron abiertas después de 1898.
Y que la música continuó proporcionando un espacio de encuentro.
España y Cuba: una relación cultural que tampoco terminó
El final de la soberanía española no eliminó las relaciones entre ambas sociedades.
Los emigrantes continuaron viajando.
Las familias mantuvieron sus vínculos.
Y los artistas siguieron encontrando públicos interesados en sus repertorios.
Las Habaneras representaban una de las manifestaciones más visibles de aquella continuidad.
Pero también existían otras expresiones.
Las canciones españolas podían interpretarse en Cuba.
Y los músicos cubanos desarrollaban obras que posteriormente alcanzaban popularidad en España.
La circulación de compañías teatrales desempeñó una función importante.
También la Zarzuela.
Y determinados espectáculos musicales que continuaron formando parte de la vida cultural de ambas sociedades.
Posteriormente, los cantaores flamencos incorporarían a sus repertorios músicas de inspiración americana.
Aquellos encuentros contribuirían al desarrollo de diferentes Cantes de Ida y Vuelta.
La Guajira Flamenca.
La Milonga.
La Vidalita.
Y la Rumba Flamenca forman parte de esa historia.
Pero no todos los estilos nacieron en la misma época ni mediante procesos idénticos.
Por ello merecen un estudio específico.
Lo hemos desarrollado en el capítulo dedicado a aquellos intercambios.
Aquí nos interesa reconocer que las relaciones musicales construidas durante siglos continuaron después de la separación política.
Y que producirían nuevas transformaciones durante el siglo XX.
Los pueblos permanecen cuando cambian los gobiernos
Cuando escribí mis primeras reflexiones sobre la separación entre Cuba y España insistí en una idea que considero necesario conservar en esta nueva obra.
Los sistemas políticos cambian.
Los gobiernos se suceden.
Las fronteras se transforman.
Y las guerras pueden modificar profundamente la vida de las sociedades.
Pero los vínculos culturales poseen una continuidad que no depende exclusivamente de las instituciones.
Naturalmente, la historia compartida entre Cuba y España estuvo marcada por acontecimientos muy diferentes.
Hubo relaciones familiares.
También intercambios artísticos.
Y una lengua que contribuyó a facilitar la comunicación entre generaciones.
Pero también existieron conflictos.
La esclavitud.
Las desigualdades.
Y las guerras de independencia forman parte inseparable de aquel pasado.
No debemos ocultarlos.
Tampoco simplificarlos.
La historia necesita reconocer las contradicciones.
Pero esas circunstancias no eliminan la existencia de un patrimonio cultural compartido.
Cuando una Habanera es interpretada en España estamos escuchando una expresión musical profundamente relacionada con Cuba.
Cuando un trovador cubano interpreta una canción acompañándose con su guitarra reconocemos también vínculos con tradiciones instrumentales y poéticas anteriores.
Y cuando estudiamos el Punto Cubano encontramos relaciones con formas culturales que viajaron desde diferentes regiones españolas.
Pero el resultado no es una mera reproducción.
Las músicas fueron transformadas.
Y adquirieron personalidades propias.
La historia compartida no terminó en 1898. Continuó viviendo en las canciones, los instrumentos y las personas.
REFLEXIONES DEL AUTOR: cuatro siglos no desaparecen en una ceremonia política
Hay una cuestión que considero fundamental cuando estudiamos la separación de Cuba y España.
Las fechas políticas permiten ordenar los acontecimientos.
Podemos identificar el Tratado de París.
También el comienzo de la ocupación estadounidense.
Y la proclamación de la República.
Pero la vida de las personas no se organiza exclusivamente mediante aquellas fechas.
Las familias continuaron existiendo.
Los emigrantes mantuvieron sus relaciones.
Y los músicos siguieron interpretando las canciones que habían aprendido.
Cuando Cuba dejó de pertenecer a España, sus habitantes no olvidaron de repente las tradiciones musicales que habían formado parte de su vida.
Tampoco desaparecieron los repertorios creados mediante los encuentros entre culturas diferentes.
La Habanera continuó sonando.
El Danzón siguió evolucionando.
Y los trovadores desarrollaron canciones que terminarían convirtiéndose en parte fundamental de la memoria musical cubana.
Por eso considero importante distinguir los cambios políticos de la continuidad cultural.
La identidad musical cubana no nació en 1902.
Había comenzado a formarse mucho antes.
Y estaba profundamente relacionada con la transformación de tradiciones procedentes de España, África y diferentes territorios americanos.
Pero tampoco debemos interpretar aquella historia como si todos los encuentros hubieran sido armoniosos.
La esclavitud constituye una realidad que no podemos ignorar.
Las guerras provocaron sufrimiento.
Y las desigualdades sociales continuaron afectando a numerosos cubanos después de la independencia.
La riqueza cultural de la isla se desarrolló dentro de aquella historia compleja.
Reconocer sus raíces españolas no significa negar las aportaciones africanas.
Tampoco ignorar la presencia indígena ni las transformaciones que produjeron las sucesivas migraciones.
La música cubana fue adquiriendo una identidad propia mediante todos esos encuentros.
Y sus creadores participaron activamente en aquella transformación.
Me parece especialmente significativo que las relaciones musicales entre España y Cuba continuaran después de 1898.
Los emigrantes siguieron cruzando el Atlántico.
Las compañías teatrales mantuvieron sus intercambios.
Y determinadas canciones acabaron formando parte del patrimonio popular de ambos países.
Muchos años después, durante mis viajes por Cuba, he tenido oportunidades de conocer personalmente a músicos, investigadores y familiares de grandes protagonistas de aquella historia.
Esas experiencias me han permitido comprobar hasta qué punto la memoria musical continúa viva.
Las canciones pueden conservar recuerdos que los acontecimientos políticos no consiguen borrar.
Y algunas composiciones terminan adquiriendo significados que superan las circunstancias en las que nacieron.
Por eso este libro no pretende contar solamente el nacimiento de una serie de géneros musicales.
También quiere explicar las relaciones humanas que hicieron posible su desarrollo.
Desde las primeras travesías atlánticas hasta las músicas que hoy escuchamos, las sociedades han cambiado profundamente.
Pero las canciones han continuado viajando.
Los gobiernos cambian. Las fronteras se modifican. Pero las culturas siguen viviendo en las personas que las reciben, las interpretan y las transmiten.
Esa es una de las grandes lecciones que nos ofrece la historia musical de Cuba.
Una nueva etapa para la música cubana
Cuando terminó el siglo XIX, Cuba se encontraba ante una transformación profunda.
La soberanía española había desaparecido.
La ocupación estadounidense había comenzado.
Y el nacimiento de la República abriría nuevas posibilidades políticas, económicas y culturales.
Pero la música no estaba comenzando desde cero.
El Danzón había adquirido una extraordinaria personalidad.
La Habanera se había difundido internacionalmente.
El Bolero desarrollaba sus primeros repertorios reconocibles.
Y los trovadores santiagueros continuaban componiendo canciones de gran riqueza.
Los instrumentos de cuerda mantenían una presencia fundamental.
Las comunidades afrodescendientes conservaban expresiones musicales y religiosas que posteriormente adquirirían un reconocimiento mucho mayor.
Y las agrupaciones populares participaban de una sociedad en permanente transformación.
Pero los nuevos medios de comunicación estaban a punto de modificar profundamente la difusión de la música.
Los discos permitirían conservar interpretaciones.
Las compañías artísticas ampliarían sus giras.
Y la Radio, durante las décadas siguientes, acabaría proporcionando una nueva relación entre músicos y públicos.
También llegarían transformaciones instrumentales.
Las Orquestas Típicas convivirían con otras formaciones.
El Danzón incorporaría nuevas posibilidades.
Y los repertorios de guitarra adquirirían una difusión cada vez mayor.
Mientras tanto, el Son continuaría desarrollándose mediante procesos que terminarían convirtiéndolo en uno de los grandes géneros de la música cubana.
La evolución musical estaba entrando en una etapa extraordinaria.
Pero para comprenderla debemos levantar la mirada más allá de Cuba.
El Caribe que nos une
Cuba formaba parte de un espacio cultural mucho más amplio.
Un territorio unido por mares.
Viajes.
Migraciones.
Idiomas.
Y músicas.
Las relaciones con Puerto Rico continuaban siendo fundamentales.
También con la República Dominicana.
Venezuela.
Colombia.
Panamá.
Y otras regiones americanas.
Las canciones circulaban mediante rutas marítimas y encuentros humanos.
Los instrumentos experimentaban transformaciones.
Y los músicos desarrollaban nuevos géneros mediante la combinación de procedimientos anteriores.
Aquel espacio cultural no podía comprenderse exclusivamente mediante sus fronteras políticas.
Los acontecimientos de 1898 modificaron profundamente el mapa del Caribe.
Pero no eliminaron las relaciones que habían permitido su desarrollo musical.
Y precisamente esa continuidad nos conduce al siguiente capítulo.
En 1996 tuve ocasión de escuchar personalmente al investigador cubano Cristóbal Díaz Ayala durante el Congreso Internacional de Música Tropical que dirigí en Bilbao.
Su reflexión resume una parte fundamental de nuestra historia:
El Caribe, como el Mediterráneo, es mucho más que un mar. Es una cultura que ha sobrepasado sus propios límites geográficos.
Aquella idea nos permitirá ampliar nuestra mirada.
Ya no estudiaremos exclusivamente la evolución de los géneros cubanos.
Nos acercaremos a las relaciones que conectaron diferentes sociedades caribeñas.
Y a las músicas que nacieron de esos encuentros.
Porque antes de continuar con el desarrollo de la canción cubana del siglo XX necesitamos conocer el gran espacio cultural al que pertenece.
El Caribe que nos une.
Antonio Mora Ayora
DE ORILLA A ORILLA — Texto revisado y ampliado para DE COLÓN AL REGUETÓN.
